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LOS MATERIALES DE LA DECORACIÓN DEL TEMPLO FUERON TRAÍDOS DE ITALIA, ALEMANIA Y ESPAÑA.
Un recuerdo imborrable en nuestra memoria es el proceso de construcción y de inauguración del Santuario Expiatorio al Sagrado Corazón de Jesús. De acuerdo con los datos con los que contamos, el costo de la obra fue de Q410 mil. Y los ingresos fueron de Q222 mil, recaudados por los salesianos y los feligreses. He visto en los diversos pilares y columnas del Santuario, unas plaquetas plateadas y negras que recuerdan las contribuciones de personas y familias pudientes que colaboraron con sumas importantes. Faltaban Q188 mil que bien pudieron ser alcanzadas con estos aportes y planteo la hipótesis que el visionario industrial, Carlos Federico Novella Klee, para entonces asesor de sus hijos propietarios de la fábrica de cemento Novella, contribuyera con el cemento que la obra necesitaba para cubrir la brecha financiera. La inauguración ocurrió el 14 de agosto de 1963, un día antes de la celebración de la virgen de la Asunción, patrona de la Nueva Guatemala de la Asunción. Del Santuario, según Villacorta, “la descomunal construcción para su época, joya de la arquitectura guatemalteca, es un referente histórico que fue un heraldo que anunciaba los nuevos aires que estaba tomando el catolicismo en los días del concilio vaticano segundo y, no es casualidad, que en la primera visita de Juan Pablo II fuera sede de una importante reunión”. Del Ingeniero civil, Ivo Danilo Zamboni Chang, exalumno salesiano, compañero y amigo mío de toda la vida, recibí los siguientes comentarios: 1) El viacrucis tiene algo especial y es que la cruz lo recorre todo horizontalmente, como un enlace mágico, entre los diferentes estaciones... los soldados romanos ataviados con vistosos trajes que un solo cuerpo cubre dos estaciones. 2) El altar tiene muro guardián curvo como respaldo, de altura variable, que forrado de mármol negro le sirve marco para contrastar a los esculpidos discípulos y a Jesús. 3) El Santuario visto en desde el aire tiene forma de pez, visto lateralmente también y la cola está conforma por el muro del campanario, todo el exterior tiene un juego de texturas impresionantes, donde sobresalen las partes negras logradas con mosaicos irregulares de obsidiana... fachaletas de mármol amarillentas, piedras calizas y cernidos lisos. 4) Otro detalle importante es que el diseñador repite el corazón como adorno, en los muros y en las bancas, pero con las cuatro cavidades remarcadas y muy artísticas.
ESTAS NUEVAS PÍLDORAS YA SE FABRICAN EN SERIE Y CONTIENEN
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De todas las promesas globales de desarrollo que vamos camino de incumplir para el 2030, una de las más trágicas y exasperantes es nuestro limitado progreso para acabar con la malnutrición en el mundo, ya que lograr una reducción drástica del hambre está a nuestro alcance.
Medimos la desnutrición crónica en el llamado retraso del crecimiento, lo que significa que los niños que están crónicamente desnutridos son mucho más pequeños que sus pares de la misma edad.
El mundo rico ha reducido el retraso en el crecimiento a niveles muy bajos y China ha conseguido alcanzar los niveles de los países ricos en los últimos 30 años. El retraso en el crecimiento se ha reducido casi a la mitad desde 1990, pero en todo el mundo uno de cada cinco niños sigue padeciéndolo. El Banco Mundial estima que en Guatemala el 46.7% de los niños menores de cinco años sufría retraso en el crecimiento en 2015. En todo el mundo, el retraso en el crecimiento disminuye las posibilidades de supervivencia de los niños y 2.7 millones mueren cada año por desnutrición. Los niños con retraso en el crecimiento también se desarrollan peor, son menos productivos y generan menores ingresos a lo largo de toda su vida. En total, los economistas calculan que el costo mundial anual de la malnutrición asciende a 1 billón de dólares.
Este año nos encontramos en la mitad del plazo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que incluyen promesas sobre nutrición y todo lo demás para 2030. Sin embargo, estamos lejos de la mitad del camino. Basándonos en las tendencias anteriores al COVID-19, sólo alcanzaremos el objetivo de hambre cero en el año 2116, con 86 años de retraso.
Este fracaso global es lo que ha motivado a mi grupo de reflexión, el Copenhagen Consensus Center, a trabajar con algunos de los mejores economistas del mundo para identificar qué promesas deben priorizarse para lograr el mayor impacto.
Una nueva investigación, revisada por pares, muestra que uno de los enfoques más inteligentes para abordar la desnutrición es centrarse en las mujeres embarazadas. Por un costo mínimo, se les pueden suministrar micronutrientes que alimentarán mejor al feto en crecimiento y evitarán la malnutrición posterior.