Tago

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Tago Laura Cosentino

La gota de agua que recorrió el mundo

Ilustrado por

Carmen Osorio



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l cielo anunciaba que en cualquier momento caería una gran tormenta sobre Barcelona; el viento era cada vez más fuerte, pero a Lucas eso no le importaba, él seguía jugando al futbol junto a sus amigos, cerca de la fuente mágica del Montjuic. Allí pasaba muchas horas, soñando con convertirse en jugador profesional o relator deportivo. Jugó toda la tarde hasta que en un momento, le llegó el turno de patear un pe3


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nalti. Lucas corrió muy rápido para poder darle con fuerza al balón y así poder marcar un gol, pero desafortunadamente lo golpeó tan fuerte que el balón terminó cayendo en la fuente, salpicando a todos los que estaban sentados allí y provocando la risa de todos sus amigos. Lucas fue directo a la fuente, sacó el balón y lo secó con su camiseta, pero en ese mismo instante comenzó a llover y salió con prisa para su casa. Al entrar a su habitación, Lucas dejó el balón sobre su mesita de noche, y de pronto escuchó: —¡Lucas, aquí! ¡Lucas, ayúdameee! Lucas se sorprendió al sentir una voz que lo llamaba, y comenzó a buscar por toda su habitación, abrió los armarios, miró debajo de su cama, detrás de sus trofeos de fútbol, y aun así 5


no encontraba nada. Al rato volvió a escuchar la misma voz: —Lucas, mírame aquí estoy, arriba del balón, ayúdame, que me resbalo. Lucas se llevó las manos a la cabeza y salió corriendo de su habitación para buscar ayuda de sus padres. ¡Oh!, para su sorpresa, sus padres no estaban, todavía no habían llegado del trabajo. Así que luego de pasar varias horas encerrado en el armario que se encontraba en la habitación de su mamá, decidió salir e ir paso a paso, paso a paso, hasta que llegó a su habitación, abrió lentamente la puerta y sus ojos se abrieron enormemente como dos lunas llenas. —¡¡¡Dios mío, no puedo creer esto, una gota de agua que habla!!!! —dijo Lucas. —Hola, Lucas, no te asustes, me llamo Tago, soy una de las gotas que 6


vive junto a millones de otras gotas en la fuente de la plaza, y cuando el balón cayó dentro, yo solo quería tocarlo, pero con la prisa, no pude saltar a la fuente nuevamente. —Yo también amo el futbol, me gusta mirar los partidos desde la fuente. Y ahora…, aquí estoy, muy triste y no puedo parar de llorar. Ayúdame, quiero ir con mi familia. Quiero volver a la fuente. Lucas se acercó y le preguntó qué podía hacer para ayudarlo. —Mira, ahora me podrías llevar nuevamente allá, las demás gotas me estarán buscando. —Es que no puedo, mis padres no me dejaran salir a esta hora, además llueve mucho —contestó Lucas. Tago pegó un gran salto desde el balón y se puso junto a la ventana, con sus ma7


nos apoyadas en el vidrio, mirando cómo caían las gotas desde el otro lado de la ventana, la cual daba a un gran parque. —No te preocupes, mañana cuando vuelva del colegio cogeré mi bicicleta y te llevaré. Mientras, tendrás que pasar la noche conmigo. —Está bien, Lucas, esperaré hasta mañana. Tago estrechó su mano hasta tocar la mano de Lucas, y así sellaron el pacto de que él lo iba a ayudar a regresar a la fuente. La puerta del apartamento se abrió; eran los padres de Lucas que regresaban de trabajar, y ambos entraron en la habitación a preguntarle cómo había sido su día en el colegio. —Muy bien, estuvimos preparando las cosas para el campamento, y el sábado seré titular en el partido. 8


—Muy bien, hijo, estamos felices de que hayas pasado un gran día. La mamá de Lucas observó que del balón caía agua, por lo que decidió, tomar una toalla y comenzar a secarlo, pero en ese momento Lucas escuchó los gritos de Tago. —¡¡Lucas, ayúdameee!! Lucas dio un gran salto desde su cama y le arrebató a su madre el balón. —Deja, mamá, yo lo haré. Lucas cogió el balón y lo guardo en un lugar seguro, donde Tago estuviera a salvo. La noche comenzó a caer en la ciudad, y ambos se fueron a dormir. —Adiós, Lucas, hasta mañana. Extraño mucho mi fuente… —Adiós, Tago, quédate tranquilo que mañana estarás allí, te lo he prometido. 9


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A la mañana siguiente, ambos se despiertan con el primer rayo de luz que entraba por la ventana. Tago estaba feliz porque sabía que en pocas horas estaría nuevamente en su fuente. Lucas se desperezó, se levantó de la cama, y fue directo hacia el armario donde estaba su balón, y allí arriba, ya ansioso por salir, estaba Tago. —¡Hola, amigo! —Hola, Lucas, llévame por favor ahora, no aguanto más, quiero estar con mi familia, ya llegan los turistas para hacerse fotos y yo no estoy allí. —Bueno, Tago, pero no tengas tanta prisa. Desayuno, preparo mi mochila y vamos para la plaza. Tago mira el reloj que está en la pared de la habitación y le dice:

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Tago es una gota de agua que vive junto a millones de otras gotas en la fuente del Montjuic. Desde allí puede ver a todos los que pasean por el parque, pero lo que más le gusta es ver los partidos de fútbol. Un día cayó un balón en la fuente, y Tago, emocionado, se acercó para tocarlo, pero justo en ese momento, Lucas, un niño que soñaba con ser jugador de fútbol, sacó el balón de la fuente, sin darse cuenta de que Tago había quedado sobre él. Al día siguiente, Lucas se despertó en su habitación escuchando una voz que no conocía, una voz que lo llamaba sin cesar. Para su gran asombro, tras buscar durante unos minutos, se dio cuenta de que quien hablaba era una gota de agua. Desde ese momento se hicieron inseparables. Lucas le prometió que lo ayudaría a volver a la fuente, y así Tago emprendió un largo camino lleno de aventuras, entre cruceros y aeropuertos, llegando a recorrer diferentes lugares del mundo y haciéndose amigo del pez Aquiles, de la gaviota Esmeralda y del camello Leo, con los que vivió momentos inolvidables. Pero a pesar de eso, Tago quería volver a su hogar, su amada fuente del Montjuic. Valores implícitos: La familia y la amistad son dos de las riquezas más importantes de la vida. Muchas veces nos encontramos con personas que recién conocemos y marcan nuestra vida para siempre, pero a pesar de estar lejos de casa, uno nunca olvida sus orígenes, porque siempre es bueno recordar de dónde se viene para saber hacia dónde se va.

ISBN 978-84-18911-74-3

A partir de 8 años 9 788418

911743

babidibulibros.com


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