Suplemento Tomas de Matos

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Tomรกs Auspicia


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Hasta siempre Tomás

Militante de la vida y escritor excepcional Por Carlos Luppi

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la edad de 68 años, con muchos textos inéditos y grandes obras por escribir, falleció el laureado escritor Tomás de Mattos. Las palabras no alcanzan para definir la dimensión de este abogado, fervoroso cristiano y frenteamplista fundacional, negociador sindical, futbolero apasionado, docente nato, eximio narrador, columnista de fuste y, sobre todo, hombre valiente, amigo cabal, que no vaciló nunca en jugarse por las causas justas, y supo enfrentar a los más poderosos del Uruguay.

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Nuestro país ha perdido a uno de afuera, como vino para Borges), morir de un infarto en el comienzo aparece en su trayectoria vital de la Semana Santa de 2016. sus hijos más preclaros. “Dios se lleva primero a los me- como condensación de las preocu- Este hombre, que tantas cosas ha jores” era una las frases que más paciones y virtudes de quien, como sido, cambió para siempre y vafastidiaban a Tomás (infatigable y su célebre homónimo, vivió para rias veces la literatura uruguaya, o fascinante conversador), un per- tocar las llagas de lo humano y lo sea la versión escrita que nuestra manente exégeta del Evangelio, a divino, siempre entregándose para sociedad tiene de sí misma, de su pasado y de su futuro. Un revolucuya luz sopesaba su pasión políti- ayudar a sanar. ca –frenteamplista de siempre– y Quienes lo trataron lo saben y lo cionario. sus muy variadas preocupaciones atestiguarán. Pocas veces se han A poco de nacer fue trasladado a jurídicas, económicas, éticas y li- concentrado en un hombre tantas la orgullosa “República de Tacuaterarias. Dejamos irónicamente la cualidades notables (él diría “bien- rembó” donde vivían sus padres literatura para el final, porque ese aventuranzas”) como en Tomás de (la influencia del Dr. Secundino de arte de formas y contenidos que Mattos, nacido en Montevideo el Mattos, médico y hombre de gran manejó como pocos en esta tierra, 14 de octubre de 1947 y residente sapiencia y afabilidad, es fundaen América Latina y en el mundo de Tacuarembó, hermosa ciudad de mental en su vida y una notable (ya llegará la justicia y vendrá de tiempos pausados en la que vino a veta de su narrativa), y en su pri-


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Cuadernos de Marcha y El País Cultural), parábola vital que viene a cerrarse con la circunstancia de que los últimos se publicaron en Caras y Caretas, donde escribía desde 2003. En 1966, Ángel Rama publicó su compilación Aquí, 100 años de raros (Arca, 116 páginas), que incluía textos de Felisberto Hernández, Horacio Quiroga, Isidore Ducasse (más conocido como el Conde de Lautréamont), José Pedro Díaz, Luis S. Garini, Armonía Somers, María Inés Silva Vila, Héctor Massa, Federico Ferrando, Gley Eyherabide, Luis Campodónico, Marosa Di Giorgio, Jorge Sclavo, Mercedes toria oficial sobre la masacre, a trai- berg), reinstaló la novela histórica Rein y dos cuentos de Tomás. Luego Tomás publicó sus libros ción, de los charrúas en el potrero como género principal y le dio un de cuentos Libros y perros (1975), de Salsipuedes, y emite un juicio sostenido éxito, abriendo una etaTrampas de barro (1983, recordado condenatorio inapelable sobre pa de investigación y búsqueda por relatos excepcionales como las figuras del entonces presiden- en numerosos autores como Nael que le da título; Mujer de Batoví, te Fructuoso Rivera y su sobrino poleón Baccino (Maluco, premio sobre el femicidio; De puro buena Bernabé, cuya muerte a manos de Casa de las Américas), Fernando que soy y Padres del Pueblo, sobre los últimos charrúas cierra el texto. Butazzoni (El príncipe de la muerte) la actividad política y sus múltiples Los dos Rivera son mostrados en y Hugo Berbejillo (Una cinta ancha significados, y La gran sequía (1984). su sumisión al Imperio del Brasil, de bayeta colorada), entre otros. Sus vivencias como abogado, los di- y como autores de genocidio de la Es que, como ocurrió también con lemas de la militancia antidictato- nación charrúa (indios que fueron sus grandes novelas posteriores rial y las cuestiones éticas y religio- fieles soldados de José Artigas), an- (La fragata de las máscaras, La Puerta sas se entremezclan en estos libros tes de perpetrar don Frutos el pri- de la Misericordia y los dos volúmeque relatan “historias mínimas” en mer golpe de Estado en Uruguay, nes de El hombre de marzo), Tomás interpeló siempre nuestra historia las que resplandece su minucioso en 1836. amor por los seres pequeños y vul- El libro (cuyo título tiene reso- para encontrar las claves o pulnerables, y la comprensión de sus nancias bíblicas y remite también siones del presente y auscultar el a ¡Absalón! ¡Absalón! de William porvenir. debilidades y falencias. En 1988, Tomás de Mattos provoca Faulkner) fue un enorme éxito de Sus textos nos hablaron de la dictamera juventud se acercó al llama- una explosión de alcance latinoa- ventas y tuvo numerosas repercu- dura más reciente; de los escuadrodo “Grupo de Tacuarembó”, artistas mericano con su novela ¡Bernabé, siones. Provocó ardorosas polémi- nes de la muerte; de la impunidad; nucleados en torno a Washington Bernabé!, que, a través del relato cas de todo tipo (por ese entonces de los falsos héroes –corruptos, Bocha Benavides, que continuó la de un personaje ficticio ya incor- se discutía en Uruguay la Ley de traidores, golpistas y genocidas– larga tradición artística de la loca- porado a nuestra tradición literaria, Caducidad, promulgada en 1986 que infectan nuestra historia y dan Josefina Péguy (mujer de aguda in- y plebiscitada en 1989; y remitía nombre a nuestras avenidas; de la lidad. El solar donde nació Carlos Gardel teligencia y valor), destruye la his- también a los procesos de Núrem- traición, de la utopía y las dificultades de las revoluciones, de los (ver recuadro), ha dado una enordilemas del hombre que podía ser me legión de artistas que abarca Dios y lo fue, y de las tribulaciones a Mario Benedetti, Héctor Numa La obra del que revolucionó para siempre Moraes, Víctor Cunha, Eduardo nuestra educación, volviéndola Milán, Eduardo Darnauchans, CirLibros y perros (1975) –con la gratuidad, la laicidad y la ce Maia, Carlos Benavides, EduarTrampas de barro (Alfaguara, 1983) obligatoriedad– el pilar más impordo Larbanois, Eduardo Lago, J.A. La gran sequía (1984) tante de nuestra democracia. Salgueiro, Julio Mora, Enrique Ro¡Bernabé, Bernabé! (1988) Tomás convocó a la historia para dríguez Viera, Carlos da Silveira y La fragata de las máscaras (Santillana, 1996) que hablara de nuestro presente y José Carlos Seoane, entre otros. A la sombra del paraíso (1998) nuestro futuro. Tomás regresó a Montevideo para Ni dios permita/Cielo de Bagdad (2001) ¡Bernabé!... fue también un formicursar estudios en la Udelar y, tras La Puerta de la Misericordia (2002) dable éxito de crítica (la obra plangraduarse como abogado en 1975, El hombre de marzo. La búsqueda (2010) teaba cuestionamientos morales retornó a Tacuarembó. El hombre de marzo. El encuentro (2013) relativos al poder, la política, el Sus primeros textos se publicaDon Candinho o las doce orejas (2014) caudillismo, el heroísmo, el valor, ron en Época, La Mañana y Marcha la traición, la indignidad y hasta la (también publicaría artículos en

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justicia por mano propia); fue seña- Venancio Flores y Bernardo Be- Pero su siguiente obra publicada, texto de los archivos de Josefina lada en su momento como digna de rro, y de la que debe existir por lo para la que se tomó ocho años, fue Péguy, viuda de Narbondo. los trágicos griegos, de Flaubert y menos una versión completa en los La fragata de las máscaras (414 pá- Esta novela singular recrea otra, Dostoyevski, y recibió todos los papeles o la computadora del autor. ginas, 1996), concebida como otro Benito Cereno, publicada en 1855 por Herman Melville (1819-1891, premios importantes: el Bartolomé autor de Moby Dick), que narra una Hidalgo, el Morosoli, el premio de historia que ha dado lugar a múltila Intendencia Municipal de MonUn artiguista visceral ples interpretaciones a lo largo del tevideo, el del Ministerio de Educatiempo. En 1799, un buque norción y Cultura y el Fraternidad, de De entre las múltiples dolencias que lo afligieron en sus últimos años, teamericano encuentra a uno espala B’nai B’rith, premio que le perninguna alcanzó la dimensión que tuvo el dolor de intuir o saber que no ñol que tiene graves problemas. El mitió viajar a Israel, lo cual constipodría escribir su anhelada novela sobre la vida de José Artigas, planeacapitán del primero, Amasa Delano, tuyó una experiencia indeleble de da como un relato que Amado Bonpland haría a su ahijada Josefina Péaccede al segundo y encuentra que la que solía hablar largamente para guy. Si La fragata... y La Puerta... le habían llevado casi diez años cada una y ha sido diezmado, pero hay varios ilustrar sus puntos de vista sobre los dos tomos de Varela sumaban más de 1.200 páginas, Tomás calculadetalles que le llaman la atención, el eterno y terrible conflicto de ba que su “Artigas” le llevaría más de diez años y unas 2.000 páginas. principalmente la “sombra” que Oriente Medio. Su devoción por el Protector de los Pueblos Libres era inmensa y fundapende sobre el capitán, Benito CeEl libro, como él había previsto, le mentada. En su comentario sobre un libro de Carlos Maggi, publicado reno, permanentemente acompagranjeó el odio feroz del entonces en Caras y Caretas en enero de 2015, condensa magistralmente: “Entre ñado por su solícito criado negro, gobernante Partido Colorado –que todos los próceres del continente, Artigas evidencia una particularidad Babo, de despierta inteligencia. reivindica el genocidio de los chaque aparenta ser inexplicable. Siendo un paisano que luego de la escuela Delano descubre que en realidad rrúas como una hazaña civilizatoria no cursó estudio regular alguno y que, por lo tanto, adolecía de una forel barco ha sido tomado por los esy considera héroes a su fundador, mación académica insuficiente, sus planteos políticos descuellan por ser clavos negros, que pretenden huir Fructuoso, y a su sobrino Bernabé los más certeros, coherentes y avanzados de su tiempo. Fue un republia Senegal, y actúan para los visitanRivera– y particularmente el encano pertinaz, a quien no sedujo ninguno de los desvaríos monárquicos tes como si nada hubiera ocurrido. cono del ex presidente Julio Maque cundieron en el antiguo virreinato. Abogó por una igualdad extreLa rebelión es aplastada a sangre y ría Sanguinetti, quien publicó a lo ma, que abarcara –y protegiera por ser los más débiles– a los negros, a fuego, y Babo, su jefe, ajusticiado. largo de los años varios artículos los ‘indios bravos’ y a los gauchos pobres. Y en materia de organización Tomás tomó este argumento pero y cartas de lectores defendiendo constitucional, su propuesta de una asociación confederativa de los contó la historia desde el punto de lo actuado por la nefasta familia pueblos se mantuvo y desarrolló, muy fiel a sí misma, a lo largo de los vista de los esclavos sublevados en que detenta el nombre de una de casi diez años de su actividad política. No es suficiente explicación acudir un relato que alcanza resonancias las avenidas más importantes de a una prodigiosa actividad intuitiva, porque el sistema confederativo épicas y se transforma en una paráMontevideo. es una idea compleja, sólo captable por la racionalidad. Tampoco basta bola de las torpezas y dificultades La novela catapultó definitivamenapelar a una o más de las personalidades con las que se vinculó o colaque enfrenta toda revolución. En te a Tomás al Olimpo de nuestras boraron con él, como Azara, Larrañaga, Barreiro o Monterroso, porque su momento se discutió largamenletras, pero, a pesar de premios y estos se fueron alternando; ninguno acompañó todos sus años activos, y te si este libro aludía a la todavía reconocimientos oficiales e institualguno, como el vicario general, no mantuvo una plena adhesión revolureciente implosión del socialismo cionales, la prensa, y en particular cionaria. real o a los problemas que tendría la de izquierda (a la que pertenecía Es posible que una explicación satisfactoria implique una multiplicidad el Frente Amplio en el poder, y una y en la que militaba), no le dedicó de factores, uniendo, por ejemplo, los referidos anteriormente, pero ese lectura posterior podría hacer relos artículos y ensayos que mereconjunto de causas debe incluir razones que expliquen cabalmente la ferencia a los avatares que han sucía, como lo lamenta Washington hondura y la esencial persistencia de las convicciones artiguistas”. frido y sufren, particularmente en Bocha Benavides en su dolorido El Protector de los Pueblos Libres, jefe del primer movimiento federal este momento, varios gobiernos de recuerdo fraternal publicado en rioplatense, y defensor de los indios, los negros y los gauchos pobres fue izquierda latinoamericanos. Brecha el 23 de marzo. Eso la huel mayor objeto de su admiración. En cualquier caso, Tomás logró una biera enaltecido a ella misma y Pese a que declaraba que la vida de Jesús de Nazaret que plasmó en La narración de irresistible potencia hubiera contribuido a un Uruguay Puerta de la Misericordia era la obra de su vida, se podía intuir fácilmen(aunque “carretea” en las primeras mejor, consciente de tener nuevate que esa biografía de Artigas era la culminación de sus aspiraciones 150 páginas), en la que caben la jusmente un escritor de talla americaliterarias, totalizando además la expresión de sus convicciones políticas, ticia esencial de los reclamos de los na y universal, como lo fueron en económicas y sociales. esclavos, los desbordes y bonaparsu momento José Enrique Rodó, En un artículo reciente de Caras y Caretas se lamentó de que el tiempo tismos de los nuevos vencedores al Juana de Ibarbourou, Carlos Vaz no le daría y tronó contra los que rechazaban “mamotretos”, en obvia instalarse en el poder (Babo se coFerreira, Onetti, Benedetti y Gareferencia a las reticencias que despertó el monumental tamaño de su rona ridículamente, y sus hombres leano. Pero los mandarines de la obra sobre Varela. cometen atrocidades y actos de cultura uruguaya no dieron con la Sin embargo, un amigo lo convenció de que podía escribir primero la corrupción), la lucha sin esperandimensión de su grandeza. instancia crucial de esa biografía, que era el encuentro entre Bonza contra el poder real, y el intento pland y Artigas, que podría insumirle unas 400 páginas. Ese amigo de que un embrión de libertad (una supo unos diez días antes del fallecimiento que Tomás había elegido La consagración balandra con unas pocas familias ese camino. No sabemos si ya está escrito –él cocinaba sus textos a Tomás se embarcó inmediatamennegras a bordo) llegue a una isla, fuego lento “en su taller flaubertiano”, al decir de Benavides– y podate en varios proyectos literarios. en un final abierto. mos disfrutarlo algún día. Ya entonces hablaba de su novela El libro fue también éxito de crítiLa nueva Tebas, relato de la trágica ca y, en menor medida, de ventas, noche en que fueron asesinados

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pero Tomás estaba definitivamente consagrado. Dos años después, en 1998, sorprendió con una joya literaria que sería considerada de lo mejor de su producción, a pesar de sus breves 171 páginas y la dimensión oceánica de sus grandes novelas. A la sombra del paraíso es una historia ambientada en la localidad de Moirones, Rivera, de base policial (tenemos un suicidio y un adulterio ambientados en un entorno prostibulario y miserable), en la que Tomás sembró frases que luego sentiría muy en carne propia: “Una vez le comenté que, después de todo, no era malo que la vida nos fuera despidiendo [...] me demoré saboreando el pasado compartido y luego le hice ver que, aunque quedáramos vivitos y coleando, esos tiempos ya se nos habían ido. Vuelto al presente, recuerdo que dije que el mazo ya no estaba en manos de gente como él; que otros, a los que ni les conocíamos la cara, repartían los naipes [...] Uno cree que se muere solo y es una gran macana. Uno se va muriendo despacito, de a pedazos, con sus padres y hermanos, si los tuvo y conoció, y con cada uno de sus amigos. Pero también se va muriendo con la época que vivió [...]”. Tomás sintió en sus últimos años un tenue desencanto por los resultados que la realidad uruguaya le traía, sin que ello disminuyera su fervoroso entusiasmo por sus opciones políticas o le hiciera abandonar la lucha. En 2001 vieron la luz, Ni Dios permita/Cielo de Bagdad (175 págs.), dos nouvelles de temática costumbrista donde también brilló su maestría (particularmente en el manejo de los matices “grises” de las personas y las conductas humanas, tema que desarrolló en La fragata…, contrapuestas a las dicotomías blanconegro que nos son impuestas), pero que quedaron a la sombra de su producción anterior y posterior. En 2002 (el año de la crisis), llegó finalmente La Puerta de la Misericordia (1.011 págs.), monumental novela dedicada a la figura de Jesús de Nazaret. Leyéndola se hace inevitable recordar el poema ‘Juan, I, 14’ (contenido en Elogio de la sombra, de

Borges): “Yo soy el que Es, el que Fue y el que Será, / Vuelvo a condescender el lenguaje. / Quien juega con un niño juega con algo cercano y misterioso. / Yo quise jugar con Mis hijos [...] Viví encarcelado en un cuerpo / y en la humildad de un alma. / Conocí la memoria, / esa moneda que no es nunca la misma / conocí la esperanza y el temor / esos dos rostros del incierto futuro, / conocí la vigilia, el sueño, los sueños, la ignorancia, la carne, / los torpes laberintos de la razón, / la

amistad de los hombres, / la misteriosa devoción de los perros. / Fui amado, comprendido, alabado y pendí de una cruz. / Bebí la copa hasta las heces […] A veces recuerdo con nostalgia / el olor de esa carpintería”; Tomás solía recitarlo con su inolvidable sonrisa. El Jesús que nos propone Tomás en su monumental novela es un hombre común que cumple su destino de sacrificio sin saber cabalmente si es Dios. Primero lo ignora, luego descubre, se asombra, se interro-

ga, duda. Más importante aun, lleva una vida corriente: ama a su familia, se divierte con sus amigos, es amigo de ladrones, prostitutas, borrachos y mendigos, bebe y se divierte. Es un Dios que baila. En todo el libro campea la duda – en cada una de las instancias que todos conocemos por los Evangelios– acerca del origen divino de los acontecimientos. Esto vale tanto para la Inmaculada Concepción como para la resurrección de Lázaro. Y la conducta del propio Je-

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sús puede ser la de Dios –como el en los no creyentes, no me guió el catedral– sentimos estar ante una autor cree– o la de un hombre que propósito de convencer o persua- de las novelas más importantes de padece delirio místico. Lejos de ser dir, sino que apenas quise que el toda la literatura uruguaya. Como irrespetuoso, esto ennoblece aun lector pudiera revivir, en la coinci- no se trata de un ranking que intemás la figura de Jesús: un hombre dencia o en la discrepancia, la única rese a nadie (comenzando por el sujeto a nuestros miedos que quiso certidumbre que poseo y abrigo: la autor), que esta afirmación sea un ser “el cordero que lava los peca- cálida esperanza de que el carpin- sincero consejo al lector. Que nadie tero de Nazaret no se haya engaña- deje de leer este libro que nos ofredos del mundo”. Son muy pocos los escritores que do y de que sea, entonces, una ver- ce, en este año terrible, un mensaje se animaron a abordar la vida de dadera Puerta de la Misericordia, de auténtica esperanza”. Jesús, y de la mayor talla: David abierta a todo hombre o mujer de La obra le valió un enorme reconoH. Lawrence, Anthony Burguess, buena voluntad, sin discriminación cimiento a nivel latinoamericano, Nikos Kazantzakis, Norman Mailer, de creencias o prácticas religiosas”. con invitaciones a presentar el libro e integrar jurados literarios en José Saramago. Ninguno de ellos lo Lo logra con creces. hizo desde la ambivalencia mencio- Caras y Caretas publicó: “Cuan- Argentina, Perú, México y Cuba. nada. El libro rescata la verdad pri- do se publicó ¡Bernabé, Bernabé!, Seguramente fue su momento de mordial de que seremos juzgados Washington Benavides escribió mayor felicidad profesional. por la conducta que tengamos para que creía estar ‘ante una novecon nuestros hermanos. Más claro la magistral’. Deslumbrado por la Los trabajos y los días que nadie, el propio autor nos dice magnitud, los misterios y la belle- Tomás fue durante muchos años, y en su prólogo: “Escribiendo con za de esta obra –que ha sido acer- hasta ingresar a la Biblioteca Nami atención especialmente fijada tadamente comparada con una cional, asesor letrado del Frigorífi-

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co Tacuarembó y de su fundador y propietario, Fernando Secco Aparicio, de vida legendaria, cuyas anécdotas refirió en más de un artículo. En esa tarea, le tocó la más que ingrata misión de mediar durante una etapa de reducción de personal de la empresa y el correspondiente conflicto sindical. De esta instancia, que naturalmente le provocó numerosas noches en vela y grandes sufrimientos, por decir lo menos, Tomás logró “salvar” la mayor cantidad posible de puestos de trabajo, lo cual le valió el agradecimiento de los obreros, que paradójicamente eran su contraparte. En 2005, con la asunción de Tabaré Vázquez como presidente de la República, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, tarea que asumió como un banquete y culminó en un calvario, tras numerosos padecimientos. Su amigo Mario Delgado Aparaín señaló: “En un país como el nuestro en el que es no fácil involucrarse en las estructuras administrativas de gobierno, Tomás no la pasó nada bien. Le restó territorio al campo de la creación. Más que disfrutar de esa gestión, la padeció”. Tuvo que luchar contra una estructura –en todos los sentidos– muy envejecida y contraria a los cambios necesarios (mucho más en tiempos de informatización), sin perjuicio de lo cual creó la red de bibliotecas populares a lo largo y ancho de todo el país (tarea que fue elogiada en el Parlamento por el entonces senador Julio María Sanguinetti); logró la informatización integral de la Biblioteca; consiguió donaciones importantes de gobiernos extranjeros y numerosas pequeñas modernizaciones, para lo cual, todo hay que decirlo, no contó con apoyo en la cartera respectiva. Durante su estadía en la Biblioteca continuó trabajosamente su tarea creativa, y había dado curso a su conocida obsesión por la vida y obra de José Pedro Varela (18451879) el reformador de nuestra educación, a la que transformó en el mayor pilar democrático y de igualación de posibilidades, al volverla gratuita, laica y obligatoria. La obra resultante fue presentada por Tomás como otro “producto” del archivo Narbondo-Péguy, del que


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también iba a salir la biografía de segundo volumen, El hombre de marzo. El encuentro, (669 págs.), José Artigas. En 2010 vio la luz El hombre de y refiere a su vida pública y primarzo. La búsqueda (616 páginas), vada (fue un gran mujeriego al primer tomo de la biografía de que se apodó “el sacerdote de Varela, que abarca sus primeros Venus”) desde el regreso de su 23 años de vida y la crucial deci- crucial viaje a Estados Unidos sión de colaborar con la dictadu- y Europa hasta su muerte a los ra de Lorenzo Latorre aceptando 34 años de edad, centrado en las el cargo de inspector nacional de complicaciones políticas y vitales Educación. En 2013 se publicó el que enfrentó. Como se ha señala-

do, ese fue el período en el que se dero iniciador […] del movimiento convirtió, al decir de Arturo Ar- de reforma universitaria […] en dao, en la “mentalidad uruguaya fin, del modo de pensamiento y más original y revolucionaria de del tipo de acción emanados de su tiempo”, no solo porque fue “el la filosofía positivista, que iban a iniciador […] del gran movimien- caracterizar a las próximas geneto educacional, que él ligó a un raciones”. sentido económico y social de la Con El hombre de marzo, la obra de democracia como no se había co- Tomás alcanzó una amplitud temánocido entre nosotros”, sino tam- tica excepcional, que abarcaba, sin bién porque le cupo ser “el verda- contar sus cuentos (que atrapaban

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como nadie los dilemas de la vida), no de las ventas, le provocaron un pudo convencerlo, o por lo menos grandes capítulos de la historia impacto de consideración, que sin obtener su aceptación. uruguaya y mundial. duda afectó su salud, ya muy com- Sin embargo, su siguiente libro, Don Candinho o las doce orejas Ahora bien, pendía sobre Varela prometida. la acusación de colaboracionista Tomás no comprendió la conducta (2014, 446 págs.), volvió al tema de la dictadura de Latorre, y al- del público y escribió amargamen- de las tragedias de hombres comugunas esquirlas lejanas llegaron te sobre el “rechazo a los mamo- nes, con su profunda observación hasta el propio Tomás, porque tretos”, afirmando que la vida no le de las contradicciones del espíritu más de un crítico señaló que por daría la ocasión de escribir su bio- y la justicia humanas, y obtuvo otra vez éxito de crítica y público. Se lo tal motivo no podía hacerse la grafía de José Artigas. apología de su revolución educa- Varios amigos le señalaron que ha definido acertadamente como tiva. Tomás lo previó y advirtió: su reacción no estaba acorde con un western de la frontera, y narra la “Preveo que este libro escandali- los tiempos actuales, en los que el terrible historia de quien debe venzará o desilusionará, será despre- lector común, y mucho más los jó- gar un asesinato y una monstruosa ciado o causará escozores varios venes (el público que más le inte- violación, matando a su vez a doce a unos cuantos lectores, sean ti- resaba), difícilmente podía digerir personas de las que colecciona las rios o troyanos. Por desgracia, 1.200 páginas con docenas de per- orejas, por orden familiar. unos cuantos seguirán pensando sonajes y varias subtramas. Nadie Se había reconciliado con el lector que he asumido ingenuamente la defensa de un reo irredimible. Habrá quienes seguirán considerando que José Pedro Varela fue El compañero Tomás un colaborador de la dictadura; un pedagogo improvisado, autoTodas las visitas de Tomás a la redacción de Caras y Caretas, publicación ritario y plagiario; un varón maen la que escribió semanalmente desde 2003 hasta el infausto 21 de chista y, para colmo, racista. No marzo de 2016, eran una fiesta. fue para convencerlos que escribí Su presencia convocaba a todos para discutir sobre todo. Literatura, esta novela”. política, economía, fútbol, religión, cine, televisión, prensa, nada de masivo y los artículos semanales Y escribió aun más claramente: lo humano le era ajeno. Hablaba con todos y de todo, con elocuentes publicados en Caras y Caretas le “Tal vez no es tan difícil dar la vida silencios y calidez. Y luego de cumplir los trámites mínimos de su visita proporcionaban, según sus propias por la patria; parece más costo(enviaba sus textos por correo electrónico desde Tacuarembó y el últipalabras, un canal permanente de so comprometer para siempre mo llegó el domingo 20, un día antes de su partida), la conversación conida y vuelta con la gente. el propio honor ante la opinión tinuaba en un bar, antes el Hispano, luego La Pasiva, más cercanamente Sin embargo, estaba profundamenpública en aras de dispensarle La Casa del Whisky, de Rondeau y Uruguay. te herido en su salud, y nada ni naal país las bases imprescindibles Un compañero de la revista al que no sé si calificar como excesivamente die lo pudo hacer adoptar hábitos para una auténtica democratizaexpresivo o directamente molesto y empalagoso, saludaba cada visita saludables de vida. ción”. Como dijo en un programa del escritor con elogios altisonantes que molestaban la conocida moradial, “fue un hombre de carne y destia de Tomás. Repetía en su cara que era el mejor escritor uruguayo hueso y de sangre ardiente, y, soen dos siglos, le preguntaba por sus próximas obras, lo comparaba con Hasta siempre bre todo, fue mucho más que el autores de primer nivel mundial en la historia de la literatura (eso sí, lo El retiro le había deparado la felicireformador de la educación”, refundamentaba bien), y formulaba juicios sobre varias de sus obras, todad de su hogar tacuaremboense, conociendo que lo que lo atrajo al dos lindantes con la rimbombancia. junto a su esposa América, su hijo personaje “no es el profeta laico, La verdad tiene siempre varias facetas y todas son ciertas. Ignacio (médico como su abuelo y sino aquel individuo que pensó, Tomás, que soportaba a pie firme la repetida andanada, siempre estuvo pintor distinguido), su nuera Mójunto con otros, un proyecto de orgulloso de escribir (sobre todos los temas y con entera libertad, a las nica y su nieto Bruno, que parece país distinto, en el que democrapruebas me remito) en Caras y Caretas, y así lo manifestó a quien quihaber sido la causa de sus últimas cia, educación y desarrollo econósiera oírlo, aquí y en el exterior. Se reía particularmente de un libro que mayores felicidades. mico son un triángulo fundacional pretende ser la historia de la prensa en el Uruguay y, entre otros errores, El escritor universal, el columnista de la República [...] una auténtica ha omitido del registro de medios escritos únicamente a esta revista, la metódico, el hincha de Peñarol (club República, fundada en una sode vida más prolongada, y la única que se ha atrevido con determinados al que dedicó varios artículos) y de Taberanía popular ejercida plena e temas. La que ha incidido en asuntos decisivos en los últimos años. La cuarembó, el adicto al cine y al teatro, igualitariamente por todos sus que tiene todavía muchas cosas por decir y tendrá cada día más, dados y el miembro emérito de la Academia ciudadanos”. los tiempos que vivimos. Nacional de Letras del Uruguay conLa novela tuvo éxito de crítica, pero El compañero molesto al que me referí al principio siempre decía tamvivían plenamente en la tranquilidad su volumen y cantidad de personabién que teníamos que ser conscientes de que “todos seremos recordel departamento a cuya entrada hay jes desestimularon a los lectores y dados por escribir o dibujar en la revista en la que escribió Tomás de un monumento a Bernabé Rivera que no fue un éxito de masas. Mattos”. tiene el sable roto. Sobre El hombre de marzo puede deEstoy esperando encontrarlo de nuevo para darle un abrazo, dejar caer Allí lo asaltaron múltiples dolencias cirse que, como a Herman Melville una lágrima con él y decirle, con palabras que podrían ser de Tomás, que físicas y la permanencia del disgusle ocurrió con Moby Dick, tanto el “cuánta razón tenía”. to del supuesto no reconocimiento esfuerzo que implicó la creación, de su obra sobre Varela. como la falta de éxito en el terreUnos días antes del infausto 21 de

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de acompañarlo, un ejercicio de aprendizaje y de alegría”. Pero que nadie se limite a recordar que era, en palabras de Machado, “un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra bueno”. Tomás fue ante todo un infatigable luchador por un mundo mejor para todos, y es esa cualidad la que queremos privilegiar en estas líneas,

que son una invitación a revisitar su obra inmortal, a difundirla y a brindarle los reconocimientos y estudios que se merece. No sólo por un acto de estricta justicia: también como una forma de homenajear a la comunidad que le dio origen, y por cuyo destino independiente, desarrollado y solidario tanto luchó.

En la tierra de Gardel

marzo remitió a la editorial y a mu- de Cervantes. “Era un magnífico chos amigos (entre ellos este cro- dominador de la lengua y un gran nista) una colección de cuentos contador de historias. Creo que magistrales que pronto verá la luz, en Uruguay fue poco apreciado”. y que hubieran sellado su reconci- Lo mismo han señalado Ana Inés liación definitiva con el éxito que él Larre Borges y Marcia Collazo. Les asiste toda la razón. creía esquivo. Fue despedido por la Presidencia Tomás de Mattos, además de todo de la República en un merecido y lo señalado (la riqueza, variedad, preciso comunicado oficial firma- profundidad y amplitud de su obra), do por el Dr. Tabaré Vázquez, por la significó un punto de inflexión en Intendencia de Montevideo, por la la literatura uruguaya, muy teñida Academia y por la B’nai B’rith, en- desde los años 60 por el espíritu de tre otras instituciones. Los man- Juan Carlos Onetti (un existenciadarines de la cultura uruguaya le lismo sin esperanza), y la devolvió dispensaron el trato de siempre, a una visión de lucha (en los indios, que irá cambiando, a medida que en los negros, en los educadores, en los pobres) trascendente, caula verdad se les imponga. En felices declaraciones a Caras tamente esperanzada en el destiy Caretas Portal, el gran escritor no de los hombres y fuertemente y entrañable amigo y compañero influida por su visión cristiana. de travesuras literarias de Tomás, De esa forma se acercó a Paco EsMario Delgado Aparaín, lo recor- pínola, que tenía la misma mirada dó como un hermano: “Si hay algo de profundo y minucioso amor por que Tomás tenía era un gigantesco las criaturas de esta tierra. campo afectivo. Era un amante de Ha hecho bien su sello editorial en la vida y del mundo, [...] un gigan- privilegiar, sobre el enorme escrite, de los más grandes escritores tor, sus cualidades personales: “Sode América Latina y de Iberoamé- lidario, generoso, mesurado, humilrica”, y señaló que si hubiera pu- de, sabio. Un hombre que siempre blicado en España obras como La defendió sus valores a través de la fragata de las máscaras o La Puerta acción. Los años compartidos en de la Misericordia, habría ganado el trabajo junto a él fueron, para un muy merecido premio Miguel todos quienes tuvimos la fortuna

Este cronista conoció a Tomás de Mattos un día de 1991 en el cual debió trabajar en Tacuarembó y se hospedó en el hotel del mismo nombre. Debido a mi inmensa admiración por ¡Bernabé, Bernabé!, decidí aprovechar la ocasión, llamar por teléfono fijo (hablamos de hace 25 años y era otro mundo), y felicitar respetuosamente a su autor, conocido abogado de la ciudad, cuyo nombre figuraba obviamente en guía. Como solía ocurrir en aquellos años, me atendió él mismo, recibió mis felicitaciones, tras lo cual me preguntó a boca de jarro dónde estaba, y me dijo que en diez minutos estaría conmigo. No lo podía creer, pero así es o era el Uruguay. Se inició así una amistad que ha sido de las más importantes en la vida del cronista, que se prolongó en la colaboración de ambos en Caras y Caretas y en numerosas otras instancias, y que hizo que hace unas tres semanas me remitiera nueve cuentos que forman el volumen que próximamente será editado por Penguin Random House. Llegó al hotel Tacuarembó en ropa de entre casa, con su paso cansino y su inseparable cigarro. Debimos estar conversando un par de horas, de mil temas, porque nada de lo humano le era ajeno, hasta que me convidó a salir a caminar por la ciudad. Me fue indicando las casas de algunos residentes ilustres, como Circe Maia y, providencialmente, se me ocurrió preguntarle con mucha cautela y muchas reservas si él creía que Gardel había nacido realmente en Tacuarembó. Sin inmutarse, empezó a señalarme lugares: “Ahí vivía la señora que le cocinaba y le lavaba la ropa cuando venía, casi todos los meses, al departamento, del que no podía separarse por la relación con su padre”; “ahí hasta hace diez años vivió el hombre que le vendía los diarios, al que, como era su costumbre, cada tanto le compraba todos los que tenía”; “ahí estaba el café donde se iba a comer con alguna gente, y donde, cada tanto, cantaba a pedido de la gente, que era muy respetuosa con él”; y así sucesivamente. Escucharlo hablar así hacía sentir que Gardel acababa de caminar por la ciudad capital del departamento que lo vio nacer. En ese mismo instante, estamos hablando de hace 25 años, antes de mucho libro y film, sobre todo antes de la película El padre de Gardel (Ricardo Casas, 2013), me convencí totalmente de la circunstancia. Tomás no sólo no tenía dudas, sino que era un testigo más de la nacionalidad uruguaya de Carlos Gardel y de su dolorosa historia. “¿Y entonces porqué el departamento entero no grita esta verdad?”, le pregunté. Movió la cabeza dubitativamente, con su sonrisa bonachona detrás de la cual estaba su aguda inteligencia, y dijo con suavidad: “Un incesto es una cosa intolerable hoy. Imaginate lo que era en la campaña uruguaya en aquel tiempo. Y todos sabían toda la historia. Por eso nadie va a hablar como vos y yo querríamos que hablaran”.

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COLUMNA

Por qué soy de Peñarol Por Tomás de Mattos

L

as razones por las que los aficionados nos sentimos incondicionalmente pertenecientes a una institución deportiva suelen estribar en el influjo que recibimos en nuestra infancia. En mi caso personal, si se examina mi familia, el resultado es aparentemente inexplicable. Mi madre simpatizaba tímidamente con Peñarol, pero no era futbolera, no seguía las trasmisiones deportivas y no estaba pendiente de los resultados, por lo que permanecía al margen de los entresijos de los campeonatos, lo que la incapacitaba para toda discusión frontal. Mi padre, en cambio, fue un inclaudicable bolso, con ídolos, como Atilio García o Javier Ambrois, a los que nunca dejó de venerar. Pero, médico sobreocupado, no estaba para esas disquisiciones entre los hinchas que expresa y reafirma las preferencias. Distaba de ser un “antimanya”; no necesitaba proclamar la pequeñez o la mezquindad aurinegra. Lo conformaba estar convencido de la grandeza tricolor. Diferente era el caso de mi padrino y de mis tres primos hermanos que vivían al lado de casa y con quienes estaba en contacto todos los días. Ellos eran babosamente bolsos. Por ser el único manya en sus reuniones, estallé en algunas de las más coléricas broncas de mi vida. Sabían discutir y adoptar aires burlones o despreciativos, que les permitían permanecer inmunes al bochorno de goleadas como el 5 a 0 que les propinamos cuando yo apenas habría cumplido 5 o 6 años. Esa tarde entré victoriosamente agrandado a su casa, y me retiré empequeñecido y humillado, 10

pese a ese triunfo tan estruendoso. No en vano mi tío era profesor de filosofía y comentarista deportivo de la única radio que por entonces había en el pueblo. Generoso en explicaciones de todos los temas y de las más diversas asignaturas, no dejó de ser un prevalecido cuando discutíamos cuestiones de fútbol. Creo que era sincero, cuando con tono apenado me decía que no podía entender que yo no fuera de Nacional, el verdadero decano, de raíces puramente uruguayas, cargado de una historia de hazañas, como la de haber sido la abrumadora base de nuestras selecciones olímpicas. Inventariando, entonces, las preferencias de mi entorno tendría que preferir, sin duda alguna, a Nacional. Sin embargo, salí de Peñarol; un manya consolidado por la creciente gloria contemporánea de esos colores y retemplado por las intemperantes discusiones encaradas casi siempre en soledad con la abrumadora mayoría nacionalófila de mi tío y sus hijos. ¿Por qué salí manya? ¿Por influencia de mi madre? ¡Por supuesto que no! La que me hizo elegir bien fue otra mujer, nacida en el siglo XIX, mi abuela materna, la abuela Pepa, admiradora de Obdulio, Ghiggia y Schiaffino. Nacida según ella en 1890, aunque sus documentos le quitaban un año de edad, que explicaba por el inexperiente descuido de sus padres en inscribirla, fue la primogénita de la copiosa prole que engendraron un inmigrante español y una criolla de Tacuarembó. Aunque cuando joven era muy bonita y esbelta, según dicen las fotografías, nunca practicó deportes, lo que permite entender la gordura que la acosó desde la cincuentena y torna, en cambio, inexplicable su acendrada pasión por Peñarol. Se llamaba Josefa Peña López. Quería y admiraba mucho a su

madre, una señora de armas tomar –desde escopetas a palotes o escobas–, pero estoy seguro que, de estar a su alcance, hubiera renegado de su apellido para pasar a llamarse algo así como Josefa Peña Rol. Ya no puedo saber la razón de esa opción, lo único que puedo rescatar es que desde ella, la mayor, hasta Timote, el menor, los ocho hermanos Peña, gustase lo que les gustase el fútbol, eran decididamente de Peñarol. Curiosamente, mi abuela no era solo futbolera. Le interesaba cualquier tipo de competencia y nunca dejaba de ser manya. No dejó carnaval o semana santa sin escuchar el ciclismo, siempre y cuando rodara gente de Peñarol. Cuando en ese deporte empezaron a no correr camisetas aurinegras, ya no encendió la radio. El apartamento de mis abuelos en Montevideo quedaba en la calle Paraguay entre Galicia y La Paz, bien cerquita de la Estación Central. No sé si porque era gorda y cardiópata, y la agitaba subir escaleras, o porque le quedaba muy lejos, nunca me llevó al Centenario. Pero sí íbamos al básquetbol a una canchita al aire libre, de tribunas muy bajitas, bastante cercana de casa porque íbamos a pie, en la que Peñarol jugaba de locatario, antes de que su siempre escuchado Carlos Balsán convocara a levantar el Palacio. Se conocía a todos los jugadores por sus nombres y apodos. Macoco Acosta y Lara era para ella el equivalente basquetbolístico de Obdulio Varela. No me resulta inconcebible imaginarla con el oído pegado a su radio escuchando afanosa la trasmisión de la final del campeonato nacional de bolita. Solo necesito imaginar que en esa final esté enredado un manya. Bastaría esa circunstancia para interesarla. Tuvo cuatro hijos. Mujeres, las

tres mayores, de las cuales se casaron dos y la menor prefirió mantenerse soltera, aunque tuvo pretendientes, entre los que sospecho que no estuvo el que ella hubiera querido. El cuarto, varón. Las dos casadas tuvieron seis embarazos a término, pero sufrían una carencia genética que, si bien hoy es corregible, en los años cuarenta y cincuenta determinaba la muerte de los fetos, ya crecidos, cuando todavía estaban en el útero de su madre. Mi tío, un inveterado mujeriego se casó cuarentón largo, cuando –según reiteradamente lo acusó su madre– las mujeres ya lo atraían más bien para que lo cuidaran el resto de su vida. Vejancón, rehuyó la responsabilidad de engendrar hijos. Mi tía, la mayor, con dos embarazos fallidos, no los pudo tener. Solo mi madre, con sus cuatro


embarazos, pudo –pudimos– tener suerte en el tercer intento. Así, por el lado de mi madre, gocé de la excepcional circunstancia de ser hijo único, sobrino único y nieto único, que tiene, se los aseguro, sus previsibles ventajas, pero también el inconveniente de una extremada dependencia. Pero lo que aquí importa es que por ser nieto único –o, por entonces, el primero tras muchas dificultades– termi-

né siendo de Peñarol, cuando del lado de los Mattos todos eran de Nacional. Porque la totalidad de los postergados instintos de abuela de doña Pepa, ayudados por su despecho de esposa contrariada, se concentraron en mí. Sin dudarlo,y sin que nada pudiera hacer mi abuelo –recientísimo reo de ser condómino de una garçonnière en la que había sido sorprendido en poco edificantes circunstancias–, la abuela vino para instalarse con nosotros, permaneciendo por aquí los primeros cuatro años de mi vida. Le bastaron para convertirme en manya, contrariando el influjo nacionalófilo de mi familia paterna. Por lo que recuerdo, no siguió plan alguno para peñarolizarme, ni aprovechó conscientemente la influencia que ejercía sobre mí, mayor que la de mi padre, que por el ejercicio de su profesión estaba mucho tiempo fuera de casa o encerrado en su consultorio, o que la de mi madre, tan indiferente al fútbol. Era la época de las poderosas radios con lámparas –sin los prácticos pero débiles transistores de hoy– y con una especie de ojo verde encendido que ayudaba a la mejor sintonía. Simplemente yo estaba a su lado cuando ella escuchaba en radio Sarandí los relatos de Carlos Solé y, en los entretiempos, pasaba a radio Sport para oír los comentarios de Luis Víctor Semino. Por afecto de nieto, para querer verla contenta, o por ventajero interés, sabiendo que, satisfecha, quedaba más proclive a hacerme los gustos, habré comenzado sin darme cuenta a hinchar por Peñarol y no habrá demorado la tarde en que la sorprendí gritando, por las mías y no imitándola a ella, un gol de Míguez, Hohberg o Abbadie, a quienes ya habría aprendido a reconocer por sus nombres. Esa tarde, la imagino mirándome inusitadamente serena. Le había salido bueno. Su único nieto ya podría acceder a una de las mayores felicidades que existen en este país. Era de Peñarol. El bolso de mi padre tenía que saberlo apenas llegara a casa. ¡Y cuidado que intentara torcerme!


COLUMNA

El arpa lunar

Por Tomás de Mattos

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caba de editarse una obra maestra de Espínola. Sorpresivamente, no se trata ni de una novela ni de un cuento, sino de un guión cinematográfico. Si no resultaba fácil imaginarse a don Paco ideando una película, tampoco era demasiado previsible que se le ocurriera transportar a Carlitos Chaplin a la Jerusalén de los últimos días de Jesús. Pero, apenas se piense un poco, sólo a Espínola podía ocurrírsele el proyecto y sacar fuerzas de su inocultada identificación con esos dos grandes vagabundos para llevarlo a cabo. El guión vale, en primer lugar, como un conmovedor homenaje a Carlitos. Lo escribió en serio, poniendo en juego toda su maestría y movido por la real expectativa de que llegara a manos de Chaplin, para que considerara la viabilidad de su filmación. Pero no sólo no se lo envió jamás, sino que tampoco encargó su traducción y ni siquiera completó la copia mecanográfica; lo que no quiere decir que no lo valorara particularmente. Su hija Mercedes cuenta en el prólogo que, en sus últimos meses, recostado en su sillón del sanatorio se detenía largamente a comentarlo y, con “apenas algunos gestos, pequeños gestos esenciales”, daba vida “a Carlitos entero, tiñendo de humanidad, desde la sonrisa a la risa franca, un mundo bueno”. A don Paco se le desmoronaba la propia vida y, por añadidura, el país. Sin fuerzas para revertir a su favor cualquiera de esas dos agonías, Espínola acudió a Carlitos para retemplar el alma e iluminar la dureza de ambos trances 12

con esa mirada entre candorosa y lúcida, pícara y solidaria, cuyos múltiples matices él sabía discernir mejor que nadie: “Ese empecinamiento de lo menguado, esa intrepidez de lo débil y esa impotencia jamás confesada, ¿qué es en el fondo, sino la imagen de la humanidad misma?” La trama tiene una sencillez evangélica. Por una sucesión ininterrumpida de hechos nimios y casi casuales, Carlitos, peón de una granja suburbana, al ser asignado a cuidar un burro que ha sido alquilado por un pintor como modelo de un cuadro de la Natividad, se interesa por la figura de Jesús de Nazaret, hasta el extremo de comprar un ejemplar usado de la Biblia en un cambalache y de optar, luego, por pedirle a un mago que lo traslade a la Jerusalén de los días de la Pasión, en recompensa por haberlo rescatado de las impiadosas fauces de un insignificante perro callejero. “La Pasión de Jesucristo según Carlitos” cumple con todos los códigos de la edad de oro del cine mudo. No se escucha en su transcurso ningún parlamento y es una sucesión casi ininterrumpida de gags. La risa y la sonrisa se alternan sin solución de continuidad. Pero, por detrás de esa comicidad, hay una entrañable poesía, mucho más ética que metafísica, en la que Espínola, maestro de la reticencia, excede al arte de Chaplin, en la expresividad de la imagen visual y auditiva. No se ve jamás a Jesús, pero, en más de un episodio, su presencia física es inminente, llegando a representarlo con la propia cámara. La banda sonora, por más que se abstenga de reproducir palabras,

está minuciosamente cuidada. El leit motiv musical, expresivo de la evolución espiritual de Carlitos, es la melodía del Preludio Nº 7 de Chopin o –según la sustitución que admite el guión– “algo sencillo, de conocimiento universal y encantador”. Pero, llegada la secuencia de la Última Cena, a la que atisba Carlitos, servidor en el Cenáculo, el preludio cede su predominancia a un himno que permita intuir lo “dulce, amoroso y espantoso que va a ocurrir, o lo espantoso, amoroso y dulce que ocurrirá”. A los acordes de esas dos piezas, Espínola añade muy oportunos sonidos ambientales –entre ellos, el canto de los gallos– con una evidente función simbólica. El guión incluye varias escenas en las que, sin descuidar la comicidad, se deslizan por lo hondo los valores de solidario despojamiento que comparten Jesús, Carlitos y el propio don Paco. Y, de tanto en tanto, hay algunas de decantada emotividad y de muy medido arrebato lírico. Concertadas entre sí, pautan, más que el Evangelio, la imitación de Cristo según Espínola. Su hija señala en el prólogo un concepto medular en la increyente pero excelsa religiosidad de don Paco: “No hay que hacer como Jesús, hay que ser Jesús”, informa que lo oyó decir muchas veces. Esta idea básica preside la evolución de las actitudes de Carlitos ante su hermano de Nazaret. La emulación de Jesús que intenta el vagabundo del siglo XX en más de una ocasión nos hará reír. Por ejemplo, cuando asiste a un cojo, previamente curado por Jesús y de nuevo tumbado tanto por una espina que se le ha clavado en el

pie como por la borrachera que trae encima. Carlitos no se limita a quitarle la espina. Lo insta a levantarse remedando, así nos lo dice una leyenda, el mandato de Jesús: “¡Levántate y anda!”. Pero, en otras, nos conmueve, embargándonos el alma con una mezcla inescindible de dulzura y espanto o –por algo el guionista ha explicitado la inversión– de espanto y dulzura. Todavía en Jerusalén, en el mismo predio en que se levanta el Cenáculo, Carlitos sube a su buhardilla. El alma le tararea el preludio de Chopin y no tiene, entonces, dificultad alguna para ver un arpa cuyas cuerdas son los rayos de luna que dejan atravesar la pieza las goteras del techo. Vuelto a nuestro tiempo y a su empleo en la granja, su lugar en el mundo, en algo su altillo le resulta extraño. Trepa entonces al techo y lo agujerea. No le importa hacerlo permeable a los rigores de la intemperie si con ellos viene la luz de la luna. Está imitando al Cristo cuya Pasión presenció. Puede ya cerrar el ventanuco y soplar la vela porque, agujereado el techo, recobrará el arpa de luz de luna que le enseñó Jerusalén. “En la oscuridad surgen desde el techo rayos luminosos en línea levemente doblada en los extremos. Y Carlitos imita una ejecución de arpa con todas las vehemencias, los arrobos, la aplicación a los pasajes difíciles y de nuevo la entrega apasionada de un virtuoso consumado, ejecución a la que pone punto final el canto de un gallo tres veces repetido. El último se escucha cuando ya la imagen de Carlitos y de la habitación han desaparecido”.


Suplemento l 2016

POR Circe Maia

Recuerdos de Tomás

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Cómo escribir sobre Tomás ahora, sintiendo todavía su voz y su presencia tan cercanas? La memoria desordenadamente amontona recuerdos. Cuando vine a vivir a Tacuarembó, hace ya tantos años, Tomás era un joven estudiante liceal, pero ya poseía una inequívoca vocación literaria. Recuerdo que entre él y su primo Nelson –unos años menor– estaban por su cuenta estudiando el barroco, ¡a Góngora, nada menos! Varios años más tarde, cuando ya había publicado sus primeros cuentos y luego del ¡Bernabé, Bernabé!, fuimos invitados por los profesores del liceo Horacio Quiroga, de Salto, a dar una charla sobre el tema de la creación literaria. Tomás habló a los estudiantes

sobre la importancia que habían ángeles caídos con Satán proponen me ocurrió preguntarle sobre tenido, para él, las clases de li- distintas estrategias para vengarse su propio viaje a Jerusalén, para compararlo con las primeras imteratura en el colegio San Javier, de Dios... en las que se proponía a los estu- Otros de los momentos inolvida- presiones de Clarel al llegar a diantes escribir algunos textos en bles con Tomás tiene que ver con esa ciudad. Recuerda que Tomás diferentes estilos, tomando como la invitación que recibimos ambos me aseguró que efectivamente la modelo a los autores estudiados para hablar sobre Melville, en un ciudad parecía tener un “rostro ciclo de conferencias que organi- gris”, a la vez luminosa y sombría. en clase. Hicimos ese viaje a Salto en un zaba la Facultad de Humanidades Al mediodía se mostraba silencioómnibus viejo, por una carretera en el Museo de Artes Visuales en sa e inmóvil frente a los ojos de muy deteriorada e hicimos un alto el Parque Rodó de Montevideo. Se Clarel, con esa doble faz, clara y en un lugar desierto, en el que se trataba de hablar tanto de la prosa enigmática a la vez. encontraba una especie de vieja como de la poesía de Melville, de Las obras de Tomás dejan también pulpería, todavía con barrotes en modo que me tocaba referirme al un sabor ambiguo, porque revelan el mostrador y algunos parroquia- largo poema narrativo ‘Clarel’ y a a través de sus personajes la comnos silenciosos. Todo el ambiente Tomás comentar sobre Moby Dick, pleja unidad y diversidad de la naturaleza humana. parecía salido de algunos cuentos la ballena blanca. Las observaciones y reflexiones También son reveladoras de su prode Tomás. Recuerdo que ese viaje lo hicimos de Tomás sobre esa extraordi- pia personalidad, que volvía tan comentando El paraíso perdido, de naria novela –la más admirable cálidos todos los momentos que Milton. A Tomás le resultaba muy para él– fueron precedidas por compartía con sus amigos y cominteresante la parte en la que los un diálogo sobre Clarel, pues se pañeros.

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COLUMNA

El ejemplo de Secundino Por Tomás de Mattos

A

la hora en la que Secundino, mi padre, daba consulta, no se podía llegar a la cancel sin atravesar una tupida multitud. Siempre había pacientes ansiosos, pegados a la puerta del consultorio, aguardando ser llamados. Muchas veces tuve que pedir permiso tres o cuatro veces, porque nadie estaba dispuesto a ceder, aunque fuera por un instante, el espacio hasta entonces conquistado. Aún no sé como hacía Coca, la enfermera, por más que aplicara un riguroso orden de llegada, para indicar sin que se le discutiera demasiado quién debía pasar. No lo sabíamos, pero en esos días Tacuarembó vivía, por un lado, la última década de ejercicio liberal de la medicina y despedía, por el otro, la ya olvidada época en la que los médicos escaseaban. Con unos quince años de actuación, Secundino de Mattos era el médico general más consultado. Generó, por tanto, muchos créditos; pero no amasó una fortuna. Compró por primera vez una casa –y en ella vive– recién al final de su carrera, en 1970. Es verdad que gastó mucho de lo que cobraba (recuerdo los almuerzos cotidianos de mi infancia y sé que nunca más me sentaré a semejantes mesas), pero también es verdad que cobró en una proporción mucho menor a su trabajo. Fue médico de pobres en el hospital, en su consultorio y en sus propias casas. Por otra parte, y no sé si aun más, fue médico de amigos y a los amigos no se les cobra, por más pudientes que ellos sean. “H2O”, decía; honorarios cero. Y así, las ganancias a las que tenía derecho, se le escurrieron como agua que 14

rebasa el cuenco de la mano. Pero no se arrepintió, ni se arrepiente. Lo hizo a plena conciencia. Admiro el tino que tuvo para retirarse en la plenitud de sus facultades. “Las cosas se hacen bien o no se hacen”, dijo. El mismo criterio aplicó el día en que anunció, diez o doce años después, que vendería el auto porque no quería manejar más. “Ya no tengo los reflejos necesarios”, explicó con un logrado tono de desapego. Pero, conociéndolo como lo conozco, supe que la procesión –por no decir tormenta– iba por dentro. Desde hace muchos años, está tenazmente aplicado a una cotidiana lucha contra las declinaciones de la vejez. Tozudo, demoró años en aceptarme el regalo de un bastón de teca; varios porrazos en diversas veredas de Tacuarembó terminaron convenciéndolo de la utilidad del adminículo. Hoy lo usa con naturalidad, pero procurando dar la sensación de que casi no lo necesita. Cuando camina por suelos sin obstáculo, va jugueteando con

el bastón, posándolo muy de tanto en tanto. Me consta que en su temprano retiro de la Medicina no influyeron sólo la responsabilidad y la autocrítica; creo que no soportó la necesidad de asistir a la cada vez más frecuente agonía y muerte de sus más apreciados amigos, que en eso se habían convertido sus pacientes de toda la vida. “Ya verás –me ha dicho– que no se muere de un saque y de una sola vez; se va muriendo, poco a poco, casi sin darte cuenta, con cada muerte de un ser querido. Cada uno de ellos se va llevando recuerdos que sólo con ellos compartías”. Lo cierto es que la medicina no lo ha hastiado. Continúa considerándola el arte más sublime. No comparte mis aprensiones ante la inminencia de que mi hijo, su nieto, esté por incorporarse a la sobrecargada oferta de médicos. Jubilado, ha seguido devorando libros de medicina, lo que implica que esté insólitamente actualizado en los últimos avances.


Quien hoy conviva con él, no lo sorprenderá en el más mínimo acto de indisciplina. Come todo lo que debe, evitando todo lo que no debe. Camina todos los días tres cuartos de hora, sin concederse interrupciones, en un circuito que se preparó en el interior de la casa. Lee libros y diarios y escucha música, porque también las neuronas necesitan su gimnasia diaria. Por supuesto, no fuma y es de los que más aprueban la represiva campaña instaurada por el gobierno. Se preocupa si no duerme bien las horas que considera necesarias. Pero este hombre viejo no tiene por cierto un pasado condigno con su presente tan disciplinado. Supo pesar ciento veinte kilos: yo lo vi mandarse algunos domingos, a media mañana, ocho huevos fritos en aceite de oliva, empapando la miga de pan francés en la yema y en el aceite. Disfruté de una competencia que trabaron con mi madre en torno a cómo debía prepararse una buena paella. Él exigía la presencia de espárragos, alcauciles y cerdo; la de mi madre era mucho más marinera y medía el uso del azafrán. La de él era una paella dispendiosa y pantagruélica, un asalto machazo al gusto, a la vista y al olfato; la de mamá, también muy esmerada, era más delicada por no decir apagada. Catamos las dos recetas en sendos domingos; yo, el único no implicado, fallé empate y los convoqué a un segundo llamado, que él aceptó con entusiasmo, pero que la vieja rehuyó, aunque no se dio por vencida. En cuanto al tabaco, debo reconocerle que nunca lo vi echar mano a una caja de cigarrillos propios, pero los retiraba con frecuencia de nuestras cajas y, sobre todo, adoraba los habanos. Sólo fue fiel, durante toda su vida, a la gimnasia. Gracias a él puedo jactarme de que siempre me desperté a las seis de la mañana. A esa hora disipaba todo sueño con los resoplidos que escapaban del cuarto de baño, inmediatamente antes de una ducha que consumía los setenta litros del calefón. Implacable cazador de perdices y vigoroso pescador de dorados en su juventud y en su vida adulta

(los escabeches que preparaba con unas y otros me son inolvidables), hoy parece haber olvidado esas afanosas décadas de campamento y depredación y clama ante la contaminación de los ríos y arroyos y la desolación de los montes. Yubá Valdés, uno de sus mejores amigos, y América, su nuera, coinciden en un mismo juicio: Secundino vivió su vida a todo trapo, sin mezquinar ni para sí ni para los que lo rodeamos ningún gusto; sólo aflojó cuando la glicemia y el colesterol le ajustaron las clavijas; pero aun así, apenas lo necesario. Me consta que sigue siendo un sibarita; contenido, sí, pero jamás reprimido. El tigre ha sabido, por ejemplo, volverse Popeye y le agradece sinceramente a las espinacas no sólo su férreo aporte a la salud, sino un sabor que nadie paladea como él (¿que aumenten el colesterol? No está indiscutiblemente demostrado). No comerá tanta carne roja como quisiera, pero sigue disfrutando del pollo y de los pescados azules, porque duda si el salmón criollo le gusta más que la anchoa. Y, por cierto, bendice la fortuna de que a Bach, Mozart y Beethoven, sus colegas no le hayan descubierto –temo que no habrán de tardar– alguna inconveniencia para la salud. En una palabra, por senderos algo más apretados, sigue dejando libre su innata vocación para construir entornos apacibles y edénicos, de poderosa sensualidad casi musulmana. Creo que ese ejemplar apego a la vida ha determinado todo en él: su envidiable vocación por el único oficio que le parece imaginable, su generosidad, su desprendimiento de todo afán de lucro, su sentido de la responsabilidad. Si estás leyendo esta revista en el mismo día que salió, te diré que esta columna fue escrita porque hoy, viernes 1º de julio de 2005, Secundino está cumpliendo 93 años. O mejor dicho, contando los adicionales que le han regalado los veintidós años bisiestos que vivió, 33.967 días. Así, en días y no en años, creo que deben medirse las existencias que nunca cejaron de exprimirle a la vida todos sus sentidos y todas sus ocasiones de gozo. 15


Suplemento l 2016

POR EL maestro Jesús Ariel Casco

Recordando a Tomás

Por Jesús Ariel Casco

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o me voy a sumar a las decenas de periodistas, escritores, artistas, comentaristas, que, con solvencia y autoridad, aquí en el país, e internacionalmente, han opinado sobre vida y obra de “nuestro” Tomás de Mattos, llenando muchas páginas, muros y espacios de todo tipo. Sería presuntuoso intentarlo y – por otra parte– ni quiero ni me place. Quiero sí dejar correr el teclado para intentar rescatar para todos –y perdónenme– especialmente para mí, para América e Ignacio, el “Tomasito” de tantas entrañables horas, de tantas búsquedas compartidas, de satisfacciones e insatisfacciones. En fin, de la vida misma. Fue así: según América, somos hermanos. Y desde ahí quiero hablar. Ya conocía su valía intelectual y artística. Pero empezamos a acercarnos vitalmente en un lejano diciembre de 1985, cuando con Javier Marsiglia visitaron nuestra casa y me dejaron sin participar en una movida en contra de la aprobación de la por nosotros llamada “Ley de impunidad”. Fueron a ofrecerme trabajar en inserción social del Claeh, que entonces procuraba echar raíces en Tacuarembó. Fue su primera caricia a mi alma: ante mi sorpresa, fundamentó su decisión en el perfil inquieto, humilde y barrial, contestatario y propositivo que veía aparecer en mí. Cuando expresé que yo no militaba en el sector que, en cierta forma, representaban, me habló del valor de la pluralidad. Esa empresa, por veleidades humanas que ya casi olvidé, para mí no prosperó. Y ello hizo que Tomás también la abandonara. ¡Pero estrechó nuestra amistad! Siguió la vida con coincidencias y divergencias. Aprendí a festejar –y a veces padecer– ese ser íntegro, inteligente, alegre y pícaro, que disfrutaba tejiendo relaciones.

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Y llegó 1989. Y la crisis más Y entonces, en una para mí memo- to– que no abandonaban el Frente honda del Frente Amplio. Por rable asamblea del FA en nuestro Amplio. desavenencias profundas de local de 25 de Mayo (casi pegado Poco tiempo pasó para que alguorientación u oportunidad, la a Centro Comercial), un grupo de nos desperdigados, algunos es99 y el PDC abandonan nuestra compañeros militantes de esos peranzados y otros tocados en su coalición fundando el Nuevo Es- sectores disidentes, entre los cua- amor propio, conjuntados bajo el pacio. Justo en los momentos en les quiero recordar a Jacinto Diente carisma de Mariano Arana, fundáque considerábamos propicio el Pereira, Ana González, a don Pedro ramos la Vertiente Artiguista. Y el escenario de acceso al gobierno Telechea y a Tomás, encabezaron mismo Mariano, en un encuentro nacional. La desazón, el descon- lo que se conoció nacionalmente en editorial Banda Oriental, que cierto, la dispersión, ganaban como la “rebelión de Tacuarembó”, compartían, invitó a Tomás a “enexpresando –para mí en un gri- gancharse”, cosa que formalizó Ennuestras filas.


Suplemento l 2016

ya en matriz frenteamplista. Su casa pasó a ser casi comité, lugar de encuentro, hospedaje de visitantes de campaña: en fin, nuestro reducto. Mucho pensamos, mucho diagramamos, muchas visitas realizamos, a muchos compañeros convocamos. Y –la verdad– poco festejamos cuando las instancias electorales fueron triunfos: Frente Amplio vigente, triunfo en Montevideo, Vertiente Artiguista consolidada. Al decir de América, “ustedes son unos tristes: planifican, se matan trabajando, pero no festejan”. Vinieron después otras elecciones, otros avatares personales, su fugaz pasaje por la Junta Departamental y el alejamiento para asumir en la Biblioteca Nacional, ese elefante sin afecto que lo comenzó a matar. Igual cumplió poniendo en ello todo su saber, su inteligencia, sus aspiraciones de cultura popular y su esperanza. Debió beber allí cántaros de incomprensión, de intereses mediocres, de burocracia paralizante. Volvió con su siempre cansino y absorto paso a las calles de nues-

tra ciudad. Y hubo tiempo para otros éxitos literarios y para otra pasión futbolera que agregó a su corazón peñarolense: la quijotada del Tacuarembó Fútbol Club. Y lo veríamos una vez sí y otra también, la mayoría de las veces con Pablo Inthamoussu, alentando desde la tribuna. Los espacios que nos dejó su precaria salud de los últimos tiempos siempre fueron fructíferos para mi perenne consulta. Es que siempre reconocí en él la capacidad artística de elevarse por encima de nosotros –simples mortales– y prever y diagramar instancias futuras. Como ya lo dije: donde estés, seguro sigues empecinado con algún capítulo inconcluso, algún nuevo libro (de cuentos cortos como yo te pedía), con los goles magistrales o con los ariscos números de la quiniela o el 5 de Oro que no te obedecen. Y yo, acá, celebrando el haberte compartido. En el homenaje brindado a Tomás de Mattos por la Junta Departamental de Tacuarembó.

rique Rubio en una inmediata visita Nunca quiso ser el candidato –aunque todos lo queríamos–, pero fue a Tacuarembó. Empezó allí, definitivamente, nues- el líder, el estratega, el negociatra alianza política y de afecto pro- dor, el convocante, la referencia y fundo. Aunque siempre siguió di- –para mí– el confidente y el amigo. ciendo que ya no se “casaría” con Esa etapa, la de la construcción ningún grupo, por lo que definió su de la Vertiente, en plena campaña adhesión con la Vertiente como de electoral pasó a ser un emprendimiento de pasión que comparti“concubinato estable”. Pasó a ser, entonces –en términos mos, con el convencimiento que tal vez ya perimidos – el “mentor” aportábamos mucho a la vigencia de la Vertiente… y también el mío. y futuro de la izquierda urugua-

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Gracias Tomás

Por Mariano Arana

La referencia a Raviolo y a la editorial que él impulsó y dirigió como esde tiempo atrás, algu- gerente durante más de medio siglo nos compañeros de la Ver- no es irrelevante. Y no lo es porque tiente Artiguista y algunos Tomás, desde su temprana juventud, otros amigos integrantes de la edi- entabló una perdurable amistad con torial Banda Oriental sabíamos los integrantes de Banda Oriental de la inestable salud de Tomás de hasta el final de sus días. Mattos, lo que nos indujo a pensar en contribuir colectivamente a viabilizar una delicada intervención quirúrgica. La paradojal realidad determinó, sin embargo, que uno de esos amigos –Heber Raviolo– dejara de existir 28 meses antes del sorpresivo deceso de Tomás.

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En efecto, avanzada la década fue capaz de recrear caracteres y del 60, acompañado por su co- ambientes, dramas y mentalidades, terráneo Isabelino Villa, vino a individuos y clases sociales, patriproponer la realización de un cios y gauchos crudos, militares de concurso de cuentos centrados escuela e indios indómitos, caudillos y pueblo, jefes y chusma. Puso en la ciudad de Tacuarembó. Ambos anclajes –el territorial aventura e intriga, suspenso casi y el vocacional– habrían de detectivesco, aliento épico, ironía, ser medulares y perdurables sutileza, indignación, y el resultadurante toda su fermental tra- do fue esa maravilla de estilo y estructura”. yectoria. Con su proverbial sensibilidad, Se sucedieron luego La fragata de Tomás no perdonaría que no las máscaras (1996), Ni Dios perse hiciera especial mención mita/Cielo de Bagdad (2001), para a Washington Benavides y al después encarar sus obras de magrupo de destacados poetas, yor audacia y aliento: La Puerta de narradores, músicos y artistas la Misericordia (2002), sobre la vida de Cristo, y los dos volúmenes de plásticos que se vieron reconocidos o es- El hombre de marzo, centrados en timulados por él. Circe Maia, la figura de José Pedro Varela, La Eduardo Darnauchans, Eduar- búsqueda (2012) y El encuentro do Larbanois, Walter Ortiz y (2013). Ayala, Numa Moraes, Víctor Me apoyo nuevamente en la aguCunha, Carlos Benavides, Fi- da percepción crítica de Raviolo: del Sclavo y, muy en particu- “Hay en toda su creación un prolar, Tomás de Mattos, que han fundo trasfondo ético, que le otorcontribuido significativamen- ga una densidad poco común a sus te a enriquecer nuestra cultura narraciones. Los temas del poder, la culpa, el miedo, la responsabilinacional. Tengo bien presente la fuerte dad – colectiva e individual– asoimpresión que me causó la lec- man continuamente en medio de tura de Trampas de barro, publi- su poderoso impulso de contador de historias. Los imprecisos límites cado en 1983. Pero fue con el deslumbrante entre la cordura y la locura, entre ¡Bernabé, Bernabé! que adquirí la bondad y la maldad por un lado conciencia plena de la formi- y el maniqueísmo en que solemos dable dimensión creadora de caer en nuestros actos y en nuestros pensamientos, constituyen en Tomás. Creo pertinente y esclarecedor su obra una presencia constante”. transcribir las consideraciones Abogado, periodista, director de efectuadas por Heber Raviolo la Biblioteca Nacional, miembro al respecto: “Se documentó de la Academia Nacional de Leexhaustivamente, se metió en tras y mayúsculo escritor, Tomás una época y en unas mentali- ha sido genéricamente reconodades que no eran las suyas y cido por su don de gente, por su fue capaz de ver allí hombres y bonhomía, su amplitud humana, no personajes caricaturescos; su rigor intelectual, su inquebrantable compromiso cívico en defensa de la institucionalidad democrática y de los derechos humanos, por su ejemplar congruencia entre su conducta y la profunda convicción religiosa que en todo momento lo inspiró. Gracias, Tomás, por todo cuanto nos has legado.

“Fue un escritor íntegro, Un hombre íntegro, Un artista íntegro.” Hugo Achugar

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Sabiduría y humildad Por María Julia Muñoz

obra, eran oportunidades en las que uno tenía la certeza de que uien haya leído la obra de disfrutaba y se instruía al mismo Tomás y quien haya setiempo. guido la recepción que su En conferencias, mesas redondas obra ha tenido entre los críticos liy entrevistas nos hizo saber de sus terarios y el público, sabe que estapreferencias literarias: Cervantes, mos hablando de un gran escritor. Melville, Dostoyevski, destacaban Un escritor que, a mi juicio, ya se ha entre sus menciones. integrado al canon de la literatura Y así como en ¡Bernabé, Bernabé! o uruguaya. en El hombre de marzo o en La PuerQuien haya conocido a Tomás, ta de la Misericordia, trabajó sobre quien haya tenido la fortuna de personajes históricos, en La fragata compartir con él espacios y proyecde las máscaras hizo literatura de la tos, sabe que este escritor nacido literatura, revisitando la perturbaen Montevideo, pero tacuaremdora trama de Benito Cereno. Don boense por determinación, era un Candinho o Las doce orejas hace gala hombre de una bondad conmovede un humor descollante y conocidora, cercano a la santidad, como miento de la vida de frontera. bien dijo Mario Delgado Aparaín. En el año 2005 Tomás de Mattos En la segunda mitad del siglo XX y aceptó la invitación que le formulara comienzos del XXI, la literatura de el Dr. Tabaré Vázquez para hacerse Tomás destaca por su estilo, por la cargo de la dirección de la Biblioteca calidad artística de su prosa, tal Nacional. Llevó adelante una gestión como –con justicia– ha sido recomuy recordada, caracterizada por su nocido y subrayado por los más socompromiso con la cultura y por su bresalientes especialistas de las leafán de volver más accesible a totras y la teoría literaria del Uruguay. dos los ciudadanos, sobre todo a los Pero nos importa, aquí y ahora, del interior del país, una repartición anotar la marcada vocación por la cultural emplazada en Montevideo, historia, por la investigación hispero cuya misión es y debe ser de altórica que su obra denota: un escance nacional. fuerzo mayor por sumergirse –y Nos queda la tristeza de pensar sumergir al lector– en épocas paque tal vez quedaron inconclusas sadas, echando luz sobre detalles y pormenores de vidas cotidianas, de los límites de las áreas de co- gar en las complejas motivaciones algunas novelas que anunciaba en una tarea de reconstrucción nocimiento y sabía, por tanto, de e itinerarios que pueden subyacer para el futuro. Una de ellas, con histórica que intenta comprender las oportunidades que producen tras un episodio. Luego, en el futu- avances, centrada en las personalitambién procesos intelectuales y los encuentros interdisciplinarios. ro, se juzgará en forma sintética y, dades de Bernardo Berro y Venanmentalidades de época. Allí donde el historiador se detiene, en consecuencia, simplificada, pero cio Flores, que encarnaban ideas y Esta revisión de etapas y personali- por rigor metodológico y seriedad en desmedro de aquellos múltiples sensibilidades muy diversas y que dades de la historia que, más allá de profesional, el artista, provisto de y ricos matices que el escritor nos entretejieron episodios decisivos su naturaleza controversial o con- su intuición creativa y de visiones permite recuperar en su universo y dramáticos de la historia naciosensual, ya se trate de Bernabé Ri- provenientes de su imaginación, narrativo. No sólo en su literatura, nal. La otra, creo que sólo anunciavera, de Jesús de Nazaret o de José tiene abierto el camino para seguir sino también en su vida cotidiana da como intención, sobre Fiódor Pedro Varela, ponen en evidencia adelante y adentrarse por aquellos parecía tener presente que el Dios Dostoyevski. ¡Hubiera sido un gran una pasión por esas aproximacio- territorios que habían quedado ve- de los cristianos es más un Dios de placer y una formidable ocasión de nes al pasado. Es a través de la lite- dados al investigador. Es pertinen- misericordia que de justicia. Por aprendizaje tener esos libros entre ratura que Tomás vuelve tangible te, en este sentido, traer a colación eso La Puerta de la Misericordia es las manos! la aseveración de Nietzsche: “No las siempre actuales reflexiones el título de uno de sus más audaces Pero es tan grande y bueno el legado, que hay motivos sobrados para hay hechos, hay interpretaciones”. de Aristóteles asegurando que “la emprendimientos literarios. Son interpretaciones múltiples, di- poesía es más filosófica que la his- Escucharlo hablar era otro placer. celebrar una obra literaria contunversas, no pocas veces antagónicas toria y tiene un carácter más eleva- Se aprendía mucho escuchando dente y una vida plena de amor y y, por añadidura, siempre abiertas. do que ella”. aquel hablar pausado, reflexivo, honestidad. Y de sabiduría y humilTomás, lector voraz, conocedor Su cristianismo, que conformaba su afectuoso. La ternura y el especial dad, atributos que Tomás lograba profundo y reflexivo de historia, más auténtica y profunda visión del afecto por los débiles y los humil- aunar con naturalidad, pero que literatura, religión, teología, filo- mundo, le otorgó siempre una mi- des eran sus notas características. sólo en muy contadas personas sofía, antropología, derecho, sabía rada comprensiva que intenta hur- Al igual que con la lectura de su comparecen juntos.

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No puedo… No puedo despedirte, Tomás de Mattos, Ya sé que debes irte. Donde no hay bibliotecas Ni arrebatos, Pero tal vez, quién dice, Con un arpa de lata Un niño te maltrata, cosa que no la creo, como lo que me dice el benteveo… Pero lo cierto, no verás perdices, Y sí las palomas caferatas Y grises De tu Montevideo. Aunque tal vez desearas Casitas de la Sexta O ranchos de terrón allá por Clara. Llevarías seguramente a Salambó El Proceso inseguro Y escucharías las blasfemias Del Capitán Ahab, y su condena De la Blanca Ballena (Que ha sido siempre tu enemigo) Y de eso soy testigo. Tengo La Biblia que me regalaste Con su dedicatoria. Ya no creías por entonces, Lo que te habían presagiado Del profe rojo de Preparatorios, De sus paganos bronces, Y de sus clases el puro jolgorio…

Te topaste Con el pobre Job, Y con Juan de la Cruz, la Llama Viva. Cómo, entonces, el rojillo No nos dejaba a la deriva, Y se jugaba hasta los calzoncillos, Con Kafka, desesperado, en una lucha Que casi nadie escucha. Tomás, no puedo Soltarte la mano gordezuela, El solo gesto me consuela Y me aleja del miedo… Así que: hasta mañana, Gran Tomás, No vengas muy temprano, Quiero dormir un poco más Y en paz… Washington escribió estas líneas Que no podrán posar en ellas golondrinas Y no nivelarán a las estrellas. Releerte despacio a la sordina, Tirado sobre el pasto y sin querellas, Pero el alma (que existe) muy mohína…

Washington Benavides, un triste 21 de marzo de 2016. Montevideo.


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