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Voces jóvenes

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Salud y bienestar

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Del frenesí al reposo

El sábado es un día que realmente aguardo con ansias. Después de una semana de trabajo y actividades, la sensación de descanso produce calma a mi alma. Sin embargo, al participar en el ministerio de la iglesia, el sábado puede ser el día más ocupado de la semana. Desde prácticas del coro a visitas, comidas con otros, estudios bíblicos y Conquistadores, la lista es interminable. El propósito del sábado, enterrado bajo el cúmulo de actividades, resulta en inquietud durante

El sábado es la semana. Cierto sábado, a punto del agotamiento, una experiencia hice una pausa y me pregunté: «¿Qué integral de significa realmente el sábado para mí?» Por cierto, no tenía por qué ser absorbente y reconexión agotador. Después de tachar todas las deficon nuestro niciones posibles de sábado, me di cuenta, otra vez, que el sábado es una cita con Dios.

Hacedor, con Él ha separado ese día desde el comienzo nuestra identidad, del tiempo, desde la creación. Conocía cómo serían los apretados cronogramas de propósito y una la humanidad, y creó el sábado. «El sábado esperanza a la fue hecho por causa del hombre» (Mar. 2:27), dijo Jesús. Fue ¡por ti y por mí! que aferrarnos. Lo destacado de la fecha no es solo la ropa que usamos o donde vamos, o los planes elaborados que hacemos. Es simplemente el tiempo que pasamos juntos. Dios demostró su amor al dedicar todo un día a pasar tiempo de calidad con nosotros. Para aquellos cuyo lenguaje del amor es tiempo de calidad, Dios usa ese día para expresar su amor y, a su vez, podemos hacer lo mismo cuando intencionalmente pasamos tiempo enfocados tan solo en él.

Durante el tiempo de calidad, no me distraigo con notificaciones de mis dispositivos electrónicos, o con chismes de la iglesia, o sucesos del mundo. El tiempo de calidad es deliberado; es tiempo separado para Dios. Al pasar tiempo con Jesús, tengo la posibilidad de mirar a sus ojos y conocer su voluntad y propósito. Al sostener sus manos, sentir sus cicatrices, acepto su sacrificio. Al comenzar a agradecerle, él me llama su hijo. Y al compartirle lo que me preocupa, me muestra que me aguarda un futuro junto a él. El sábado es una experiencia integral de reconexión con nuestro Hacedor, con nuestra identidad, propósito y una esperanza a la que aferrarnos. El sábado es en verdad una delicia (ver Isa. 58:13, 14).

La experiencia del sábado implica pasar del frenesí al reposo. El teólogo y pensador judío Abraham Heschel expresa muy bien que el sábado es «ascender a la cumbre». Así como Dios dijo que los seis días de la creación eran buenos pero el séptimo era santo, «al observar el sábado, es posible pasar de bueno a santo». *

A todos se les extiende una invitación para el sábado. Jesús dice: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar» (Mat. 11:28). Descanso para nuestros corazones errantes y un anticipo del descanso que experimentaremos en último término en el cielo, donde no habrá ninguna barrera, límite o pecado que nos separe de Dios. El sábado es un anticipo del vínculo que compartimos con el Dios del cielo.

Podemos ir a la iglesia y sin embargo no entender el significado del sábado. Pero al igual que yo, tú también estás a tiempo de aprender realmente a valorar el sábado. No te pierdas semejante bendición.

*Abraham J. Heschel, The Sabbath: Its Meaning for Modern Man (New York: Farrar, Straus, and Young, 1951), p. 75.

Beersheba Jacob es coordinadora de recursos humanos y asistente del vicerrector del Colegio Terciario Lowry Memorial en Bangalore, India. Está casada con Andrew.

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