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La batalla por desprestigiar sin la verdad
Se viven días aciagos en Guatemala. El sistema de justicia evidencia falta de independencia, la institucionalidad se ha desquebrajado y, para colmo de males, el proceso electoral que se lleva a cabo no se presenta como vía de escape para retomar el camino de la democracia, la justicia y la libertad.
Hemos venido advirtiendo sobre la forma en que se prepara el inicio del juicio en contra del periodista José Rubén Zamora, a quien el sistema político corrupto y sus aliados pretenden presentar como una muestra del castigo ejemplar que se puede dar a quienes combaten la corrupción o defienden las libertades tal y como las contempla y garantiza la Constitución de la República.
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Desde un inicio se han observado irregularidades, tales como irrespeto a la presunción de inocencia, acoso a testigos y abogados de la defensa, intimidación al entorno del acusado, encarcelamiento en condiciones deplorables, muy diferentes a las de otros reos en prisión preventiva, así como la investigación sesgada, con evidente intención de obstruir la auténtica aplicación de la justicia.
Tal como era de esperarse, siguiendo la estrategia oficialista, los netcenters que operan las organizaciones aliadas, con la
Fundación Contra el Terrorismo (fundaterror) a la cabeza, se dedican a lanzar una serie de ataques en las redes sociales, con el fin de crear confusión y desinformación en torno al caso. Creen que sus mentiras y ataques repetidos una y mil veces, se pueden convertir en verdades.
Estos oscuros personajes, que pretenden intimidar y presentarse como paladines de la libertad y la justicia, no hacen más que evidenciar sus nexos con el oficialismo y se muestran como parte del sistema, al extremo de tener información que, con un Ministerio Público (MP) independiente, nunca se podría filtrar como sucede con ellos. Lo bueno es que, sin máscara, se puede entender que el MP, tribunales y fundaterror, se han convertido en la trinca infernal que actúa como en la época de la inquisición, cuando el derecho de defensa era prácticamente inexistente para aquellos que caían en sus poderosas e injustas manos.
La campaña de desprestigio en contra de Zamora Marroquín, sus abogados y entorno profesional, familiar y de amistades ya ha principiado.Lostuitsconmensajesmanipuladoresytergiversadosestánalaordendeldía.
EN TEMAS AMBIENTALES Y POLÍTICOS, MUCHAS PERSONAS SUELEN HACER COMO EL AVESTRUZ, PREFIEREN
METER LA CABEZA BAJO LA TIERRA Y NO VER LO QUE LES AMENAZA.
Correr o caminar en medio de árboles o en una playa puede ser un ejercicio no solamente bueno para el cuerpo, sino también para la mente. Es relajante, estimulante y placentero. Sin embargo, hacerlo en la ciudad es muy diferente, pues desde la madrugada, por todas partes, se siente el smog de los vehículos, desaparece el canto de las aves y el ambiente se vuelve más bien asfixiante.
Hace años debió entrar en vigor el control de emisiones para vehículos, pero por intereses particulares esa disposición se ha ido retrasando, lo mismo que la prohibición de uso de plásticos desechables. Las autoridades prefieren ver para otro lado en vez de hacer lo que tienen que hacer, aunque la contaminación vaya en aumento.
Hay muchos estudios que muestran la destrucción que provoca el ser humano en el ambiente. Aunque sabemos el daño que causan a las especies marinas las enormes cantidades de desechos sólidos que llegan a ríos y mares, ni siquiera se imponen controles mínimos. Ni autoridades ni ciudadanía reaccionan ante lo que sucede.
Pasó el Día de la Tierra y nosotros apenas si lo conmemoramos.
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Los alcaldes –desde Quiñónez, hasta el del municipio más pequeño–, prefieren hacerse de la vista gorda, porque saben que hacer lo que deben no consigue votos y, en cambio, si ganan poderosos enemigos. Por eso prefieren dedicarse a obras cosméticas, en vez de atender los problemas de fondo.
De esa cuenta, vemos que lagos, ríos y océanos reciben una gigantesca contaminación que parte de las comunidades y ciudades. Es tan vergonzoso el papel de las autoridades –municipales y centrales–, que uno de nuestros ríos, el Motagua, atiborra con desechos sólidos las playas de Omoa, en Honduras.
Aunque es triste reconocerlo, de las autoridades no extraña, pero la ciudadanía debiera exigir que todo esto cambiara y se actuara de manera consecuente. En vez de eso aceptamos dócilmente que el ministerio de Ambiente no sirva para nada y poco se dice al respecto. No es solo con este gobierno, así ha sido casi con todos.
Y si en el tema ambiental predomina la indiferencia, ignorancia y falta de voluntad, exactamente lo mismo sucede en la política. Estamos ahora mismo en medio de una crisis institucional sin precedentes –todas las instituciones cooptadas–, y la ciudadanía apenas da muestras de su malestar a nivel de algunas organizaciones y en las redes sociales, pero nada que sea significativo.
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