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Porque te amo
Desde el dormitorio escuchó gritos en el living, se levantó y al ingresar vio a su hermana Marcia que, llorando, intentaba impedir que Vicente, su pololo, abriera la caja fuerte que él mismo había llevado al departamento.
¿Qué pasa? dijo Santiago con voz fuerte. Ambos se detuvieron. Vicente respondió:
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- Me quiero matar, aquí dentro está mi pistola.
- Te puedes matar, pero no aquí. Te ayudaré a bajar la caja, llamamos a un taxi y te suicidas en tu casa.
Así lo hicieron, Santiago regresó a escuchar la cantata de Bach, Marcia angustiada se encerró en su dormitorio.
Una hora después tocaron el timbre. Era un niño de unos 12 años que traía un sobre. En letras mayúsculas estaba escrito MARCIA.
“Cuando leas esta carta yo habré muerto, y espero que te quede claro: tú serás la responsable de ello. Has decidido terminar nuestra relación, me dices que te asusta la naturaleza de mis sentimientos.
Piensas y muchas veces lo mencionas, ser una mujer de vanguardia. ¿De qué vanguardia me hablas? Te mueres de susto de vivir una verdadera relación amorosa, sospecho que bajo tus aires de mujer liberal te gustaría un marido de traje, que se fuera a trabajar en la mañana, regresase en la tarde, después de haber fornicado con su secretaria a la hora de almuerzo, eso pienso. Eres una maldita burguesa. Yo nunca podría serte infiel, tú y yo somos uno.
Al despertar te siento en mí, y te llevo dentro cada minuto, cada segundo del día. Cuando digo que a veces pienso en quemarte la cara, para que ningún otro hombre te mire y desee, es una prueba de que lo que yo amo eres tú. No tus ojos almendrados, ni tu pelo azabache, ni tus labios siempre húmedos, te quiero a TI. Me dices que nunca has estado con otro hombre, sé que fui el primero, pero sé también que no el único. Lo supe cuando fui a besar tu sexo, sentí un olor que no era el tuyo y tampoco el mío, lo negaste, pero tengo
la certeza de la veracidad de las sensaciones. Si comes una manzana, sabes que es una manzana y no una pera, los sentidos no engañan, las palabras sí, otra esperma recorrió tu canal interior. Y no niegues tampoco que te gusta despertar el deseo en los otros. Al caminar juntos en la calle bajas la vista para no mirar a ningún hombre, es una de tus astucias para despertar aún más fuertemente el deseo en ellos. Todo eso yo lo sé, nada sacas con decir que me equivoco.
Me dejas por cobarde, tú que te crees tan valiente. Yo sé que me amas, que nunca has sentido ni sentirás lo que sientes conmigo. Cuando pasamos un día entero amándonos yo te veo. Sólo en esos momentos abandonas tus defensas y rompes con la idea que tienes de ti. Surge otra Marcia, ésta no es precisamente marcial, ésta podría llamarse Angélica o Sumisa si es que existiera ese nombre.
Yo comprendo todo. Tú comprenderás sólo con mi muerte, vagarás buscando un amor como el mío, no lo encontrarás. Lamentarás lo que hiciste.
Es posible también que te sientas aliviada, que después de una leve pena y cuando hayas encontrado todas las justificaciones para evitar sentirte culpable, te cases con alguien. Seguro que será un hombre bien peinado, de esos que en cuanto te ven tienden la mano y sonriendo dicen ‘Felipe Bulnes, encantado’. Y ese huevón te habrá elegido porque
eres la más hermosa de todo el Campus Universitario, ese tal por cual no pensará en quemarte la cara, pero te exigirá ser bella mañana, tarde y noche, en el presente, pasado y futuro. Ese Felipe no te hará el amor días enteros, hasta dejarte con dolor de espalda. No. No. No. Ese no conocerá a la Sumisa, porque no habrá sabido conducirte más allá de ti misma. Y tú vivirás tranquila, sin temores, sin sobresaltos, sin pasión.
No mereces esa vida.
Tengo la pistola frente a mí. Había cargado una sola bala, acabo de cargar otra, porque te amo, porque eres mía, porque somos uno, como ya te lo dije.
En resumen, y para terminar, no habré muerto cuando recibas esta carta.
Debo hacer algo antes.”