Maracay, Sábado 3 de diciembre de 2011
Crónicas del Olvido
Bolívar y Cristo en el diván
(Donde la majadería de El Quijote es más terrenal)
-ALBERTO HERNÁNDEZ-
De aquel caballero quedan las proclamas y las imágenes que consagran una nacionalidad, pero también están los despojos de su tristeza, la verba de su desagrado por lo que ha hecho la historia con su nombre. De aquel caballero quedan sus pequeñas botas en Caracas, como el recuerdo del rocín de Don Quijote en La Mancha 1.-
U
n psiquiatra es un trastornado que tiene en la locura su mejor insumo. Revela la inextricable vociferación del extravío y hasta llega a ser parte de esa travesía. Los personajes de carne y hueso, esos que la historia dejó atrás en cuerpo mas no en alma (Pancho Herrera Luque respira), tienen en algunos contemporáneos aliados ineficaces. Por ejemplo, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, que no se quedó fuera de la imaginación, ha sido convertido en un tipo muy serio. Suerte
de santón para algunos que, por su condición de mundano, fue trocado en intocable. A menos que me concentre en su mundanalidad, no me queda otra salida que alternar con su memoria o desmemoria. A Simón Antonio le gustaban las mujeres bonitas, el buen vivir, las juergas y el bon vino. Escribió sobre guerras y política y logró lo que ya todos sabemos. Fue un liberador, un libertador. Un día dijo -con la soberbia de su lengua- que él, Cristo y el Quijote eran los más grandes majaderos de la historia. Cierto, si no aparecen otros mucho más que ellos tres. Ese Bolívar, el que registraba travesuras y creaba imágenes en las que aparecía
como protagonista, cae muy bien porque muestra al verdadero ser humano. No al de las proclamas. Porque se pone ampuloso, arrogante, marcial. Con razón cuando las leen en voz alta aparece un locutor romántico y casi en trance. Cualquiera escribe una proclama. El Bolívar de Manuelita es un tipazo. El tuberculoso, porque entendió que la muerte abriría un compás nuevo en la tierra que sus enemigos dividieron. El Bolívar de aquel romanticismo tardío de siempre en América. La fiebre de la gloria. 2.-
El Bolívar que conocemos es el de las estatuas, sucio de desechos de palomas y asolea-
do. Es el mismo que nos ofrecen en la escuela, el mismo que recibe flores y coronas de muertos. Por eso es que los que han mandado en nombre de él nos tienen atrapados en una dicotomía. Suerte de amor-odio por el tipo que tanto nos dio y pudo haber dado. Majadero, como Cristo y Don Quijote, Simón Bolívar ha sido llevado al diván de los psiquiatras. Herrera Luque lo analizó en carne y hueso y lo descubrió en sus fantasmas y miserias, virtudes y belleza interior. Llevado al consultorio, ese Bolívar, el que amamos y negamos a veces gracias a los excesos de quienes respiran desde él a través de una nueva revisión de su biografía, necesita ser confrontado con su obra, no con la de los que se avienen a ser los tutores de lo que hizo, porque así se siente. Los hombres que han alcanzado el poder, de alguna manera, creen que Bolívar ambula por los pasillos del país. Es decir, el hombrecito de Caracas y San Mateo, el grande de América, no tuvo a juicio de ciertos cronistas del despilfarro- conciencia ciudadana, no tuvo civilidad. Se olvidan del hombre, del verdadero, del que se reconocía perturbado por sus nacionales civiles, por sus sueños truncados, por la falta de felicidad de sus pueblos. Hoy, es necesario desvestirlo, verle sus enfermedades, sus errores, sus virtudes. 3.-
Hoy, digo, Cristo, el Jesús
hijo del carpintero, es colocado como parte de la osadía de los más antiguos procederes humanos. Esta contradicción es propia de quienes se sacuden el polvo de los sepulcros. Los majaderos como Cristo, Bolívar y Don Quijote pertenecen a otro espacio. Deshuesar a Bolívar, desde su carnalización, debe ser parte de la labor de los venezolanos. Desnudarlo para saberlo nuestro. No hacerlo un tótem, como siempre lo hemos criticado. Ese Bolívar se torna odioso, el convertido en culto broncíneo. Y digo esto porque Bolívar murió quejándose de los crímenes de algunos de sus compatriotas. Pidió la unidad de su pueblo. Colocarlo a él y a Cristo en un diván representa el símil de la locura de quienes lo empujan a vivir en un eterno manicomio. Don Quijote no nos altera porque su majadería estaba muy cerca de la alucinación, de una demencia deliciosa sólo prescrita por Sancho. ¿Qué habría pasado si Sucre no es asesinado? Probablemente habría montado el borrico del compañero de Quijano. A Bolívar le faltó más realidad, menos Chimborazo, menos alucinación. El Jesús que hablaba con Dios era asaltado por la luminosidad, por esa locura celestial que hombre alguno conocido haya experimentado con tanto gozo y dolor. Y Bolívar, tan de carne y hueso, fue atrapado por una enfermedad cínica: la eternidad. He allí parte de la porfía de la historia.
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Héctor Piñango el maestro Tucuso
Salvador Rodríguez Su nacimiento llegó con la cálida brisa agosteña. Este sancasimireño vino al mundo el 12 de agosto de 1953. Si preguntan por Héctor José Piñango de seguro le dirán que no saben quien es. En cambio, si solicitan al maestro Tucuso le responderán que vive en El Pasaje La Bomba. Su sobrenombre vino, envuelto en el vozarrón que le pegó Miguel a Antonia: "Antoniaaaaa ¿le diste el agua de azúcar al tucuso?". Y así eran todas las tardes cuando Miguel regresaba, muy cansado por cierto, de Monte Oscuro donde tenía una pulpería. Del muchacho, con el tiempo nadie recordaría su nombre sino para las cosas más elementales de la vida: la presentación en el registro civil, la boleta de control en el dispensario, la inscripción en la escuela y un poco más grande la cédula de identidad. Después de este calvario burocrático para ser "un buen ciudadano" siguieron los vecinos llamándolo Tucuso y así hasta el sol de hoy. Por esta huella administrativa se sabe que sus padres fueron: Miguel Valero Requena y Antonia Piñango. Sus abuelos paternos: Antonio Valero y Francisca Requena; y su bisabuelo fue don Rodulfo Requena, rico hacendado nacido en Taguay, que se estableció en San Casimiro donde llegó a ser dueño de la trilla (la de Rafael Ángel Acosta), de la casa de María Esther Manzo, de dos haciendas en El Negrito con grandes producciones de café y más de 3.000 cabezas de ganado vacuno. Rodulfo fue Vicepresidente en 1899 (el primero en la historia) del Concejo Municipal cuando San Casimiro fue elevado a Distrito. Fue el primer luthier que hubo en San Casimiro y gran arpista que en época de la recogida del café les tocaba a los peones que traía del Guárico. De este bisabuelo y sus tíos Fernando, Julián y Domingo le viene la vena musical del maestro Tucuso. Igualmente de su madre Antonia quien tocaba la armó-
nica. Cuenta el maestro Tucuso que su primer cuatro lo compró por 3 bolívares al comerciante don Pedro Requena y lo aprendió a tocar con solo mirar a Oswaldo Boullón cuando éste tenía amores con su prima Josefina Piñango. En 1970, fundó la agrupación Sabor Navideño donde participaban como vocalistas: Dulce Alvis, hermanas Ortega, Lucila y Anita Alvis, Ana Boullón, y sus hermanas, Luisa Rojas, Jaquelín Requena e Ivanova Rondón que ganó como premio una bolsa de caramelos en El Parque del Este con el tema El Burrito Sabanero. En la secundaria integró la agrupación Juventud Liceísta donde tocaba el cuatro y el güiro. Siendo mayor de edad participó en El Sexteto Carutico; formado por Adilio Ochoa, Rafael Ochoa, Pedro Ochoa, José Rafael Reina (bajo
y guitarra) y dirigía Oswaldo Chaparro quien sería conocido como El Cantaclaro de Aragua, gracias a José Romero Bello. Muchos años participó Héctor y Sabor Navideño en el siempre recordado Festival Navideño que se celebraba en los alrededores de la plaza Bolívar. Alfredo Piñango, exalcalde de San Casimiro, apostilla que su primo Tucuso es buen compositor, ya que himnos y canciones escolares han surgido de la imaginación de este maestro de notable vocación. Del himno del núcleo escolar rural 42 podríamos citar el coro y una estrofa como evidencia de lo afirmado por el exburgomaestre. El coro dice así: "Somos todos unidos, unidos / aunque dispersos nos encontremos/ laboramos día a día/ con tesón, amor y lealtad". Una de las 3 estrofas pre-
ceptúa la razón de ser del maestro rural al decir: "Vocación para el servicio/ vocación para enseñar/ vocación para el trabajo/ vocación para educar". Igualmente Héctor Piñango tiene letra y música de canciones infantiles, como La Gallina, que en sus ratos de recreo los niños y niñas de la histórica comunidad de Guambra entonaban cuando el gentil maestro los dirigía armoniosamente. Héctor José Piñango, el maestro Tucuso ingresó al magisterio en 1974. Estuvo en la nómina de la Secretaría de Educación de la Gobernación del Estado Aragua por 27 años ininterrumpidamente en la Guambra de sus recuerdos, de sus niños y niñas, que siempre nombra con vehemencia. El maestro Piñango trae de sus recuerdos muchas anécdotas, que de todas nos suelta una
que él considera muy buena. Tucuso tenía 5 años de maestro y un buen día una estudiante le dice: "Maestro, Luis le dijo una grosería. Al rato el maestro se acercó al muchacho y le dio un coscorrón. En ese momento el padre del muchacho pasaba frente al colegio y le dijo al maestro Piñango, no me le pegue por la cabeza, agarre este machete y me le da un planazo, ya que Luis se va a poner más loco de lo que está". Hoy el maestro Tucuso es un hombre lento. No Paul Rayment, fotógrafo profesional, que pierde una pierna en un accidente de bicicleta, como lo describe J M Coetzee (premio Nobel de Literatura, 2003) en su obra Hombre Lento. Es lento porque fueron muchas caminatas de Güiripa a Guambra que lo regresaron a sus primeros pasos de 1954.
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Maracay, Sábado 3 de diciembre de 2011
Diario de un llanero
Refranes en la obra de Antonio José Torrealba
OLDMAN BOTELLO Antonio José Torrealba Osto nació en Cunaviche, municipio Pedro Camejo del estado Apure, el 3 de septiembre de 1883, hijo de don Antonio José Torrealba y Josefa Vinicia Osto, india otomaca que murió muy joven dejando dos hijos, Evaristo y Antonio José de seis meses de edad. (Colmenares, 1987: xxiv) Murió a los 66 años, en la misma población bajoapureña, el 14 de julio de 1949, de diabetes, después de haber estado tres días en el monte comiendo miel de aricas. Su vida fue la de un llanero cabal. Desde pequeño participó en las rudas faenas del campo. Adulto fue dueño del fundo Santa Rita de Hurtaleño que según es fama le fue despojado en 1922 por interpuesta persona, por el ex-presidente de Apure, general Vincencio Pérez Soto. En el tiempo que le permitía el trabajo de llano, Antonio José Torrealba adquirió libros de diversa índole, los leyó, asimiló el contenido y se fue formando a trancas y barrancas, atesorando un bagaje cultural que le permitiría escribir en unos libretones sus narraciones a las que llamó Diario de un llanero, textos que sus familiares entregaron para su estudio al maestro Ángel Rosenblat en 1949, seis meses después del fallecimiento de Torrealba, permaneciendo inéditos en el Instituto de Filología "Andrés Bello" hasta 1987, gracias al esfuerzo de Edgar Colmenares del Valle, apureño, profesor de la UCV y hoy académico de la lengua. También fue publicado Azabache, una narración dedicada a su caballo de igual nombre. EL DIARIO DE UN LLANERO Es un libro en seis volúmenes integrados a partir de los llamados libretones que dejó escritos Torrealba y que obraban en poder de su familia en Apure hasta cuando se los llevó a Caracas el profesor Rosenblat. En una tarea paciente,
Edgar Colmenares del Valle los tomó, leyó, reconstruyó lo que había que reconstruir incluyendo un material que no estaba en estos libretones y que obtuvo aparte; acomodó el idioma donde pareció que debía hacerlo y estudió en profundidad lo que allí se decía, de la vida real o de la ficción. Como él mismo lo afirma: [...] es expresión de una configuración narrativa episódica contaminada, en cierta forma, de épica, de crónica, de leyenda, de historia regional y hasta del sentido de una estructura novelesca abierta". (Colmenares, ibídem: xlvi) En efecto, allí hemos conseguido historia regional y crónica, además de la ficción, de la integración de versos clásicos y coplas populares y las de elaboración propia, como también historia regional y crónica, como nos resalta patéticamente en la narración de los sucesos acaecidos en el fundo Los Cañitos, dentro de la gran posesión La Candelaria, la noche del 29 de junio de 1931, cuando el hato era propiedad del general Juan Vicente Gómez y administrador del mismo el titulado coronel Miguel Poveda (su hijo del mismo nombre nos refirió que su padre, tachirense, nunca peleó en la guerra, pero le decían coronel) y en la cual fue muerto a tiros y cuchilladas el teniente también tachirense
Anastasio Cárdenas Zurita, por clases y soldados encabezados por el sargento Sabino Natera que desconocieron su autoridad y luego huyeron vía al hato Merecure, asaltándolo, para encontrar la muerte más adelante. Fue Torrealba protagonista de los sucesos que narra, de la manera más curiosa, por teléfono desde San Fernando de Apure a La Candelaria. También en el mismo volumen que comentamos, el número 5, encontramos referencias a las acciones del coronel Alejandro Avendaño, el general Manotano, el general Lino Esqueda; general don Nieves Maica y Genaro Maica y don Bonifacio Velásquez, asesinado por un antiguo peón suyo, soldado en las tropas al mando del doctor Roberto Vargas y de Emilio Arévalo Cedeño, entre otros que fueron a pelear al médano de La Ceniza. En el libro también hay importantes menciones de la vida de un hato, las faenas llaneras, costumbres y tradiciones, la flora, la fauna. La importancia del caballo para el hombre de la sabana y a quien considera casi un familiar; la caza del caimán, las yerbas medicinales y las que matan, los manatíes, los caribes, culebras de agua, los tembladores y su ecología. Personajes que existirán en Doña Bárbara, quiénes eran en la vida real -comenzando por el mismo Torrealba-; los múltiples refranes que nos dan un consejo, un alerta, presentan un estado de ánimo, una humorada, a veces una gruesa forma de decir las cosas. Expresiones del habla común llanera, rústicas unas, filosóficas y hondas otras. LOS REFRANES Y LOS DICHOS Dice el autor español Gregorio Doval en una importante obra suya: [...] El ser humano no sólo habla; fundamentalmente lo que hace es expresarse; expresa sus emociones, sus sentimientos, sus deseos, sus necesidades o sus ignorancias, y para ello se sirve del lenguaje que a
veces son corsés demasiado poco flexibles para matizar convenientemente la complejidad de nuestros mensajes [...] El habla popular no se recata y vive a su propio aire". (Doval, 1995: x) El Diccionario de la Real Academia Española tiene como acepción de la palabra refrán: "Dicho agudo y sentencioso de uso común". (DRAE, 2002 (9): 1307) En sus Catilinarias, don Juan Montalvo escribió acerca de los refranes: "Los refranes son advertencias preñadas en sabiduría: el vulgo es el príncipe de los filósofos (Montalvo, 2007: 89) Ha sido muy utilizado el refrán como fórmula de conversación en todos los tiempos de la humanidad. Cervantes en su Quijote aporta buena porción de ellos, de todos los tipos, usos y colores. En Venezuela ha habido Jefes del Estado que lo usan para hacer más gráficas sus palabras. Guzmán Blanco dijo de Venezuela que era "como un cuero seco, que lo pisaban por un lado y se levantaba por el otro". Del general Crespo se recuerda que en una carta para el general Guzmán Blanco le dice que le enviaba a un llanero, el general Juan Carlos Loreto, para jefe de su guardia personal, pero como no conoce nada de Caracas ni a los caraqueños, le recomienda: "condúzcalo por la falsa rienda hasta que coja los golpes caraqueños". (Botello, 1997: 5) Del general Gómez es fama que le soltó en su despacho de Miraflores al general Román Delgado Chalbaud: "Qué culpa tiene la estaca si el sapo brinca y se ensarta". Son conocidos también los refranes que utilizó el fallecido presidente Luís Herrera Campins (1926-2007) y utiliza el actual Hugo Chávez Frías, llaneros ambos, uno de Portuguesa y el otro barinés. Y son innumerables las cartas y telegramas del general Vincencio Pérez Soto, presidente del estado Apure entre 1915 y 1918, al general Gómez, su superior inmediato, en las que deja colar los refranes usuales en su
conversación. Como cuando para significar la mala conducción en la persecución de guerrilleros antigomecistas, cierto general "está fallando como motor maluco"; y este otro, cuando le informa al general Gómez que esperaba a Arévalo Cedeño para combatirlo y "aquí le tengo el pan para la mantequilla". O el general Pedro Zaraza, que en vísperas del combate contra el coronel Boves en Urica, dicen que dijo: "¡O se rompe la zaraza o se acaba la bovera!" y se acabó Boves el 7 de diciembre de 1814, porque Zaraza le metió la lanza en el pecho, cuchareado a la manera de los lanceros del llano, afincando el cabo de la lanza en el estribo para asegurar el bote de la muerte. Del registro que hemos hecho, observamos que Torrealba aplica los refranes de manera contundente para sentenciar, prevenir, aconsejar, advertir. Como aquel equivalente al quien la hace la paga, diciendo "Él la ha hecho flaca y la va a pagar gorda". Previniendo, como "en donde hay tigre no se ronca" o expresiones de más alto calibre: "Cuando el culo quiere látigo, se sienta en el mandador". O frases históricas insólitas como la de "Vas a tener la de Páez en Los Araguatos", que alude a la batalla que en este mismo llano apureño perdió el caudillo llanero con su amigo, compadre y ex-subalterno José Cornelio Muñoz en 1848. Cada refrán tiene su destino preciso a lo largo de los seis volúmenes que comportan la obra. ALGUNOS REFRANES LLANEROS 1) Él la ha hecho flaca y la va a pagar gorda (página 58) 2) Pare o pone; o deja el nido o bota la cluequera (p. 59) 3) Al que madruga se le duerme atrás de la puerta (69) 4) El día que se desenredó la marrana (69) 5) Le caerá la troja encima (77) 6) Aprendí a darles por donde es que se mueren (80) 7) Peló los dientes como burro cuando huele orín (183) 8) Cuando el culo quiere látigo, se sienta en el mandador (185) 9) Si Dios no me estaca el cuero (203)
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Maracay, Sábado 3 de diciembre de 2011
Canto Abrazado EZEQUIEL PIÑERO Frailejón Llega la noche Abrigando la ternura El tierno respira, donde beso tu mejilla Que sabe a durazno En la suavidad de tus labios. Maracaya Así estás Como estampa en la historia Concreta barro y espíritu indígena Contemporánea e infantil madurez Frente a un café de ancestros y rituales viejos. Antropología A Lenin Linares
La hermosura de tus labios se quedó conmigo Y la suavidad de tu espalda me embriagó Para tenerte presente en mi amor antropológico
Miraflores ¿Qué carajo pasó con la muerte de Delgado Chalbaud? Mis oídos tiemblan de rabia La historia me contiene Toda sospecha trae desprecio Mujer con Vestido Vi la mirada más triste esta tarde Sentada ante la mirada de los demás Esta mirada cansada con hambre de hambre Y la piel pegada a los huesos Mirada baja, migaja de pan sin dientes Mirada de encrucijada a pleno sol Sin hablar, sin decir nada y la impotencia mal tragada Mirada para escribirte y no volver a mirarte Cobarde mirada la mía. Merienda Pájaros nocturnos Dejan los restos de una comedura de mangos Cada uno o una a su estilo, no lo sé. Sospecho que se toparon con el sueño Después de saborear el hilacho fruto Ante las miradas vespertinas Comienza otra historia En plena madrugada Camino a Santa Cruz Siempre se despide Y no dice nada Siempre me dice Cuídate mucho Y no pasa nada Ahí fue donde me dio risa. Jazziando La melodía como una escalada de amor, Como tenencia en el alma La melodía para enamorar en el sitio estacionado La melodía para el amanecer sin frontera en el corazón La melodía para el amante sin sosiego Así te describo amante mujer.
Vendedora
Salto las aceras Y te encuentro acelerada Sumida en la nostalgia Corriendo, Besando el poste frío, dibujando sonrisas Todo desciende Y tú allí, con tu mascara de cera
Para la flaca Andi
Porque sé que todo Pasa Porque sé que el tiempo Enseña Porque sé que el amor también Se viste de demonio Porque entiendo lo sublime De una mirada Porque sé que algún día Brillarán los ojos entre las nubes En fin… para que en la edad No haya temor
Canto Abrazado
A mi sobrino Romel Como la sombra de un buen día y la sonrisa izada desde lejos La golondrina voló anunciando la lluvia El vuelo se corto de pronto Quiso detenerse a mirar entre las ramas buscando cobijo a tiempo Sintió en la madrugada la sombra, el llamado de una naturaleza hostil Al regresar quedo el silencio y el amargo trago de un adiós sin despedida Las aletas surcaban los aires en compañía de otras aves migratorias Al cruzar los senderos ya no era el mismo cielo azul, la misma agua, el mismo silencio En la vereda el susto acompañó el enfrentamiento No pudo más Como un puñado de cayenas entre las manos La rabia y la zozobra se apoderaron de tu grito de niño Brotando el dolor de las heridas con tus ojos bien abiertos Al verte diminuto adolescente de sonrisa esplendida no te lloré El canto estuvo ahí abrazado con el tuyo Escribo hoy para pensarte siempre