Anteia Shinerose
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Alma de Fenix Ilustrado por Metaflórica
La osita y el espejo de la verdad Érase una vez, una osita llamada Sophie, que vivía en el bosque de un país muy lejano, con su hermano mayor Sael. Un día, cuando ambos volvían de cazar, la pequeña Sophie le dijo a su hermano: —Algún día quisiera ser tan fuerte como tú, hermanito. Últimamente no hago nada bien y me da la sensación de que me estoy convirtiendo en una carga para ti. A lo que él respondió: —Todos tenemos días malos, estoy seguro de que, con el tiempo y algo de entrenamiento, llegarás a ser incluso más poderosa que yo. ¿Sabes? A veces envidio tu inteligencia y valentía, y reconozco que me gustaría parecerme un poco más a ti, para no tener que salir huyendo cada vez que algo me asusta. —¡Hala! ¿De verdad te sientes así? Pero si yo creía que nada te daba miedo. —Pues la verdad es que soy muy asustadizo y me dan miedo muchas cosas, pero siempre intento que no se me note para que te sientas segura. Los ojos de Sophie se llenaron de lágrimas que terminaron deslizándose por sus mejillas sin que pudiera contenerlas. —¿Por qué lloras? —preguntó Sael, entristecido. —Porque soy muy feliz. Me siento muy afortunada por tener a un hermano que se preocupe tanto por mí. ¡De verdad, muchísimas gracias!
Sael sonrió y abrazó con ternura a su hermana. Cuando llegaron a su osera, le entregó un espejo y dijo: —Mírate en el espejo y dime qué ves.
Sophie así lo hizo, y tras observar su reflejo durante un buen rato, respondió: —Veo a una Sophie torpe, llorona e incapaz de hacer nada bien. —Uy, ¿segura? La pequeña Sophie asintió y le devolvió el espejo a su hermano mayor. Él cogió el espejo y dijo: —Yo veo a un Sael valiente, seguro de sí mismo y capaz de proteger a su familia. Al cabo de un rato, la pequeña Sophie comprendió el ejercicio y le dijo a su hermano: —Pero, hermanito, a mí no se me ocurre nada. Creo que no tengo ninguna virtud. —Pues entonces, mírate en el espejo y di cómo te gustaría ser. —Vale, lo intentaré. Sophie cogió de nuevo el espejo, y tras volver a mirar su reflejo, dijo: —Veo a Sophie, guapa, valiente, inteligente, dulce, cariñosa, perseverante, fuerte y leal a sus amigos. —Buen trabajo, hermanita. ¡Por fin lo has entendido! —dijo Sael, orgulloso. Sophie sonrió y le dio un beso en la frente a su hermano como agradecimiento. Con el tiempo, Sophie se convirtió en la osa que había soñado desde pequeña, y Sael superó todos sus miedos.
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Brayan y el delfin rosa Érase una vez un niño llamado Brayan, que vivía en un pequeño pueblo de Madrid. Brayan era hijo único, y a veces se sentía solo, ya que sus padres trabajaban muchas horas fuera.
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Pero, por suerte para él, siempre podía contar con el inestimable apoyo de su abuela materna, Lucía, quien lo había criado desde que nació y siempre le brindaba buenos consejos. Cuando cumplió los diez años, su madre, Viviana, se mudó a Valencia por trabajo y se lo llevó consigo.
Despliega tus alas y cree en lo imposible
ISBN 978-84-19106-69-8
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788419
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