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El agua en México
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a sequía ocurre cuando las lluvias son significativamente menores a los niveles normales registrados, lo que ocasiona graves desequilibrios hidrológicos. La poca lluvia registrada en 2020 y por ende la sequía para el 2021 causará una reducción en el suministro de agua para las tres principales presas del Sistema Cutzamala (El Bosque, Valle de Bravo y Villa Victoria), las cuales ya registran un almacenamiento debajo del histórico.
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¿Por qué ha llovido menos? El aumento de la temperatura global altera el comportamiento de los océanos y los ciclos de agua. En el último decenio, más del 90% de los grandes desastres naturales se produjeron a causa de inundaciones, tormentas, olas de calor, sequías y otros fenómenos meteorológicos, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres.
Se estima que, por cada grado de calentamiento global, aproximadamente un 7% de la población mundial estará expuesta a una disminución de al menos 20% de los recursos hídricos renovables, de acuerdo con el Informe de políticas de ONU-AGUA sobre el Cambio Climático y el Agua de la organización Un Water.
De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), 83,9% del territorio nacional sufrió en 2021 sequías intensificadas desde marzo por la disminución en el porcentaje de lluvias. Además, varios Estados del país registraron temperaturas superiores a los 40 grados, principalmente en las regiones normalmente húmedas de Campeche, Chiapas, Michoacán, Quintana Roo, Veracruz y Yucatán. La falta de lluvia es central pero no es el único factor que provoca la escasez de agua potable en los hogares del Valle de México. Mala calidad, acceso inequitativo, construcción de infraestructura en áreas de recarga o conservación y mala gestión son algunos de los otros muchos factores que inciden. La mayor parte del agua que se usa en la CDMX se extrae de pozos, sin embargo, no toda la que se extrae es apta para consumo, ya que, en algunos casos, el agua del subsuelo ha presentado un incremento en su concentración de metales como arsénico, boro, fierro, manganeso y plomo, así como compuestos químicos, fármacos, antibióticos y otros contaminantes emergentes.
Además, en México no sólo hay poca agua, sino que está distribuida bajo criterios desiguales. Mientras que, en alcaldías como Benito Juárez, Coyoacán, Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo, en las que predominan viviendas de nivel socioeconómico medio-alto, sólo el 0.1% de estas no disponen de agua entubada, en alcaldías como Milpa Alta, esta cantidad se eleva al 11%.
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En la Ciudad de México hay territorios de alcaldías como Tláhuac, Xochimilco, Milpa Alta y Tlalpan, que cuentan con bosques,
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zonas agrícolas, chinamperas y zonas de humedales (claves para la recarga de agua), donde las personas de los pueblos barrios originarios y comunidades indígenas residentes han visto reducir sus espacios productivos por los cambios en los usos del suelo, la venta de sus terrenos y la contaminación de los recursos.
Ante la pregunta ¿Qué se puede hacer? la respuesta debe ser integral. Se requiere, por ejemplo, una recuperación y manejo adecuado de las áreas de conservación; el uso de tecnologías para aprovechar las aguas residuales; impulsar proyectos de captación de agua de lluvia en la ciudad; invitar a más gente a organizarse para detener la crisis climática; mejorar la gestión del agua en coordinación con estados vecinos y reducir la inequidad social (pobreza y desigualdad) en cada ciudad.
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LA HUMANIDAD Y EL IMPACTO EN LA DISPONIBILIDAD GLOBAL DEL AGUA
esde 1798, cuando Thomas Malthus publicó su “Ensayo sobe el principio de la población” se comenzó a tomar conciencia del desequilibrio causado por el crecimiento de la población, el crecimiento de la producción de alimentos y la disponibilidad de recursos no renovables, lo que en principio establece un límite al crecimiento de la población mundial. Estos planteamientos fueron tratados y revisados posteriormente, en 1972 en el informe” Los Límites del Crecimiento” encargado por el Club de Roma al MIT, en el que se establece que “en un planeta limitado las dinámicas de crecimiento exponencial no son sostenibles”.
En actualizaciones posteriores de este informe en 1992, 2004 y 2012 se abunda sobre estas ideas y se aborda el imparable crecimiento de la población mundial, el aumento de la producción industrial, el agotamiento de los recursos, la contaminación y la tecnología y se reafirma que no puede haber un crecimiento poblacional, económico e industrial ilimitado en un planeta con recursos limitados, y plantean el instrumento de la HUELLA ECOLÓGICA para analizar y dar seguimiento a esta problemática. Desde el inicio de nuestro planeta, las diversas especies que lo han poblado, con su actuar, han incidido sobre el equilibrio de la naturaleza, pero ninguna especie ha causado tanto impacto como el ser humano. La naturaleza es capaz de restablecer el equilibrio de forma natural mediante la regulación de la cadena alimenticia con la reducción
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de las poblaciones de las especies depredadas que sirven como alimento para especies predadoras, lo que hace que se reduzcan las poblaciones predadoras y permite la recuperación de las especies depredadas.
En el caso de los seres humanos, este esquema de sobre explotación se ha venido incrementando a lo largo de la historia de la humanidad por el incremento de la población y, principalmente, en los dos últimos siglos en los que el ser humano ha sido capaz de pasar por encima de los controles de la naturaleza debido a los avances científicos y tecnológicos, lo que le ha permitido sobrepasar, por mucho, los límites que en esos estudios se estimaban, arrasando en esta travesía por el tiempo con numerosas especies y gran cantidad de recursos naturales no renovables, entre los que se incluye el agua que, para fines prácticos, es un recurso no renovable y finito.
Si bien se puede pensar que hay abundancia de agua en nuestro planeta ya que el 70% de la superficie de la tierra está cubierta por agua, esta capa es una delgada película que representa tan sólo el 0,023% de la masa del planeta. La Tierra tiene una disponibilidad de agua de 1,386 millones de kilómetros cúbicos, de los cuales el 97.5% es agua salada, es decir, solo 2,5% es agua dulce. De esa cantidad, solo el 0.007% del total está disponible para consumo humano.
Ante este escenario de crecimiento geométrico de la población, de la producción de alimentos y bienes de industrializados, el consumo de agua se incrementa de forma sustantiva y se agrava con los efectos del cambio climático, por lo que, es indispensable que hagamos un manejo sostenible y, muy racional, del agua para que nuestro planeta pueda seguir sosteniendo la vida como la conocemos.
Con el propósito de estudiar la demanda de agua a nivel mundial, surgen dos conceptos fundamentales: el de la HUELLA HÍDRICA, introducido en 2002 por el profesor Arjen Hoekstra como un indicador alternativo del uso del agua, basado en la huella
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“Según Water Footprint Network, en el ranking de naciones con mayor HH del planeta se sitúa en primera posición Mongolia, con 10,000 litros por habitante al día; Níger, con 9,600 litros por habitante al día; Bolivia, con 9,500 litros; Emiratos Árabes Unidos, con 8,600 millones de litros; y Estados Unidos, con 7,800 litros per cápita al día. La huella hídrica promedio de México es de 5,419 litros per cápita al día, casi un 43% superior al promedio mundial, que es de 3,794”
ecológica de los años noventa, y el del AGUA VIRTUAL, acuñado en 1993 por el investigador británico John Anthony Allan. Ambos conceptos están íntimamente relacionados porque se basan en las cantidades de agua asociadas a cada alimento o producto que se produce, distribuye y consume.
La HUELLA HÍDRICA es un indicador sobre la sostenibilidad del uso del agua, pudiendo ser usado para medir la huella que genera un individuo, una ciudad, una industria, etc. Para el cálculo de la huella hídrica, se deben tener en cuenta 4 factores: el volumen de consumo; los hábitos de consumo; el clima; y, las prácticas agrícolas.
La HUELLA HÍDRICA es “el agua total usada para producir los bienes y servicios consumidos”, y que se conforma de dos elementos: La HUELLA HÍDRICA INTERNA, que es el volumen de agua utilizada en un país para producir los bienes y servicios a ser consumidos en el mismo país, y la HUELLA HÍDRICA EXTERNA, consistente en el volumen de agua utilizada para producir bienes y servicios a ser importados y consumidos en un país determinado.
El AGUA VIRTUAL, se relaciona de manera directa con la globalización del agua y su gobernabilidad. Este indicador se utiliza para expresar el volumen de agua que se utiliza para fabricar un producto, trasladarlo, almacenarlo, comprarlo, consumirlo y un largo listado de situaciones asociadas a nuestras acciones. Se estima que cada uno de no-
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“La HH de consumo en México es la octava mayor en el mundo, principalmente debido al tamaño de la población (11º país más poblado). Del total del consumo, únicamente 2.7% es industrial y 5.3% es doméstico. El 42% de la huella hídrica de consumo mexicano es externa y proviene, como agua virtual, de tres países: Canadá, EU y China.”
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sotros utilizamos al menos 3,000 litros de agua virtual al día, a través de todos los bienes y servicios que consumimos.
En el Tercer Foro Mundial del Agua, celebrado en 2003 por el Consejo Mundial del Agua, y en debates posteriores, se discutió ampliamente acerca de los impactos en el balance hídrico global, y las implicaciones en la geopolítica y la economía mundial, que resultan de los enormes flujos de agua virtual por el intercambio comercial entre países y entre regiones de un mismo país.
De hecho, el agua virtual es un instrumento que permite incrementar los recursos hídricos en un momento determinado en una región concreta. En efecto, si importamos productos de una región con abundancia de agua a otra con escasez, podríamos afirmar que estamos incrementando los recursos en la región con escasez de agua; estaríamos hablando de “trasvases” virtuales de agua que incrementan la disponibilidad del recurso sin necesidad de grandes obras hidráulicas.
En este contexto, no es inteligente producir para consumo interno, y mucho menos para exportación, productos que contengan una gran cantidad de agua virtual, en regiones donde el agua es un recurso escaso, como es el caso del estado de Aguascalientes, sino por el contrario, importar de países o regiones con abundancia de agua esos productos para reducir su consumo, y el agua ahorrada utilizarla para la producción de productos que requieran menos agua y tengan un mayor valor agregado, para al mismo tiempo reducir el consumo hídrico y contribuir a un mayor desarrollo económico.
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El agua dulce, y sobre todo la potable, es un recurso escaso en la mayoría de los países del mundo, incluyendo el nuestro. Nuestro estado no es la excepción ya que su principal fuente de abastecimiento es el Acuífero del Valle de Aguascalientes que se encuentra entre los más sobreexplotados del país. El agua está sujeta a una fuerte presión por parte de los distintos sectores que la requieren, lo que da paso a una fuerte competencia entre los diversos usos que contempla nuestra legislación: público urbano, agropecuario, industrial, comercial y de servicios, entre otros. Lo anterior obliga a priorizar su asignación en función de hacer un uso más eficiente en relación con la aportación al bienestar y el desarrollo socioeconómico de la sociedad. Evidentemente el uso público urbano, dada su naturaleza, debe ser el primero en ser atendido, pero siempre sin descuidar el cuidado del recurso mediante el fortalecimiento de los sistemas de distribución a través de los organismos operadores, mismos que deberán contar con la infraestructura, la tecnología, el personal y los recursos financieros para poder garantizar una prestación eficiente de los servicios.
En relación con los demás usos, y dado que el agua es un recurso escaso y en términos prácticos, no renovable, para hacer un mejor uso de él debe regir un criterio económico y aquí surge el concepto de la PRODUCTIVIDAD DEL AGUA, es decir la utilidad que se genera por cada metro cúbico de agua utilizada.
Paradójicamente, el campo, que contribuye con sólo el 3.7% del PIB estatal, consume alrededor del 70% del agua utilizada en nuestro Estado, generando un mínimo de empleos. En lo referente al consumo de agua, cabe mencionar por ejemplo que para producir un litro de leche se requieren alrededor de 1,000 litros de agua y para el caso de la carne de res, esta cantidad se dispara a 15,000
litros por cada kilogramo producido. La productividad neta anual de los productos agrícolas más comunes oscila entre $1.00 y $4.00 por metro cubico de agua consumido.
La manufactura, el comercio y los servicios, que en conjunto representan el 96.3% del PIB estatal, ofrecen las mejores oportunidades de propiciar un desarrollo sostenible, permitiendo incrementar el PIB estatal en forma considerable, generar empleo y elevar el nivel de ingresos de la población, produciendo la menor explotación del acuífero. Para evidenciar esta afirmación basta mencionar que, para producir un automóvil en nuestro estado, se requieren alrededor de 2,000 litros de agua. Las actividades comerciales y la economía del conocimiento prácticamente no requieren agua.
En este contexto, es evidente que, para hacer un uso responsable y racional del agua en nuestro estado, es necesario impulsar el fortalecimiento de las actividades económicas de los sectores secundario y terciario, que constituyen la alternativa más viable de desarrollo y de generación de empleos, riqueza y bienestar, en un escenario de conservación del agua.
ing. Roberto amador
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Ingeniero Civil por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Maestro en Ciencias y candidato a Doctor en Ingeniería Estructural por la Universidad de Texas en Austin. Ex Diréctor General de CCAPAMA.
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