LOS BOSQUES
DE LA SERRANÍA DE RONDA Una perspectiva espacio-temporal
José Gómez Zotano José Antonio Olmedo Cobo (EDITORES)
Editorial La Serranía 2021
© José Gómez Zotano y José Antonio Olmedo Cobo (eds.) © Editorial La Serranía S. L. C/ Ronda, 27 • 11693 Alcalá del Valle (Cádiz) Tfno.: 661 84 97 31 editorial@laserrania.org - www.laserrania.org Primera edición: enero de 2021 Dirección editorial: José Manuel Dorado Rueda Maquetación: Francisco Siles Guerrero Diseño de cubierta: Álvaro Sedeño Márquez Fotografía portada: Pinsapar de Los Reales de Sierra Bermeja José Aragón Bracho Fotografía contraportada: Castañar y quejigal en el Valle del Genal Francisco José Vázquez Rojas ISBN: 978-84-15588-35-1 Depósito Legal: CA 454-2020 Impreso en Andalucía Reservados todos los derechos. No se permite reproducir, almacenar en sistemas de recuperación de la información ni transmitir parte alguna de esta publicación, cualquiera que sea el medio empleado –electrónico, mecánico, fotocopia, grabación, etc.–, sin el permiso previo y por escrito de Editorial La Serranía, S. L. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).
INCENDIOS EN LOS PINARES SERPENTINÍCOLAS DE SIERRA DE ALPUJATA (SERRANÍA DE RONDA): ESTACIONALIDAD DE LA RESPUESTA AL FUEGO Noelia Hidalgo-Triana¹ y Andrés V. Pérez-Latorre¹
¹Área de Botánica, Departamento Botánica y Fisiología Vegetal. Universidad de Málaga
Resumen: La Sierra de Alpujata, en la provincia de Málaga, constituye el segundo afloramiento ultramáfico por extensión en la península ibérica después de Sierra Bermeja. La especial composición litológica (peridotitas y serpentinas), junto con sus características climáticas, favorecen la existencia de un único tipo de bosque, caracterizado por Pinus pinaster (Querco cocciferae-Pinetum pinastri). La dinámica del fuego en la sierra ha sido históricamente y recientemente muy influyente, originando cambios drásticos en su paisaje vegetal. En este trabajo, se estudian los cambios fundamentales en cuanto a la sucesión vegetal y en cuanto a las estrategias de regeneración. La dinámica post-fuego en la sierra ha eliminado del paisaje a los pinares que han sido sustituidos por los matorrales (Staehelino-Ulicion baetici) debido a las pocas estrategias de regeneración de Pinus pinaster (se regenera mediante semilla serótina –piñón–), mientras que el matorral serpentinícola está adaptado al rebrote mediante yemas subterráneas. Esta dinámica postfuego pinar-matorral, que puede ser detectada en otros territorios de la Serranía de Ronda, ha de ser tenida en cuenta en la gestión forestal y en la propuesta de conservación de Sierra de Alpujata como Espacio Natural Protegido. Palabras clave: pinares de pino resinero, incendios forestales, ecosistema serpentínico, cambios en el paisaje, respuestas de la vegetación.
1.1. La Sierra de Alpujata: localización y características ambientales La Sierra de Alpujata está situada entre la Sierra Blanca de Marbella y la Sierra de Mijas, paralela a la costa, en la provincia de Málaga (Andalucía, España). Su punto más alto es la cima del Cerro Castillejos (1073 m s. n. m.). Abarca parte de los términos municipales de Mijas, Coín, Monda y Ojén, perteneciendo estos dos últimos municipios a las Reservas de la Biosfera “Sierra de las Nieves y su Entorno” y a la “Intercontinental del Mediterráneo”. Alpujata forma parte de la Serranía de Ronda, procurando el contacto con las comarcas de la Costa del Sol Occidental y Valle del Guadalhorce (figura 1).
Los bosques de la Serranía de Ronda, pp. 375-389
1. INTRODUCCIÓN
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Figura 1. Localización de Sierra de Alpujata en el contexto de la Serranía de Ronda. Fuente: elaboración propia
La Sierra de Alpujata, con una extensión aproximada de 71 km2, constituye el segundo macizo en extensión de los afloramientos peridotíticos rondeños tras Sierra Bermeja, así como de la península ibérica (figura 2). La composición litológica predominante es la peridotita en diferentes facies (harzburgitas, dunitas, lerzolitas y serpentinas al sur de la sierra) (Piles et al., 1978). Principalmente, los suelos peridotíticos son litosoles, regosoles eútricos y luvisoles crómicos (Balsera, 1989), predominando los primeros por la naturaleza rocosa masiva propia de las peridotitas. Desde el punto de vista bioclimático, su macrobioclima es Mediterráneo pluvi estacional oceánico-euoceánico atenuado. Desde el punto de vista climático. OlmedoCobo y Gómez Zotano (2017) consideran las partes altas de Sierra de Alpujata con clima oceánico húmedo de media montaña litoral, presentando sus zonas de menor altitud (hasta los 600 m s. n. m.) un clima más seco (subhúmedo-húmedo). Las altitudes comprendidas entre 140 y 1073 m s. n. m., hacen que predomine el termotipo termomediterráneo con ombrotipo subhúmedo-húmedo (tabla 1). Dada la existencia de fitoindicadores y sinfitoindicadores, es factible que el termotipo mesomediterráneo pueda estar presente en las cumbres cercanas a 1000 m de altitud, sobre todo en la cara norte (Pérez-Latorre et al., 2013a).
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Figura 2. Localización de Sierra de Alpujata en el contexto de los principales afloramientos ultramáficos de peridotitas de la Serranía de Ronda. Fuente: elaboración propia a partir de capas de información de Datos Espaciales de Referencia de Andalucía (DERA)
Localidad
Itc
P (mm)
T (ºC)
Termotipo / Ombrotipo
Ojén (Sierra Bermeja) (491 m)
412
1.026
--
Termomediterráneo inferior/ húmedo inferior
Ojén (332 m)
375
866
17,1
Termomediterráneo superior/ subhúmedo inferior
En cuanto a su contextualización biogeográfica, Sierra de Alpujata se incluye en el sector Bermejense de la provincia Bética (superprovincia Iberomarroquí-Atlántica, región Mediterránea) (Pérez-Latorre y Cabezudo, 2002). A nivel de subsector, Sierra de Alpujata se encuentra dentro del subsector Bermejense (Nieto et al., 1991), en el que predominan jaguarzales de Digitali laciniatae-Halimietum atriplicifolii.
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Tabla 1. Datos bioclimáticos de localicades próximas a Sierra de Alpujata. Itc: índice de termicidad compensado. P: precipitación media anual (mm). T: temperatura media anual (ºC)
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1.2. El paisaje vegetal y la flora del afloramiento serpentínico de Sierra de Alpujata
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Las características ambientales presentadas en el apartado anterior, junto con los cambios estructurales mediados por la sucesión ecológica (Rivas-Martínez, 2007), confieren un determinado paisaje vegetal a Sierra de Alpujata. Dicho paisaje fue estudiado por Pérez-Latorre et al. (2013a). A grandes rasgos, este paisaje está conformado por pinares-coscojares de Pinus pinaster (pino negral) y en los claros de este pinar habita un matorral (jaguarzal) serpentínico con abundantes claros debidos a las zonas rocosas, donde crecen pastizales ricos en endemismos (Hidalgo-Triana y Pérez-Latorre, 2018). La tabla 2 resume las diferentes formaciones vegetales que se pueden encontrar en el ecosistema serpentínico en cuestión. Las formaciones climácicas de pinos negrales (Pinus pinaster) y coscojas (Quercus coccifera), ocupan los suelos más desarrollados (regosoles y luvisoles) (figura 3), constituyendo la cabecera de la serie de vegetación Querco cocciferae-Pineto pinastri S., definida como edafoxerófila bermejense, serpentinícola, termo-mesomediterránea. Sin embargo, esta vegetación es prácticamente inexistente, ya que sus mejores representaciones aparecen hacia el fondo de laderas y en el piso termomediterráneo de la sierra. Además de estos pinares, en Sierra de Alpujata
Figura 3. Pinar serpentinícola de Pinus pinaster en Sierra de Alpujata. Imagen: autores
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podemos encontrar algunas repoblaciones marginales de Pinus halepensis y P. pinea con coscojares. En los predominantes claros de la formación boscosa climácica, aparecen los matorrales edafoxerófilos serpentinícolas de la alianza Staehelino-Ulicion baetici. Se trata del jaguarzal de Digitali laciniatae-Halimietum atriplicifolii, presente en la mayoría de afloramientos serpentínicos suribéricos (figura 4). Este matorral presenta la particularidad de que alberga una gran cantidad de edafismos, es decir, especies que han evolucionado para adaptarse a vivir sobre estos suelos serpentiníticos hostiles, y que no habitan en otro tipo de ecosistemas. Estos edafismos reciben el nombre de serpentinófitos (Pérez-Latorre et al., 2013, 2018). En este jaguarzal de Sierra de Alpujata están presentes 13 edafismos serpentinícolas de los 29 serpentinófitos que hay en total: Alyssum serpyllifolium subsp. malacitanum (Brassicaceae), Armeria colorata (Plumbaginaceae), Cephalaria baetica (Dipsacaceae), Galium boissieranum (Rubiaceae), Galium viridiflorum (Rubiaceae), Iberis fontqueri (Brassicaceae), Klasea baetica (Asteraceae), Linum carratracensis (Linaceae), Notholaena marantae subsp. marantae (Sinopteridaceae), Saxifraga gemmulosa (Saxifragaceae), Silene fernandezii (Caryophyllaceae), Silene inaperta subsp. serpentinicola (Caryophyllaceae) y Staehelina baetica (Asteraceae) (Pérez-Latorre et al., 2013a).
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Figura 4. Matorral (jaguarzal) serpentinícola de Digitali laciniatae-Halimietum atriplicifolii en Sierra de Alpujata. Imagen: autores
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En las zonas en las que el matorral aparece más aclarado, pueden desarrollarse determinados pastizales: yesquerales de Cerastio-Brachypodietum retusi en zonas umbrías, que alcanzan gran desarrollo bajo pinares densos procedentes de reforestación; pastizales de Arenario-Iberidetum fontqueri en suelos oligotróficos y en taludes (PérezLatorre et al., 2013a). En las zonas en las que predominan biotopos rocosos, conviven comunidades rupícolas y subrupícolas, entre las que destaca la aparición de los serpentinófitos Silene fernandezii y Armeria colorata (Pérez-Latorre et al., 2013a). Por otro lado, en Sierra de Alpujata también aparecen comunidades edafohigrófilas de saucedas (Salicion pedicellatae) y juncales (Molinio-Holoschoenion) (PérezLatorre et al., 2013a).
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Tabla 2. Tipología de paisajes vegetales y bioindicadores de cada una de las comunidades vegetales presentes en Sierra de Alpujata. Fuente: PérezLatorre et al., 2013a Comunidades vegetales
Especies bioindicadoras
Pinares-coscojares
Pinus pinaster Quercus coccifera Erica scoparia Juniperus oxycedrus
Regosoles y litosoles
Matorrales
Halimium atriplicifolium Digitalis laciniata Staehelina baetica Genista lanuginosa
Edafoxerófila rupícola y glerícola
Litosoles
Vegetación rupícola, de gleras y taludes
Armeria colorata Silene fernandezii Saxifraga gemmulosa Iberis fontqueri
Edafohigrófilometalícola climácica
Arroyos permanentes
Saucedas
Salix pedicellata Galium viridiflorum Nerium oleander
Edafohigrófilometalícola serial
Arroyos permanentes y rezumaderos
Juncales
Galium viridiflorum Schoenus nigricans Erica terminalis Molinia caerulea
Tipo de vegetación
Biotopo
Edafoxerófila climácica
Luvisoles y regosoles
Edafoxerófila serial
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Este particular paisaje vegetal, con su elemento florístico particular y su singular riqueza, convierten a la Sierra de Alpujata en el tercer macizo en importancia dentro del conjunto de las sierras peridotíticas, por detrás únicamente de Sierra Bermeja y de Sierra Parda (Pérez-Latorre et al., 2013a).
Además de la propia dinámica espacio-temporal de los bosques (mediada por fenómenos sucesionales (Rivas-Martínez, 2007), el paisaje vegetal también puede cambiar debido al efecto de perturbaciones ambientales. El pinar-coscojar es la formación final climácica en la sucesión progresiva de Sierra de Alpujata, presentando una amplia distribución en el pasado bajo las condiciones ecológicas señaladas previamente. Sin embargo, actualmente esta comunidad no es especialmente abundante, siendo el matorral serial el que predomina en el paisaje vegetal del macizo. En el ecosistema mediterráneo, por las características climáticas que este posee, se pueden producir cambios muy notorios en el paisaje debido al efecto del fuego (Ojeda, 2004). Uno de los motivos por los que en el paisaje en cuestión abundan los matorrales en lugar de hacerlo las comunidades de tipo boscoso es la presencia y recurrencia de incendios. Dependiendo de cómo las plantas respondan ante esta perturbación (Cabezudo et al., 1995; Lloret, 2004; Ojeda, 2004; Pausas y Bradstock, 2007), los cambios que se darán en el paisaje serán variables. La respuesta de las plantas al fuego puede darse en varios sentidos: 1) determinadas plantas pueden regenerarse vegetativamente después del fuego; 2) otras, por el contrario, pueden resultar eliminadas del ecosistema (Orshan, 1986). Además de estas dos respuestas generales, autores como Pausas et al. (2004) añaden otra forma de supervivencia que consiste en la germinación de las semillas existentes en el banco de semillas latente en el suelo y que son activadas por el fuego, lo que no permitiría la supervivencia a nivel de individuo, pero sí a nivel de población. A pesar de que hay muy pocos estudios sobre regeneración de especies en ecosistemas serpentínicos mediterráneos (Safford y Harrison, 2004; Paula et al., 2009), la recurrencia del fuego en Sierra de Alpujata a lo largo de la historia, ha permitido el estudio de este aspecto, en particular tras el grave incendio que sufrió en agosto de 2012 (Hidalgo-Triana y Pérez-Latorre, 2018). Por tanto, el objetivo del presente capítulo es mostrar cómo ha respondido este ecosistema ante tal perturbación, y cómo ha sido transformado su paisaje vegetal.
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2. CAMBIOS EN EL ECOSISTEMA MEDITERRÁNEO MODULADOS POR LOS INCENDIOS: EL CASO DE SIERRA DE ALPUJATA
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3. METODOLOGÍA
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Para este trabajo, se estudió todo el macizo de Sierra de Alpujata (figura 5), aunque, específicamente, se establecieron tres parcelas de estudio en el Cerro Castillejos (Coín), entre 450 y 850 m de altitud, sobre roquedo serpentínico, concretamente en una facies de harzburguitas según lo establecido por Piles et al. (1978). La vegetación dominante en el Cerro Castillejos es un matorral serpentinícola, compuesto mayoritariamente por pequeños arbustos, matas y hierbas perennes que se incluyen en la asociación fitosociológica Digitali laciniatae-Halimietum atriplicifolii (Pérez-Latorre et al., 2013a), desarrollado en claros de un pinar-coscojar de Pinus pinaster (pino negral).
Figura 5. Localización de las parcelas de estudio en el Cerro Castillejos (Sierra de Alpujata). Fuente: elaboración propia
En concreto, y a partir del conocimiento previo que se tenía del paisaje vegetal existente en Sierra de Alpujata con anterioridad al incendio de 2012 (estudio realizado en el año 2011 por Pérez-Latorre et al., 2013a), se estudió en campo cómo la vegetación ha respondido al catastrófico episodio del fuego.
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Las prospecciones de campo se llevaron a cabo entre octubre y noviembre de 2012, en febrero de 2014 y en julio de 2018, es decir, dejando tiempo suficiente entre los muestreos efectuados para que la vegetación desarrollase sus posibles respuestas regenerativas (Hidalgo-Triana y Pérez-Latorre, 2018).
Las respuestas que pueden tener los ecosistemas y los paisajes ante cualquier tipo de perturbación dependerán fundamentalmente de la capacidad de reacción que tengan las comunidades vegetales que conforman ese paisaje, y por ende, de la capacidad de respuesta que posea cada planta individualmente para responder ante tal perturbación. En el caso de incendios, la mayoría de las plantas y comunidades vegetales mediterráneas poseen mecanismos para regenerarse tras un incendio (Ojeda, 2004; Pausas y Bradstock, 2007). En el ecosistema serpentínico en cuestión, se comprobó que en los pinares-coscojares de Pinus pinaster, el pino negral no presentó respuesta vegetativa tras el incendio, es decir, no produce yemas que sean capaces de rebrotar tras el paso del fuego (Hidalgo-Triana y Pérez-Latorre, 2018) (figura 6). Sin embargo, el fuego provoca que las semillas sean liberadas rápidamente de las piñas femeninas (serótinas), y que germinen tras el incendio, observándose plántulas de pino (figura 7) nacidas meses después tras las primeras lluvias otoñales. No obstante, se ha de tener en cuenta que la supervivencia de estas plántulas o la germinación de semillas latentes en el suelo puede verse reducida porque las semillas de pino, una vez dispersadas, sirven de alimento para la fauna frugívora (Torres et al., 2001). Sin embargo, Hidalgo-Triana y Pérez-Latorre (2018) observaron que prácticamente todas las plantas que componen el matorral serpentinícola mediterráneo tienen capacidad de regeneración vegetativa tras el incendio, gracias a la presencia mayoritaria de yemas subterráneas que favorecen la formación de nuevos tallos vegetativos y, por consiguiente, la supervivencia del individuo (figuras 8 y 9). Todos los serpentinófitos que estaban presentes antes del incendio, a excepción de Alyssum serpyllifolium subsp. malacitanum, mostraron estrategias de regeneración vegetativa post-incendio, lo cual pone de manifiesto que la mayoría de los serpentinófitos sur-ibéricos tienen respuestas tras el paso fuego, siempre y cuando se den las mismas condiciones durante y después del incendio (es decir, un episodio de poca severidad y con una temporada de lluvias moderadas, no
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4. RESULTADOS Y DISCUSIÓN. CÓMO LOS INCENDIOS CAMBIAN EL PAISAJE: RESPUESTAS DE LA VEGETACIÓN
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Figura 6. Pinar de Pinus pinaster pasados tres meses desde el incendio. Imagen: autores
Figura 7. Semilla y plántula de Pinus pinaster, germinando en noviembre de 2012 (apenas 3 meses desde la fecha de ocurrencia del incendio). Imagen: autores
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torrenciales, como ocurrió el otoño siguiente al incendio). Esto implica una consecuencia muy importante, como es la predominancia de este tipo de comunidades de matorral tras los incendios. Sin embargo, el pinar de Pinus pinaster muestra una estrategia de regeneración post-fuego basada en la pirogerminación (serótina) de semillas (piñones), lo que conlleva mayor lentitud en restaurar el estado original de la vegetación boscosa, aunque los componentes mayoritarios de su sotobosque, como Erica scoparia, Juniperus oxycedrus, Quercus coccifera o Arbutus unedo, son todos rebrotadores (Cabezudo et al., 1995) y, por tanto, contribuyen a acelerar el proceso de regeneración del pinar como comunidad vegetal. Además, se ha podido observar como la sucesión vegetal ha ido avanzando (figura 10), de tal manera que, en 2018, una vez transcurridos seis años tras el incendio, el matorral va otorgando verdor al paisaje y este va recuperando su aspecto original. Sin embargo, el pinar de Pinus pinaster, por su casi nula capacidad de rebrote, tardará al menos unos 10 años más en recuperarse y volver a tener individuos adultos capaces de reproducirse (Torres et al., 2001).
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Figura 8. Matorral serpentinícola de Digitali laciniatae-Halimietum atriplicifolii tras 18 meses desde el incendio, el cual presenta evidentes signos de regeneración vegetativa. Se observan Pinus pinaster quemados –muertos– y sin rebrote. Imagen: autores
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Figura 9. Detalles de estrategias de regeneración tras el fuego en especies serpentinícolas de la Sierra de Alpujata. 1. Rebrote vegetativo en Erica scoparia susbp. scoparia (Lignotuber); 2. Rebrote vegetativo en Ulex baeticus subsp. baeticus (Lignotuber); 3. Rebrote de yemas subterráneas en Cephalaria baetica; 4. Rebrote mediante yemas subterráneas en Euphorbia flavicoma subsp. flavicoma; 5. Rebrote vegetativo en Galium boissieranum; 6. Rebrote subterráneo en Phlomis purpurea; 7. Rebrote vegetativo en Genista hirsuta subsp. lanuginosa; 8. Rebrote en Staehelina baetica; 9. Germinación de plántula de Halimium atripicifolium susbp. atripicifolium. Imágenes: autores.
5. CONCLUSIONES Toda la riqueza biológica que presenta este ecosistema, la cual podría verse mermada por perturbaciones ambientales tales como los incendios recientemente ocurridos, debería llevar a su declaración como Lugar de Importancia Comunitaria,
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máxime cuando gran parte de los sintaxones (comunidades o asociaciones vegetales) presentes están considerados como Hábitats de Interés Comunitario recogidos en la Directiva 92/43CEE (Pérez-Latorre et al., 2013a), y varios taxones se encuentran amenazados y/o protegidos por la Ley. Además, en la actualidad existe un movimiento ciudadano que promueve la propuesta para que Sierra de Alpujata sea declarada parque natural, la cual debería ser tenida en cuenta por la administración competente para otorgar a esta zona peridotítica rondeña la protección necesaria para preservar sus valiosos ecosistemas serpentínicos. Agradecimientos Los resultados de esta investigación forman parte de los Proyectos ULTRAFORESTS (CSO2013-47713-P) y PALEOPINSAPO (CSO201783576-P) subvencionados por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España.
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Figura 10. Aspecto de Sierra de Alpujata en julio de 2018 (seis años tras el incendio). La mayor parte de la cobertura vegetal se debe al matorral serpentinícola de Digitali laciniatae-Halimietum atriplicifolii, mientras que el pinar de Querco cocciferae-Pinetum pinastri aún no es observable. Imagen: autores
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