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En las urnas o en la plaza
La democracia guatemalteca va a morir debido a nuestra desconfianza en nuestras instituciones públicas y entre nosotros mismos y a nuestro temor a decir lo que realmente pensamos y sentimos sobre la política nacional. Estamos tan mal, que una mayoría de los adultos guatemaltecos confían más en las fuerzas armadas de los Estados Unidos de América y en las compañías internacionales que en las nacionales (Latinobarómetro, 2020). Pero esto no es nuestra culpa, sino de quienes han convertido a la política nacional en un mercado en dónde el dinero y se ha convertido en la principal motivación. Y, aunque a la mayoría de nosotros no nos gusta hablar o pensar sobre la política, tampoco estamos ciegos ante lo que pasa. La película de la creciente corrupción de nuestro liderazgo público y privado aparece en todos los índices internacionales sobre libertad, democracia y derechos humanos en Guatemala, sin importar su perspectiva ideológica. Y, esta creciente percepción de corrupción nos está alejado de los valores y prácticas necesarias para mantener una democracia funcional. Lamentablemente estamos confundiendo a la corrupción pública y diaria con la democracia.
El voto parece ser la solución más viable para sacar a los corruptos de su silla. Es la única institución democrática que creemos que es buena y que puede generar un cambio para bien en nuestro país (Latinobarómetro, 2020). Son unos pocos radicales quienes no creen en la democracia, pero todavía hay una mayoría que creen que ella es el mejor tipo de gobierno. La democracia, más allá de sus resultados, se basa en el respeto a los intereses de todos, a la libertad de hablar, pensar y sentir, a la discusión honesta de nuestros problemas y a la humildad de reconocer que no siempre tenemos la razón y de qué, si la tenemos, no es para siempre. Muchos creemos en esto a pesar de que corruptos y corruptores siguen tratando de nublarnos la mirada. Y el voto es nuestra primera arma (Latinobarómetro, 2020). Por eso, este año, votemos por aquellos candidatos quienes de nos aseguren públicamente que van a depurar a las instituciones públicas afectadas por la corrupción. Votemos por quien sea honesto con respecto a sus financistas porque, finalmente, los intereses de todos son igualmente honorables y no deben esconderse, a menos de que sean criminales. Demandemos que el debate público sea honesto, sigamos a nuestra cabeza y no a nuestro corazón. No vamos hacia atrás si reconocemos que nuestro voto e intereses son valiosos y que en las urnas o en la plaza nuestras demandas deben ser atendidas.
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Danilo Parrinello
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