Gaviotas en la ciudad 1926-Covid-19

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Gaviotas en

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1926-Covid-19

ciudad

Yeni María Ibarra Romero



Prólogo

Todas las historias y experiencias humanas estarán basadas o

estrechamente relacionadas con los sentimientos, todas tienen un final, que esperamos sea un final feliz, todos tenemos una historia que contar, los sucesos, aventuras que estremecieron nuestras vidas para bien o para mal, ya sean de amor o de odio. Actualmente el mundo se mueve bajo corrientes que nos hacen dirigirnos constantemente hacia direcciones diferentes, estamos confundidos, descontrolados, obsesionados y nos dejamos manipular por pensamientos buenos, malos, positivos, negativos, que de alguna manera justa e injusta, correcta e incorrecta nos elevan y nos deja caer en un verdadero infierno existencial. No practicamos la empatía. La empatía no es un sentimiento, es una habilidad que no todos practican, si así fuera, no estaríamos como estamos, (no hace falta una pandemia para que nos alejemos o distanciemos, como la excusa para no visitarnos, o darnos un 3


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abrazo) hace falta empatía, colocarse en los zapatos de los demás. La empatía es un ejercicio que no saca músculos, ni aplana el abdomen, la empatía nos hace mejores personas en un solo acto de bondad, generosidad, misericordia o amor, experimentar angustia, desesperación, miedo, soledad, abandono, no es lo mismo que ser egoísta, envidioso e hipócrita. Aparentar fortalezas, felicidad creando un escudo para que no observen nuestras debilidades es una cobardía, mis chicas, mis gaviotas eran ricas en empatía, poseían habilidades que me hacían feliz, mi propia familia rica era pobre en empatía, yo tuve suerte de ser rodeada de chicas que eran millonarias en empatía, cubiertas por un escudo que las protegía de los cobardes. Supieron apoyarme en todo cuanto ya no era capaz, me ofrecieron su tiempo, su compañía, sus risas, fueron mis piernas mis manos, mis traductoras cuando mis capacidades físicas y cognitivas comenzaron a fallar. Y aunque mis chicas cometieron errores y una falla muy lamentable, es importante que sepan que los errores se pagan, no se callan ni se ocultan, porque de lo contrario se vuelven a repetir; reconocer nuestros errores, eso también es empatía. En el muy avanzado recorrido de mi vida, siempre me avergoncé de situaciones de las que habría querido no formar parte, fui una mujer a la que siempre le gustaron las cosas correctas, hablar claro, una mujer a carta cabal, no callaba ante nada, y en ocasiones hice cosas sin querer, me toco ocultar secretos, secretos muy oscuros por vergüenza y miedo, 4


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siempre supe que no estuvo bien... Si pudiera pedir un deseo, pediría poder retroceder el tiempo y dejar arreglado mis asuntos antes de marchar, solo espero que mis predecesores sepan hacerlo. Considerando que ellos no practican la empatía, lo más seguro es que después de que me marche, se mantengan por un tiempo sumergidos en el pozo del odio y el rencor. Si alguna vez piensan en la vejez y las consecuencias de llegar a los cien años, ruéguenle a Dios alcanzar una buena calidad de vida, una muerte digna y la buena compañía de cuatro chicas maravillosas.

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Prefacio

El final de toda historia debería ser un final feliz, aunque el

protagonista muera, la ley de la vida es nacer, crecer, casarse, procrear y morir. Creo que cumplí con ese proceso, y aunque fue poco lo que viví para mí misma, soy feliz por todo lo que hice, siempre anduve quebrándome, rompiéndome en pedazos para armar a otros, sobre todo a mi familia, nadie puede ni tiene nada que le permita decir lo contario de la mujer que aquí describo, noble, amistosa, amorosa, honesta, sincera, bondadosa, buena hermana, excelente hija, honorable. Orgullo siento de la persona que fui, ajustada a la ley a los derechos, jamás me habría colocado del lado de las injusticias, La vida me jugó malas bromas, supongo que a todos. En fin, la vida se trata de vivir y morir, y todos vamos a morir, algunos mueren al nacer, de bebés, de niños, de adolescentes, muy pocos con mucha suerte y cuidándose arriban a los 90 años o más, y mueren de viejos. Sería justo llegar a viejo en 7


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pleno uso de las facultades, pero llegar a viejo sin acordarnos dónde nos queda el váter, terminar en una residencia olvidado e incomprendido, eso no sería justo, con un poco de suerte se puede acabar sentado en una mecedora rodeado de nietos, hijos, sobrinos peleándose para abrazarte y darte besitos, me encantaría—. Pero como yo sé que no será así, no se aflijan, no deseo ofender ni lastimar sensibilidades, en la vida siempre habrá un elemento o individuo asignado para cambiarte la vida o bien para traicionarte. No se salvó ni Jesucristo de que su propio Padre nombrara a Judas su traidor particular. ¿Quién soy yo para creer que no tendré ya uno para mi solita o varios? Lo primero que sucede cuando morimos es que todos quieren quedarse con algo tuyo; tus bolsos de marca, tus perfumes Dior, el maquillaje STEE LAUDER, tus zapatos finos y elegantes, con toda tu fortuna, lo segundo; es que nadie sabe para quién trabaja, y todo aquello que en vida cuidas con vehemencia pasa a manos de quienes menos lo esperaba, todos vamos a morir, todos tenemos nuestro Judas por ahí observándonos detrás de un árbol esperando que muramos, un pequeño descuido para entregarnos y robarnos.

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Dedicatoria

Los escritores en su mayoría dedican sus libros a quienes

hicieron posible su sueño de llegar a publicar un libro, un texto, su propia historia o la de otros, Le agradecen a Dios, dedican el libro a sus consortes, a sus hijos, a la editorial que los apoyó. Eso hacen L-O-S E S-C-R-I-T-O-R-E-S, (pero yo no soy escritora) soy una mujer muy rica, eso sí que soy, pero estoy muy vieja y talvez para cuando tengan la oportunidad de leer este libro, ya estaré muerta… Yo dedico este libro a quienes se sientan identificados, pero sean sinceros con ustedes mismos, siéntanse capaces, valientes de aceptar si en algo se parecen o han actuado como los personajes que aparecen aquí, ya sean que actuaron mal o bien. Quedarse callados no es una opción, así que por esa razón dedico este libro primeramente a la mentira, al egoísmo, la envidia, la frustración, el rencor, el odio, la venganza, la traición, la infidelidad, al maltrato, 9


las humillaciones, pero sobre todo a la oportunidad del arrepentimiento y al perdón. Dedicarles mi historia a esos sentimientos vánales, superfluos y vacíos es una proeza que nadie se atrevería a hacer, porque, aunque tratemos de ocultarlo, somos portadores del odio, (ángeles y demonios), sujetos que combinados han hecho tanto mal como bien a la humanidad.


Capítulo 1

GAVIOTAS EN LA CIUDAD

Esta historia no trata solo de mí, no se atrevan a dudar de

mi habilidades pero con la edad que tengo, mis perezosos movimientos, mi voz afónica y silenciosa, y mis capacidades se ven cada día más desgastadas que si tuviera que narrarles en vivo les repetiría el mismo capítulo veinte veces, tardaría esta edad y otra vida para llegar al último capítulo, pero hoy en día existen las máquinas de escribir, los ordenadores, y resulta sencillo escribir una historia, una biografía, crear un libro sobre la vida de cualquiera, pero por desgracia para mí, me encuentro como la única sobreviviente del Titanic, (vieja y obsoleta). Existen personas que han sobrevivido tempestades, Huracanes, erupción de volcanes, sunamis, terremotos, a guerras, 11


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la primera, a la segunda, la guerra civil, al cáncer, a una fractura de caderas, al sufrimiento que le causan los hijos cuando se enfrentan por razones fútiles, desagradables y a veces perturbadoras, personas que después de haber surcado mares endemoniados terminan muriendo por la picada de un mosquito (El chikunguña). Bueno desde el comienzo y hasta el final se darán cuenta, les advertí que esta historia no solo trataba sobre mí, menciono a mis hijos, a mi exmarido y también a cuatro mujeres muy especiales que se clavaron en mi corazón, y yo en el de ellas, cuatro mujeres que al igual que yo, han transitado por el mundo retando y enfrentando desafíos que le han permitido encontrar un lugar, un hueco donde plantarse y crecer. Esas son mis chicas, «unas guerreras», «Mis gaviotas»”. Y como en todo reto o desafío hay ganadores y perdedores, es obvio que a los que pierden les toca volver a empezar, a los que creyeron haber ganado les queda celebrar, (pero quiero que sepan algo, y es que perdiendo también se gana), estas chicas y yo pertenecemos a estratos sociales diferentes, ellas son pobres, es decir, no tienen dinero suficiente para vivir esta vida como quisieran, unas no tienen ni donde caerse muertas, pero yo sé que con un poco de esfuerzo podrían alcanzar la luna si se lo proponen y cumplir sus sueños... ¿si acaso sueñan? Son muy ricas en espíritu, amor, esperanza, salud, fortaleza, en cambio yo (silencio, largo y pausado), en cambio yo, la verdad no tengo tanto, lo único que me sobra es dinero, de tanto luchar ya he perdido las esperanza y mi sentido del humor. 12


En la vida no tuve retos, ni competencias con nadie, las que si estaban en una constante rivalidad eran mis hermanas: Marcela y Morgana, envidiosas, desde niñas siempre codiciaron lo que yo tenía, no eran capaces de comprender sus propios gustos y preferencias, siempre querían todo igual y en más cantidades de lo que yo poseía, una era más envidiosa y ambiciosa que la otra, no diré cuál de las dos lo era más, no merece la pena, sin embargo, también quisieron volar y desaparecer. Así que… pueden hacerse una idea de lo anciana que soy y de lo que éramos capaces de someternos las gloriosas familias de la antigüedad para complacer a una ya rancia sociedad, podrán entender por qué he decidido compartir mi historia aprovechando el abanico de pensamientos femeninos que me rodean, un equipo de mujeres liberales que lo entregaron casi todo para lograr su objetivo en la vida. Mujeres luchadoras, entregadas a su familia, madres, hijas, hermanas, abuelas, mujeres que tuvieron que huir de dictaduras, violencia, maltratos, que se vieron obligadas a abandonar sus terruños, por mar, por aire y algunas hasta caminando kilómetros y kilómetros buscando un sueño, aterrizando en territorios sin ni siquiera imaginar el futuro que les esperaba, y que para algunas resultaron más hostiles e injustos, aparte de desconocidos... mujeres verbal, física, espiritual, emocional y moralmente modernas, «valientes». No son mujeres cualquieras, son mujeres casi perfectas, igual que yo, casi perfecta, y aunque nadie lo es, me da igual 13


Esta es la historia de una dama pudiente, estirada, millonaria, rodeada de lujos, y servidumbre, que superó los más severos obstáculos que impone la vida, pero murió de COVID-19. También murieron las esperanzas de volver a ver a su familia. Al parecer y a medida que la gravedad de los años llega, se tira con ellos la belleza y la firmeza de nuestro cuerpo; añoraba lo que fue y odiaba en lo que se había convertido. Arropada por el odio, víctima de las mentiras y de la traición, ahora descansa sin mortaja dentro de un jarrón de barro, vuelta cenizas. Soñó ver unida y reconciliada a su familia. El per-

788418 996047 9

ISBN 978-84-18996-04-7

dón se ciñó a su último suspiro.


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