Que me perdone la vida las veces que no la entendí

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INHALA

Alza en tu imaginación los zapatos más cómodos que

tengas, unos que no te de reparo destrozarlos, que te permitan llegar a todos tus destinos y que sean capaces de aguantar todo tipo de terrenos. Elige bien el par adecuado, ya que te acompañarán en este viaje que estás a punto de emprender y no puedes cambiarlos. Salta donde tu pubertad comenzó. Tu cuerpo comienza a sufrir cambios paulatinos, los dedos de tus manos se alargan, las cuerdas vocales cambian de tono, tu pelo se engrasa más rápido, el bello sale en los lugares más inhóspitos, todas las facciones de tu rostro se tersan, tus dientes salen definitivamente y tus hormonas se vuelven locas. Todos esos cambios físicos hacen que esos afortunados zapatos te queden pequeños, ya que como puedes imaginarte, 3


Teodora Florea

tus pies también aumentaron tu tamaño. Poco a poco comienzas a sentir un leve dolor en la punta de los dedos, una calurosa incomodidad, que se expande por la planta de tus pies provocándote insufribles rozaduras. Recuerda que no puedes cambiar los zapatos, ya que los has elegido al comienzo de tu viaje y por ello debes aguantar el dolor y seguir caminando. Caminas durante años sin un destino exacto, descubriendo lugares desconocidos a tu paso, paraderos abandonados, ciudades contaminadas y abarrotadas de gentío, playas con olas imperceptibles, otras con gran agresividad, pueblos de todos los tamaños, campos y bosques rodeados de montañas. ¡Vives todo tipo de aventuras inéditas! ¡Ey, espera!, que no todo es tan desconocido y fantasioso, también recorres zonas evocadoras y familiares, donde encontraste la comodidad, donde repetiste errores constantemente y donde fuiste una persona tanto feliz como desgraciada. ¿No me estás entendiendo? Paciencia, pronto me entenderás. Sientes como tu piel abrasa dentro de los zapatos y te esfuerzas por quitártelos, pero tu dolor es tan inmenso que frena tus fuerzas e intentos por liberarte de ellos. Están demasiado amoldados a tus pies y ahí llegas a la cumbre de la tortura. Buscas apoyo y tratas de contárselo a la persona más cercana que tienes. Rápidamente te empieza a rehuir, 4


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diciéndote que son bobadas, que no debe de ser para tanto, que deberías quejarte menos y ser agradecido por, al menos, llevar algo que te cubre los pies. Padeces un suplicio que te impide continuar y está relativizando tu problema sacando una conclusión quizás errónea. No se pone en tu lugar, o incluso puede ser que padezca el mismo calvario y cree que su dolor es mayor que el tuyo. Puede que sea cierto, realmente no conoces el sufrimiento de esa persona, ella tampoco la tuya, pero también juzgaste en algún momento su falta de asistencia. Aprendizaje y mucha reflexión se necesita para convertirse en una persona altruista, pero no se trata de eso. Se trata de uno mismo, de entender y actuar sobre nuestro dolor, sobre aquello que nos impide caminar y nos provoca todas esas horribles sensaciones. Esos zapatos de los que hablo se tratan de tu personalidad, de la forma de ser que construyes en tu interior y que vas adaptando según los cambios. Hay un momento en el que sientes que ya te has constituido ética y moralmente hablando. Estupendo. Ya tienes eso que todos se desviven por tener: «personalidad». El no poder quitarte esos zapatos, se refiere a que cuando ya has elegido tu forma de ser, es muy complicado volver al proceso de adaptación, volver a aceptar otros puntos de vista o incluso llegar a ser una persona que respete a otras completamente diferentes. ¿Por qué? Bueno, has tenido tu propio camino, construyéndote de la manera que considerabas correcta y te has arraigado tanto a esa idea 5


Teodora Florea

de «yo soy así», que cuando el mundo cambió se te olvidó que quizás para algunas cosas tú también deberías cambiar por muy presente que tengas tu ética. Si durante toda tu juventud usas los mismos zapatos, estos te provocarán heridas. Lo mismo pasa con la forma de ser de uno, cuando una personalidad se mantiene en la misma forma mucho tiempo, acabará provocando un dolor inconsciente. ¿No has tenido alguna vez esa sensación de que no sabes que falla en tu vida? Quizás añadirle un plus a tu personalidad, sacar algo más de tu interior y conocerte un poquito más, sea una buena respuesta. O mi respuesta. Hay millones de personalidades diferentes trabajando por la misma misión, creemos en lo que somos: un espíritu joven, y como tal, sabemos cuán de fantasiosa y sublime puede ser una vida adolescente. No es fácil, nos pueden guiar, pero nadie tiene realmente las directrices exactas de cómo sobrellevarla, por ello he decidido crear un espacio de desahogo, de reflexión totalmente transparente, tratando de construir una libertad personal desafiando los valores implantados por el sistema. Todo esto nace de propias preguntas que me surgen en los pensamientos, ¿cuántas veces tendré que reencaminar mi vida?, ¿cuántas veces tendré que intentar que las cosas funcionen?, ¿cuántas oportunidades me tendré que dar a mí misma?, ¿y a los demás? Tenía razón, ¿qué es exactamente lo que sé más que lo que ya he vivido?, no sé nada, solo 6


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puedo recordar lo que he aprendido y de cara al futuro, imaginar, a partir de esa imaginación tomar precauciones, pero realmente no sé nada. Qué desastre. Cuando era pequeña sentía las cosas muy profundamente y me gustaba escribir. Me peleaba con mi madre y me desahogaba escribiendo en un papel que luego guardaba en alguna caja de recuerdos, o me enamoraba de algún chico de mi clase, llenando la agenda del colegio de pegatinas, corazones, cartas de amor y todo lo inimaginable. Era mi forma de expresión. Desconozco el paradero de alguna de esas cajas, imagino que estarán perdidas en algún trastero (aunque conservo varias cartas y agendas con el susodicho enamoramiento juvenil). Pese a que pueda sonar infantil a oídos de algunos seres humanos, «escribir en un diario» es algo mágico y reconfortante. Aplaudo a las personas que son perseverantes en sus escrituras ya que el recuerdo de uno a veces se disipa, pero los amuletos que vamos dejando atrás mantienen las memorias vivas. Siempre digo que es muy importante plasmar todos los sentimientos y recuerdos sobre papel, notas del móvil, audios o donde sea que pueda ser accesible a lo largo de los años o cada vez que se necesite recurrir a ellos. Ha sido de mucha ayuda haber conservado ese pequeño «hobby» en ocasiones muy turbulentas de mi vida simplemente para recordar cómo iba viviendo mis traumas y por consiguiente su respectiva superación; pero con el tiempo 7


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lo he ido dejando de lado. Vale, lo admito, la procrastinación y yo nos llevamos demasiado bien a veces. He tenido la suerte de ser partícipe en muchas conversaciones enriquecedoras dentro de mis cortos años de vida. Conversaciones que han cambiado perspectivas y que han hecho llorar. Conversaciones efímeras y perennes, en lugares inconcebibles junto a toda clase de personas con visiones y estilos de vida completamente diferentes entre sí. Estas palabras que estás a punto de leer no solamente salen de mi propia reflexión y visión sobre aspectos que me parecen importantes en la vida, también son tópicos y cuestiones que he aprendido gracias a experiencias personales totalmente reales y sentimientos vividos en mi propia piel, así como aventuras que he tenido. Soy Teo y tengo veintiún años, y tras aplazarlo durante más tiempo del que me esperaba, he decidido recordarme y recuperar parte de mis memorias de las conversaciones, aventuras, momentos de introspección y sentimientos que me quedan en el interior y que merecen la pena ser compartidos. Intentaré que haya un poco de disposición entre las aventuras, pero no siempre encontrarás un orden cronológico, ya que he cogido pequeñas anécdotas para entrelazar los aprendizajes en momentos muy concretos y variados. Como ya he dicho antes, hago esto con el propósito de recordarme y autoanalizarme en diferentes áreas de mi vida y quizás de aquí a los años que sea mi forma de pensar respecto a ciertos temas sea completamente distinta, pero esa es la 8


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idea: conocer, entender mi pensamiento, analizar los cambios y recordar. Tengo la seguridad de que también puede ser de gran interés para otras personas que pueden estar pasando por situaciones similares y que no sepan cómo expresarlo, por ello he tratado de crear una conexión personal e interna con actividades y apartados de reflexión o «retiros» que yo misma utilicé en momentos complicados de mi adolescencia, que también compartí con mis amigos y tuvieron un gran impacto. Regálate el tiempo que necesites para completarlo, pero mientras lo hagas, por favor, siéntete libre de expresarte como más cómodo o cómoda te sientas. Sea cual sea tu forma de expresión. Vamos, que dibujes o escribas lo que te plazca que para eso es un libro, para usarlo. Solo una cosa más, yo te quiero contar una pequeña parte de mi historia, la historia de mi realidad, una historia que sale de mi corazón y experiencia. Has de saber que yo a ti te veo como un ser especial y propio de su persona, con una personalidad inimitable y una vida única, por eso es importante que limpies tu mente de todos los prejuicios y convencionalismos acerca de mi personaje y me veas como el mismo ser que tú eres. Único y especial. Disfruta.

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ERES LA PRIMERA PERSONA A LA QUE TE DEBES ENFRENTAR, Y POSIBLEMENTE SEAS TU MAYOR RETO.

«Que me perdone la vida las veces que no la entendí» es un libro lleno de reivindicaciones personales, luchas internas, descubrimientos y crecimiento personal, donde el autor crea una confianza íntima con el lector

106469 788419 9

ISBN 978-84-19106-46-9

a través de su propia reflexión y experiencia.

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