Suplemento Cultural Contenido 07-07-12

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Maracay, Sábado 7 de julio de 2012

Crónicas del Olvido

La antología presunta de Eduardo Llanos -ALBERTO HERNÁNDEZ1.-

U

na palabra se afilia a la conversación con el poeta chileno Eduardo Llanos Melussa: ironía, la que hace más evidente una inteligencia sutil. Podríamos afirmar que se trata de una ironía expresamente pedagógica cuando se entabla relación directa con el poeta. Es un poeta casi inédito para los lectores del resto del continente, "descubierto" a través de Antología presunta (1976-2002), publicada en 2003 por el Fondo de Cultura Económica, en la Colección Poetas chilenos/ Tierra firme. Libro donde aparece el poemario Contradiccionario (1983), muy celebrado por los poetas Gonzalo Rojas y Enrique Lihn. El lector se preguntará por qué una antología "presunta". La respuesta nos la ofrece Niall Binns, quien abre el tomo con un prólogo enjundioso donde destaca el carácter de inéditos de los poemarios, excepto, precisamente, el ya mencionado Contradiccionario. Por supuesto, el trabajo de armar el libro fue labor del mismo autor, lo que hace más presunta la antología, toda vez que los libros permanecían guardados en un secreto tránsito de acomodo al mundo. Pero también porque se trata, como señala en un texto inicial, del fondo contradictorio de su autor. De allí la inteligencia sutil (la sutileza es fina revelación en muy pocos autores) de Llanos Melussa que, gracias al X Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo 2012, nos permitió conocerlo personalmente. Y también nos dotara de un ejemplar de su trabajo. En efecto, Binns ha afirmado: "La contradicción aquí es claramente una dicción en contra, un rechazo racional, barbado de ironía, a determinados comportamientos sociales de los poetas". Para demostrar esta tesis aborda el poema "Aclaración preliminar", primer texto del libro en el que deja sentada una poética que se advierte en toda su obra: "Si ser poeta significa poner cara de ensueño,/perpetrar recitales a vista y paciencia del público/ indefenso,/ infligirle poemas al crepúsculo y a los ojos de una amiga/ de quien deseamos no precisamente sus ojos;/ si ser poeta significa allegarse a mecenas de

conducta/ sexual dudosa,/ tomar té con galletas junto a señoras relativamente/ deseables todavía/ y pontificar ante ellas sobre el amor y la paz (…) / entonces, entonces, no quisiera ser poeta". 2.Los libros que contiene este periplo, mencionado ya Contradiccionario (1976-1983), son Disidencia en la tierra (1976-1988), La brasa y la brisa (1986-2000), Paisaje histórico (1984-1989), Prohibido estacionar (1992) y Cofre de Haikus (1988-2002). La tradición poética chilena es de largo trayecto. Versos que conversan entre ellos, hacen de Llano Melussa un representante que no deja dudas sobre su agilidad y esmero por asentar que las palabras deben usarse para decir, para encantar, para doler y hasta para desechar. Llano Melussa es un poeta cercano a Nicanor Parra. Heredero de una cultura donde la irreverencia asoma siempre su cuerpo, nuestro autor destaca porque, como afirma el prologuista, "la esencia de la humanidad son las contradicciones". Valga el ejemplo de "Clausura": "Bueno, bueno, lo reconozco: / como tantísimos adolescentes,/ yo también incurrí en imperdonables poemas/ para que la amada de turno suspirara en sus tardes/ de gripe/ (amada que era apenas un rostro ardiendo al fondo/ de un sueño). // Pero hoy que mis horizontes van ampliándose/ -limpiándose diría si hubiera suficientes micrófonos/ en torno-, / quisiera rehabilitarme como un hombre de buena/

voluntad/ y hacerme digno de mi propio lenguaje, / dignidad en cuyo honor clausuro este poema". Tono en el que el autor se somete al escrutinio del tiempo. Desdice y dice: va al pasado y retorna al presente con la carga de una humorada que se convierte luego en oficio. He allí el carácter indoblegable de quien no teme arrancarse los verbos de la piel y hacerlos parte de un texto donde viven y sobreviven la "gripe" y el poema. Porque el resfriado de una novia de la adolescencia jamás se olvida y hasta se convierte en leyenda urbana cotidiana, como todos los textos que en esta antología presuntamente existen. Y vuelvo a lo de presunta porque, en efecto, somos lectores presuntos dado el grado de peligrosidad de estos trabajos en los que Llanos Melussa provoca, conspira y se hace el loco a la hora de los cargos de conciencia. Es decir, el autor nos crea, nos inventa en la medida de su recreación (y re-creación): una suerte de mirada a un paisaje que se instala en el imaginario de quien abre estas páginas. Sí, es un libro donde el ser social y el ser político se confunden con el ser poético, con el gracejo de quien siempre se tropieza con el mundo y lo analiza con cabeza fría y muchas veces ahogada con una risita de medio lado. Existe una ética del decir. Existe una ética/ poética a la que somos sometidos, voluntaria o involuntariamente, los que osamos acercarnos a él, al poemario, a su presunción. 3.Digamos de Disidencia en la tierra, juego donde Llanos Melussa contradice el título de Pablo Neruda, lo revisa y le da otra dimensión. La residencia se extravía y se confirma exilio, tortura, voz contraria, destierro, pérdida y hasta extravío. Muerte. En este espacio verbal el poeta habla desde el adentro y el afuera de una realidad que conmovió al mundo entero. La dictadura chilena sigue siendo un largo poema donde el dolor, el reclamo y la ironía produjeron textos como "Aviso clasificado": "Centro de inteligencia y prisión preventiva/ en vías de expansión a todo el territorio/ necesita contratar personal de apoyo/ en jornadas nocturnas, diurnas o vespertinas./ / Se exige dinamismo, reserva, sangre fría, / olfato, patriotismo, buen oído y buen ojo./ Deseable posesión de vehículo propio,/ estudios de ká-

rate y buena puntería.// Se ofrece buen sueldo, comisiones y viático. / Labor no rutinaria -con viajes de confianza/ dentro y fuera del país-. Carrera funcionaria.// Postular solamente los más interesados. / Enviar nombre completo, sin datos ni currículo: / de eso ya tenemos un registro exhaustivo". Queda en la lengua -y allá en el fondo de la memoria- una carga tan humana que deshace el oficio del soneto. El poema es -precisamente- el oficiante, el que advierte de todo lo que podría ocurrir y no ocurrir. El dolor es un largo y afilado poema como el mapa de Chile. Y así como es largo el territorio austral, así este poemario que deja un extraño sabor en la boca. Con estas palabras cierra el libro el poeta santiaguino: "Pero es cierto también que ahora, al balbucear/ y bucear en mis propias lagunas mentales,/ me sorprendo in fraganti a mí mismo proclamando/ ideales libertarios en un tono impositivo, igual/ que un almirante jubilado que se desgañita/ arengando a una tripulación inexistente,/ poniéndome y sacándome y poniéndome de nuevo/ la máscara del desenmascarador./ Así que ya no sé quién soy ni quien no soy/ y prefiero interrumpir aquí este verdadero-falso/ testimonio". He aquí entonces una forma de desdecir o afirmar una sociedad que aún navega en la incertidumbre, que una vez hizo decir a Neruda: "Cadáveres dormidos que a menudo/ danzan asidos al peso de mi corazón…". 4.Entramos en el paisaje nacional con el primer texto de La brasa y la brisa. Justificación para volver a sus andanzas: el poeta reflexiona y juega. Al derecho y al revés. Dice: "Serenidad del cielo/ al atardecer, / como si Dios meditara/ bajando los párpados", luego de esta hermosa tarjeta de presentación ("Chiloé"), en la que no cabe ironía alguna, Llanos Melussa nos revuelve el agua verbal con "Pantano nocturno": "Cierto: aquel pantano hedía/ insoportablemente. / Pero, suspendiendo un instante la respiración, / uno descubría que en su superficie/ también se reflejaban las estrellas" (y coloca el próximo verso al revés, como si lo viésemos en un espejo). ¿Cabe este pantano en Chiloé? Podría ser en la superficie. En el fondo, donde no caben todas las cosas, la belleza: la contradicción, elegante y provocadora, desnuda a quien se maquilla y por dentro

está lleno de espinas. Para burlarse de él mismo (como debe ser), dispara: "Una larga experiencia/ me ha mostrado/ que una larga experiencia/ no sirve para nada". O: "Luego de intentar/ una atenta reflexión/ veo que jamás he hecho/ una atenta reflexión". Estas paradojas, esta suerte de trote aforístico, confirman la búsqueda de quien se cree perdido, extraviado en medio de un desierto. Para redondear, se larga con éste: "Después de observarme detenidamente/ sé que no puedo observarme detenidamente, / menos observar si me observo o no me observo/ y mucho menos hacerlo detenidamente". Tesis, una vez más, puesta en evidencia: el poeta usa la contracción como una manera de deshacerse de la abulia reinante, de la oquedad de ciertas reflexiones. Para hacernos más fácil el atajo, el poeta chileno nos hace entrar en la poesía dibujada que en México Juan José Tablada practicó a su antojo, y que hoy Llano usa para enmarcar su talento poético y su ocio existencial, que en fondo son lo mismo. Palíndromo y caligramas, haikus y demás experimentos se pasean felizmente por estas páginas que, para casi clausurarlas, terminan así: "Siempre y en cualquier parte/ escribir ha sido nadar/ contra la corriente. / Sólo que aquí se incluía/ la corriente eléctrica". Si hacer poesía es lo más contradictorio del mundo, también -como decía Hölderlin- es el oficio más peligroso, tanto que la picana es una metáfora. 5.Paisaje histórico: cruces de palabras: "Miré lo muertos de la patria mía". Cruces y más cruces. Caligramas. Cruces, muertos, agonía, tortura. Cruces, hasta llegar a Prohibido estacionar, donde la descarga es la de un sujeto que habla de la poesía, de la ciudad, de las muchachas, de una taza de café y muchas miradas. Textos donde el país sigue siendo una borradura, un paisaje fresco, una cálida estación de voces. Y luego, Cofre de haikus donde el poeta muestra su capacidad lúdica. Poemas donde un niño juega con las palabras. Donde un adulto se hace esas mismas palabras. Así, al cierre, me atrevo a afirmar que este libro es un inmenso ars poética donde la misma poesía (¿y su más allá?), los afectos y la gente constituyen una atmósfera cuya densidad se condensa en un silencio que nos ahoga al leer el último verso.


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Relatos fascistas ROSANA HERNÁNDEZ PASQUIER ILUSTRAC: GEORGE GROSZ

que había muerto en el capítulo anterior. El libro contiene entre sus páginas relatos breves, otros brevísimos entretejidos con epígrafes que dan cuanta del cúmulo de lecturas anteriores. Pero están allí para guiar al lector, éstos son un hilo que nos lleva por el tránsito de la agonía y la muerte. Ese hilo que es al mismo tiempo el hilo de voz que le queda a los personajes de estos relatos y el fino hilo de una división o "sensación de división" en la que todos permanecemos suspendidos.

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ay quienes afirman que el Stalinismo es quizás la forma más retrógrada del mal llamado socialismo en la vieja Unión Soviética. No por casualidad el primer cuento "El cielo seguía arriba", de la más reciente publicación de Alberto Hernández, "Relatos fascistas", comienza con un epígrafe de Stalin, cito: Una única muerte es una tragedia, un millón de muertes es una estadística. Y la rosa púrpura de la nómina, la lista enrojecida en la que se ha convertido a la gente, a los habitantes de este país, aflora. Tal vez la herida había comenzado antes, pero no nos habíamos dado cuenta, el once de abril marcó sin distinción alguna un antes y un después. Alberto Hernández recuerda lo sucedido de esta manera: Acostado en el suelo, pude ver con claridad cuando una mujer caía de espaldas con un disparo en la cara. Cerré los ojos fuertemente y lloré. La mano herida de un muchacho herido de muerte buscaba una de las manos mías. La tomó con la fuerza que le quedaba: Hoy es once, once de abril…, sonó la poca voz que emergía de su carne muerta. El eco de la fecha se repite dentro una y otra vez mientras engarza sucesiones de imagen y pequeñas historias personales teñidas por la tragedia. En esta oportunidad el autor nos trae un libro duro, de difícil lectura, equivalente a la rudeza que ha sido vivir estos últimos años en este país. Un país dividido aparentemente en dos pueblos. Uno que vive feliz porque siendo adepto al gobierno no es objeto de persecuciones, y otro acosado y perseguido. Uno que vive conforme con las migajas y otro que sobrevive, que se lanza a esta selva para obtener lo necesario. Un pueblo que puede delinquir con la anuencia del gobierno y otro que no puede expresar sus diferencias porque es convertido en reo, sometido a escarnio público y a todo tipo de maltrato. Un pueblo que puede "vivir viviendo"

Más no debemos equivocarnos como lectores. "Relatos fascistas" no es solo la reunión de unos acontecimientos terribles, la suma de diferencias, la denuncia de quienes han sido atravesados por balas, puñales y palabras cargadas de odio y segregación. Sí es esto. Pero de toda la lectura surge una enorme interrogante ¿Quién pudo, que conducta perversa nos llevó a esta tragedia? La lectura invita a una honda reflexión sobre este y otros asuntos en los que nosotros, todos, estamos convocados sin excusas para indagar en esta miseria interior, en el paso de nosotros por esta oscurana. Sólo así, llenos de esperanza, podremos lograr victoria sobre la cerrazón.

Y otro que puede vivir muriendo. En esta rara y larga lista de divisiones la atmósfera es irrespirable. El miedo, la ira y la venganza abundan, a veces se escuchan carcajadas, muchas veces jaculatorias. Pasan cosas inexplicables como de ficción y hemos puesto el énfasis en como de ficción. Es así como la ficción de Alberto Hernández se parece cada vez más a la realidad, cito:

Los gendarmes se apiñaron entre maldiciones - ¿Quién es el muerto?-, preguntaron. ¡Yo! - dijo el hombre con un hilito de voz. El silencio volvió a invadir la escena. Losa uniformados se acercaron y sujetaron al tipo por las muñecas: La mujer, que no había hablado, profirió:-¡Lo sueltan! -, ordenó. Y los policías lo soltaron. Dos días después de ese evento apareció

muerta la mujer en un barranco Quien había sido "salvado" miraba el cuerpo desgonzado con los brazos hacia el vacío, el cuello roto y los ojos desmesuradamente abiertos. Todo ocurre en la realidad como si se tratara de los personajes de un libro de terror, como lo sugiere el poeta unas cuantas líneas más adelante, se lee: El hombre que estaba cerca es el mismo

El poeta Alberto Hernández con este libro nos entrega el legado de los que bregan sin cansancio, que somos la inmensa mayoría en este país y seguramente que en el mundo. El libro nos deja una enorme convicción: No se puede amarrar al río como tampoco se puede acallar la voz aunque esta sea un hilito. Por eso siempre, siempre hay una manera de burlar, de fregar la realidad, de escabullirse. En tal sentido, el poeta nos provoca y con humor nos propone en una de sus narraciones, cito: A PASO ASORDINADO La decepción fue muy grande para el coronel: La banda marcial se desató con Mick Jagger. Al leer este brevísimo relato la poeta Miriam Mireles acotó:- "Estamos salvados". Nosotros decimos, gloria a Dios, amén.


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Lucienne Silberg: El discreto y fugaz encanto de lo Innombrable ALFONSO SOLANO

prosas y frases de un contenido tan mágico como delirante. La escritura de Lucienne está dotada de todo aquello que resulta de llevar a los extremos la experiencia del verbo y su resonancia interna. Lucienne quemó- como bien lo dice Liscano- en un solo verso, en una sola línea, toda posible influencia de un autor. Ella se entregó, como ninguna, "a ese apocalipsis verbal sobrepasando modelos". Y lo logró en un tiempo inusitadamente breve.

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n una noche calurosa y circular, como suelen ser aquellas lunas en donde la memoria se inserta en su laberinto, me dispuse a leer uno de los números de la curiosa e interesante revista de poesía "El Salmón", esfuerzo editorial de dos sagaces e inteligentes jóvenes de la nueva generación de poetas emergentes: Santiago Acosta y Willy McKey. El número 6 de esta revista que en esta oportunidad está dedicada al tema del Desvarío, contiene, entre otras joyas, un curioso y brillante análisis escrito por el desaparecido y recordado poeta y ensayista venezolano Juan Liscano sobre una mujer desconocida por la mayoría: Luciene Silberg. Venezolana, caraqueña nacida en el año de 1947, para mejores señas, a pesar de su afrancesado apellido, esta mujer misteriosa que poseía el antiguo y raro don de los genios en la palabra trasmutada, había viajado a mediados de los años setentas, específicamente en los primeros meses del año 1976 a la ciudad luz para estudiar Literatura, luego, al parecer, lo hizo también en Inglaterra. En la ciudad de Bretón se alistó en la conocida Universidad de La Sorbona para realizar su maestría de literatura angloamericana y Francesa, cuando de repente, como quien ve una estrella fugaz en el firmamento, falleció en septiembre de ese mismo año, tras padecer de una rara enfermedad que según el propio Liscano nunca fue diagnosticada de forma acertada. Liscano mantuvo cercana correspondencia con la poeta y en una ocasión ésta le había comentado que deseaba "penetrar en su caja craneana para saber lo que recubre todos los ruidos de fondo y tratar de escribir redistribuyendo las palabras que no deben ser pronunciadas" (dixit). Esta extraña visión de la escritura daría en su breve "canto de cisne" unos poemas (7 en total) que se han convertido en el transcurrir

del tiempo en una especie de "cáliz sagrado" para todo aquel que tenga el privilegio de navegar en sus laberintos infinitos donde todo lo soñado, todo lo imaginado, todo lo no pensado y lo que aún ni siquiera se ha pronunciado, se encuentra en su más pura forma de arte en la expresión poética. Sus poemas los escribió todos en la lengua de Flaubert, y por lo que describe Liscano en su intenso y brillante ensayo, amplió y expandió en su brevísima obra, las posibilidades insospechadas de este idioma. Como bien lo indica Liscano "en esa tarea de ampliar las fronteras del lenguaje francés han trabajado incansablemente generaciones de escritores, pero con Lucienne dicha tarea adquirió una premura de última voluntad". Tan sorprendido y encandilado estaba el autor de "Myesis" y "Domicilios" que se sintió en la necesidad de escribir, a petición del preocupado padre de la poeta, una misiva en donde no sólo elogia la escritura de Lucienne, sino que describe con una asombrosa capacidad de síntesis, los antecedentes de esta escritura y su valoración en los tiempos contemporáneos. EL NOMBRE DEL NOMBRE DE LO IMPRONUNCIABLE La poesía, como lo he dicho

en reiteradas oportunidades, es el lugar de lo misterioso, de lo no-asido, de lo otro adviniendo en el yo, y en el río de las imágenes -muchas veces río intenso- que arrastra nociones y recuerdos, ese alter ego desvariado comienza a "hablar" a través del lenguaje. No sólo se trata de una exploración consciente y dirigida de la morfología y la genealogía del lenguaje. No es sólo un mero "discurso proliferante" como lo dijo una vez el poeta Mario campaña. Es más bien la expresión alucinada de la experiencia en el hacer poético, el "liminar sin reglamento" para descubrir una voz, una persona que habla a través de los otros sentidos, a través de la otra intimidad, que trasciende su lenguaje y lo coloca en el lugar de su mundo particular, en el lugar de su lengua homónima. Por que en los estados en que el alma se encuentra comprimida por los avatares del vivir, la lengua del poeta calla. Su otra "lengua" inicia el caótico viaje. "La poesía ya no representa ningún objeto; la poesía presenta un objeto único: el poema." Nos confiesa el bardo Silva Estrada en uno de sus reveladores ensayos. Lucienne Silberg lo supo, lo sufrió en carne propia y lo trajo a la superficie en forma de inusitadas

TENGO UNA LENGUA La producción literaria de Lucienne Silberg es de una ascetada y brillante brevedad. Sólo se conocen 7 poemas*, algunos de ellos escritos en forma de prosa poética. Los poemas, como ya lo mencionamos, están escritos en francés. La traducción al español se debe a la diligente e ingente labor de Juan Liscano, quien los revisó y estudió a profundidad. Se sabe, en todas las esferas, que esta labor resulta comprometedora y reviste al quien lo hace de una especie de "paria en el calambur" lo cual no resulta del todo satisfactorio. No obstante, los problemas del traslado de los giros idiomáticos y los sentidos de una lengua a otra, tenemos en nuestras manos el resultado del trabajo hecho por Liscano. Y vaya que tendremos que agradecerlo para toda la vida! El primer poema se Titula: "tengo una lengua" y se inicia de esta forma: "tengo una lengua de víbora exactamente allí donde pienso (…)" Acá el pensamiento es visto desde una tribuna de contemplación dejando ir en vuelo rasante, todas las lenguas con sus azares y desventuras, hurgando el otro lado de los objetos y las cosas que se expresan con ánimo desvariado: "lengua de vuelo ahorquillado que alcanza los cubiertos y aglutina la vajilla, una lengua tenedor, cuchara o cuchillo de carne o de pescado" Luego, el lugar desde donde habla esta lengua; el de la memoria, blanca memoria que discurre los velámenes iníciales y coloca el nombre

de lo innombrable: "Tengo una lengua tradicional de padre en hijos, de árbol en genealogía, de escaque en edificio, y soy el nombre nuevo de un linaje muy antiguo" El viaje en el espiral eterno del pensamiento que es uno, aquí y ahora, como otrora en la antigüedad de la memoria viajera desde lo inicial hasta lo propio, en un solo magma verbal. Lucienne no se conforma con el simple "decir" en su poética, quiere desintegrar y reintegrar una y otra vez, la lengua. Desea removernos en nuestro fuero interior; es la palabra que hurga el alma, de lo inasible, de lo inesperado, de lo cognoscible y de lo desconocido: "Cato manjar tras manjar, sobre un mantel de desastres, sirviéndome de cada instrumento en orden exterior progresivo hacía el interior" Si, el descenso hacía la profundidad del alma es inevitable, y así atraviesa los desiertos pantanosos del lenguaje, soñando un nombre, evocando una imagen, escrutando los silencios: "Trago una masa conformista blanda y edulcorante, resistencia, fuera del medio, entre el medio, salida y gran final" Todo esto lo logra la poeta, evocando y transmutando el sentido de la luz primaria de una certidumbre de la palabra que en momentos se vuelve sobre sí misma; cabalga, cesa, prosigue, da saltos mortales, para, finalmente, regresar revelada y totalmente renovada. Y ciertamente, esta palabra de Lucienne Silberg, esta voz en el desierto de las sombras, nunca es ajena al sentido de la palabra trasmutada. Todo lo contrario; Lucienne lo desencadena con otros significados, unos que están más allá de la palabra, el lugar del resplandor, el lugar de la revelación. * Los poemas de Lucienne Silberg traducidos por Juan Liscano, al igual que el ensayo de este último, se pueden leer en su totalidad en el número 6 de la revista "El Salmón" tanto en su edición impresa como en la digital, disponible en la web.


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Glosas NÉSTOR MENDOZA

T

erminar un libro, o abandonarlo, luego de meses de escritura y reescritura. Creer realmente que el texto cumplirá una función social o estética-, que podemos estar satisfechos por el resultado. Recibir algún reconocimiento público. ¿Qué hay después de eso? Una quietud, un vacío que aparece cada tanto, y luego desaparece. Y vuelve a aparecer. Mientras más leo, más detalles emergen: el lenguaje se hace tosco y, aquel brillo que antes mostraba, se va. Se me ha hecho difícil memorizar un poema entero: solo llegan versos sueltos, aislados, casi por respeto a un vacío mayor. Intento retenerlos en su fugacidad, para que dejen parte de esa escritura que, desde ahora, es pasado detenido. Prefiero esa lejanía, prefiero que lleguen fragmentados, dispersos. El poema es ese dolor que persiste cuando siento su partida. II El poema pertenece a una determinada tradición cultural, posee el peso de una historia colectiva e íntima que se manifiesta naturalmente en el texto. El poema no es, entonces, una excusa para demostrar que se tiene un vasto conocimiento teórico de la cultura. No interesa la erudición explícita: ese caudal debe fluir internamente, como un río que se desborda y solo dejar sentir un lejano eco, lo suficientemente fuerte para hacerse notar desde las entrañas. Así, como una metástasis que no da lugar al engaño. Desde adentro hervirá de experiencias, pero saldrá limpio, preciso y ponderado. Si Heráclito se bañó dos veces en el mismo río no nos debe importar. III ¿Cómo juzgar el poema? ¿Qué decir sobre él? ¿Juzgar y decir son los verbos adecuados? No lo sé: a la hora de escribir en torno al poema, sobre sus valores y cualidades, siempre aparece un criterio caprichoso, llevado por gustos particulares. La teoría disponible son visiones indivi-

duales que han logrado imponer su fuerza. O como dijo alguien en una oportunidad: cada quien se forja sus propios antecedentes. Solo me limito a segmentar cada verso, a decir que la imagen que saco con pinzas está estrechamente relacionada con un determinado autor o tendencia. El poema (nuevamente la infructuosa definición), es un largo viaje a contracorriente para morir reventados río arriba, como los salmones. La novedad, en los momentos actuales, es la tradición, el soneto y el zéjel. ¿Para qué hablar si no podemos sujetarnos? IV El poema posee una identidad. Exhala un aliento característico: no tiene la necesidad de reafirmar su condición. Una mujer no exagera sus movimientos al caminar: lo hace naturalmente, con instinto y ele-

gancia. Más allá de los tacones y el rímel. Más allá de los cosméticos y los sostenes. Si cortamos su cabello, si la despojamos de toda la decoración, si quitamos todo eso, allí debe quedar la feminidad, intacta y plena. Los senos, con su caída natural; los muslos, con su textura (firme o ligeramente fláccida). El poema puede ser una mujer de baja estatura, de piel morena, robusta o delgada. La extravagancia, el exceso de maquillaje, los exagerados movimientos de cadera (sintaxis), son artificios. El poema es mujer, no travesti. V Alejarse del poema. Alejarse lo más posible de su dialecto común, de sus movimientos predecibles. Hacerlo un elemento externo a nosotros, no otro miembro y prolongación. Verlo desde lejos y en todas sus dimensiones. ¿Qué ganamos con todo esto? Un

criterio menos susceptible. Lo visceral pasa, entonces, por una malla: se convierte en arena cernida. Parafraseando a Fernando Pessoa: escribir en el momento de recordar la emoción, no en el momento en que la hemos vivido. VI Repito en silencio: un poema es una suma de dudas, de interrogantes. Un poema es lo que espero conseguir, un pequeño hallazgo, una frase ensuciada de realidad, lo que cada verso, sin arrogancias, deja. ¿Qué hay de mí en ese poema que leo y qué dejo yo en cada lectura? Pérdida y recibimiento. Tengo poemas favoritos más que autores. A veces, no son poemas sino versos sueltos (un verso de Juan Ramón Jiménez: "no somos más que un débil saco de sangre y huesos"; un verso de Lezama Lima: "La mano o el labio o el pájaro ne-

vaban"; otro de Blanca Varela: "Hasta la desesperación requiere cierto orden"; otro de Eugenio de Andrade: "Solo en la muerte no somos extranjeros"). Repito, en definitiva: son favoritos porque los recuerdo. VII Atender a los sonidos del poema: ¿Son frases que se unen prosódicamente, solo por el goce de la musicalidad? Se trata de unir oraciones largas que, sin hacer caso al espacio de la hoja, desbordan el perímetro del verso y se proyectan, lejos. O se trata de ser breve. Nada más. Nietzsche escribió sobre el poder ancestral del ritmo, en el canto y en el verso: se cantaba para no olvidar -gran poder mnemotécnico- e invocar a los dioses. Se cantaba para seducir. Cantar, cantar, de eso se trataba. Pero el canto vacío, algunas veces, nunca logra madurar un buen poema.


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