El viaje a la Luna

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Cecilia Gómez Martínez

EL VIAJE A LA LUNA Diseñando la realidad desde una perspectiva literaria


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«Quizá David tenga razón al decir que, cuando uno cae sobre África desde una altura de doscientos cincuenta kilómetros, un tobillo roto es casi una nimiedad, pero no por eso duele menos».

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(Arthur C. Clarke, 1953, p. 277).

2 Avión Bell X-1 de Chuck Yeager. f 1.

3 Jaqueline Cochran a bordo de una avioneta f 2.

4 —¡Ya lo sé! —¿Qué sabes? —preguntó Michel Ardan, saltando de la cama. —El motivo de que no hayamos oído la detonación del columbia. —¿Y cuál es? —dijo Nicholl. —Que nuestro proyectil caminaba más aprisa que el sonido. (Julio Verne, 1870, p. 14).


Si hay un punto de partida con el que comenzar a relatar la historia espacial, sin lugar a duda, es la Segunda Guerra Mundial. A pesar de suponer, para aquellos países participantes, los seis años más sobrecogedores nunca vividos y tan influyentes en la historia de la humanidad, al mismo tiempo fue una etapa en la que el diseño y la ingeniería dieron rienda suelta a la imaginación, siendo de esta forma producidas obras hoy en día consideradas como referentes debido a la época en la que fueron formuladas. La Venganza 1 (V1), diseñada en el Centro de Investigaciones de Peenemünde, en Alemania, se convirtió entonces en el primer prototipo de cohete autopropulsado, cuya finalidad era provocar una funesta explosión allá donde cayese. Su sucesora, la V2, fue lanzada el 7 de septiembre de 1944 y albergaba una carga explosiva de casi 997 kg, medía 13,8 m de alto por 1,8 m de ancho, y alcanzaba los 322 km de distancia. Comenzaba de esta forma la carrera por el estudio de la balística, que posteriormente iniciaría la Guerra Fría por la conquista del espacio entre la URSS y EE. UU.; serían unos 50 años de lucha intermitente por conseguir dominar el mundo. Wernher von Braun, bautizado posteriormente por Michael Neufeld (2007) como «soñador del espacio e ingeniero de guerra», se convirtió en aquellos años en la figura emergente de un programa espacial cuyas raíces empezaban a germinar, y EE. UU. no tardaría en solicitar su colaboración para el estudio y desarrollo de proyectiles americanos, pasando posteriormente a ser uno de los ingenieros determinantes en las misiones espaciales de la NASA. Fue en aquellos años y en ese mismo país, donde el sector de la aviación comenzó también a emerger y ser dotado así de cierta importancia. La Marina se propuso probar cada día un 21


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caza de reacción nuevo y el centro de pruebas de Pax River, situado en el Condado de Saint Mary (Maryland), se convirtió en un lugar frecuentado por jóvenes pilotos que acudían con la finalidad principal de convertirse en meros pilotos de prueba y poder así ascender rápido a un buen puesto en la Marina. Si hay una palabra para catalogar a este grupo de inocentes es valentía; aproximadamente se producía un porcentaje de muertes por semana del 1,7 %, llegando a ser la esperanza de vida asegurada del 23 %. Es aquí cuando nace la expresión de «los que lo tenían y los que no lo tenían». (Tom Wolfe. 1980, p. 25). Eso que había que tener era valor , el valor de meterse en una bala para ser propulsado a una velocidad nueva y rezar para que todos los mandos rediseñados funcionasen a la perfección durante el vuelo y su posterior aterrizaje. La mayoría de los problemas surgían por incendios provocados por el combustible, tubos de oxígeno mal comunicados que generaban el desmayo del piloto o aterrizajes erróneos. Pero todas estas pruebas tuvieron por fin una noticia esperanzadora cuando uno de los pilotos decidió enfrentarse a algo jamás planteado; quería alcanzar la mayor velocidad propuesta hasta la fecha y su propósito sería, por tanto, superar la barrera del sonido (Mach 1). El avión que se utilizaría sería un Bell X-1 y el nombre de su tripulante, Chuck Yeager. El plan de vuelo constaría de una primera fase en la que un B-29 volaría en picado desde unos 7800 m de altura, soltando posteriormente al X-1 asociado, como si fuese una bomba, en dirección horizontal ascendente; el proyectil, ya solamente formado por la segunda fase, iría ascendiendo en velocidad poco a poco hasta llegar al Mach 1, es decir, a la barrera del sonido. El proyecto fue todo un éxito, 22

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convirtiéndose Yeager el 14 de octubre de 1947, en el primer ser humano en alcanzar la velocidad supersónica. Seis años después, el papel de la mujer en el mundo de la aviación comenzó por fin a tener cierta visibilidad gracias a la figura de Jaqueline Cochran , la cual se convirtió en la primera mujer en la historia en alcanzar la velocidad supersónica . Fundadora del WASP (Women Airforce Service Pilots)1, permitió que, a finales de la Segunda Guerra Mundial, muchas mujeres pilotaran aviones con el objetivo de utilizarlos como remolques o carga aérea, transportándolos desde fábricas a puertos y bases de entrenamiento militar. La WASP se convertía así en la primera organización que trabajaba para las Fuerzas Aéreas del Ejército de los EE. UU. (ibid.) Pero, a pesar de todo el trabajo que hicieron y lo mucho que demostraron, su valor y destreza no sirvieron para convencer de sus capacidades al sector de la aviación, por lo que pronto desapareció la WASP para evitar que las mujeres suplantaran a los hombres en los años posteriores a la Guerra. «Los tabúes culturales estadounidenses contra las mujeres que participaban en el combate afirmaron que a las mujeres no se les permitiría volar en combate; por lo tanto, no había posibilidad de que las mujeres pudieran lograr la distinción como pilotos militares. Tampoco se las admitió en otras áreas de la aviación, excepto de manera simbólica». (Smithsonian. National Air and Space Museum. Musings on Black History. 2020)

1. Mujeres Pilotos del Servicio de la Fuerza Aérea

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Sally Ride. (vuelo del Space Shuttle) f3

Grupo de astronautas femeninas f 4

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7 Katherine Johnson, Mary Jackson, y Dorothy Vaughan, determinantes en el primer vuelo orbital americano (M6, John Glenn) f 5


La notable concepción idealizada y poco realista del papel de la mujer, a menudo caracterizada como simple ama de casa, promovió la tajante decisión de no relacionarlas con trabajos de posible índole violenta o peligrosa, pero a pesar de ello, las mujeres aviadoras lucharon por dicha afición y crearon, a raíz de ello, diversas asociaciones como la Ninety-Nines2, que fue la primera organización reconocida de mujeres piloto. El hecho de buscar pilotos suicidas para misiones que podrían, en un 60 % de posibilidades, acabar en fracaso, aumentó aún más la necesidad de elegir papeles masculinos para realizar dichos vuelos; se concebía además a la mujer como cuidadora de los hijos y del hogar, por lo que consideraban que no era una figura de la que se podía prescindir de una forma tan arriesgada. Todo ello, añadido a la idea de que dichos pilotos debían sufrir presiones de hasta 8G, que es 7 veces el propio peso del cuerpo humano, y al posterior descubrimiento de la difícil complexión fisiológica en el desarrollo de un traje espacial femenino, afianzaron el ideal inicial formulado. «Los primeros informes técnicos decían que era mucho mejor subir mujeres al espacio. Eran más eficientes y ligeras, con lo cual habría sido más sencilla la carrera espacial, pero por razones políticas no podía EE. UU. en los años 50 decir “vamos a mandar mujeres al espacio”, porque esto se acababa». (Javier Armentia, director planetario Pamplona. La Luna: La cara oculta del cine, 2019). No sería hasta 1963, cuando la URSS contara con una mujer en su equipo, convirtiéndose Valentina Tereshkova en la prime2. Noventa y nueve.

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ra mujer en salir al espacio exterior y realizar un vuelo orbital. Por su parte, EE. UU. abriría su primer proyecto espacial al género femenino con el lanzamiento de dos satélites de comunicaciones en 1983. Sally Ride se convertía así en la primera mujer estadounidense en salir al espacio exterior a bordo del Space Shuttle Challenger, séptima misión del transbordador espacial. Con su vuelo, logró inspirar a millones de mujeres a iniciar la carrera espacial, siendo un total de 41 mujeres estadounidenses las que se convirtieron posteriormente en astronautas . (Smithsonian. National Air and Space Museum 2020). «Los grandes avances en la investigación de la vida de las estrellas y las distancias del universo, se hicieron a comienzos del siglo xx gracias al trabajo y al cálculo de mujeres. En el caso del desarrollo tecnológico para ir a la Luna, gran parte de los cálculos fueron ayudados y procesados gracias a esas mujeres, que estaban doblemente silenciadas por ser mujeres y ser afroamericanas». (Javier Armentia, director planetario Pamplona. La Luna: La cara oculta del cine, 2019).

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Ellas fueron también determinantes en la realización de los vuelos espaciales. Gracias al trabajo continuo que realizaron en el cálculo de lanzamiento de los cohetes, todo el programa espacial americano se pudo llevar a cabo. Esta labor tan decisiva no fue elogiada y reconocida hasta muchos años después, llegando así, hoy en día, a convertirse en una figura fundamental para las misiones espaciales, y un componente primordial en el equipo de astronautas de los vuelos espaciales.

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Valentina Tereshkova. Cosmonauta, política rusa e ingeniera Primera mujer en viajar al espacio


1865

1972

“El viaje a la Luna” se presenta como una investigación iniciada con el lanzamiento de los primeros satélites y terminada con el último vuelo del programa Apolo, en la que la literatura y la realidad se unen para dar forma a lo que se conoció como los años que llevaron al ser humano a dar los primeros pasos en el terreno lunar. Autores literarios como Julio Verne, Hergé y Arthur C. Clarke, junto a las admirables teorías de Wernher von Braun, Willy Ley y las ilustraciones de Chesley Bonestell, serán los principales protagonistas de esta historia, y harán entender al lector, que ese gran proyecto lunar ya fue concebido muchos años antes de que el viaje espacial se considerara como algo realizable y prometedor. El diseño de la forma y el interior de esas naves, los colores y la funcionalidad de los trajes o incluso el funcionamiento de los vehículos a utilizar, serán los pilares de este proyecto que muestra la cara imaginada frente a la realizada del esperado viaje a la Luna. ISBN 978-84-18911-18-7

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