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Gabriela Mistral y su experiencia en Guatemala

Antes de convertirse en la primera, y hasta ahora única mujer hispanoamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura, la escritora chilena vino a Guatemala y aquí su talento fue reconocido y premiado.

Ana Lucía Mendizábal Ruiz elPeriódico

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Cuando Gabriela Mistral llegó a Guatemala en 1931 ya era una reconocida voz de las letras de Latinoamérica, sin embargo, faltaban 14 años para que se convirtiera en la primera y hasta ahora, única mujer hispanoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura.

Su llegada al país fue un gran acontecimiento. La autora chilena arribó procedente de México. Había tomado un tren que la llevó del entonces llamado Distrito Federal (hoy Ciudad de México) a Chiapas, y de Chiapas se dirigió a la frontera de Guatemala. En Tapachula, designado por el gobierno del general Jorge Ubico, fue a su encuentro Rafael Arévalo Martínez, quien era considerado como el mejor poeta guatemalteco de la época.

El Gobierno rentó un chalet a orillas del lago de Amatitlán con el fin de que ambos autores tuvieran 15 días de pláticas literarias. En el discurso pronunciado por el Embajador de Chile, Luis Felipe Artal Cajiao, en una actividad cultural reciente, refirió cómo el escritor Dante Liano afirma, en un escrito, que de las tertulias entre Mistral y Arévalo surgieron “dos obras de sólida estética escritas por Arévalo Martínez: el relato La signatura de la esfinge y el poema Balada del Amor Maduro”.

El Reconocimiento De La Usac

Sin duda alguna, uno de los momentos más relevantes de esa visita fue el otorgamiento del título Doctor Honoris Causa a la escritora chilena por parte de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Esto mostró no solo el reconocimiento con el que ya contaba la escritora, sino el grado de conocimiento y sensibilidad de la máxima casa de estudios guatemalteca.

En esa ocasión, Mistral ofreció un conmovedor discurso, en el que exaltó la cultura, la flora y la fauna del país. En uno de sus pasajes citado por el embajador Artal, la poetisa dijo: “Cuando la universidad de Guatemala, pasada la penitencia económica del momento, pueda emprender obras costosas como unos estudios largos de la raza aborigen, los grandes mayas fundamentales, denme entre ustedes sitio de cronista enamorada del asunto. Cuando la universidad de Guatemala emprenda la divulgación de su literatura en el extranjero, denme materiales y señálenme faena; cuando haga el recuento de la flora de su suelo entre la cual yo ando encandilada y queriendo aprenderlo todo, háganme llegar sus publicaciones botánicas, para que yo bien me informe y bien me aproveche”.

Los Or Genes

Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga nació el 7 de abril de 1889, en Vicuña, Chile. Fue hija de Juan Jerónimo Godoy

Villanueva, profesor y poeta de ascendencia española y de Petronila Alcayaga también descendiente de españoles. Sus abuelos paternos, oriundos de la actual región de Antofagasta, fueron Gregorio Godoy e Isabel Villanueva; y los maternos, Francisco Alcayaga Barraza y Lucía Rojas Miranda.

Por el lado de su madre, Gabriela Mistral tuvo una media hermana, Emelina Molina Alcayaga, quien fue su primera maestra y quien la introdujo a la que sería su primera vocación, la de educadora. Por el de su padre, tuvo otro medio hermano, llamado Carlos Miguel Godoy Vallejos.

Su padre abandonó el hogar cuando ella tenía tres años. A pesar de ello, Gabriela Mistral lo quiso. Además reconocía el talento de su padre y hablaba de los versos de su padre que había encontrado.

Ya habiendo sido instruida por su medio hermana, a la joven Lucila se le hizo natural comenzar a ejercer las labores docentes. Primero, a los 15 años fue nombrada ayudante en la Escuela de la Compañía Baja y un poco más adelante se desempeñó como maestra en la localidad de La Cantera. Nunca se graduó como maestra ya que no contaba con los recursos económicos para hacerlo, pero en 1910 pudo convalidar sus conocimientos en la Escuela Normal de Santiago y obtuvo el título de Profesora de Estado, lo que le permitió impartir cursos en la secundaria. Fue maestra interina de Labores, Dibujo, Higiene y Economía Domés- tica, sin embargo, los otros maestros la discriminaban por no haber hecho estudios formales y sistemáticos. Aún así, durante 11 años trabajó en Traiguén, Antofagasta, Los Andes, Punta Arenas, Temuco y Santiago. Tuvo la oportunidad de conocer la cultura y las necesidades del pueblo mapuche. A la par de su vocación magisterial emergió su talento para expresar sus pensamientos, sentimientos y pasiones a través de la escritura. Entonces, también muy joven, comenzó a colaborar con la prensa regional escribiendo tanto prosa como verso. Sus primeros textos fueron publicados primero por el diario El Coquimbo y más adelante por La voz de Elqui, de Vicuña.

As Naci Gabriela Mistral

Sus textos impactaron y comenzó a ganar fama de buena escritora. La primera ocasión en la que utilizó el seudónimo Gabriela Mistral fue para firmar la obra Los sonetos de la muerte con la que ganó los Juegos Florales de Santiago en 1914. En 1922 su visión innovadora como educadora y su pluma dieron frutos cuando el Gobierno de México la contrató para contribuir con la reforma educativa que se emprendió en ese país promovida por José Vasconcelos, quien ejercía como ministro de Educación. La primera tarea que le es asignada es dar a conocer la literatura chilena. Luego, Vasconcelos le pidió que preparara un libro de lectura para mujeres y la enrola en los trabajos de enseñanza rural e indígena.

Es precisamente en México en donde Gabriela se sintió realizada por primera vez y se convirtió en su plataforma para llevar el sentido liberador de la educación por distintos pueblos de América.

En 1922 se dio a conocer en Estados Unidos su libro Desolación, que es a criterio de muchos una obra que la consolida en el ámbito literario con mayor fuerza, y que el año pasado fue reeditado por la Biblioteca Nacional de Chile con motivo de haber cumplido 100 años de haberse lanzado.

Al volver a Chile en 1925 fue nombrada delegada del Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones. Junto con Víctor Andrés Belaúnde fundó el Instituto de la Colección de los Clásicos Iberoamericanos, que se encargaba de difundir las tradiciones de los textos franceses de los libros más representativos de Latinoamérica.

El trabajo docente fue siempre a la par de su quehacer en el campo académico.

Mientras era maestra y ocupó cargos administrativos, escribió múltiples artículos que se difundieron en América y Europa.

En ellos reflejó siempre la influencia de pensadores como Rodó y Tagore. Defendía las ideas de la enseñanza al aire libre, la consolidación de una comunidad entre el alumnado, las mamás y los obreros y se interesaba tanto en el desarrollo del niño como del adulto.

En 1924, publicó Ternura, un libro en el que practicó una novedosa poesía escolar, renovando los géneros tradicionales de la poesía infantil. En 1926 escribió el manuscrito La imagen de Cristo en la escuela, publicado por El Mercurio.

La visita que hizo a Guatemala fue una de las múltiples paradas que emprendió en 1931 por América Central y el Caribe. A partir de 1933 trabajó como cónsul de su país en ciudades de Europa y América. Su poesía fue traducida al inglés, francés, italiano, alemán y sueco

Las causas sociales, el desarrollo humano y el respeto a las culturas originarias fueron guías para la literatura creada por Mistral, quien recibió el Premio Nobel de Literatura el 10 de diciembre de 1945. En su discurso dijo: “Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza y la indirecta de las muy nobles lenguas española y portuguesa. Ambas se alegran de haber sido invitadas al convivio de la vida nórdica, toda ella asistida por su folklore y su poesía milenarias”.

A finales de ese año fue nombrada cónsul de Los Ángeles, California y compró una casa en Santa Bárbara. En 1946, escribió gran parte de Lagar que fue publicado en Chile en 1954.

En 1946, conoció a la escritora estadounidense Doris Dana, a quien se identificó de ahí en adelante como su secretaria personal y luego se convirtió en su albacea. En 1953 fue nombrada cónsul en Nueva York.

Gabriela Mistral sufría de varios problemas de salud. Tenía diabetes y problemas cardíacos. Una arterioesclerosis cerebral le ocasionaba problemas de orientación. Después de haber sufrido una seria hemorragia, ingresó al Hospital General de Hempstead en Nueva York el 29 de diciembre de 1956 y fue diagnosticada con cáncer de páncreas. Recibió la extremaunción el 2 de enero de 1957 y la bendición papal dos días después. Gabriela Mistral falleció el 10 de enero de 1957, a los 67 años.

El Legado De Gabriela

Gabriela Mistral fue una mujer polifacética, pues se desempeñó en áreas como la educación, el activismo social e incluso la música al escribir canciones para niños, destacándose Dame la mano. De su obra literaria se destacan los títulos Sonetos de la muerte (1915); Desolación (1922), Lecturas para mujeres destinadas a la enseñanza del lenguaje (1923), Ternura: Canciones de niños: rondas, canciones de la tierra, estaciones, religiosas, otras canciones de cuna (1923), Nubes blancas: poesías, La oración de la maestra Tala (1938), Antología (1941), Los sonetos de la muerte y otros poemas elegíacos (1952). Lagar (1954), Recados, contando a Chile (1957).

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