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Habrá atracción de (buenas) inversiones hasta que haya competencia

Tanto los guatemaltecos decentes, como observadores financieros internacionales, tienen claro que la decadencia institucional y el pobre clima de negocios de Guatemala es una limitante infranqueable en la atracción de (buenas) inversiones en el país. Con un nivel de compromiso variable de los distintos actores sociales, siempre se tiende a hablar en términos vagos de lo que implica el mejoramiento de las instituciones y el clima de negocios. ¿Qué es lo que concretamente implica mejorar instituciones y el clima de negocios?

Como siempre, no está de más recalcar que las buenas instituciones y el buen clima de negocios no nacen por generación espontánea. Las buenas instituciones y el buen clima de negocios se construyen, tal y como se construyen las reglas que permiten el funcionamiento eficiente de los mercados. En este sentido, Guatemala no es excepcional en la urgente necesidad de construcción institucional y decisivo mejoramiento del clima de negocios. Los antiguos países comunistas también se enfrentaron a una coyuntura crítica en los años que siguieron la caída del muro de Berlín y el colapso de su padrino económico y geopolítico. Requirieron de un compromiso explícito de pasar de una economía dominada por monopolios y corrupción rampante a una economía de mercado y de Estado de Derecho. Y este compromiso solo pudo adquirir una forma concreta en instituciones promercado y Estado de Derecho gracias al “atajo” de convergencia institucional que conllevó la búsqueda de membresía de estos países a la Unión Europea (UE).

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En la introducción de su libro The Company States Keep (2013), Julia Gray describe el caso de la rápida convergencia institucional de Eslovaquia como parte de su proceso de adhesión a la UE. Posterior a la caída del comunismo, y después de haberse separado de Checoslovaquia en 1993, Eslovaquia pasó casi la totalidad de la década ignorada por inversionistas internacionales, incluso a la luz de reformas promercado y de liberalización de la economía bajo el mando del presidente autoritario Vladimír Mečiar.

Esto cambió súbitamente cuando Mečiar salió del poder en 1998 y el país inició sus negociaciones de adhesión a la UE un año después. Gray relata que, horas después de anunciar las intenciones del antiguo país comunista de buscar ser parte de la UE, el riesgo-país de su deuda soberana cayó visiblemente.

Otro caso de éxito impulsado por la convergencia institucional de la adhesión a la UE fue Polonia. En Europe’s Growth Champion (2013), Marcin Piatkowski señala que la caída del comunismo y el deseo de adhesión a la UE, para alejarse lo más rápidamente del pasado soviético, implicó el establecimiento de la democracia, derechos de propiedad fuertes, competencia robusta, política monetaria independiente y libertad de prensa. El autor también señala que uno de los factores que evitó la emergencia de una oligarquía políticamente nociva à la Putin fue la buena ejecución (esto es, competitiva) de la privatización de los activos del Estado.

No es coincidencia entonces que dos de los clubes más selectivos de economías desarrolladas y de mercado, a saber, la UE y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) requieran, como parte del proceso de adhesión y de esta convergencia institucional, marcos modernos de competencia y un récord de aplicación vigorosa. Y las razones son bastante evidentes: para la integración comercial y flujos dinámicos de capitales, los inversionistas internacionales necesitan la certeza que el país receptor no les discriminará al no castigar enérgicamente prácticas anticompetitivas de empresas locales o de los antiguos monopolios comunistas. Es difícil que una empresa de exportación de bebidas se instale en el país si sabe que está a merced de un cartel local de azúcar que sabotea importaciones más baratas. Es difícil que una empresa internacional de construcción de infraestructura se instale en el país si sabe que está a la merced downstream de las cadenas de distribución copadas abusivamente por el monopolio de cemento local.

Entonces, dentro de todo este gran proceso de búsqueda de mejoramiento institucional que ulteriormente atrae buenas inversiones, es imprescindible incorporar una política de competencia que conciba la creación de entidades con autonomía, facultades de investigación y aplicación efectiva, además de una eficaz disuasión de prácticas anticompetitivas. Y como “buenas” inversiones, se deben priorizar — si la búsqueda es verdaderamente la creación de empleos — aquellas que se alejan de sectores de bajo potencial de creación de empleo (de ratios de intensidad laboral bajos) y de concentración estructural (como la energía o las telecomunicaciones). El efecto en el empleo de un cambio de propiedad de una telefónica o de una distribuidora es virtualmente nulo y, si se trata de inversionistas financieros como fondos de capital privado, en ocasiones su objetivo explícito es reducirlos para maximizar rendimientos.

Todo esto apunta que es bastante conflictivo el hablar de atracción de inversiones, sin hablar de mejora institucional y, a la vez, es una virtual imposibilidad hablar de mejora institucional sin hablar de competencia robusta. ¿A quienes de verdad les interesa la atracción de inversiones y quienes sólo lo dicen del diente al labio?

CHRISTIAN GONZALEZ CHACÓN*

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