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El engaño político distorsiona la democracia
La democracia atraviesa por un serio problema en la mayor parte del mundo, en buena medida, por la actitud de los políticos, que tratan de ganar las elecciones por medio del engaño y luego no trabajan a favor del país, olvidando la vieja frase de Abraham Lincoln, quien dijo que los gobiernos deben ser del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, un principio que se irrespeta muchísimo en nuestro medio.
Estamos ya en el año electoral y pronto se hará la convocatoria para las elecciones generales, pero en medio de un ambiente en el que la clase política ha perdido la credibilidad, precisamente porque no se trabaja a favor del pueblo y, por el contrario, se ha creado un sistema político en el que los únicos ganadores son los grupos que se hacen del poder cada cuatro años.
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La corrupción y la impunidad han sustituido al trabajo serio y responsable a favor del país. Son contadas las excepciones de quienes entienden que el servidor público debe ser eso: servidor del pueblo. En cambio, se piensa en la política no para promover cambios y mejoras, sino como el medio para ingresar en el mundo de los nuevos ricos, cuya lista se engruesa con cada gobierno.
El desgaste de la democracia es tan grande que solamente un 35% de los guatemaltecos la considera importante como sistema político, en buena medida, porque hay un sentimiento de que no ha resuelto los graves problemas socioeconómicos existentes, no ha provocado desarrollo integral y, por el contrario, muestra una enorme disfuncionalidad.
Si el deterioro ha sido paulatino, es en los últimos seis años cuando se ha visto lo peor, puesto que esa clase política de turno ha llevado a cabo un brutal asalto institucional, convirtiendo la democracia en una fachada que se presenta como auténtica, simple y sencillamente porque cada cuatro años realizamos elecciones generales, por cierto, cada vez más distorsionadas.
Los partidos políticos, que debieran ser instrumentos para fortalecer la participación ciudadana y promover la vida democrática, trabajan apenas en funcionar como vehículos electoreros, aprovechados por mafias, narcotráfico y grupos de poder, que intentan colocar en puestos de influencia a personas al servicio de sus intereses.