Rocío Beltrán
Ilustraciones de
Asier Albarrán
Aura,
¡al abordaje!
Aura siempre lleva puesto su collar con forma de ola. Le encanta el mar, pero vive lejos de la costa, así que cada día echa de menos la playa, la arena, la espuma del mar, el sonido de las olas… Aura sueña con vivir tan cerca de la playa como sea posible. Pero no es que quiera vivir en una casa cerca del mar, lo que realmente quiere es vivir en él: ¡bajo el agua! Donde nadie pueda encontrarla, y así pasar el día jugando al escondite con estrellas de mar, haciendo pulsos con pulpos, carreras con sirenas…
Mucho antes de empezar a andar, Aura aprendió a nadar, cogía aire, se zambullía en la bañera y jugaba durante horas con sus pececitos de juguete, lo tenía muy claro, ¡quería ser un pez! Pero descubrió que los humanos, al tener pulmones en lugar de branquias, no podían respirar bajo el agua, así que tendría que pensar en otra profesión a la que dedicarse de mayor. Volvió a tener otra gran idea: sería una sirena, así al ser mitad pez y mitad humana, podría respirar de dos maneras diferentes. Estaba muy ilusionada al imaginarse como sirena y humana, pero sus padres le explicaron que las sirenas tenían que nacer así, y que no podría convertirse en una, solo cuando fuera mayor.
Al descubrir que nunca podría vivir bajo el agua, Aura estuvo muy triste, hasta que llegó el día que cambiaría su vida para siempre. Una mañana mientras veía en la tele un documental sobre su animal favorito, el caballito de mar, Aura preguntó algo que nunca antes había pensado: —Papá, ¿cómo consiguen grabar a los peces bajo el agua si nosotros no podemos respirar ahí abajo? Aquella era muy buena pregunta, y su padre le explicó: —Aura, las personas que consiguen pasar tanto tiempo bajo el agua son buzos. Llevan bombonas de oxígeno a la espalda, y así, durante un buen rato, consiguen nadar y acercarse a los animales que viven en el mar, más que ninguna otra persona. Aura sintió cómo el corazón se le aceleraba, se quedó muda por unos segundos, las manos le temblaban, y de repente, dio un salto y gritó:
—¡De mayor voy a ser buzo! Por fin era 15 de julio, el día del año favorito de Aura. Esa mañana se despertó muy temprano, antes incluso que sus padres. Cogió su maleta y revisó que no faltara nada: flotador, bañador, prismáticos, cubo y pala, chanclas, crema solar… Sin duda era la mañana en que Aura y sus padres iban a la playa. Había decidido que aquel verano sería especial, quería vivir una gran aventura, así que hablaría con algún pirata y le preguntaría sobre los monstruos marinos de la zona; después iría a buscarlos y seguro que sería capaz incluso de encontrar algún tesoro enterrado.
En el coche, de camino a la playa, Aura no paraba de pensar en todas las cosas que haría cuando llegase. De tanto pensar, no había notado que ya casi habían llegado a su destino.
El corazón le dio un vuelco cuando levantó la vista y vio una franja azul en el horizonte, ¡tenía el mar justo al lado! Aura pegó la cara a la ventanilla e intentó adivinar lo que sucedía en la playa. Pero era imposible, desde el coche todo se veía diminuto, tendría que esperar un rato más hasta poder tocar el mar. Aura continuaba mirando fijamente la línea azul que dividía el horizonte cuando, de repente, ¡una figura rozó su ventanilla! Algo de color blanco, parecido a una cola de pez, pero fue tan rápido que no consiguió ver qué era. Aura miró al cielo, pero ¡allí no había nada! Preguntó a sus padres, pero tampoco habían visto nada, ¿qué podría haber sido?... Seguramente algún ave que ellos no conocían.
ISBN 978-84-18789-61-8
9 788418
789618
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