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PENSAMIENTOS SIN PENSADOR
PSICOTERAPIA
DESDEUNAPERSPECTIVABUDISTA
M ARK E PSTEIN
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P ENSAMIENTOS SIN PENSADOR
Introducción: llamando a la puerta de Buda
LACUESTIÓNQUEMÁSSEME pregunta guarda relación con cómo ha influido el budismo en mi labor terapéutica, cómo lo he integrado en mi trabajo. Ésta es una cuestión extraordinaria, puesto que nunca me propuse ser un «psicoterapeuta budista». Empecé a estudiar los sistemas oriental y occidental simultáneamente. Conocí a mis primeros profesores budistas aproximadamente al mismo tiempo que la teoría freudiana, viajé a India y al sudeste de Asia al tiempo que estudiaba medicina, y pasé semanas en retiro silencioso antes de atender a mi primer paciente en terapia. No se me enseñó a integrar ambos: en este asunto no he tenido verdadera elección. Teniendo en cuenta la naturaleza intensamente personal tanto de la meditación como de la psicoterapia, mis propios intentos de integrar han sido, sobre todo, privados.
Esto está muy lejos de cómo el gran psicólogo William James lo imaginó. A James le impresionó la sofisticación psicológica del budismo, y predijo que sería de una gran influencia en la psicología occidental. Una historia sobre él establece el escenario para este libro. Mientras daba una conferencia en Harvard a comienzos del siglo XX, James se detuvo de repente cuando reconoció entre su público a un monje de Sri Lanka que estaba de visita.
—Toma mi silla —se comenta que le dijo—, tú estás más pre-
parado para dar una conferencia sobre psicología que yo. Ésta es la psicología que todo el mundo estudiará dentro de veinticinco años 1
James fue uno de los primeros en apreciar la dimensión psicológica del pensamiento budista, y sin embargo, no estaba tan dotado para la profecía como para la psicología. Varios años antes, en Viena, Freud había publicado La interpretación de los sueños, y fue la psicología de Freud, no la de Buda, la que tuvo un gran impacto en Occidente a lo largo de las décadas siguientes.
En la época en la que James dio su conferencia, la influencia de la filosofía oriental estaba empezando a ser sentida entre los psicólogos occidentales. En los círculos psicoanalíticos era común el interés por el pensamiento oriental. Muchos de los primeros colegas y seguidores de Freud (entre los que se incluyen Ernest Jones, Otto Rank, Sandor Ferenczi, Franz Alexander, Lou Andreas-Salome y Carl Jung) eran conocedores de las ideas del misticismo oriental, e intentaron abordarlo desde la perspectiva psicoanalítica. Romain Rolland, autor y poeta francés, amigo de Freud, era un devoto seguidor de los profesores hindúes Ramakrishna y Vivekananda, y se involucró con Freud en una animada correspondencia sobre sus experiencias meditativas, que quedaron extensamente descritas en El malestar en la cultura. Fascinado por los informes de sus amigos, aunque un poco escéptico, Freud se esforzó por aplicar su comprensión psicoanalítica a las experiencias de Rolland. En 1930, Freud escribió:
Intentaré ahora, con tu guía, penetrar en la jungla india de la que, hasta ahora, una combinación incierta de amor helénico a la proporción, sobriedad judía y timidez filistea me han alejado. Realmente tendría que haberlo abordado antes, porque las plantas del suelo no deberían ser extrañas para mí; he cavado hasta cierta profundidad en busca de sus raíces. Pero no resulta fácil ir más allá de la propia naturaleza 2 .
INTRODUCCIÓN: LLAMANDOALASPUERTASDE BUDA
Siendo alguien que comparte con Freud estas tres características —el amor a la proporción, la sobriedad judía y la timidez filistea—, soy testigo de que ninguna de ellas hace que el método budista sea incomprensible. Freud mismo se esforzó por penetrar en la jungla india, a pesar de sus recelos. Bajo la influencia de Rolland, Freud describió el «sentimiento oceánico» como el prototipo de la experiencia mística: una sensación de unidad sin límite con el universo que busca la «restauración de un narcisismo ilimitado» y la «resurrección del desvalimiento infantil» 3 . Esta igualación de la experiencia meditativa con un retorno al pecho o al útero ha permanecido prácticamente incuestionada dentro de la comunidad psicoanalítica desde el comentario de Freud. Y si bien capta cierta verdad, no tiene en cuenta las prácticas de investigación o analíticas que más distinguen al budismo, y que más se relacionan con el método psicodinámico. Mientras que James parecía abrir la psicología a las potenciales contribuciones del planteamiento budista, Freud ciertamente la cerró. Y no lo hizo porque no estuviera dispuesto a aplicar la investigación psicoanalítica a los estados meditativos, sino por su falta de familiaridad con la meditación budista y sus contenidos.
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