AL PIE DEL CAÑON SURREALISTA Creo de buena gana que siempre se puede ser más surrealista que el surrealismo que pide razones a los que pierden la razón. Porque no es posible subirse en las barbas del surrealismo, tienen tan mal carácter que no perdona ni a los buenos amigos. De otro modo, André Bretón no habría expulsado a los amigos del círculo cerrado de los surrealistas con la ignominia de la amistad negada para siempre. Paul Eluard, tenía la mala costumbre de dormirse sobre sus costillas fúnebres y algunas veces más fresco que una lechuga que no se vende, podía hablar de una mujer muerta: “Ella tenía en la tranquilidad de su cuerpo, una pequeña bola de nieve color rojo. Tenía en los hombros una sombra de silencio, una sombra de rosa cubierta por su aureola. Sus manos y dóciles arcos y cantores. Quebraban la luz. Ella contaba los minutos sin dormirse”. Surréalisme; sur, sobre o por encima, más réalisme, realismo. Acuñado por el escritor francés Guillaume Apollinaire en 1917, que escribió: “Una alianza entre la pintura y la danza, entre las artes plásticas y las miméticas, que es el heraldo de un arte más amplio aún por venir. (...) Esta nueva alianza (...) ha dado lugar, en Parade a una especie de surrealismo, que consideró el punto de partida para toda una serie de manifestaciones del Espíritu Nuevo que se está haciendo sentir hoy y que sin duda atraerá a nuestras mejores mentes. Podemos esperar que provoque cambios profundos en nuestras artes y costumbres a través de la alegría universal, pues es sencillamente natural, después de todo, que éstas lleven el mismo paso que el progreso científico e industrial”. Los surrealistas dioses devotos de sí mismos disfrutan mucho verse a sí mismos desde muy lejos en el altar de la adoración: Heráclito, el Marqués de Sade y Charles Fourier. No están libres del ataque delirante del sueño, el ensueño y la vigilia Rousseau, Chagall y De Chirico. Los surrealistas como pocos amantes de lo verdadero, lo original y lo profundo, al amparo del dios interior que los extralimita, se alimentan pobremente de verdades diluidos en aceites filosóficos posmodernos, que prefieren hambrear acosados por realidades concretas. El surrealismo les muerde a muchos la boca, los labios, los dientes y las neuronas cerebrales: André Breton, Freud, Lautréamont, Edward Young, Matthew Lewis, Gérard de Nerval, Jonathan Swift, Marqués de Sade,
145