G.K. Chesterton
Ortodoxia
VI. LAS PARADOJAS DEL CRISTIANISMO
La verdadera dificultad con este mundo nuestro, no es que sea un mundo irrazonable ni que sea un mundo razonable. La dificultad más común, es que es aproximadamente razonable; pero no del todo. La vida no es ilógica; pero es una trampa para los lógicos. Parece un poco más matemática y regular de lo que es; su exactitud está evidente, pero su inexactitud escondida; su salvajismo, yace en acecho. Doy un burdo ejemplo de lo que digo. Supongamos que un matemático de la luna tuviera que dar cuenta del cuerpo humano; al punto vería que lo esencial de él, es ser duplicado. Cada hombre es dos hombres; el de la izquierda exactamente análogo al de la derecha. Habiendo observado que hay un brazo a la izquierda y otro a la derecha, una pierna a la izquierda y otra a la derecha, podría seguir observando y ver a cada lado el mismo número de dedos, ojos gemelos, orejas gemelas y aún gemelas cavidades craneanas. Al fin, lo tomará como una ley; y luego, al encontrar un corazón a un lado, deducirá que también hay un corazón al otro. Y justamente cuando más sienta que está en lo cierto, estará equivocado. Este silencioso desviarse de lo exacto por una pulgada, es en todo, un elemento imprevisto. Parece ser una especie de traición secreta del Universo. Una manzana o una naranja' son suficientemente redondas como para que se las califique redondas, y sin embargo, no son redondas. La misma tierra está torneada como una naranja, nada más que para inducir a algún simple astrónomo a que la llame globo. Una hoja de pasto se llama hoja, por asociación con la espada que termina en un punto; pero la hoja, no termina. Este elemento de lo oculto y lo imprevisto, existe en todas las cosas. El racionalista las pierde; pero nunca las pierde sino a último momento. De la gran curva de nuestra tierra, podría inferirse que cada uno de sus palmos, es curvado como ella. Parecería racional que si un hombre tiene sesos a ambos lados de la cabeza, tuviera también un corazón a cada lado del cuerpo. No obstante, todavía hay científicos organizando expediciones al Polo Norte; les gusta mucho el terreno plano. Todavía hay científicos organizando expediciones para encontrar el corazón del hombre; y cuando tratan de localizarlo, generalmente lo buscan por el lado donde no está. Ahora, se comprueba la intuición o inspiración, en cuanto sospecha o no estas deformaciones imprevistas. Si nuestro matemático de la luna vio dos brazos y' dos orejas, podría deducir que había .dos omoplatos en la espalda y dos divisiones en el cerebro. Pero si sospechó que el corazón del hombre estaba en su verdadero lugar, yo le llamaría algo más que matemático. Tal es exactamente la cualidad que desde entonces reconocí en el Cristianismo. No simplemente que deduzca verdades lógicas, sino que cuando repentinamente se vuelve ilógico, es que ha encontrado una, diremos, ilógica verdad. No sólo va derecho con las cosas que van derecho, sino que se desvía cuando las cosas se tuercen. Su plan se adapta a las irregularidades secretas y prevé lo imprevisible. Es simple con la verdad simple; pero es insistente con la verdad confusa. Admitirá que el hombre tiene dos manos; no admitirá (aunque los modernistas lo lamenten) la deducción obvia de que tiene dos corazones. En el presente capítulo, mi objeto es este: demostrar que cuando sentimos que hay algo extraño en la teología cristiana, generalmente encontramos que hay algo extraño en la verdad. He mencionado antes, una frase inconsistente, según la cual, tal. y tal creencia no puede ser creída en nuestra época. Por supuesto que cualquier cosa puede ser creída en cualquier época. Pero es bastante curioso que realmente haya un aspecto según el cual una creencia, puede ser más firmemente creída en una sociedad compleja que en una sociedad simple. Si un hombre encuentra verdadero al Cristianismo en Birmingham, actualmente posee más claras razones para su fe, que si lo hubiera hallado `verdadero en Mercía. Porque cuanto más complicada parece una coincidencia, menos pues de ser una coincidencia. Si caen copos de nieve con la forma exacta del corazón de Midlothian,9 9
Nombre escocés de Edimburgo. (N. del T.)
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