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Francisca Valenzuela

El peor viaje

Estábamos en el departamento y lo primero que pasó fue una discusión con Marcos. Resulta que después de 4 meses debía adivinar que él quería salir oficialmente conmigo pero se enojó porque yo estaba saliendo con otra persona.

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“Pelotudo, ¿acaso tengo que adivinar que después de mi viaje a Buenos Aires tenía que saber que en enero me ibas a decir en mi casa que estabas enamorado de mí siendo que te lo dije yo en octubre y tú dijiste nada? Te molesta que tenga vida personal, cuando se te antoja salir con el papel de hombre despechado... y dicen que las mujeres son las complicadas. No quiero escuchar más de esto.”

Siete y media de la mañana y este pelotudo no encontró nada mejor que despertarme con un apretón en los pies. Según mis

cálculos, podía despertarme perfectamente media hora después y andar con tiempo de sobra.

Me levanté y ofrecí desayuno… lo que recibí fue un “cualquier cosa está bien”, siendo que había comprado diferentes tipos de acompañamiento para el pan, más me reventó la actitud.

Salimos finalmente a Casablanca y Marcos se iba con su maleta porque ahora había decidido que iba a quedarse en Pirque en la casa de otro pelotudo.

Pasamos a buscar a Valeria, que era completamente ajena a la discusión. Se subió al auto con su felicidad clásica y ofreció diferentes tipos de queques y dulces.

Vamos a Casablanca, a un viaje que no me interesa porque no tomo vino y tampoco me ofrecí a hacer de chofer.

El camino estaba increíblemente pesado, lleno de autos, camiones, y de gente que se ganó la licencia en la cajita de cereales. Por lo que pasé a la fase de concentración total. Escuchaba que hablaban pero la verdad es que entre mi furia, por la discusión, el hecho de que me despertaran, ir a un lugar que no era de mi interés y la congestión, preferí hacer oídos sordos a una conversación que era solamente relacionada al vino.

En la primera viña ya me sentí más furiosa porque me preguntan si soy el chofer de una empresa que traslada extranjeros al lugar. El guardia no tenía la culpa pero era otra gota más que me sacaba de mí.

Pensé en quedarme en el auto pero la temperatura estaba subiendo y no tenía ganas de estar con el motor encendido 2 horas, solo para hacer uso del aire acondicionado. Así que a regañadientes me bajé.

Segundo momento en menos de 20 minutos que mi furia seguía subiendo, se acerca una persona de la viña y pregunta para cuántos es el tour — “Para 2 personas, ella no está incluida” — dice Vale. Reconozco que pensé en tomar mi auto e irme a la casa de mis papás y que ellos se las arreglaran como quisieran en Casablanca pero Vale no era la culpable del 90% de mi enojo. En un momento, Vale dijo que iba al baño y pensé “este es mi momento”. Al interior del baño le cuento la discusión que habíamos tenido anoche con Marcos y me miró con cara de “ahora entiendo todo” y me dijo “tranquila amiga, que esta no la saca gratis”. Al menos algo de apoyo tuve.

Después de la visita donde la guía me incorporó sin cobrarme un peso porque hablaba inglés y eso la ayudaba con sus turistas ingleses, nos sentamos en una mesa donde cada uno tenía 6 copas de vino. Yo solo pedí agua porque estaba manejando. Termina todo el proceso que para mí es desconocido y nos

vamos a la segunda viña, pero antes de eso, los veo a los 2 caminando un poco chuecos y riéndose más de la cuenta.

“Par de curados” fue mi comentario verbal y no verbal en más de una oportunidad.

Llegamos a la segunda viña y no había nadie, ni un auto estacionado. Hacia calor y dejé un poco abiertas las ventanas para que se ventilara el auto y no se volviera un horno. Resultó ser que estaba cerrada por remodelaciones.

Ahí es cuando sale el plan B de Vale y me da la dirección de la tercera viña.

Llegamos a un lugar precioso, dejé al par solos y yo me puse a comprar agua, alfajores artesanales y caminé por el lugar. Mi paseo era claramente más entretenido que el de ellos porque no tenían reserva y los trataron como seres extraños.

En un momento dado, me siento con ellos y mientras comía mi alfajor, Vale empieza a hacer comentarios que eran a mi favor y contra Marcos. Había llegado mi hora de desquitarme por todo.

Esto tuvo como resultado que Vale se fuera de copiloto y Marcos atrás, solo. Tenía que ir a dejarlo a Pirque, porque por mucho enojo, no lo iba a dejar en la mitad de la nada, sobre

todo sí es argentino en Chile en medio del estallido social.

El camino a Pirque se me hizo eterno. Lo sufrí en cansancio. Llegamos a la parcela del idiota número uno (al menos para mí así es como lo tengo en mi cabeza) y veo que tiene auto nuevo. Lo miré antes de estacionar y dije “linda la cosa y él me molestaba por ser ‘cuica’ y andar en auto nuevo, y resulta que él se mueve en un auto bastante más caro que el mío… lo que es ser idiota”.

Una vez estacionada, sale este personaje de su casa y saluda a todos con calidez excepto a mí, no fue raro porque siempre ha existido esa rivalidad.

Una vez adentro, nos invita a pasar y estaba haciendo un asado, donde ofrece cervezas y además donde se encontraba una persona que trabajaba conmigo. Todos en su mundo de fiesta y yo mirando con odio esta situación, asumo que se me notaba el fuego en los ojos.

Era momento de salir o alguien iba a terminar en la parrilla a manos mías.

Vale y la otra persona que estaba, me preguntan si los puedo dejar en el camino, lógico que sí, yo ando en auto y ellos a pie… además de que mi mamá me enseñó a ser educada y tener principios.

Salimos de ahí y en una calle, en un barrio que desconocía empiezan a correr múltiples encapuchados y los autos en contra del tránsito. Mi mente: ok, esto no es normal y alguna situación de peligro hay más adelante. Piensa rápido, que si atropellas a uno, me matan aquí mismo.

Miro y estaban quemando un furgón de Carabineros a menos de 10 metros míos, venía el guanaco.

Tomo el control del sistema de viaje de mi computador del auto y hago una búsqueda rápida en tiempo real de las calles, veo el sentido y empiezo a salir por donde fuese hasta que nos acercamos a Ñuñoa. Ahí se bajaron mis acompañantes porque es donde viven.

Debía seguir sola hasta la punta del cerro, literal, en Las Condes y todo Santiago era una protesta masiva. Seguí haciendo uso de mis conocimientos hasta que llegué sana y a salvo.

Finalmente, todo lo vivido llevó a que yo hablara con quien salía, le expliqué y dejamos de salir, a los 3 días mantenía una discusión a besos con Marcos donde le dije que se olvidara de volver a dejarme.

Francisco del Campo Santiago

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