OCIOPEDIA 66

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“...tuvo el valor de decir que con ochenta soldados podría dominar a la nación Sioux...” William J. Fetterman fue un oficial del ejército de la Unión en los tiempos de la Guerra Civil Americana y también peleó contra los indios. Y es durante este segundo conflicto cuando abrió la boca para quedar en evidencia. Allá por 1866 tenía como tarea la protección, junto con su tropa, de los inmigrantes que iban en busca de oro a Montana. Y entonces tuvo el valor de decir que con ochenta soldados podría dominar a la nación Sioux. Poco después de pronunciar aquella frase la historia le ofreció una oportunidad. Un grupo considerable de guerreros indios, entre los que había Cheyenne y Sioux, y personajes como Caballo Loco y Nube Roja, atacaron un tren

cerca del fuerte en el que servían Fetterman y sus hombres. Este tomó el mando y salió a combatir a los indios. Su fuerza se componía de 2 oficiales, 49 hombres de infantería, 27 hombres de caballería y 2 exploradores. Lo que suma ochenta hombres, justo los que había pedido Fetterman para someter a toda la nación Sioux. Tenía la orden de no alejarse demasiado de su fuerte, pero no la cumplió y persiguiendo a los indios acabó en una emboscada. Unos dos mil guerreros acabaron en un momento con Fetterman y sus ochenta hombres. Aquel combate se conoce como la Masacre de Fetterman.


“...la activista se lanzó pancarta en mano a reivindicar sus ideales.” Emily Davison nació en 1872 y su lucha a favor del acceso de la mujer al voto le costó finalmente la vida. El triste hecho ocurrió en 1913 en las carreras de caballos de Epsom. Aquel día de junio estaba allí el mismísimo rey Jorge V de Inglaterra y precisamente fue un caballo suyo, o al menos con los colores reales, el que la atropelló en plena pista, cuando la activista se lanzó pancarta en mano a reivindicar sus idea-

les. En plena carrera, el jinete no pudo evitar llevársela por delante y Emily Davison murió tres días después a causa del golpe. Desde mi punto de vista, es un método muy arriesgado de llamar la atención, lanzarse en medio de una carrera de caballos. El rey Jorge, al conocer la noticia, únicamente preguntó: “¿Está bien el caballo?”.



“... para quedarse en propiedad con la mujer raptada, ésta no debía pisar el suelo...“ Un gran número de historiadores coinciden en señalar al pueblo godo como impulsor de la actual costumbre de cargar en brazos a la recién casada. Esto era porque los godos tenían la necesidad de ir a buscar hembras en otros poblados, pues en el suyo no había suficientes. Evidentemente el único modo posible de hacerlo era por la fuerza, por lo que llegaban al lugar, escogían a la mujer que querían para esposa, la cogían en brazos y se la llevaban hasta la casa donde debían convivir como pareja. La norma indicaba que para quedarse en propiedad con la mujer raptada, ésta no debía pisar el suelo durante el trayecto que iba desde el lugar del secuestro hasta el que iba a ser su nuevo hogar; si lo hacía quedaba en libertad. De ahí que fuesen llevadas en brazos. Con los años, este acto se ha convertido en toda una tradición que envuelve un sinfín de significados de prosperidad. Otra versión de la historia tiene mucho que ver con el rapto de mujeres, pero en una versión de la Antigua Roma. La leyenda romana de “el rapto de las Sabinas” cuenta el mito del secuestro de mujeres de la población de Sabinia a manos de los fundadores de la Antigua Roma, para poder poblar de hembras lo que después sería la capital del gran impe-

rio. Famosa es la escultura realizada por Giovanni Bologna y varias las representaciones pictóricas que existen sobre el rapto de las Sabinas. Hay quien apunta hacia un acto de romanticismo por parte del novio que, al llevar en brazos a la recién casada, hacía que la novia llegase descansada hasta el lecho conyugal, pero esta versión carece de credibilidad y documentación que demuestre su veracidad. También están las explicaciones que tratan de fundamentar los amantes de lo esotérico, queriéndole dar a este acto un aire de superstición, al indicar como posible razón y origen que en la Antigua Roma se creía que el umbral de la casa era el lugar donde habitaban los espíritus malignos y para evitar que éstos se introdujeran en la contrayente, el novio debía traspasar la puerta llevándola en volandas. Eso les garantizaba un matrimonio largo, dichoso y con descendencia. Otra versión (bastante absurda) es la que nos intenta explicar que se realizaba para evitar que la novia titubease a la hora de entrar en la casa y quedarse a solas por primera vez con el que ya era su esposo y se diera a la fuga. Motivo por el que el marido la llevaba en sus brazos y así asegurarse una romántica y placentera noche de bodas.



“ ...sin gravedad el cuerpo se degenera muy rápidamente.” Parecerá esto un “ataque” a la ciencia, pero la prueba está a la vista. Aquí mencionaremos tan solo unas cuantas razones por la cuales no se viaja ni se viajará al espacio, al menos, no con las naves que conocemos, ni los trajes espaciales, etc. Las radiaciones solares y espaciales son mortales sin el escudo protector de nuestro planeta, por tanto, alcanzando las capas más altas el cuerpo se deteriora feamente con las radiaciones del espacio. Los diminutos trozos de roca que vuelan por todo el espacio pueden destrozar una nave en segundos. Cómo abastecer de alimento, agua, aire; de momento los cultivos hidropónicos no dan suficiente rendimiento para una misión de larga duración.

Y, por supuesto, La Gravedad. Así, con mayúsculas. Nuestro organismo (y todos los de la Tierra) ha evolucionado desde las primeras células hace miles de millones de años, con gravedad. No sólo estamos adaptados a ella, es que sin gravedad el cuerpo se degenera muy rápidamente. Ese es el motivo de que los astronautas tengan que estar en una forma física muy alta antes de las misiones y que cuando regresan necesiten rehabilitación y, si la misión ha sido larga, no pueden ni ponerse en pie por sí mismos.




“Aquella noche los artistas ganaron muy buen dinero, gracias a aquellos nazis flamencos.” Venta de Vargas es una taberna flamenca que existe en España desde comienzos del siglo pasado. Se localiza en un lugar llamado Camarón, en la Isla de San Fernando. El propietario, Juan Vargas contaba cómo un día pararon unos camiones con militares nazis en la puerta del lugar y comenzaron a bajar soldados que entraron en la venta. Venían de una reunión en el Campo de Gibraltar. Se dijo que, “vinieron a reparar unos barcos al muelle de Cádiz”. Un alemán, de uniforme y con insignias, pidió la cena para aquellos hombres y mientras éste hablaba con Juan Vargas, el resto de hombres fue entrando y dejando sus armas sobre una mesa. Con aquel

personal dentro, Juan Vargas decidió cerrar el local al público, pero el espectáculo flamenco que había todas las noches no se suspendió, aunque según parece las voces no estaban en plena forma por cierto temor que daba la concurrencia a los artistas. Poco a poco todo se fue animando y los nazis acabaron un poquito borrachos y disfrutando de una noche flamenca en la Venta de Vargas. Y el que mandaba, el alemán rubio, en palabras de Juan Vargas, acabó bailando por bulerías e intentando cantar. Aquella noche los artistas ganaron muy buen dinero, gracias a aquellos nazis flamencos.


“Sin testigos, sin nadie a quien acusar y sin pruebas sustanciales sobre lo que realmente ocurrió en aquel lugar...” Continuamos con la espeluznante narración de la misteriosa desaparición de los estudiantes rusos. El equipo de rescate encontró las huellas de unas ocho o nueve personas, lo que demostraría que todos los estudiantes huyeron prácticamente desnudos. Unos llevaban calcetines y otros, una única bota, pero algunos escaparon con los pies descalzos. Las huellas se hundían unos noventa centímetros en la nieve y no revelaban signos de violencia ni la presencia de alguien ajeno al grupo. En el borde del bosque aparecieron los cuerpos sin vida de dos de los estudiantes desaparecidos; sus cadáveres descansaban bajo un gran pino, vestidos únicamente con ropa interior y sin signos externos de violencia. Junto a ellos se veían los restos de una hoguera y algunas ramas del pino destrozadas. A pocos metros, en un claro de la arboleda, yacían los cuerpos de otros dos y el de Igor Dyatlov. Por la posición de los cadáveres, parecía que los jóvenes habían

tratado infructuosamente de llegar al campamento. Este espeluznante hallazgo provocó que se pusiera en marcha una investigación. La autopsia que se realizó a los cinco cuerpos no arrojó datos relevantes: los estudiantes habían muerto por hipotermia y no presentaban lesiones externas. Tan solo uno tenía una pequeña fractura en el cráneo que no había sido la causa de su muerte. Y es que, salvo por los detalles escabrosos hallados en el campamento y el hecho de que los estudiantes lo abandonaran sin ropa, todo lo sucedido entraba dentro de los parámetros de lo aparentemente lógico. Pero aún quedaban por encontrar cuatro de los estudiantes. El descubrimiento de sus cuerpos dio un dramático giro a los acontecimientos. La tarea de encontrar los cuerpos restantes duró casi dos meses. Los cuatro estaban enterrados bajo cinco metros de nieve cerca de una especie de pequeño barranco, próximo al lugar donde se habían encontrado los cuerpos de las otras víctimas. El cráneo de uno de ellos estaba prácticamente destrozado por dentro, y otros dos tenían varias costillas rotas. Además, una muchacha no tenía lengua. Pese a ello, las lesiones externas que presentaban eran prácticamente inapreciables. Después de tres meses de análisis, la investigación sobre el caso se dio por finalizada sin llegar a ninguna conclusión. Sin testigos, sin nadie a quien acusar y sin pruebas sustanciales sobre lo que realmente ocurrió en aquel lugar. El caso quedó bajo secreto de sumario y durante los tres años siguientes se prohibió el acceso a la zona donde habían ocurrido los hechos. Hasta el momento se han desclasificado muy pocos documentos al respecto. Pero, a pesar de los esfuerzos de las autoridades por acallar este espeluznante suceso, los compañeros y los familiares de los jóvenes impulsaron la creación de una organización que se ha dedicado a tratar de desentrañar el misterio durante más de cincuenta años; la Fundación Dyatlov. Continuará.




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