Cataplina Encuentada
Ilustrado por Teresa Merino
Mi dulce
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«¡Facun, la estrella! ¡Mmm! ¡Qué bella! Sus cinco patitas contonean al ritmo de la marea. Sube y baja por la arena buscando una almeja que tenga una perla, pues es muy coqueta, con vocación de diva, y sobre todo quiere brillar como sus celestes primas. Un día encontró una perla. Era de una almeja que la fabricó con tinta de chipirón. Por eso era negra y muy traviesa, no paraba quieta. Pintaba la playa de negritud cuando todavía era de día, y a pesar de tanta fechoría, en Facun halló camaradería. Es que en esa obscuridad de tinta de calamar, tinieblas y opacidad, se intuía el satélite principal, vamos, la estrella del lugar. Así, esta estrella nada vulgar se hizo cantante de jazz, para curar la melancolía de aquellos oscuros días. ¡Facun, la estrella! ¡Mmm! ¡Qué bella!».
El castillo de arena
—¡Mira, papá, un castillo de arena! —Sí, me recuerda la historia de Mariela. —¡Cuéntamela, por favor! —Si te empeñas...
… «Vino a la playa un día una niña muy pija que se creía princesa, y le dijo a su sirvienta: —¡Te ordeno, mi buena Petronila, que me construyas un castillo de arena digno de mí, la bella Mariela! Y así lo hizo Petronila. Construyó el castillo más majestuoso y bonito que imaginarse pueda, porque en esa fortaleza puso tesón y mucho mimo. Y Mariela se coronó Reina. Hizo una magnífica ceremonia digna de una gran damisela, e invitó al pomposo evento a todos los habitantes de los palacios colindantes. Acudió mucha gente y, entre ellos, secretamente, Mariela buscaba pretendiente. Pero no contaba esta nena con que de pronto la marea sus posesiones deshiciera.
Y entonces, gritó Mariela: —¡Ay, ola ladronzuela, devuélveme mis riquezas, por lo que más quieras! Y le dio de rabia un ataque. Tanto gritaba la infanta que la gente huía atemorizada. Y entonces Neptuno, rey del mar, envió una ola para hacerla callar, pues algunos peces estresados ya habían solicitado audiencia para quejarse de la histérica. La chica, que se creía reina, en el agua buscó en vano todas sus pertenencias. Encontró, sin embargo, el palacio de Poseidón, y con un mal humor desorbitado, le exigió sus bienes más preciados, a cambio de los que le fueron arrebatados.
La casita esdrújula
ISBN 978-84-19106-44-5
9 788419
106445