Regino Fernández García
En calidad de
desconocido
DESAMOR COSMOPOLITA
Ensimismado. Otro rostro recién salido de la del Mediodía que no hace más que mirar de uno al otro lado. Otro rostro que hasta aquel instante solo había sido conocedor de pequeñas y encantadoras ciudades, pueblos y villas. Esas en las que todo par de ojos resulta familiar y toda sonrisa es respondida. Esas en las que el recién llegado muy pronto deja de ser extraño, desconocido, y se convierte en familia. El frondoso paisaje artificial, las altas copas de mármol y ladrillo, el mundanal ruido: el tráfago urbano. Así es la bienvenida de la gran cosmopolita: comienzo de toda una aventura. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, sin apenas ser consciente, cae enamorado de la capital aristocrática y se convierte en un fiel seguidor de la castiza, en el mayor admirador de la moderna y, por supuesto, no se permite olvidar jamás a la vanguardista. Sin embargo, en un lugar así, como no podía ser de otra manera, las vueltas del reloj no son amigas del recuerdo; aunque, a decir verdad, tampoco son íntimas del olvido. Quizá ese sea el problema. 5
Regino Fernández García
Más temprano que tarde, el precio a pagar por el variado manjar de experiencias sale a la luz. Es un tique descolorido, apenas legible para unos ojos nuevos, alegres y despreocupados, pero claro al tornarse compungidos. ¡Forastero! Seas bienvenido, pero en calidad de desconocido.
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En calidad de desconocido
HUELLAS EN LA ARENA
No, no pidas más que otro par de huellas junto a las tuyas. No, no pidas más que la arena hundida junto a tus pies. No, no pidas más, ya que hasta el romper más débil las diluye; sin cubrir del todo el hueco que dejaron.
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Regino Fernández García
OLVIDO DESCAFEINADO
«El tiempo sabe hacer su cometido», me repito cada tarde en aquel café; único testigo del primer por siempre, que ve hoy el no cumplir de lo prometido. Estoy cansado de no ayudar al tiempo. Estoy cansado de la espera. Decidido: Me voy a otra cafetería a seguir pensando en ti.
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En calidad de desconocido
RECUERDOS AHOGADOS
Ojalá no hayas jugado al olvido. Diste a mis ojos tu retrato desnudo y a mis manos, los deseos que en el ayer soñaba aquel joven corazón al ralentí. Fuiste experta remendona: una caricia para cada cicatriz; un abrazo para cada par de los cien mil trozos en los que se había roto mi alma. Un último recuerdo. Tras de ti los cristales cubiertos por la calidez del aliento. Nuestro aliento. «¡Para!», me grito. El resto, espero poder ahogarlo en el silencio.
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Regino Fernández García
SIN PASAR PÁGINA
Y ahora, no sé si saludarte consistirá en fingir, matando a esa mitad que quiere arrancarte una antigua verdad con la boca, o en esperar un día de suerte en el que la soledad te empuje a que leas las mías.
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En calidad de desconocido
SOLEDAD
Llegas en silencio, anhelando, sin saber muy bien el qué. Comienzas a sentir una vez más esa sed, ese ardor inagotable que creías olvidado, pero nunca te abandonó. Miras al gris de tu espalda sintiéndote sin tiempo, sin aliento, sin palabras, sin aquellos pensamientos agasajadores de tu cuerpo: ¡pólvora!, que hacía estallar tu vida en mil pedazos, mil caminos que ya no te apetecen andar. Otra noche más que tropiezas con torpeza. Otra página gemela en tu diario. Otro día de invierno en el más cálido verano. Otra fábula a la que arrancaron su final feliz.
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Regino Fernández García
SEGUNDO PLANO
Recuerdo cuando prometí estar junto a ti. También recuerdo que jamás hablé de estar detrás.
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En calidad de desconocido
PERDÓNATE
Perdónate. No todos aprendimos el arte del olvido antes de encontrar un aliento que creímos susurraba la palabra eternidad. Perdónate. Por pensar en su saliva cuando las líneas de tus manos, con fingida casualidad, encontraban aquella caja olvidada en la oscuridad. Perdónate. Por querer hacerle el amor a tu pasado para después, descansar sobre su boca. Perdónate. No todos aprendimos el arte del olvido antes, de aquellos últimos días de sol.
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Regino Fernández García
HUYE
Huye. Deja a un lado todo aquello que te aleje de ti.
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En calidad de desconocido
SILENCIO
Hoy, el silencio me resultó cómodo. No sé si aprendí a amarme o aprendí a amar.
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A veces es difícil vivir con las decisiones tomadas y, aún más, digerir los cambios que provocan. Esto hace que nos sintamos extraños frente al espejo y como auténticos desconocidos dentro de una sociedad llena de ruido, de prisa y de conflictos emocionales. No son pocas las personas que entonces, vuelven sus ojos anhelando lo que dejaron atrás y olvidan, que solo les faltaba por dar un paso más. Es tiempo de vivir, de olvidar y de ratificar el olvido.
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