Venga le cuento una historia

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Venga le cuento una historia

Rowena Neme Pรกez

Pontificia Universidad Javeriana Facultad de Artes Artes Visuales 2015


Venga le cuento una historia

Rowena Neme Páez A mis padres, a mi familia, por su confianza y compromiso con este proyecto.

Trabajo de grado presentado como requisito parcial para optar al título de Maestra en Artes Visuales con Énfasis en Expresión Gráfica.

Asesora: Jimena Andrade

Pontificia Universidad Javeriana Facultad de Artes Artes Visuales 2015

Infinitas gracias por las enseñanzas antes, durante y después de este corto recorrido. Gracias por las charlas y por darme la oportunidad de ser su voz, de contar sus memorias y reconstruir así nuestra historia, la historia de todos. De mi parte, un agradecimiento especial a Jimena Andrade por su guía.


El recorrido

Usted, yo… nosotros /6 Uno. Entre sueños e ideologías /24 Dos. Ahora sí, la causa es en serio /38 Bibliografía /70 Infografía /71


Y es que el olvido no es algo gratuito… No señor, no crea… somos el resultado de un ejercicio de poder, el olvido es sistemático e intencional. Como dicen por ahí, se nos meten al rancho… hasta con los recuerdos que creemos nos pertenecen y no dejaríamos ir por nada del mundo.

Usted, yo… nosotros

Por primera vez, antes de empezar a escribir quiero hacerle saber (a quien esté leyendo), que de aquí en adelante usted va a dejar de ser un extraño, quiero que se convierta en mi vecino, en un amigo de la familia a quien le voy a abrir las puertas de mi casa, para invitarle un café y poder contarle tanto y tanto; en pocas palabras vamos a adelantar cuaderno. Pero la verdad es que no sé ni por dónde empezar. Porque ¿sabe una cosa?, esta historia no se ha dejado de escribir o reinventar. No cree usted que cada vez que uno recuerda siempre aparecen nuevos elementos que hacen que el panorama termine siendo más amplio y que (aquí entre nos), termine siendo un cuento idealizado, con toques románticos. Pero bueno, perdón si lo distraigo de lo importante, aunque también cabe decir que estas salidas de la historia van a ser frecuentes, déjeme explicarle, puede que de vez en cuando me vaya por las ramas, pero tiene una razón y es cuando necesite ponerlo en contexto; no se me vaya a asustar, lo importante aquí es que le diré lo poco o mucho que sé, en especial sobre mi familia de tal forma que usted también active sus recuerdos y no quiera dejarlos pausados durante largos periodos de tiempo. Déjeme empezar diciéndole que tengo 23 años y que desde ya siento temor a olvidar, a perder la memoria, siento temor de dejar perder momentos e ir olvidando rostros, voces y anécdotas de aquellos que se van quedando en este camino que llamamos vida. Este temor no se limita sólo a la gente que conozco, va más allá, ¿quién quita… que con los años termine olvidando de dónde vengo y termine ignorando quién realmente soy?

Y es que la falta de memoria lo que causa es pasividad e indiferencia del pueblo y esto, hace que seamos manipulables. Con el tiempo vamos olvidando nuestros orígenes y reconocerse a sí mismo se vuelve difícil. Así que este tiempo que vamos a compartir usted y yo, va a ser un ejercicio que busca de algún modo contrarrestar los efectos de semejante política de control, de aturdimiento. Este sistema tiene su ciencia, es jodido; lo invito a hacer un ejercicio conmigo, lo invito a recordar alguna noticia (reciente) que lo haya impactado, que lo haya hecho pensar: ¿en qué mundo vivimos actualmente? Ahora… déjeme hacerle otra pregunta, ¿cuánto tiempo le duró el estado de shock? Quizás en este momento usted esté pensando en la respuesta que por cierto, no debe ser muy alentadora y tal vez también este craneando cómo justificarse. Pero tranquilo, no lx juzgo… a todos nos pasa. Estamos tan sumergidos que ya no nos damos cuenta de cosas, solo las dejamos pasar, como si el asunto no tuviera que ver con nosotros. Lo que intento hacerle notar es la necesidad de sacudirse de a pocos, empezando desde algo pequeño y cercano como lo es recordar… nuestro hogar, los lugares donde hemos vivido, el vecino, el señor tendero, en fin. Apéguese a lo suyo, a su historia, para que de poco a poco vaya apegándose a lo que conocemos como la historia de todos. Esto que le estoy diciendo… sobre el tal sistema no solo afecta su vida cotidiana, también afecta campos de conocimiento, a mí me incumbe el mundo del arte, porque como alguna vez leí, “La amnesia social y las actitudes anti históricas que caracterizan a nuestra sociedad afectan también por lo general al mundo del arte”. Lippard (p. 51-71). Quiero compartir con usted mi experiencia, con el paso de estos años que he estado aprendiendo sobre arte y haciendo un poco de ejercicios, llamémoslo por ahora “haciendo obra”; he podido identificar que uno hace lo que hace, por lo que conoce, se dice lo que se dice por experiencias personales, es difícil desligarse de esto, uno es lo que es… una persona que es resultado del momento histórico en el que vive, por eso me cuesta dejar de pensar que esto no sea parte esencial de mi trabajo. Es algo que no solo me incumbe por el oficio, no… al final de cuentas, estoy inmersa en una realidad que pide por pequeñas acciones de cambio.

Por eso es que lo invito a ser parte de este viaje, porque veo a quienes nacieron después de mí y los veo tan lejanos a sus orígenes, como si de donde vinieran fuera algo que se da por sentado y que no vale la pena, conocer, explorar. Estas generaciones crecimos en el afán, en la inmediatez, en el olvido sistemático no solo de hechos, sino también de la historia de nosotros.

El tema social ha estado presente en la mayoría de mis ejercicios artísticos, recuerdo por ejemplo haber trabajado un foto documental sobre la vida de un campesino en el presente, en pueblos de Boyacá. Campesino que es parte de mi familia, que solo veo cada tanto cuando voy de visita; conozco la persona, conozco el primo, pero desconocía la realidad de su trabajo, de su diario vivir y como hechos, sucesos, a veces lejanos, impactan su entorno. Ahora voy a llevar a un nivel superior mi

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interés por conocer mis orígenes, por conocer mi identidad, por conocer el legado recibido y voy a relacionar todo esto con el contexto histórico nacional. Así que esta historia que le voy a empezar a narrar, que nace de un interés particular por recuperar la memoria, la identidad y el conocimiento de la historia, es mi propuesta para que usted se anime a reescribir conmigo una parte de la historia de Colombia. Este apenas es el comienzo de un proceso artístico, donde voy a usar como dispositivo el libro y la línea del tiempo como espacio para que dialoguen nuestras ideas, nuestras historias. De todo lo que salga de esto, voy (de su mano), a trastocar otras subjetividades, hacerle frente desde el arte a la manipulación de la historia, a la narración oficial que no nos incluye. El objetivo es humanizarla gracias a las memorias que van a constituir este relato. Para explicarme mejor, me voy apoyar en una cita que me abrió los ojos en un momento dado. El peligroso divorcio que ha existido tradicionalmente entre el pueblo colombiano y las clases políticas y sociales que han desempeñado la tarea de dirigirlo, en nada se revela mejor que en la forma como ha sido escrita la historia nacional. Ella parece un territorio reservado para las aspiraciones o las hazañas de una minoría que por no haber logrado representar auténticamente la realidad nacional, ha comunicado la historia vivida y también a la historia escrita, un espíritu de franco distanciamiento y lejanía de todas las aspiraciones y necesidades de nuestro pueblo. (López, 1994, p. 54)

berales y conservadores no es un hecho ajeno que solo se (mal) conoce por los libros de historia de Colombia, sino es un hecho que fue vivido por un humilde campesino, quien lloró los muertos, sintió miedo a las represalias, en su caso, a manos de liberales. Claro que eso era un toma y dame de parte y parte, ninguno de los bandos estaba libre de pecado, pero como toda guerra, los que se paran en el campo de batalla no son quienes alborotan el avispero. Antes de contarles una conversación sobre este temita, quiero poner sobre la mesa la palabra desinformación, la nombro antes que deje pasar así como si nada el término mal conocer. Y es que como he mencionado veces anteriores, esto también hace parte del terreno dominado por el poder: la información. Herramienta útil para mostrar y guiar por un camino la opinión pública. Este trabajo es muy bien controlado y difundido de tal forma que no haya duda de la veracidad de esta. No quiere decir necesariamente que todo sea mentira, es más bien una manipulación cuidadosa de la verdad, hecho hábilmente para que quien la conozca, no la analice y la crea. Quien la recibe es tan culpable como quien la difunde, lo que ambas partes logran es la perpetuación y perfeccionamiento de este acto. Se le entrega una confianza ciega a la información que recibimos, lo que tiene como resultado es beneficiar a los propietarios de la información (Debord, 1990).

Me voy a meter en la vacaloca de hablar de unos años específicos y de algunos hechos concretos que considero importantes, para ser relatados desde la perspectiva de mi familia, de clase media y de origen campesino, que decidió hacer vida en esta bella pero caótica ciudad de Bogotá.

La conversación que le quiero contar, es una que tuve con mi tío Halim. Una tarde en su casa, un día cualquiera… recuerdo que hablando de mi abuelo y de su constante interés por la política, me contó su versión de un enfrentamiento que tuvo él con unos vecinos.

Bueno, después de haber nombrado muy por encimita mis preocupaciones sobre la memoria y la historia, quiero continuar diciéndole cómo es que he llegado a conocer las vivencias, lo bueno y lo malo por lo que ha pasado la familia Páez Borda. Y todo comienza con mi abuelo, él es todo un ejemplo, bendito Dios que todavía lo tenemos con nosotros. Él es quien hace que nada se quede en el olvido, él disfruta tomarse la palabra cada vez que todos los hijxs, primxs y tíxs nos reunimos el día domingo en su casa, para contarnos sobre su vida, alguna que otra victoria o alguna canallada que le haya hecho algún envidioso de esos que se encuentran por ahí.

Contaba mi tío que el atentado (como él lo llama) que sufrió mi abuelo, ocurrió a finales de los años sesenta, en periodo de elecciones, no recuerda si eran elecciones locales o presidenciales.

Debo admitir que yo era de las que subestimaba semejante legado, no era consiente que las charlas a la hora del almuerzo eran algo más que una historia que se cuenta para entretener y hacer más ameno el socorrito1 , sino que son el reflejo del contexto social y político de cuando sucedieron los hechos, porque verá, cuando por ejemplo el señor José Antonio Páez (mi abuelo), decide venirse a Bogotá a mediados de la década de los cincuenta no fue por gusto, sino porque durante esos años la violencia bipartidista pegaba fuertemente en los pueblos. Él es originario de Cucaita, un municipio pequeño en el centro de Boyacá, donde eran más los liberales que los conservadores. Lo que quiero resaltar es que esta guerra que se vivió entre li-

Durante esos tiempos lo brotes de violencia eran más fuertes y seguidos, no importaba hace cuanto se conocieran, si eran vecinos o compañeros, al final de cuentas todos eran enemigos y sin saber por qué. Se tenía que estar inscrito en un partido político o en el otro, así de “sencillo”. Y es que la inclinación política dependía del apellido, es decir, si el papá de esta casa era conservador, de ahí para abajo, hijxs y nietxs crecían y defendían ese título, y lo mismo sucedía con el otro bando, se convertía en un asunto familiar y de odios que duraban años sumidos en la ignorancia del sentimiento.

1 El socorrito es como mi abuelo llama humildemente a alguna de las tres comidas del día.

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Aquel día, mi abuelo estaba llegando a su casa en el barrio Kennedy, donde sus hijxs y su esposa lo esperaban. A su llegada, a pocos metros de la entrada, fue agredido por esos señores que se tomaban muy apecho los odios aprendidos de otros… y lo más terrible del caso, es que fue a manos de un vecino de la cuadra.

Halim (el hijo mayor), recuerda que desde muy niños y a consecuencia de observar esas olas de violencia, los más jóvenes aprendían a reconocer a quienes debían evitar, a quienes serían

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sus rivales. A muy temprana edad adoptaban también este tipo de comportamientos violentos, sin entender en realidad por qué, solo se hacía y se convivía con eso. El tío cuenta que él estaba en la casa recostado, cuando sintió un palpito… sintió que algo le había pasado a su papá. Salió de su casa despavorido, desubicado y con ladrillo en mano empezó a buscar a quien le había hecho daño a su padre; no sabía por dónde andar, ni por qué lo hacía, solo reaccionó. De un momento a otro, en medio del alboroto, empezaron hacer disparos al aire y la gente le gritaba: ¡corra joven, corra! Todos sabían que de un momento a otro podrían dejar de hacer disparos al aire y empezar a dirigirlos directamente a las personas… a los enemigos. Cuando él regreso a su casa, el abuelo efectivamente había sido herido, le habían dado una puñalada en el abdomen, y ya había llegado una ambulancia por él para llevarlo a la Clínica de la Policía. Él relata que esos momentos fueron muy angustiantes, que él no entendía el por qué había pasado eso, por qué a ellos… no entendía los motivos. Después de varios años de lo sucedido, en una de esas charlas que tienen ellos dos cada semana cuando mi tío le dedica un día para acompañar a los viejitos, mi abuelo le comentó que efectivamente él fue llevado a la clínica de la Policía, pero cuando llegó no había luz en las instalaciones y no lo podían intervenir quirúrgicamente, así que lo trasladaron lo más pronto posible al hospital militar donde estuvo hospitalizado varios días. Mi abuelo dice que no haber sido por la oportuna labor de quienes lo atendieron, habría fallecido por culpa de esos miserables. Al revivir el momento con mi abuelo, Halim recordó que varios días después del suceso, la abuelita un día les dijo a los hijos que estaban en casa esa mañana, que se alistaran porque iban a visitar al papá en el hospital. Él recuerda lo duro que fue todo, empezando por entrar al hospital y el impacto que sintió al verlo. Tuvo ganas de escapar de esa realidad, era tal el rechazo que ni siquiera le nacía preguntarle cómo se sentía… y él al mismo tiempo que me contaba semejante historia, comparaba ese sentimiento con la actitud que tenemos muchos de nosotros al conocer, al escuchar y al ver lo que pasa con nuestros vecinos, amigos y familiares que se ven directamente afectados por algún acto que atente contra sus vidas, su integridad o que altere su tranquilidad. A veces es más fácil huir, cerrar los ojos fuertemente y apretar los dientes, antes que sentir compasión o compartir el dolor de los otros. El miedo es un sentimiento de cuidado, difícil de confrontar. Lo que rescato de esta memoria familiar es que se me dio a conocer una versión alternativa de la historia oficial que todos hemos llegado a conocer sobre la guerra bipartidista. Y es gracias a la esencia misma del relato… corto pero sustancioso, que se siente la historia como propia y todo lo que le dije anteriormente sobre el sistema del olvido se fractura de a pocos. Con el sistema del olvido me refiero a nuestra memoria de corto plazo, a la simpatía momentánea por el otro, y llego a creer

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que por este tipo de memorias, que tiene nombres propios, gente del común que se puede reconocer o ubicar dentro de un escenario más cercano, hace que la memoria se active, esté en constante movimiento lo que logra que no solo seamos capaces de recordar más, sino que haya análisis de lo que pasa y por qué no, puede generar acciones de cambio frente a nuestra realidad. Y es que conociendo la historia se entiende el porqué de las cosas, se entiende por qué estamos donde estamos y por qué somos quien somos. También por éste tipo de historias de la historia es que me pregunto por quienes la vivieron, por quiénes esa era su realidad; también en ocasiones me pregunto por quienes escriben la historia, porque al fin y al cabo ellos fueron o son los que deciden quienes van a salir en las páginas de los libros, deciden cuales nombres deben ser recordados y quienes ni siquiera reconocidos. Esto solo significa una cosa: poder. La historia es un ejercicio de poder. Poder ejercido por las élites de toda sociedad, que controla el conocimiento como medio de protección a sus intereses, porque no es conveniente dejar cabos sueltos que puedan traer problemas después, no hay lugar para dejar las cosas a su suerte. Perdón si lo abrumo con la cantidad de temas y nombres que voy diciendo, así que para que esto no sea un sancocho, me voy a centrar en la juventud de mi madre, mis tíos y tía, la década del 70 y 80 que recuerdan con tanta nostalgia y afecto. En esos años estaban en el colegio, llegaron los primeros amores, los juegos en la calle con los vecinos, los partidos de micro, en fin, la juventud. Cuando, como dice mi abuelo: la maldita pobreza, no les impedía soñar y ser felices.

1. José Antonio Páez y su esposa Isabel Borda

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Los voy a presentar primero, sería muy descortés de mi parte sino lo hiciera y más, siendo ellxs lxs protagonistas de esta historia. Empiezo por la cabeza, Don José Antonio Páez Buitrago y su esposa, María Isabel Borda Castellanos. Siendo muy jóvenes se casaron por la iglesia católica, en su tierra natal donde nacieron y se criaron tres de sus hijos; el mayor, Carlos Nicolás o como lo conocen todos Halim. Seguido por José Atanael (su nombre de pila) pero quien es conocido como Ricardo. Después llega la primera de dos mujeres, Ruby. El resto de los siete hijos, nacieron y se criaron en Bogotá, en el sur, primero en el barrio Bellavista y luego pasarían a ser los primeros niños que crecerían en el barrio Kennedy. Continuamos con José Antonio (hijo) o Toño (su apodo), sigue mi madre, Esperanza, después nace Nelson Eduardo o Lalo (su apodo) y por último, pero no menos importante, Marco Alfredo pero a quien se le conoce con el nombre de Latif.

Mi familia de orígenes campesinos tiene muy arraigada la religión católica, religión que como dicen mis tíxs les fue impuesta. El tío Halim, se refiere al tema así: sentía que la religión católica lo había tomado sin haberle pedido permiso, sentía un resentimiento que no podía expresar, no sabía cómo zafarse de eso. Fue así como primero llegaron los hijos mayores a hacer parte de la hermandad SUBUD. No quiero enredar con esto a quien lee, ni decir más, porque o si no esto se me alarga mucho, pero me parece conveniente nombrarlo no solo por lo importante que es esto para la mayoría de las personas de mi familia, sino también por la inconformidad y el desligamiento, el proceso por el que pasaron los hijos (no todos) de la religión católica, de esa doctrina que sentían ajena pero muy controladora, que les achacaba culpas desde pequeños y sin saber razón (esto haciendo referencia a la figura de Jesús y su muerte).

3. Rohana y su esposo Halim

2. Celebración en la casa del Barrio Kennedy. (Izquierda a derecha) Esperanza, Ruby, Lalo, Latif, Toño, José Antonio, Isabel y Halim.

Hago la aclaración de los nombres de pila y los “otros”, porque se toman de un desarrollo espiritual, de la búsqueda de un bienestar, de algo más allá de una religión específica; esto ha sido un lazo que nos une a todos fuertemente.

Bueno, retomando la presentación de los personajes de esta historia, empiezo por Halim, el mayor de los hijos. Nació el 6 de diciembre de 1947, y como ya dije, sus primeros años fueron en Cucaita. Cuando él nació mi abuelo estaba lejos, él en ese entonces se alistaba para ser miembro de la policía. Un buen día, mi abuelo se levantó muy temprano, antes que amaneciera, se despidió de su esposa y se fue sin decir más; ese mismo día se enlistó porque en el pueblo habían muy pocas opciones laborales y lo poquito que había era muy mal pago o hasta se le hacían los locos con el pago de las chichigüitas.2 Durante estos primeros años, mi abuelo iba y venía, así que mi abuela le tocaba solita cuidar a sus hijos, mantenerse con los pocos centavitos que Don José Antonio conseguía, además de lidiar con los vecinos que no eran los mejores y hacían que la situación fuese más complicada.

2. Chichigua se usa cuando se hace referencia a una poca cantidad de dinero.

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Sigue Ricardito, el rompecorazones. Como dice el dicho: más coqueto que perro con tres bolas, fama que se ganó en sus años de juventud. Nació el 19 de abril de 1951, en Cucaita donde cursaría los primeros años de estudio en la pequeña escuela del pueblo. Después junto a su familia llegaría a Bogotá, desplazados por la violencia entre cachiporros y godos y por la pobreza en la que vivían. El primer sitio en el que se hospedaron fue la casa de inquilinato de la Sra. Gregoria, allí vivieron un tiempo, fue difícil por todo y todo, una nueva ciudad, convivir con mucha gente, tener que compartir la cocina y el baño, en fin, eso fue un choque terrible, porque a pesar de las necesidades que tenían en su pueblo, eran independientes. Luego llegarían a vivir al casalote, a una casa humilde con cubierta de tela asfáltica; lo bueno de ese lugar, es que tenían un pedacito de tierra donde mi abuelo pudo cultivar algunas cositas como lechuga, zanahoria y papa. 4. En Cucaita. (Izquierda a derecha) Isabel, Halim, Ruby y Ricardo

Cuando empezó la familia, la joven pareja no tenía una tierrita propia, les tocaba pagar arriendo, pedirle ayuda hasta al padre del pueblo para poder conseguir un lugar donde refugiarse y pasar la noche. Pero la situación por la posesión de tierra era bien complicada, quienes la tenían la controlaban muy bien, hasta pasar de una finca a otra era todo un calvario, las cercas eran algo así como fronteras difíciles de cruzar; a eso agréguele el problemita que ya he nombrado varias veces, ese del tema político y de los enemigos a muerte. El tío Halim, hizo parte del ejército, en el grupo antiguerrilla. Cuando mi abuelo decidió enviarlo al ejército en 1966, fue un momento muy difícil y doloroso para todos los hermanos porque como él era el mayor, él se hacía cargo de los menores, era quien mantenía el orden en la casa (todo esto cuando ya estaban establecidos en Bogotá). Se imaginará la tristeza de todos cuando partió y más cuando él estaba de servicio en las zonas de alto riesgo del país. A su regreso de los años de servicio, hizo su carrera de derecho en la Universidad Militar y años después conoció a quien sería su esposa, Rohana Castillo, con quien tuvo dos hijos, Harris y Faroah… y como dicen por ahí, lo demás ya es historia

5. Charla padre e hijo. Ricardo y Don José Antonio

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Volvería a la escuela y este fue otro cambio impactante, porque en vez de haber un solo profesor, eran varios y dictaban diferentes materias, por otro lado la cantidad de estudiantes era casi el doble, imagínese… pasar de conocer a todos los niños del pueblo a no conocer a nadie. Desde muy chico le toco trabajar, porque las necesidades económicas eran muchas, vendió arepuelas, arepas de maíz y el periódico junto a su hermano Halim. Ya viviendo en la casa en el barrio Kennedy, dió con una vecina muy amable, la Sra. Emilia, quien le ofreció que trabajara como vendedor en la Plaza España y le dijo que las ganancias por las ventas se repartirían por mitad, sin pensarlo dos veces aceptó. Como estudiante del Colegio Nuestra Señora de Fátima, empezó su fama de conquistador. Él recuerda que en esos años se enamoró de una profesora, su primer amor platónico, pero el hizo los movimientos necesarios para conquistarla, le cantaba rancheras y se las dedicaba a su profesora amada. A pesar de que ya empezar a echarle ojo a las muchachas, ocurrió que en esta institución educativa obtuvo la excelencia académica. Logro del que aún se siente muy orgulloso porque el camino a la meta estuvo complicado. Pasó por varios trabajos, entre algunos como carpintero y albañil, luego tuvo la oportunidad de estudiar en el SENA para aprender fotolitografía y offset. Después de esos muchos andares por diferentes oficios, conocería a Celmira con quien tuvo a su primer hijo Andrés Julián. Durante ese tiempo, hubo un periodo de prosperidad y pudo ayudar económicamente a su familia. Un par de años después y trabajando en el Banco de Colombia, conocería a su primera esposa Edy, con quien tendría a sus hijos, Diego y Diana; mientras todo estos cambios en su vida pasaban, pudo hacer su carrera de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Se separa de su esposa, empaca maletas y se va a vivir a Arauca a empezar de ceros, allí su carrera despegaría y nuevamente cambiaría de oficio. Empieza a trabajar como catedrático en las seis universidades de la ciudad de Arauca, también trabajó como coordinador académico de Ingeniería de Sistemas en la

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Universidad de Santander, por ultimo ingresa al SENA donde se desempeñaría en varios campos, actualmente sigue trabajando en esta institución y ya le quedan pocos años para la pensión.

por errores administrativos y con su socio, la empresa quiebra. En 1984 se casa con Juan Carlos Preciado y tienen dos hijos: Mursalin Mateo y Afandy. En año 1998 le diagnostican cáncer, esto hizo que hubiera muchos cambios en su núcleo familiar y en todos nosotros. Después de superar su enfermedad, se separara después de 15 años de matrimonio. Pero como siempre ella ha sido una guerrera, una rebuscadora, su divorcio no la detuvo. Ha tenido varios negocios propios, los más prósperos han sido relacionados con la cocina, esta mujer tiene una sazón incomparable. Aprovecho para hacerle la propaganda a las empanadas que hace con ají de maní… un día de estos le invito. 7. Toño en la entrada de la casa

6. Ruby en Caucaita, Boyacá

Nació la primera mujer… Rubicita. En el año 1953, en Cucaita, Boyacá. A sus 5 años de edad, la familia se radicó en Bogotá y desde ese momento empieza y se desarrolla su vida, con todos los logros, sueños y frustraciones. Era la mano derecha de su madre, ayudó a criar a sus hermanos menores sin dejar de lado vivir su juventud, su gusto por la cultura y la música rock con la que se identificó en la década del 60. Estudió en el colegio Nuestra Señora de Fátima, un colegio femenino y como ella misma lo dice: un colegio de niñas ricas. En esta institución hizo su primaria y bachillerato, culminando en el año 1974. Terminado el bachillerato siente la necesidad de ganarse la vida y ayudar económicamente en su casa. Ve las necesidades de su hogar y comienza la búsqueda de trabajo. Recuerda ella que uno de sus primeros trabajos fue en los supermercados Tía y siguió pasando de empresa en empresa hasta terminar en El Ministerio de Hacienda.

Turno en la familia para Toñito, el consentido de la casa. De él hay que decir primero que es desde muy joven el alma de la fiesta. Su pasión por la música, la locución y la animación de eventos, los ha sabido combinar con una vida normal de familia, vestido y corbata.

A los 29 años empieza esa inquietud por la independencia económica y laboral, lo que la lleva a constituir su propia empresa de administración de propiedad horizontal. Lastimosamente

Nació el 23 de agosto de 1959 en la capital de la república. La primera infancia la vivió en el casalote del barrio Bellavista, pocos años después pasarían a vivir a la casa donde aún viven mis abuelos en el barrio Kennedy. En 1967 comienza sus estudios en la Concentración Distrital de Pablo VI y en 1970 pasa a la institución educativa Jhon F. Kennedy donde termina sus

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estudios primarios. Al año siguiente inicia el bachillerato en el INEM, donde logró graduarse como bachiller comercial en 1978. A los dos años empieza su vida laboral, ingresa al Banco de Colombia, más exactamente el miércoles 27 de febrero, fecha que Toñito recuerda muy bien porque ese día el M-19 se tomó la embajada de República Dominicana. En 1986, empieza a estudiar Administración de Empresas en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Allí conocería a la que es su esposa Adriana Orjuela Martínez y en el año 1989 nace su primera hija Ivonne. Los primeros años de vida familiar no fueron fáciles en ningún sentido, él no estaba preparado para ese cambio tan grande y repentino; con el nacimiento de Ivonne tuvo que apretarse el cinturón y lamentablemente por cuestiones de tiempo y dinero no pudo continuar sus estudios universitarios. Para 1995 cuando nace su segunda hija Laura Camila, se viene una fuerte recesión económica en el país y pierde su empleo en el banco debido a un recorte de personal. Pasan nueve meses, consigue trabajo en Fiducolombia y estando allí se le presenta la oportunidad de reingresar a Bancolombia, donde continua trabajando.

En 1978 se gradúa de bachiller y después de seis meses sabáticos, decide estudiar Secretariado Comercial en el SENA. Al año siguiente da inicio a su vida laboral, su primer trabajo fue en La Nacional de Chocolates, allí empezó un gran cambio en su vida profesional y personal, durante el año que estuvo como practicante en esta empresa, tuvo la oportunidad de conocer mucha gente, viajar, en fin… vivir su juventud. En 1982, año del mundial de España, trabajó en una oficina de arquitectos, donde le acolitaban sintonizar los partidos importantes del mundial aún en horas laborales (esta alcahuetería también la disfruta en la empresa que actualmente labora, gracias a ella no se perdieron ninguno de los partidos de nuestra selección en el pasado mundial de Brasil), también le dieron el espacio para que continuara con sus estudios en el SENA, esta vez en Contabilidad General; pero no todo fue amabilidad, durante los dos años que trabajó en este lugar no le pagaron pensión, salud ni su liquidación. Después de renunciar de esta empresa, trabaja con su hermana Ruby en la empresa Sadecol, que ella misma constituyó (¿se acuerda, la de propiedad horizontal?). En la constante búsqueda de independencia personal, encuentra un nuevo empleo, esta vez en Laboratorios Chalver, donde trabajó tres años. Posteriormente llega a la empresa en la que aún después de 26 años sigue trabajando, la Casa Editorial El Tiempo. Durante estos años en el periódico ha alcanzado grandes logros profesionales, ha ascendido y se ha desempeñado en varios departamentos de la empresa hasta terminar donde está actualmente, como asistente del gerente general de la Casa Editorial. También le ha traído grandes alegrías pues estando allí conocería a Ricardo Neme Avendaño, con quien formaría familia y tendría una sola hija… quien les habla, Rowena. Su matrimonio ha sido ejemplar, pasado por todo tipo de circunstancias, pérdidas y sueños cumplidos, circunstancias que los han fortalecido como pareja y como pilares de su pequeña familia. Han tenido varios negocios propios para traer uno que otro ingreso extra, han tenido cafeterías, venta de chocolates y muñecos decorativos hechos a mano.

8. Esperanza en el jardín de la casa

Sigue la mujer más hermosa, perdón… tengo que hablar ella con miles de elogios porque es mi madre. La mujer más noble que conozco. Ella tiene un corazón gigante y una fortaleza ejemplar. Hay que decir que ella siempre ha tenido una forma de actuar y pensar diferente a la de sus hermanos… ya le cuento por qué. Esperanza Páez, nace el 22 de octubre de 1960. Al igual que varios de sus hermanos hizo sus estudios primarios en la Concentración Pablo VI y el bachillerato en el Colegio Distrital La Amistad. Panchita, como cariñosamente todos la llaman, no habla mucho de estos años de colegio, no tiene muy buenos recuerdos, además desde muy temprana edad fue algo tímida, sin muchas amistades y algo alejada de su familia. Con el paso de los años fue descubriendo su gusto por la música, el baile y el fútbol, gustos que la acercaron más a sus hermanos.

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9. En Cucaita, Nelson, “Lalo”

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Ahora le presento a Lalito, nuestro Cantinflas. Al igual que todos los miembros de la familia, un apasionado por la música, el canto y la fiesta, además de su gusto por las películas, en especial las mejicanas con actores como Pedro Infante (por cierto, soy su mayor admiradora). Nació el 18 de enero de 1963 en el barrio Bellavista. Sin alcanzar a cumplir un añito de edad, él y su familia se pasarían a vivir a la casa del barrio Kennedy. Esta casa la logran conseguir gracias al plan de desarrollo en alianza del gobierno nacional y el de los Estados Unidos. Este programa se dio en lugares que se consideraban posibles territorios para el surgimiento de grupos socialistas y como usted debe saber, esto era motivo de paranoia para el gobierno norteamericano, así que se hizo una gran inversión para la construcción de vivienda en esta zona de la ciudad. Quienes serían los propietarios de estas casa, tenían que dedicar un día a la semana en la construcción de las viviendas, no necesariamente en las suyas, es decir, todos los beneficiarios ayudaban donde les fuera pedido y al final, cuando todo estuvo listo, se hizo un sorteo para saber quién quedaba con cuál casa.

ayudaba en la finca y además era un apoyo más para su padre que en ese entonces era alcalde del municipio. Un alcalde bastante controversial porque propuso y gerenció proyectos vitales que implicaban dinero y la participación de todos, incluso de sus opositores políticos. Entre esos proyectos estuvo el acueducto y la reforestación del pueblo, necesaria ya que Cucaita aún en estos días sufre de largas y fuertes sequías. A su regreso a Bogotá y por esas cosas de mi Dios, y después de un negocio fallido, empieza a trabajar como mecánico automotriz. Su primer trabajo fue en el taller de su cuñada Edy, esposa en ese entonces de su hermano Ricardo. En este lugar conoció a quien sería la mamá de sus hijos, Claudia Ramírez. Olivia, Matías y Estefanía son los frutos de esta relación que duro pocos años. En este momento Lalito es padre soltero de sus dos hijos mayores, los ha podido levantar a punta de trabajo, amor y sacrificio.

Continúo, a los siete años comienza su primaria en la Concentración Distrital Pablo VI, escuela donde tuvo un tiempo difícil gracias a las diferencias de edad con sus compañeros y la forma en que fueron criados. Eran niños formados en la calle, de hogares no estables… que crecieron bajo “la ley de la calle” y “la ley del más fuerte”, esa que aun afecta a muchos pequeños. Según él mismo cuenta, le tocó ganarse su respeto a punta de trompadas y travesuras. Lalito dice ser un afortunado, él vivió en su juventud muchos eventos importantes de la historia. De sus recuerdos favoritos está el de la revolución cubana, la figura del Che Guevara, su primer acercamiento a las ideas socialistas, que veía como una opción de vida, de cambio. También recuerda la persecución a estudiantes, en especial a los seguidores de esta ideología emergente en Latinoamérica. Igualmente recuerda la llegada del hombre a la luna, el asesinato de John F. Kennedy y la visita del Papa Pablo VI a Colombia. Y por último, lo que cambiaría su mundo, la radio con sus radionovelas que despertaban su imaginación y la llegada de la televisión, televisión que no podían ver y televisor que por cierto no podían comprar, así que él y sus hermanos visitaban las casas de los vecinos para mirar los programas por las ventanas hasta que uno que otro les deba por cerrar las cortinas. Su secundaria transcurrió en el INEM, donde tuvo problemas académicos por culpa del futbol, así que su hermano Ricardo, quien ya estaba casado en ese entonces, le pagó junto con su esposa, un colegio privado para que terminara. No duraría mucho tiempo allí y pasó al colegio Nuestra Señora de Chiquinquirá donde después de mucho sacrificio por fin alcanzo la excelencia académica. Seguidamente, empezó a trabajar en la empresa de su hermana Ruby como mensajero. Con el tiempo decide irse a vivir a Cucaita con sus padres; allí aprendió el trabajo del campesino,

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10. Latif chico y su mamá Isabelita

El 9 de diciembre 1968 llegaría el último hijo... Latif. Fue una grata sorpresa para todos su llegada, la situación económica que había sido tan difícil durante tantos años, ya estaba un poco más estable. Ruby, sería principalmente quien ayudaría a su cuidado en sus primeros años. Sería el consentido por todos y él es el ejemplo de que los niños vienen con el pan debajo del brazo. Cursó su primaria en la Concentración Distrital Pablo VI, inicia el bachillerato en el INEM, pasa al colegio La Amistad, donde solo estudiaría un año. Debido a su regular rendimiento académico, en el año 1983, mis abuelos que estaban viviendo nuevamente en su pueblo Cucaita por la finca que habían comprado y porque para ese año mi abuelo, el Sr. José Antonio ya era alcalde de este municipio; le dijeron que se fuera a vivir allá para poder tenerle un ojo encima y apretarle una que otra tuerca suelta. Vivió allá un año y continuó con sus estudios en la escuela departamental de Cucaita.

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A su regreso a Bogotá estudia en el Colegio Militar Baraya, finalmente se gradúa en el Colegio Carrasquilla. Él recuerda con mucho cariño cuando le toco hacer la alfabetización en su último año de colegio, porque fue gracias a esta experiencia que tuvo la oportunidad de descubrir su gusto por el trabajo social voluntario que ha seguido ejerciendo aun hasta estos días. Ha usado el deporte, específicamente el futbol para trabajar con jóvenes de su localidad en situación de vulnerabilidad.

enseñándole aquellas palabras que son muy nuestras y por último, trataré que no todo sea sobre nosotros, es necesario que relacione mis memorias… nuestras memorias con otros conocimientos. A medida que le vaya narrando un hecho histórico, quisiera que usted se preguntara cómo lo vivió su familia, la idea es que entre usted y yo vayamos haciendo desde la distancia, el ejercicio de recordar y reconstruir la historia política de Colombia en los años 70 y 80.

Tuvo la oportunidad de hacer tres semestres de Cine y Televisión en los años 90, pero lastimosamente por falta de tiempo y dinero para poder costear los materiales que le exigía su carrera tuvo que aplazar indefinidamente sus estudios en este campo. Después de esto y por cosas de la vida, terminó trabajando en algo totalmente diferente y es en el campo del servicio, comienza como botones en el Gun Club de Bogotá, un club bastante exclusivo, donde solo van los dirigentes del país… así como para que se haga una idea de la gente que frecuenta este lugar. Como le empieza a ir muy bien en su nuevo trabajo y como de ñapa le gusta, decide estudiar en el SENA una carrera que en ese entonces se llamaba Bares y Restaurantes. Haría sus prácticas en Armenia durante un año.

Lo invito que se levante, estire pierna, si quiere vaya por otro tintico y se prepare, porque quiero que me siga acompañando. Usted ya para este momento es mi compañero de viaje y quiero que lo siga siendo. ¿Le parece si empezamos?

Como la mayoría de sus hermanos, también tuvo negocios propios, un pequeño local en el Ricaurte de venta de empanadas y dos restaurantes que manejaría de la mano de su hermana Ruby. Estas empresas durarían varios años, pero al terminar este ciclo de independencia, vuelve a trabajar en el campo del servicio de alimentos y en la organización de eventos, esta vez y de aquí en adelante en casinos de varias empresas, nacionales y multinacionales e incluso hospitales. Con Latif termino de presentarles a los miembros de esta… mi familia. Es necesario que lo haga para que usted pueda ver la variedad de personajes que hay en ella, y me refiero a que todos a pesar de haber nacido en el mismo hogar han tenido experiencias de vida diferentes y que de eso depende su forma de ver su propia historia. Los trabajos por los que han pasado, los círculos sociales de los que han hecho parte hacen que esta familia sea un claro reflejo de la sociedad colombiana: variada, con sube y bajas, que son sobrevivientes de cambios políticos y económicos que terminan afectando más a final de cuentas a la clase media. Voy a echar un cañazo antes de seguir con la segunda parte de este recorrido histórico. Quiero aprovechar este momento para hacerle un reconocimiento a los Páez Borda, porque sé que no es fácil quitarse ataduras, resentimientos e inseguridades que se van heredando, sé que no es fácil convivir con ello y generar cambio, no solo para entre ellos, con sus hijxs, sino también con su comunidad. Admiro también su interés por la realidad nacional, por generar debates sin importar desde que posición se hable y se expresen las ideas, porque gracias a ese tipo de encuentros que se generan desde el hogar, es que nace este proyecto. A partir de este momento, voy a manejar esta amena charla por capítulos de años, seguiré usando el mismo tono, seguiré

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Uno Entre sueños e ideologías

Los setenta. Hasta el momento he hablado de un poquito de todo, pero voy a empezar a presentarle el panorama de los años setenta, esta época como yo la entiendo es igual a cambio. Se crean nuevas tecnologías, el mundo empezaba a conectarse, hay mucho por descubrir… nuevos líderes por conocer, nuevas ideas y en el campo de la cultura y el entretenimiento… ni se diga, las posibilidades eran infinitas. La casa de la familia Páez Borda, olía a aguapanela, a huevo con arroz, al cocido boyacense de los sábados; se escuchaba en sus cuartos las fuertes letras de Piero o Ana y Jaime, en otros los vallenatos de los hermanos Zuleta o la muy querida música colombiana que escuchaban a diario mis abuelos en la emisora Radio Santa Fe.3 Dentro del mismo círculo familiar, las relaciones cambiaban, algunos se hacían más cercanos y otros salían en búsqueda de un mejor futuro. El ritmo de vida va cambiando, se va acelerando y esa tranquilidad que se disfrutó durante años estaba a punto de cambiar. Pero allá… fuera del nido, el panorama era algo más truculento, no tan lleno del optimismo de la juventud. La década del 70 empezó con la indignación de muchos a causa nuevamente de los poderes políticos. Este problemita tiene un antecedente y es que desde 1957, con la salida del General Gustavo Rojas Pinilla de la presidencia se crea el Frente Nacional, 3 Emisora conocida como la “radio de Colombia”, salió al aire el 1 de abril de 1938 en el dial 1070 AM. Empezó como un sueño de su fundador Hernando Bernal Andrade y su esposa María Luisa Mahe, en una casa en el barrio Centenario, transmitiendo por un radio rescatado de un accidente aéreo con algunas modificaciones a manos del ingenioso Sr. Bernal. 77 años después, esta emisora que se mantuvo durante años como una empresa familiar, sigue al aire en el dial que todos conocemos en el AM y con su programación habitual, una granja de noticias en la mañana y durante el resto del día música variada.

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que consistía en que se iban a turnar la presidencia los dos partidos políticos reconocidos del país: Liberal y Conservador. Después de esto, en 1961 el mismo General Rojas Pinilla formaría su propio partido, la Alianza Nacional Popular (ANAPO). Para 1970, la ANAPO lideraría las votaciones presidenciales, pero por obra y gracia… “divina”, Misael Pastrana Borrero asumiría la presidencia el 7 de agosto, siendo él el último presidente del Frente Nacional. Su elección estuvo llena de controversia, se decía en las calles y aún en algunos medios que su victoria había sido por fraude electoral. Esto es clave en lo que le voy a contar a continuación porque para los Páez, mi familia, (y no solo para nosotros) este sería un punto de quiebre, el detonante de cambios políticos, sociales e ideológicos. Pero por ahora solo lo nombro, porque quiero seguir con otras generalidades de esos años, para después ampliar los puntos que considero más significativos. Toma la presidencia el Sr. Pastrana (1970 – 1974), durante su mandato hay un incremento de partidos de oposición además de nuevos grupos subversivos. La economía se vio fuertemente afectada por su intento fallido de impulsar la industria de la construcción, con el sistema de Unidad de Poder Adquisitivo Constante (UPAC), a consecuencia se daría uno de los más altos niveles de inflación en la historia del país. Alfonso López Michelsen (1974 – 1978) recibiría la presidencia con la crisis causada por el UPAC y se vería obligado a decretar la primera emergencia económica; otro de sus grandes retos fue el paro nacional del mes de septiembre de 1977. El último presidente de esta década fue Julio Cesar Turbay Ayala (1978 – 1982), liberal, “el turco” como lo llama mi abuelo, ganador de las segundas elecciones libres después de terminado el Frente Nacional. Conocido por su polémica forma de contrarrestar los crecientes grupos guerrilleros; a finales de su mandato, la cúpula militar se apoyaría en los nacientes grupos de Autodefensa para hacer acciones conjuntas en contra de las guerrillas. Por último, lidiaría también con el creciente problema del narcotráfico, aunque no creó ninguna política como tal para combatirlo. Después de este brochazo rápido por el panorama de esta década, quiero ahora si enfocarme en las elecciones presidenciales del 70. Y es que como ya había dicho fueron bastante controversiales… me atrevo a llamarlas descaradas, por lo conocido que fue el fraude, pero que igual no significó alguna investigación o alguna acción para repetir las votaciones y aunque hubo protestas, el disgusto del pueblo no fue tenido en cuenta. Por esto mismo, muchos… no solo líderes, sino también el ciudadano común, decidió cortar con ese legado violento y engañoso de la política tradicional. Pero empecemos por el comienzo, a pesar de que para las elecciones para ese periodo presidencial hubo cuatro candidatos, todo el mundo sabía que la pelea por los votos estaba solo entre dos: Misael Pastrana Borrero y Gustavo Rojas Pinilla (el exdictador de la década del cincuenta). La ANAPO de Rojas Pinilla, contaba con varios ases bajo la manga, tenía de su lado lealtades políticas que podían movilizarse por barrios y veredas para conseguir así más votos a su favor, por otro lado contaba con aliados en algunos medios de comunicación en radio y te-

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levisión, lo que hacía más fácil la transmisión de su discurso. Pero el ingrediente principal para su éxito de campaña fue el populismo, estrategia que ya conocía muy bien el General; con ella se hacía un llamado al patriotismo, a la revolución y sin olvidar el llamado divino para que él estuviera nuevamente en el poder. Esta candidatura no era coherente ideológicamente porque podía moverse entre las ideas radicales conservadoras y las de algunos sectores de la izquierda. Por su parte, Pastrana también hacia la tarea pero sin tanta acogida, aunque logro movilizar a su favor los principales líderes del partido Liberal y al mismísimo presidente Lleras, quien incluso fue sancionado por la Procuraduría General de la Nación por tomar partido en tiempo de elecciones y se supone que el presidente debería mantenerse imparcial en este tipo de contiendas políticas. Misael Pastrana también contó con el apoyo de medios de comunicación liberales como el periódico El Tiempo, que se empeñó en degradar no solo al candidato Rojas, sino a todo conservador que estuviera buscando un lugar en su gobierno. A pesar de esta gran maquinaria con la que contaba Pastrana, a la gente no le convencía mucho la forma en que se dirigía al pueblo, era difícil entender los términos que utilizaba, también la gente hacía referencia a que uno de sus puntos débiles era que no tomaba posiciones radicales y que algunas de sus promesas sonaban irrealizables.

control de multitudes con tal de intimidar a los seguidores del ahora perdedor Rojas Pinilla. La gente salió rápido a buscar refugio, donde fuera, pero a pesar de esto hubo más disturbios y daños en la ciudad. Al día siguiente, ya todo estaba dicho y la gente resignada, cabizbaja regresa a la cotidianidad. Mientras tanto al interior de la ANAPO, decidían cuál iba ser el camino a seguir. Las cabezas del partido, que en algunos casos provenían de los partidos tradicionales, líderes de izquierda o simpatizantes de la lucha armada, optaron por buscar la forma de establecer la ANAPO como el tercer partido, un partido que se definiría entre el nacionalismo y el populismo, y a eso agréguele el ingrediente revolucionario. Bastante curioso ¿no cree?, pues digo… conociendo el antecedente autoritario del General Rojas Pinilla, quien seguía siendo el líder dentro de esa naciente fuerza política. Del interior de este partido, de su parte más radical, nacería el M-19 o Movimiento 19 de Abril. Aquellos que no lograban estar totalmente de acuerdo con las decisiones o posiciones políticas dentro de su colectividad, decidieron armar rancho aparte, empezó como un proyecto militarista que terminaría siendo como lo conocemos ahora la guerrilla del M-19.

Cerradas las mesas de votación, aquel 19 de abril, cuando se empezó a informar muy lentamente los resultados no oficiales por la radio, el candidato por la ANAPO, llevaba una buena ventaja en el conteo de votos. Cuando quedaba un mínimo porcentaje de mesas por escrutar, la balanza se inclinó hacia Pastrana. Con un 1,6% por arriba del ex-dictador, Misael Pastrana era declarado presidente por las cifras emitidas por la Registraduría Nacional. Tomó dos días después de haberse conocido el resultado oficial de la votación presidencial, para que ese malestar, ese disgusto por lo sucedido explotara en las calles, la gente se alborotó y salió a lugares públicos a protestar, hubo uno que otro disturbio, resultado del mismo disgusto; estas movilizaciones se dieron sobre todo en las ciudades.

Para las elecciones de 1972, a pesar de la simpatía de la gente por la ANAPO, quienes eran posibles votantes no salieron a las urnas y la explicación es bastante sencilla, después del fraude electoral del 70, la gente que tuvo un alto porcentaje de participación durante esas votaciones, terminó de perder la fe en la legitimidad del gobierno y en la democracia, ya no le veían ningún sentido a salir a votar si al fin y al cabo ya se habían rifado quienes iban a quedar en el poder. Pensamiento que afectó de manera significativa a la ANAPO porque para las elecciones de ese año, los grandes ganadores nuevamente fueron los dos partidos tradicionales, obviamente no tuvieron una cantidad de votos exagerada o algo por el estilo, los poquitos que salieron a ejercer su derecho al voto fueron más que todo simpatizantes de la forma política tradicional. Esto fue para la ANAPO… el comienzo del fin (Tirado, 1989).

El gobierno tomó medidas, por ejemplo que líderes de la ANAPO tenían que permanecer en sus casas, en pocas palabras, en arresto domiciliario. El presidente decide hacer una alocución donde expuso la situación de violencia y amenaza contra el estado, por lo que declara el estado de sitio y ordenó militarizar las calles; a pocos minutos para que terminara, decide que a partir de las ocho de la noche de ese día se declaraba toque de queda y aquel que fuera encontrado en la calle sería capturado y sufriría una sanción.

Pero ahora, ya que le mostré el contexto histórico del momento, sí voy a contarle lo que me gusta más, cómo vivieron ese fraude electoral de los 70 mis queridos integrantes de la familia Páez. Voy a empezar con la versión de Lalito, porque considero que es una buena anécdota para comenzar a meterse en la historia de la década del setenta. Y es que él estaba chiquito, todavía era un niño, realmente en ese entonces no entendía lo que veía, lo que pasaba, ni mucho menos las implicaciones que esto tendría.

Como es de esperarse el General Rojas Pinilla, desde el balcón donde se encontraba le habló a sus seguidores, que cantaban con voz de lucha que no iban a caer bajo el engaño y en la trampa de los que manipularon los resultados de las elecciones. A grandes rasgos lo que dijo fue que el haría respetar el triunfo y si era necesario tomaría las armas nuevamente. Después de esas palabras y el apoyo incondicional de la gente, fuerzas militares llegaron al lugar, mostrando sus mejores armas de

Todo fue más o menos así…

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En el lugar de la casa donde actualmente está el garaje, había una tienda. Ese negocito se hizo buscando ingresos extras, porque el salario de policía de mi abuelo se quedaba corto para mantener la gran familia, y como todos saben, la venta de cervecita, también conocida como “sagrado sorbo”, deja platica. En la parte de atrás de la casa, quedaba un gran patio y para

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aquel 19 de abril de 1970, día de las elecciones presidenciales, mi abuelo había puesto largos tablones con bloques, que quedaron como bancos para que la gente que estaba en la tienda pudieran pasar a ese sector de la casa a escuchar los informes radiales de cómo iba el conteo de votos. Todos los presentes iban por Rojas Pinilla. A las cinco de la tarde empezó la transmisión radial y a medida que pasaban las horas la gente estaba más y más contenta porque todos estaban convencidos que el General iba a ser el ganador de la contienda electoral.

de llover. Él vio a su mamá, ponerse el delantal, hacer su rutina diaria, les preparó el desayuno como de costumbre, pero con una cara de desilusión y tristeza que aún Lalo la tiene bien marcada en su memoria. Aún después de regresar de la escuela, el sentimiento en la casa no había cambiado, pero de puertas para afuera la tristeza de muchos se transformó en enojo y en ganas de que se sentara un precedente, el descontento se tomó las calles y las manifestaciones se vivieron en diferentes ciudades del país.

Pero espere, ¡téngamelo ahí! Antes de seguir con esta anécdota, quiero proponerle un ejercicio para que lo haga de aquí en adelante cada vez que le narre un hecho histórico. Quiero que usted lo haga con su familia y es que entre todos recuerden qué estaban haciendo esa fecha, en este caso, cómo vivieron ese 19 de abril de 1970. Tal vez a partir de esta sencilla pregunta, se encontrará con un relato magnífico y más propio, más cercano de este periodo de tiempo que le estoy contando. Y ya que me desvié un poco del camino, quiero usar otro incentivo, porque como ya le he dicho la historia oficial no incluye nuestras voces, la de ninguno de nosotros quienes somos realmente quienes la vamos construyendo; y es que hace poco encontré un texto de Renán Vega Cantor, sobre la conciencia histórica y allí resaltaba la importancia de la historia oral, del relato, porque termina siendo, de alguna forma, un democratización de la historia de todos, amplia, que agrega elementos que la hacen diferente al discurso oficial. Ahí le dejo la inquietud…

De esta vivencia, nacería su simpatía por el M-19, a pesar de que estaba chiquito, todavía en el colegio, empezó a ver a los integrantes del grupo guerrillero como héroes, como si fueran Robin Hoods criollos. Él me contaba alguna vez, que cuando escuchaba las noticias informando algún golpe que había dado el M-19, era algo fantástico, como de película, porque sus acciones eran diferentes, creativas; por ejemplo aquel golpe con el que se dieron a conocer, cuando se robaron la espada de Bolívar el 17 de enero de 1974, objeto que simbolizaría la lucha que apenas empezaba. ¡Uf! eso fue algo que incluso supero la imaginación de muchos.

Continúo: Lalo, quien en esa época tenía por ahí como unos siete años, al ver la alegría, el júbilo de todos, también sentía una felicidad que lo invadía, en especial al ver a sus padres contentos, porque creía que algo bueno estaba pasando, cosas buenas llegarían para él y su familia. La reunión de todos alrededor de la radio fue hasta casi las siete de la noche, no podía pasar de esta hora porque había ley seca y toque de queda; la gente empezó a salir de la casa pero seguían las risas y los abrazos celebrando una victoria anticipada. Mis abuelos se quedaron escuchando los resultados hasta las nueve de la noche y para esa hora quedaban pocas mesas por escrutar, entonces se fueron a la cama tranquilos y contentos. A la mañana siguiente, cuando Lalo despertó, el ambiente era totalmente opuesto a lo que se había vivido el día anterior, por los pasillos de la casa rondaba un silencio y una tristeza profunda. Él no entendía el porqué de ese sentimiento si unas pocas horas atrás todo era color de rosa. Cuando mi abuelo prende la radio para escuchar las noticias, ya estaba confirmado, los locutores declaran a Misael Pastrana como nuevo presidente de Colombia. Al escuchar semejante cosa, mi abuelo dice en tono alto: ¡Nos robaron las elecciones! cómo así que anoche iba ganando y hoy amanece perdiendo… mejor dicho, ya es presidente Pastrana. Lalito a su edad, no entendía cómo podían pasar esas cosas, no conocía la trampa y mucho menos que podía tener tales alcances. Entonces esa tristeza de sus padres lo afectó mucho y para colmo de males, el día era gris, con ese cielo con ganas

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Voy a enlazar lo anterior con la experiencia de Ruby, que para esa época ya estaba más grandecita, ya entendía las cosas de una forma diferente. Yo voy a ser su voz y espero hacer honor a las memorias que muy cordialmente ha compartido conmigo. Cuando le pregunté a mi tía Ruby cómo vivió la década del setenta y lo que significo, lo primero que hizo fue remitirse a mi abuelo, por dos cosas: por ser ejemplar en todo, incluso en temas políticos y por cómo fue que terminaron siendo seguidores en un primer momento del Sr. Rojas Pinilla y como eso detonó en simpatía hacia el M-19. Según mi tía, Don José Antonio Páez a pesar de haber hecho parte de las fuerzas militares tenía muy claro que la solución a los problemas del país jamás iban a llegar de mano de los partidos tradicionales. Él nunca influyo directamente a sus hijos para que se inclinaran hacia cierto tipo de ideología o partido político, pero ellos al escuchar lo que decía su padre, las conversaciones que tenía sobre política con sus amigos, también al ver la forma analítica con la que asumía la información dada por los medios de comunicación o cuando él a pesar de las necesidades de su hogar estaba siempre dispuesto a ayudar a los demás; sus hijos entendieron que ese era el camino, el de buscar siempre el bien común y la libertad de pensamiento… sin ataduras, ni debiendo favores. En cuanto al apoyo hacia Rojas Pinilla, empezó cuando mi abuelo era policía, cuando el General estaba en el poder, él protegió a sus fuerzas militares, organizó la institución, se podía ascender, trajo más hombres a servir a la patria y les dio beneficios. Entendible, quien no va estar agradecido con quien le da trabajo y más teniendo una familia numerosa por que responder, pero además de eso su apoyo también nació al ver que durante su tiempo en el poder, el país tuvo una epoca de desarrollo estructural y también porque mis abuelos veían que a Rojas le importaba la gente, según ellos, Rojas Pinilla trató de buscar el bienestar de los menos favorecidos.

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El M-19: M de movimiento y el 19 simbolizando el día que el país vivió la mayor desilusión de la democracia y la traición al supuesto poder del pueblo en las elecciones de abril de 1970. A partir de este momento, de esta fecha, los integrantes de este nuevo grupo guerrillero decidieron ser los jueces, los que iban a hacer caer a aquellos que le habían fallado a la patria, sin importar consecuencias o cuánto tiempo les tomara. Llegaron a las casas de los colombianos por medio de campañas de expectativa, publicaban avisos en los periódicos anunciando su llegada, intervenían las señales de radio y televisión, en fin, la gente no sabía quiénes eran, algunos decían que era que iban a lanzar un nuevo insecticida, algún nuevo producto para matar ratas.

Para Ruby, cuando nació el M-19, representa lo más sorpréndete que ella había visto, ni siquiera la llegada del hombre a la luna la emocionó tanto, como cuando escuchaba los logros del M-19. Sus misiones eran conocidas bajo el nombre de “recuperaciones”, por ejemplo, era común escuchar en la radio que ellos “recuperaban” un camión de leche por allá en las lomas y todo lo que estaba dentro del vehículo lo repartían entre la gente necesitada. Estas acciones le parecían extraordinarias hasta tal punto que quiso ser parte de ese cambio. Viene a mi mente una corta historia que reúne lo que vengo diciendo sobre mi tía Ruby y mi abuelo. La cuento a pesar que no pertenece a esta década que le estoy narrando, pero se la digo de una vez antes que la deje pasar y hasta de pronto se me olvide… eso es lo que menos quiero en estos momentos de efervescencia y calor. Años después, cuando el M-19 había entregado las armas y uno de sus líderes más queridos y respetados por lo colombianos se lanzó como candidato a la alcaldía de Bogotá, Carlos Pizarro, Ruby y su hermano menor Latif fueron veedores electorales, por el M-19 en el barrio Marsella. Ella recuerda que los que hacían la misma labor pero por parte de los partidos tradicionales, llegaban con ollas llenas de comida y se dirigían a ellos en tono desafiante diciéndoles: “si ve, por ir por esos partiditos, por no pertenecer a un partido que le dé… vea. Hasta deben estar que rugen del hambre”. Entonces Ruby les respondió: “nosotros no somos muertos de hambre, nosotros estamos aquí por convicción, estamos aquí porque sabemos que es lo que está pasando”. Y este tipo de peleas verbales se repetían constantemente, es más, alguna vez un vecino liberal, le dijo a mi abuelo: “vi a sus hijos por ahí, todos pálidos, muertos de hambre. Donde se matricularon no les dieron ni una gaseosa”. ¡Y vea ese liberal con quien se vino a meter! Ay virgen santísima… mi abuelo muy tranquilo, muy paradito en la raya respondió: “es que es por eso la situación del país, por eso es que se está viviendo como se está viviendo, porque ustedes se regalan por un tamal, ustedes se regalan por una camiseta y arreglan las votaciones pero a fin de cuentas tienen que pagar esos “regalitos” ¿y cuál es el costo? vea no más”.

11. Carteles que anunciaban la llegada del M-19. Imagen tomada del libro Los Testigos M-19 (1977)

Es muy curiosa esta corta historia, porque a pesar que han pasado varios años, décadas, sigue esa compra y venta de votos, de regalos, de mercados gratis o de almuerzos, se hace una inversión grandísima para conseguir votos y después de que tienen sus rabitos asegurados en una silla del congreso o del senado, entonces ahí, si te ví no me acuerdo.

Su misión fue representar al pueblo, sus luchas, querían hacer temblar al gobierno, a aquellos parásitos que seguían aferrados al poder, querían acabar con la injusticia y la corrupción, querían terminar con el silencio de los inconformes e iban a castigar a quienes lo merecieran, a aquellos que atentaran contra los ideales de bienestar y protección de la nación. La idea era pertenecer a la familia colombiana y que quedaran grabados en la memoria colectiva del pueblo.

Le llevaré a continuación, amable lector, al INEM de los años setenta. Este es un colegio público que aún sigue funcionando en la localidad de Kennedy, que queda a diez minutos caminado desde la casa de mis abuelos… me imagino que lo ha escuchado nombrar alguna vez. En esta institución educativa, mis tíos Toño y Lalo vivieron de cerca el auge del M-19, de los estudiantes de las universidades públicas que difundían el discurso socialista en los colegios de la localidad. Y es que era común que llegaran encapuchados a la hora del descanso y empezaran a dar discursos sobre el socialismo, sobre lo que estaba pasando

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en el país o sobre cómo era el Movimiento Estudiantil4 ; el propósito era motivarlos a hacer parte o por lo menos a tener una visión diferente de la realidad que se estaba viviendo. Toño, recuerda esas charlas en medio del descanso como algo emocionante, porque él era consciente de las necesidades, de la pobreza en la que vivían, entonces él y sus hermanos se fueron apegando a esas ideas, no sólo por lo bonitas que sonaban, sino porque había gente trabajando por eso, los veían, los tenían ahí… cerquita. Fue tan fuerte el poder de convencimiento que incluso algunos de sus compañeros de colegio decidieron unirse a la guerrilla, otros se fueron a Cuba, así fue… cada uno fue buscando su propio camino… es más, él mismo llegó a considerar la posibilidad de irse al monte. También era común, como todavía sucede, que hubiera enfrentamientos entre los estudiantes y la fuerza pública, principalmente en esas zonas de la ciudad, barrios pobres, de bajos recursos que eran beneficiarios de alguna forma de esas “recuperaciones” que hacía el M-19. Toño, más de una vez hizo parte de esas pedreas y estuvo varias veces en la estación de policía por lo mismo. Él se fue involucrando lentamente en el movimiento, primero como ayudante, luego como auxiliar y después siendo quien llevaba las piedras a las revueltas. En una oportunidad, él estaba en el colegio, se armó la pelotera y como era de costumbre, cuando veían que las cosas ya se estaban poniendo pesadas buscaron de salir pitados ahí, esta vez… corrieron con tan mala suerte que los policías los corretearon varias cuadras, pero la persecución no se quedó ahí. Él y varios compañeros se metieron a una casa para poder perdérseles a los aguacates, ya dentro la vivienda, les hicieron varios llamados para que salieran, pero a pesar de las insistencias, no salían de ahí, entonces los policías optaron por ir quitando los servicios, primero el agua, la luz y nada que se rendían los vergajos… hasta que resolvieron tirar gases lacrimógenos dentro de la casa, ahí si la cosa se puso fea… fea, empezó a arderles la piel de la cara, la sensación era insoportable, entonces del desespero varios se quitaron el saco del colegio, lo remojaron en el agua del inodoro y se los pusieron en la cara para aliviar un poco el ardor. Después de semejante ataque, salieron y se los llevaron a la estación de policía, donde mi tío Toño estuvo como unas 24 horas detenido, pero como era menor de edad, no pasó de ahí el asunto.

no todo era tan lindo como suena, resulta que para esas épocas, Halim, el hijo mayor ya era un soldado del ejército, que le tocaba duro en las zonas más peligrosas del país, como por ejemplo en el Tolima. Entonces esto hizo que se ampliara la brecha entre los mayores y los de la “segunda generación”, quienes son los hermanos de Toño hacia abajo. Y no solo eso, había un conflicto emocional muy fuerte, porque ellos sabían que Halim estaba en constante peligro, luchando contra quienes eran sus ídolos; en aquel momento una actividad tan sencilla como escuchar la radio era sinónimo de miedo, de tensión, porque así como podían informar que había bajas de guerrilleros, también podían decir había bajas de militares en servicio. En las charlas que he tenido últimamente con mi tío Halim, me contaba sus vivencias de esos años, fue difícil lo que él vivió, el miedo, las largas jornadas, el ver cómo la gente perdía sus tierras y sus seres queridos, no era algo fácil de sobrellevar, sintió el abandono del gobierno. Recuerdo que él alguna vez me contó que durante un tiempo estuvo en Cundinamarca, en un pueblo a pocas horas de Bogotá, que pena con usted querido lector, pero ahora se me escapa el nombre del lugar, me decía que era una tierra muy fértil, productiva, contaba que aun sin gente para trabajarla, salían frutos de los árboles, del suelo; fue frustrante para él ver el desperdicio del terreno y de la comida, también no era fácil ver la gente perdiendo la vida como la conocían, que tenía que pasar de tener un hogar, de tener un ingreso económico a pasar a estar a la deriva. Llegó a un punto que fue demasiado y quiso que su voz fuera escuchada de alguna forma y así que optó por escribir una carta al presidente diciéndole realmente que era lo que estaba pasando, que estaban metidos en la boca del lobo, como atrapados sin salida, sin ver que realmente pudieran hacer algo por los civiles que todavía estaban en la zona. Se preguntara que pasó con esa carta, obviamente nada, no se sabe si alguna vez salió del pueblo o de la oficina postal, mi tío me decía, que él lo hizo en un arrebato, pero que después el mismo se encargó de darse un palmadita en la espalda pensando que al fin y al cabo él era solo un soldado raso, que quién era él para que el mismísimo presidente le respondiera y mandara ayuda a la zona. Y así se quedó el asunto, sobrevivieron a una emboscada, a días difíciles y quedaron sin nada más que recuerdos, cicatrices en cuerpo y en el alma.

Como puede ver ya la mayoría de mis tíos estaban metidos en el cuento, todos buscaban la forma de participar, ¡claro!… dentro de la medida de sus posibilidades. Por lo tanto dentro de familia se vivía con fervor el ser joven y ser un agente de cambio. Pero

4 El Movimiento Estudiantil tuvo su momento de gloria entre finales de la década del 60 y los primeros años de la década del 70. No solo eran parte del movimiento entidades educativas públicas, sino que con el tiempo ampliaron su convocatoria al sector privado de la educación como lo fue la Universidad Javeriana y la Universidad de Los Andes. Los integrantes del movimiento encargados de la difusión de su discurso político eran capacitados por grupos guerrilleros, no solo el M-19, para que pudieran explicar de forma correcta sus ideales políticos, sus ideas socialistas y el objetivo de su lucha: acabar con la indiferencia, el conformismo y hacer oposición a la forma tradicional de la política colombiana y a su cúpula militar (López, 1994).

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12. Halim con sus compañeros de batallón

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Pero él ahora ve esos años con otros ojos, él se sintió manipulado en el ejército, eso de que allá les lavan el cerebro es verdad, pero a pesar de eso tenía muchas cosas claras, él solo era un instrumento, que se podía remplazar dado el caso, pero también sabía que los políticos tenían al país patas arriba, que de pronto los “nuevos rebeldes” con sus ideas podían cambiar algunas cosas, pero aun así era escéptico; todos estos pensamientos se los tenía que tener bien guardados, pues dar su opinión en voz alta era sinónimo de problemas dentro de la institución, él y alguno que otro tenían que comer callados. Aun así, el poco tiempo que podía estar con su familia, más las diferencias ideológicas hicieron que se fuera distanciando de los demás, la relación entre hermanos se vio afectada. A eso sume usted que él seguía con el chip militar, entonces cuando mi abuelo no estaba, él era quien ponía el orden en casa, era estricto, y era difícil también llevarle la contraria, literalmente los hacía marchar. Increíblemente, sus vivencias en el ejército, opiniones y posiciones políticas se vinieron a compartir entre ellos siendo ya mayores, dejando que el tiempo hiciera su trabajo de olvidar y cerrar heridas pasadas. Latif vivió estos años de una forma diferente, siendo el menor de los hijos, sus recuerdos están más enfocados hacia el colegio, los juegos y la imaginación, pero aun así era difícil no ignorar las andanzas de sus hermanos. A pesar de su juventud, él aún tiene vivo el recuerdo de varios momentos históricos de la década del setenta, como lo fueron la presidencia de López Michelsen, y la de uno de los mayores descalabros del país (como él lo llama), la presidencia de Julio César Turbay. Durante su periodo como jefe de estado, el M-19 dio más golpes, uno de los más recordados, el robo de armas del Cantón Norte el 31 de diciembre de 1978; robaron casi 5000 armas y le tomó dos días al ejército notar la falta del armamento. Golpe no solo efectivo por que lograron ganar en armamento, sino que además dieron una de las mayores humillaciones a las fuerzas militares. Por supuesto Latif recuerda el auge del M-19, con sus golpes muy audaces, donde el objetivo era no atentar contra la población civil, sino dar golpes de opinión para que la gente los conociera. Pero el acto que lo afectó fuertemente a manos del grupo guerrillero, ocurrió cuando secuestraron y mataron al sindicalista José Raquel Mercado en febrero de 1976. Con este asesinato, él se da cuenta de la realidad del país, pierde un poco el romanticismo con el que veía a sus ídolos y es más consciente de lo político de sus actos, de las consecuencias y los daños colaterales que se dan cuando se busca cambio. Déjeme contarle quién fue este sindicalista y cómo pasaron las cosas ese mes de febrero del 76. Nacido en Cartagena, autodidacta, José Raquel Mercado desde joven y pasando por varios trabajos, buscó mejorar la situación laboral de él y sus compañeros, como miembro del sindicato en el Terminal Marítimo. Después del año 1957 y gracias a su trabajo como sindicalista, obtiene un puesto en las directivas de la CTC (Confederación de Trabajadores de Colombia) y tiempo después es elegido presidente de la Confederación asegurando así un lugar

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en la lista para la Cámara de Representantes por el partido Liberal. Otro de sus logros profesionales fue ser presidente de la junta directiva del Banco Popular (De la Vega, 2010). Al momento de su secuestro él era el presidente de la CTC. Esta entidad el 16 de febrero hace una denuncia formal de la desaparición del Sr. Mercado en la ciudad de Bogotá, a partir de este momento las entidades de inteligencia comienzan su búsqueda, todos se comprometen con la misión de encontrarlo vivo, porque existía el riesgo de que se hiciera un paro obrero o un posible sabotaje en las próximas elecciones y lo que menos necesitaba el país era otra revuelta popular. El encargado de encabezar la búsqueda fue el general Matallana del DAS (Motatto, Suárez, Graciano y Torres, 1977). El 21 de febrero, el tabloide El Bogotano5 , recibe y publica información sobre quienes tienen al líder sindical y por qué. El M-19 informa que “capturaron” a Mercado el 15 de febrero para ser sometido a la justicia popular revolucionaria por los cargos de traición a la patria, a la clase obrera y por ser considerado un enemigo del pueblo. Con este comunicado el M-19 convoca a los estudiantes, a los anapistas, a los grupos de oposición y al pueblo en general para que hagan parte de este juicio. Después de esto, se comprometen a darle el estatus de preso político al sindicalista y a respetarle la vida hasta que se tenga un veredicto y se haga cumplir lo sentenciado por la voz del pueblo. Usted se preguntará el porqué de las acusaciones y es que según el M-19, Mercado era un peón del imperialismo, quien apoyaba el ingreso de grandes imperios económicos norteamericanos al país, también se le acusa por apoyar y justificar las acciones de los diferentes gobiernos, también por respaldar a los poderosos burgueses y a los partidos tradicionales, descuidando verdaderamente su labor de mantener unido al gremio y apoyar las diferentes manifestaciones para exigir los derechos de los trabajadores. El Bogotano, entre otros diarios como El Pueblo, de la ciudad de Cali, serían los medios para mostrar a la opinión pública las diferentes pruebas que demostraban que el Sr. Mercado estaba bajo su poder (Villamizar, 1995). En las calles, después de publicado este boletín por el M-19, aparecían grafitis con la palabra si, era la afirmación por parte de la población de que el sindicalista José Raquel Mercado era culpable por los cargos que expuso el M-19 al pueblo colombiano. Con el boletín N° 14, se publicaría que su condena era la pena de muerte, pero que era negociable su ejecución a cambio de: 1. El reintegro de los trabajadores de Ecopetrol, Vanitex, Sofasa y otras. 2. La derogatoria de los decretos contra la estabilidad laboral (decretos 1821, 528 y 2351) y contra las libertades sindicales y políticas. Igualmente, la abolición de una serie de decretos destinados a minar el movimiento sindical de los educadores agrupados en Fecode, Acpes y en asociaciones de profesores universitarios.

5 Tabloide que empezó a circular en la ciudad el 16 de octubre de 1972. Los ejemplares constaban de 16 páginas, estaba impreso a full color, manejaba los títulos de sus artículos con gran tamaño de letra y tinta roja, lo que lo hacía muy llamativo para el público en general. El enfoque del periódico eran las noticias sensacionalistas, como crímenes y escándalos (Cacua, 1968).

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3. Reproducción textual e íntegra de su boletín N° 14 en la prensa el siguiente domingo 11 de abril (Villamizar, 1995, p. 86). El gobierno tenía plazo hasta el 19 de abril para que cumpliera estas condiciones, para respetarle la vida a Mercado por los puntos que mencioné anteriormente. El ministro de Gobierno de ese entonces, el Sr. Cornelio Reyes hizo público que el gobierno no estaba dispuesto a negociar o dialogar si quiera. Estas declaraciones marcarían el fin del entonces presidente de la CTC. En una entrevista a Israel Santamaría, una de las cabezas del M-19 proveniente de la ANAPO socialista, dijo que durante el cautiverio de Mercado, él escribió una carta donde contaba cómo estaba la situación de la CTC, en que enredos estaba él metido y con quiénes estaba comprometido. Santamaría dice: “La actitud de Mercado fue la de contarle, espontáneamente, al M-19 todo lo que él había sido y había hecho, que era mucho más grave de lo que nosotros mismos habíamos pensado” (Behar (citado por Villamizar, 1995)). Pero esa carta nunca se encontró. El lunes 19 de abril de ese mismo año, el general Matallana recibe la noticia que José Raquel Mercado ha sido asesinado. Petrificado por la noticia y sin tiempo para reaccionar, la prensa pone sus ojos en quien había prometido su rescate. Lo único por lo que se podía rezar era porque no hubiese otro golpe del M-19, porque ahí sí, sería la estocada final. El cuerpo sin vida de José Raquel Mercado apareció en horas de la mañana en la glorieta de la Av. 63 con transversal 48, por el sector del Salitre en la ciudad de Bogotá.

pero un nuevo grupo aparece en escena, era refrescante, innovador, lleno de ideales que cumplía poco a poco, eso era el M-19. Ellos ofrecían un nuevo camino, aunque como es de esperarse, hubo tropiezos y desilusiones. Otro aspecto importante es que todo esto, todos estos personajes buenos y malos, que no conocían a ningún miembro de mi familia, les afectaron sus vidas, su hogar, su forma de pensar y de actuar. De eso se trata éste diálogo, este compartir que estoy haciendo con usted, porque al final de cuentas esta es la base la historia, de la sociedad colombiana, de como los de apellidos bonitos, sonoros, de tradición, controlan el destino del país desde hace décadas y siguen perpetuándose en el poder afectando la vida de todos, sin conocer ni siquiera el rostro de más del 2% de nosotros, quienes los seguimos manteniendo allí en un pedestal, ignorando constantemente, olvidando constantemente, lo que eso nos ha costado. Dejamos perder las voces de quienes nos pedían a gritos despertar, de los muertos que pidieron el no olvido y la no impunidad. Así que aquí estamos, conociéndonos, compartiendo historias, risas y sufrimientos con tal no solo recordar sino de buscar la forma de hacer algo con ese legado, con la experiencia que nos hereda el pasado.

Como ya le había dicho, el “ajusticiamiento” a José Raquel Mercado por parte del M-19, causó gran impacto a Latif, a pesar que era muy pequeño, saber que sus ídolos habían acabado con una vida humana lo despertó de esa fantasía en la que veía a sus héroes. Él recuerda ese día lunes en el que se encontró el cuerpo de Mercado así: Él se estaba preparando para ir al colegio, era comienzo de semana, entonces su rutina la hizo más despacio de lo normal, con pereza… se vestía y guardaba los libros en su maleta mientras en la casa se escuchaba la radio para amenizar la mañana y saber las noticias de Colombia y el mundo. Latif se estaba lavando los dientes, después de desayunar cuando sonó en la radio una de esas cortinillas anunciando una noticia de última hora, por lo alarmante del sonido, él detuvo por un momento su actividad y paró oreja, el locutor informó que había sido encontrado el cuerpo del sindicalista José Raquel Mercado en Bogotá. Inmediatamente después de escuchar la noticia, sintió un escalofrío y una tristeza profunda que le duró el resto del día, porque sus héroes se habían untado las manos de sangre, cargaban ahora con un muerto a sus espaldas. Pero bueno, con los años entendió el porqué del actuar del M-19, y es que para la organización era importante mantener su posición a pesar de que el gobierno se negara a buscar la liberación del Sr. Mercado por medio de negociaciones, se dieron cuenta que no podían ser agüitas tibias y por tal motivo deciden fusilarlo. Me concentro en estos dos momentos específicos de los años setenta porque ahí está todo, la ilusión de una familia, de ver por fin un buen líder para su país y aun así terminar viendo un chispero;

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tar por las noticias, que no sintiera compasión durante mucho tiempo y que me hiciera la de las gafas con los problemas de fuera de Bogotá. A asumir la realidad desde la comodidad, desde mi zona de confort.

Dos Ahora si la causa es en serio

Y no me atrevo a culpar a mis padres, ni a mi familia, porque aunque hicieron esfuerzos y los reconozco, tal vez no fueron suficientes. Que le caiga el guante también a mi educación académica, incluso desde mis primeros años en el colegio. Y es que verá, a mí me enseñaron la historia de Colombia a brochazos y esas palabras mágicas de conciencia social, ni se aparecían por el salón. Según esto que estoy diciendo, por primera vez y en voz alta, todos pusieron su granito de arena para que mi generación creciera sin ver más allá de sus narices. Y cómo serán los que vienen después de mí… Esto no es novedad, yo creo que si usted encuentra algún libro con el que aprendió historia en el colegio, se va a dar cuenta que lo que aparece allí está muy bien pensado y muy bien dicho; se evitan eventos, se nombra apenas las masacres, a los desaparecidos, las víctimas y verdaderos victimarios. Se cranean todo el asunto, las estrategias y utilizan los medios necesarios para que se aplauda, se alabe el actuar de algún político, presidente o héroe de turno.

Los ochenta. Los años de colegio quedaron atrás, ya no más tareas, ya no más madrugar para ir a clase o dejar el uniforme listo y los zapatos embolados para el día siguiente. Ahora las responsabilidades son otras, la vida y su afán, el desconcierto de qué ser en la vida era lo primero al despertar. A pesar que seguían bajo el mismo techo, todos estaban en constante cambio, tratando de buscar su propio camino y sobrevivir en la creciente Bogotá. Llegaron los primeros trabajos y así los primeros salarios, ahora sí, con plata en el bolsillo se creían que tenían el mundo en sus manos, sería el fin de la dependencia de sus padres. Algunos lograron llevar su vida laboral a la par con su interés y participación en los emergentes movimientos políticos. Pero fue difícil, la gente tenía en la cabeza que el socialismo o los seguidores de la izquierda eran personas para evitar, podían traer problemas, además tenían fama de revoltosos. Otros vivieron estos años de una forma diferente, como usted debe saber, esta época estuvo llena de hechos que golpearon a la sociedad colombiana sin descanso, por lo mismo, se era consiente que la vida era prestada, que la vida era un ratico y tocaba hacer de ella algo memorable, vivir como si no hubiese un mañana. Esta actitud ante la realidad del momento parecería esperanzadora… tal vez, como si nadie, a pesar de la violencia y el miedo que caminaba campante por las calles, les pudiera arrebatar de sus manos los sueños y las ganas de vivir. Pero este fue un síntoma que apenas estaba apareciendo, la gente se dedicó a vivir, a cargar con todo, a pasar entero, a olvidar rápidamente, a vivir el día a día con indiferencia y buscando la forma de cicatrizar rápidamente las heridas de su corazón. Entendible, yo como hija posterior a esta década herede algo de esto, heredé el que no me dejara afec-

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Pero como no vale llorar sobre la leche derramada, estoy tratando de remover esos granos de arena que cubren mis ojos, estoy haciendo un poquito por mí, desde mi familia, para que usted, quien está leyendo, se deje tentar por el ejercicio de recordar, de hablar, de debatir, de compartir experiencias, anécdotas e historias. Si yo logro que esto supere las fronteras de mi familia, de mi casa, me daré por bien servida. Perdóneme si lo “ataco” con mis sueños y mis palabras llenas de ideales, y la verdad, me atrevo a culpar a mi juventud por esto, pero todavía soy de las que cree que puedo cambiar el mundo. En fin… dejemos mi yo a un lado y sigamos ahora sí con lo que fue la década del 80, sus eventos, las victorias, las derrotas y por supuesto los motivos por los cuales muchas lágrimas rodaron por los rostros de los Páez Borda a causa de las pérdidas, de las muertes de quienes eran los espíritus y las mentes para una nueva nación. Para esto, voy a manejar el mismo método del capítulo pasado, empezaré con un contexto general, nombrando los presidentes y lo que pasó durante su periodo, para después enfocarme en los eventos que considero tienen un gran valor histórico y narrativo, por último, relacionaré toda esta información con las experiencias de vida de mi familia. ¿Le hago una confesión? Estoy nerviosa, porque hay tanto, tanto por decir que dudo por dónde empezar, no quiero dejar pasar nada y la responsabilidad es mayor en este punto, con usted… mi lector y con quienes me han abierto el libro de sus vidas para narrar los eventos que conforman aquellas experiencias por las cuales son lo que son hoy en día. Bueno, dicho esto y sin más preámbulo, ¡nos fuimos!

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Los años 70 los cerró y abrió los 80 el presidente Turbay, “el turco”. A comienzo de década, pasaron varios eventos que fueron apenas el inicio de unos de los años más violentos de Colombia. Bajo su mandato, el M-19 ejecutó dos de los golpes más recordados, el robo de armas del Cantón Norte y la toma de la embajada de la República Dominicana el 27 de febrero de 1980. Para el medio día, se tenía programado un evento para celebrar la fiesta nacional de este país. Dentro de la lista de invitados están varios diplomáticos, los embajadores de Colombia, Costa Rica, México, Brasil, Uruguay, Suiza, Perú, Venezuela, Colombia, hasta un invitado especial del Vaticano. Pocos minutos después de haber iniciado el evento, uno de los asistentes a la celebración sacó su arma, hizo varios disparos al aire e informó que esta era una toma a la embajada por el M-19 (García, 2010). Este es el comienzo de los 61 días que duró la toma. Los medios, el pueblo y por supuesto los Páez tenían los ojos puestos en este nuevo golpe del M-19. Se informaba por radio, televisión y medios impresos lo que pasaba a diario en la embajada en ese entonces ubicada en la carrera 30 con calle 47 en la ciudad de Bogotá. Ruby, recuerda como en las transmisiones mostraban a ‘La Chiqui’ asomarse por la ventana y ondear la bandera del grupo guerrillero, estas imágenes le producían satisfacción, porque no hubo sangre y se logró llamar la atención de medios de comunicación nacionales e internacionales, además de conseguir que el gobierno y la presidencia de turno se sentara a negociar el fin de la toma. ‘La Chiqui’ fue la vocera del M-19 en esas negociaciones que tuvieron varias sesiones. Sus condiciones eran llevar a los rehenes y los guerrilleros que estaban en la embajada a La Habana - Cuba, para que se hiciera la liberación, estando en este país, asegurar que todos los guerrilleros presentes recibieran asilo político en la isla, y así fue, sus peticiones fueron aceptadas. Se confirmó años después que además recibieron 1 millón de dólares por la liberación de los retenidos. En 1981, en el mes de octubre, se convocó al segundo paro cívico nacional, lo que desató por parte del gobierno persecución a sindicalistas y se militarizaron nuevamente las calles de las principales ciudades del país. A finales de este año aparece en escena un nuevo integrante para este conflicto, el MAS (Muerte A Secuestradores), era una nueva organización financiada por narcotraficantes, que contaba con civiles y uno que otro miembro activo de las Fuerzas Militares para que acabaran con aquellos que estuvieran en esta actividad delictiva, pero además tenían la orden de hacer persecución a los miembros de la izquierda. Ahora la persecución política no era solo por parte de los de siempre sino que contaba con civiles armados dispuestos a todo. En su último año de mandato y por culpa del ya fortalecido narcotráfico, más el contrabando, la economía se vio fuertemente golpeada, en especial aquellas empresas representativas del país como Avianca o Coltejer que tuvieron pérdidas millonarias.

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Mientras Turbay trataba de manejar la situación y “salvar patria” a último minuto, los partidos políticos ya estaban pensando y planeando estrategias para ganar las próximas elecciones presidenciales. Los conservadores hicieron alianzas estratégicas y aprovecharon la división interna dentro del partido liberal, para ganar la presidencia con Belisario Betancur en 1982. Belisario Betancur (1982 – 1986) presentó como plan de gobierno la recuperación económica que había tocado fondo con la presidencia anterior, no solo eran pérdidas millonarias para las grandes empresas, sino que también los niveles de desempleo estaban por las nubes, el pueblo exigía soluciones. Otro punto principal en la lista de cosas por hacer, estaba buscar la paz con las guerrillas que para la fecha estaban fuertes militarmente y contaban algunas de ellas con la legitimización de su lucha por parte de la población civil, elemento primordial para la lucha guerrillera. Tratando de mejorar lo que había dejado el gobierno anterior en cuanto a las negociaciones de paz, el 20 de julio de 1982 entra en vigencia la ley de amnistía que acogía a quienes estaban acusados de rebelión, conspiración y acciones “vandálicas”, es decir, cualquier miembro guerrillero, de cualquiera de los bandos, libre o condenado sería beneficiario de este acuerdo. A pesar de este primer paso por parte del presidente, los combates no se detuvieron y en cambio se incrementó la intensidad de estos (Mora y Peña, 1998). A partir del año 1984 empezaría el boroló político y social. Empezó con la muerte del entonces Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla (miembro del Nuevo Liberalismo), a manos de narcotraficantes, porque él había iniciado una persecución directa y con nombres propios a productores y distribuidores de droga, principalmente contra el Cartel de Medellín encabezado por Pablo Escobar. Estos dos tenían una pelea cazada desde hacía tiempito, porque no sé si usted sabía pero el Sr. Escobar logró obtener un puesto en el gobierno, exactamente como suplente en la Cámara de Representantes en el Congreso de la República por el departamento de Antioquia. Hasta me da risa sarcástica contarle, porque la verdad esto solo pasa en Colombia, es más… sigue pasando, encorbatados con crímenes en sus manos se siguen paseando campantes por los pasillos de las diferentes entidades del gobierno, cobrando muy puntuales sus cheques de la quincena para pagar uno que otro favor y obviamente la gasolina de sus lujosos carros. Lara Bonilla logró comprobar y denunciar las actividades ilícitas en las que estaba metido el jefe del Cartel de Medellín, entonces Escobar trató de voltearle la arepa al ministro y buscó la forma de desacreditarlo con un supuesto vínculo que tendría con el cartel del Amazonas, estrategia que no le funcionó. Como resultado de sus denuncias se expulsó a Pablo Escobar del congreso y empezaría su persecución por parte del estado. Esto sellaría la sentencia de muerte para Lara Bonilla y el 30 de abril de 1984 es abaleado en horas de la noche por sicarios del Cartel de Medellín en el norte de la ciudad de Bogotá (Rodrigo Lara Bonilla, s.f.). Él sería la primera figura pública en caer muerta por hacer una batalla visible contra el narcotráfico, del mismo modo irían cayendo metódicamente los enemigos de los carteles de la droga. Como

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consecuencia del asesinato de Rodrigo Lara Bonilla se firmaría la ley de extradición de narcotraficantes hacia los Estados Unidos. En el mismo año, en el mes de mayo y en medio de los continuos combates entre el ejército y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), Betancur anuncia que finalmente este grupo guerrillero decide firmar un acuerdo en la Uribe – Meta, en el que las FARC harían un alto al fuego, condenarían públicamente el secuestro y la extorsión. Tres meses después de este gesto el M-19, el EPL (Ejército Popular de Liberación) y el ADO (Movimiento de Autodefensa Obrera) firmarían una tregua en Corinto – Cauca. Antes de su llegada al punto de encuentro en el Cauca, le hacen una emboscada al M-19 en el que hieren a varios guerrilleros entre ellos a Carlos Pizarro, y por favor grábese muy bien este nombre porque él será muy importante para lo que le voy a contar más adelante. A finalizar el año, las FARC anuncian y empiezan a convocar a grupos de izquierda para que se presenten como una nueva fuerza política, un nuevo partido político, alianza que se conocería con el nombre de Unión Patriótica (UP), este sería uno de los pasos para el proceso de reincorporación a la sociedad civil. Sus miembros sufrirían la mayor persecución política, con ellos no pasó como en otras veces, en que mataban uno que otro de una forma un tanto aleatoria… no, ellos fueron asesinados sistemáticamente, fueron exterminados solo por pertenecer a un partido político opositor… fue un genocidio político. A causa de la constante persecución y ataques por parte del ejército, el M-19 y los otros grupos guerrilleros que habían firmaron una tregua con el gobierno la dan por terminada. Como primer acto de vuelta a la lucha para alcanzar un objetivo político por medio de las armas, el M-19 haría la toma al Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985; fueron las 48 horas más críticas de la historia del siglo XX en Colombia por los crímenes de guerra cometidos por el M-19 y las fuerzas militares. 30 años después del suceso, no se ha esclarecido la verdad, los familiares de los desaparecidos siguen exigiendo los cuerpos de sus seres queridos y las razones por las que les fueron arrebatados de sus brazos para nunca más volver. Pocos días después y sin que el pueblo terminara de asimilar lo pasado en el Palacio de Justicia, la naturaleza hace de las suyas y el 13 de noviembre hace erupción el volcán Nevado del Ruiz. Prácticamente desapareciendo del mapa a Armero, un pequeño municipio del departamento del Tolima. El gobierno no sale bien librado de esta y es acusado de negligencia, por la falta de acciones para salvar y proteger a las poblaciones que estaban en riesgo. Las entidades encargadas de hacerle el seguimiento a la actividad del volcán habían hecho varias advertencias de que esa vaina podía estallar de un momento a otro y que si no se hacían pronto las evacuaciones de las zonas aledañas, los saldos de pérdidas humanas y materiales iban a ser irremediables. Así terminaría la presidencia de Belisario Betancur, con el país como en una olla a presión, esa vaina estaba que explotaba. Me explico, al pobre le tocó lidiar con los problemas de guerrillas y los fallidos tratados de paz, batalló también contra la situación

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económica que había heredado de la presidencia Turbay, se agravó el contrabando, el narcotráfico empezaba hacer de las suyas y se inició la guerra entre carteles por el control del negocio y canales de distribución de la droga y para rematar, tiene que sobrellevar el terremoto en 1982 en Popayán que casi destruye la ciudad, más la tragedia de Armero. Este panorama no muy alentador recibiría con los brazos abiertos al miembro del partido liberal Virgilio Barco (1986 – 1990). Durante los primeros días su periodo presidencial, se vivió el comienzo del exterminio de los miembros del joven movimiento político UP, acabando con la vida de líderes del partido como Jaime Pardo Leal, candidato presidencial para las elecciones de 1986 y más de 2000 de sus miembros. Además siguió lidiando con el fortalecimiento del narcotráfico y la nueva guerra que ellos promovían contra el estado, cientos fueron los sacrificados a causa de esto, diferentes atentados se hicieron en las ciudades más importantes del país, algunos hechos relevantes fueron la bomba al DAS y al diario El Espectador en la ciudad de Bogotá. Como parte de su plan de gobierno, trabajó por un nuevo régimen de economía social, que buscaba sacar a la gente de la pobreza extrema, atender las zonas más olvidadas del país y ampliar la cobertura de los servicios públicos, por otro lado, quería acabar con la centralización de los poderes, en el campo administrativo, político y económico, por tal motivo impulsó reformas en la justicia y en algunas instituciones del gobierno, labor que sería terminada en el siguiente gobierno, cuando durante la presidencia de César Gaviria se hace la nueva constitución en 1991 (Virgilio Barco Vargas 1986 – 1990, s.f.). Le boto el dato también, que fue en esta presidencia cuando entro en vigencia el impuesto a las ventas o también conocido como el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que supuestamente iba a ser temporal, pero como todo impuesto, una vez impuesto, tiene más reversa un río. Así que cada vez que compre algo, dele las gracias a este caballero. En cuanto a los tratados de paz, él retoma las negociaciones iniciadas en la presidencia de Betancur. El M-19 acepta, vuelve a la vida civil y se presenta como un nuevo partido político y para las elecciones de 1990, uno de sus cabecillas, Carlos Pizarro se lanza como candidato para la presidencia, es uno de los preferidos por la gente, pero es asesinado al igual que su compañero de contienda Bernardo Jaramillo Ossa de la UP. También, se vivió un incremento de la violencia, en especial en la zona del Urabá y el Magdalena Medio por los combates que se daban a diario entre los paramilitares y las guerrillas, y a eso súmele las “limpiezas sociales” que se hacían para acabar con indigentes, homosexuales, prostitutas, drogadictos, entre otros supuestos “problemas para la sociedad” (Mora y Peña, 1998)… ¡Ay Dios! Qué tal la excusa de esta gente para acabar con vidas humanas. Como puede ver hay mucho de qué hablar, personajes y eventos por reconstruir, porque así como en estos años se veía una guerrilla fuerte, de ideas claras y golpes precisos, el paramilitarismo llegaba a ser parte de este enredo, que tendría su momento de control de territorios en la década del 90.

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Pero bueno, no me permita adelantarme tanto, aunque cabe decir que este escrito es solo para las décadas del 70 y 80, no descarto que un futuro próximo lo cite nuevamente apreciado lector, para narrarle la década del 90. Porque este proyecto ha tenido alcances que no esperaba y menos en tan corto tiempo, mi familia, los Páez, han despertado y desempolvado tantos recuerdos, anécdotas, tristezas y alegrías que no quieren que eso vuelva a quedar guardado y quieto en el baúl del olvido… así que hay que seguir haciendo, hay que seguir preguntando, leyendo y escribiendo. Y voy a aprovechar este descanso de la historia para contarle como es que he dado con semejantes relatos. Como le he dicho, todo empezó por prácticamente dos razones: mi interés y mi necesidad por conocer la historia de Colombia y por ver que desde mi familia, con las experiencias de vida de cada unx, podía reconstruir esa historia, de tal forma que no fuera como la que uno encuentra en los libros o en la internet, no, sino una historia diferente, vívida, porque no se narra y reconstruye por una sola voz, son varias, por las que pasaron por procesos diferentes, por lo tanto tienen visiones diferentes. Si yo no hubiese entendido esto a tiempo, estaría jodida, y eso que lo tuve desde siempre ahí… justo al frente, gracias a mi abuelo, y nuevamente este señor de casi 92 años me mostró el camino. Él escribió un libro de las memorias de su vida, donde logra conectar sus vivencias con algunos hechos históricos que de alguna forma muestran por qué camina los caminos que camina, leer este libro es un deleite, por su lenguaje… muy boyacense y por la forma tan peculiar en que logra narrar así sea una tragedia, de una forma jocosa. Bueno, es entonces gracias a este libro que me propongo hacer mi parte no solo por mantener el legado familiar sino porque ahí, en esa casa humilde del barrio Kennedy, se guarda la historia de un sector de la sociedad colombiana, de clase media y de origen campesino. Entonces empiezo a mirar cual es la mejor forma para despertar la memoria de mis tíxs y la verdad di con un buen método, que tuvo gran acogida. Empecé haciendo entrevistas grupales y después individuales, preguntándoles en un comienzo por generalidades, como qué entendían ellos por conflicto armado interno, por las razones del conflicto y por quiénes eran el enemigo. Después de varias sesiones y preguntas por este estilo, les cambio las reglas de juego y hago un ejercicio diferente, les presento fotografías del álbum familiar de la casa, donde hay imágenes desde los años 60 hasta los finales de la década del 80.

13. José Antonio e Isabelita revisando las fotografías del álbum fotográfico de la familia.

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Ellxs al revisar este objeto es inevitable que hablen del contexto, de las anécdotas detrás de las fotografías, empiezan a hacer una relación entre personajes y momentos que consideran importantes en sus vidas. Estos fueron los primeros pasos. Pero tocaba seguir cerrando el panorama para que pudiéramos centrarnos en las dos décadas que considero más importantes pero de las cuales no sabía ni pío, pero que necesitaba conocer y entender para poder concebir mi propio momento histórico, desde mi nacimiento hasta hoy. Decidí entonces seguir con las entrevistas individuales, esta vez enfocándonos en los años 70 y 80, estas décadas que le estoy narrando. Empezaba con preguntas muy sencillas, desligadas por completo de la historia, me explico, les preguntaba por cómo era su vida en esos años, qué hacían, qué les gustaba hacer, hasta qué comían o cuál música les gustaba. Después de lograr que se ubicaran en los recuerdos de esos años, ahí si les preguntaba el motivo de recordación del contexto histórico, qué presidente estaba, que pasó en ese momento y cómo eso los afectó, después de eso… ¡bum! Salían solitas las anécdotas precisas para poder contarle lo que pasó durante esos años. Así que así, ha sido a grandes rasgos el trayecto que he recorrido de la mano a mi familia. Me apoyo en los audios de las entrevistas que hago a cada uno de los miembros, en referentes bibliográficos, de la Internet e incluso en apuntes de clase para ir armando este enredo que es la historia de Colombia. Le decía querido lector que este proyecto, aún en proceso, ha logrado cosas que ni siquiera estaban en mis planes y quiero compartir con usted una alegría que tuve el otro día. Un domingo, en la casa de mis abuelos, estaba hablando con Lalo sobre el trabajo que entre todos estábamos haciendo y me dijo: “los audios que nos has mandado leyéndonos lo que has escrito, los hemos puesto en el equipo de la casa para que todos los que estén lo escuchen. Mis hijos los escuchan con atención y cuando tienen alguna inquietud sobre algo que pasó nos preguntan inmediatamente… a cualquiera de nosotros”. ¡Wow! Dígame si esto no es increíble, eso que le decía a usted en las primeras páginas sobre lo que quiero lograr con mi generación y las posteriores a mí, se está cumpliendo… de a pocos eso sí, por ahora solo con mi familia y con una que otra amistad que ha seguido de cerca este trabajo. Se están interesando por conocer la historia, por hacer preguntas en sus círculos sociales cercanos sobre los diferentes acontecimientos del pasado. Eso es… algo así como una inyección de energía para continuar. Usted se preguntará porque estoy haciendo esto, que parece más un trabajo de ciencias sociales que de artes, es más, en una de las tantas charlas con mi padre me hizo la misma pregunta, me dijo: “está muy chévere, muy interesante lo que estás haciendo, pero ¿cómo puede entrar esto como un proyecto de grado de artes?”. Muy oportuna su pregunta, porque sí, hasta yo misma dudé, llegue a pensar que me estaba cambiando de “bando” o algo así, pero no, porque las prácticas artísticas no se pueden entender a blanco y negro; el arte se transforma, cambia de lenguaje para que pueda ser leído desde otras perspectivas más allá de la estética. Me explico, estas prácticas artísticas necesitan apoyarse en otras disciplinas, de ese dialogo surgen nuevas posibilidades de acción, llega a ser flexible y se puede hacer uso de diferentes medios, que faciliten la “solución” al problema del que partió todo en un principio (Mesquita,

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s.f.). Por ahora voy a dejar este tema ahí, en remojo porque más adelante le diré que sigue a partir de este libro. Así que después de contarle el proceso por el que hemos pasado, mi familia y yo, y con las pilas recargadas sigo, porque esto no se puede dejar así no más, ¡claro que no! Empezaré por contar lo que más me gusta, las anécdotas. La militancia de Latif se afirma en estos años, mientras que sus hermanxs tratan de llevar una vida normal, sin dedicarle tanto a tiempo a la política, pero aun así viviendo y sufriendo cada evento en el que estaba involucrada la izquierda colombiana, en especial seguían atentamente los movimientos del M-19. Me apoyaré principalmente en las memorias de mi tío Latif, porque este hombre la tiene clarita y la verdad me ayudó a aclarar mucho el cuadro de estos años. Por lo tanto, voy a comenzar narrándole los años de Latif en el INEM, porque como ya le he contado, este colegio público era algo así como una segunda Universidad Nacional, cada vez que los estudiantes se tomaban el colegio o había disturbios, llegaban de la radio o la televisión para registrar lo que allí pasaba. De este este periodo de la vida de mi tío le tengo una corta historia, bastante peculiar. Y dice así… Latif a pesar de que al comienzo de los años 80 no tenía más de 13 años, estaba muy metido en su vida colegial, en especial en el movimiento estudiantil del INEM, hasta el punto que logró codearse de tú a tú con los líderes. Para ese momento, rondaba el rumor que se iba hacer un paro estudiantil pero no se sabía con exactitud cuándo iba a ser. Un día, Adriana Orjuela (su futura cuñada, esposa de Toño), llegó al colegio acompañada de su padre Víctor Orjuela quien era policía en ese entonces. Esa mañana, trató de haber una revuelta por parte de algunos estudiantes, Don Víctor trato de disuadirlos pero no fue posible, así que sin pena ni gloria, sacó su arma de dotación e hizo un par de disparos al aire y ¡ahí sí que se armó la gorda! Entonces, los líderes del movimiento estudiantil aprovecharon el papayaso y decidieron tomarse el colegio. Latif se refiere a este momento con el nombre “el florero de Llorente”, porque esto tornó en huelga. Pero venga le cuento cómo era la situación de casa que vivía paralelamente mi tío Latif en ese momento, entorno que terminaría siendo un problema para sus andanzas. Como usted ya sabe, el hermano mayor Halim era militar y para la década del 80 vivía en la casa de mis abuelos, en una habitación en el primer piso que le arrendaron para que tuviera un lugar dónde vivir con su esposa y sus hijos. El otro inconveniente que Latif encontró fue el siguiente: Como siempre en la casa Páez Borda, se ha buscado la forma de traer uno que otro peso extra para poder suplir los gastos, así que durante un par de años, arrendaban alguna de las habitaciones de la vivienda. Por ese entonces, llegaría a vivir a la casa un profesor de inglés, el Sr. Arturo que curiosamente dictaba clase en el INEM y quien para colmo de males, le dictaba clase, cuando inició la toma del colegio.

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Recuerda Latif, que el compañero Máximo, líder de la revuelta llegó a su salón y dijo: “Bueno… entonces los compañeros que nos quieran acompañar y que se quieran ir con nosotros pueden salir ya, es un derecho que tenemos y nadie va a ser sancionado”. El salón permaneció en silencio… nadie se atrevía a salir, pero rápidamente todas las miradas se enfocaron en mi tío. Así que con los ojos puestos en él y hecho un manojo de nervios porque era la primera vez que estaba metido en algo tan grande, se paró de su pupitre y dijo con voz firme: “que pena profesor… yo me voy”, inmediatamente Arturo, el profesor, lo miró con sorpresa, con esa típica expresión de “y a este qué le dio”. Fueron los dos minutos más incomodos, para ambos, pues como ya le dije eran vecinos de cuarto, el profesor y mi tío. ¡Ja! No me imagino como debió haber sido cuando estos dos se volvieron a encontrar en la casa. Rápidamente salió del aula de clase y empezó a recorrer los otros salones, invitando a sus compañeros que salieran y se unieran a la causa; después del esfuerzo y la convocatoria que hicieron no se dejó dictar más clase y las directivas aceptaron reunirse con el grupo de estudiantes que encabezaban la protesta. En estas reuniones, el grupo estudiantil exigía: cambios en el plan educativo, que regresaran las clases de deportes y música, reclamaban el derecho a tener actividades culturales, a que se les respetara el derecho a refrigerios dados por el colegio y a que se volviera a ampliar nuevamente el número de cupos para ingresar a este colegio, que era uno de los mejores de la ciudad. La huelga duró dos días. Así terminó este episodio, Latif se dio cuenta de lo emocionante de este tipo de acciones, también descubrió su capacidad de liderazgo, es más, clandestinamente el M-19 se contacta con él, para conocerlo un poco, porque les llamaba mucho la atención que alguien tan joven, un sardinito, estuviera ya metido en esas cosas; además empezó a vivir las posibles consecuencias de su naciente militancia en las ideas socialista, porque como mencioné anteriormente, Halim siendo parte de las fuerzas militares, se convirtió, en palabras del mismo Latif, en un “espía”, le empezó hacer mayor seguimiento a sus actividades, a controlarlo, hasta el punto en que la tensión entre ellos dos…reventó. Un día, en la cocina de la casa tuvieron una discusión acalorada a causa de las ideas políticas de Latif, después de varios ataques verbales entre los dos, terminaron agrediéndose físicamente, al escuchar el alboroto, los hermanos que estaban en casa intervinieron para que ese episodio terminara. Por otro lado, su hermano Toño también le tenía los ojos encima porque quería protegerlo, él como ya había estado en esas, sabía los riesgos que corría, también porque en ese entonces era muy delgada la línea entre estar en el movimiento estudiantil a la militancia armada, es decir, irse al monte. Le cuento esto porque así son los conflictos que viven varias familias, algunos de los miembros militan en un lado o en el otro y eso termina afectando las dinámicas familiares. En el caso de los Páez Borda no era tan “radical” como lo puede serlo en otras familias que uno escucha por ahí, más que todo de las que están en zonas rurales, en las que hermanos se encuentran en el campo de batalla y les toca darse bala por pertenecer a bandos diferentes.

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A mediados de 1982, hubo un cambio radical en la familia Páez Borda, especialmente para los hijxs, pues mis abuelos, deciden regresar a su pueblo natal a trabajar una finca que recién habían comprado con el dinero que recibieron por el retiro de la policía a Don José Antonio Páez. Al comienzo todo fue felicidad, porque a pesar que los extrañaban, más que todo los cariñitos de la mamá, ¡podían hacer lo que quisieran! vivían solos, podían disfrutar de las mieles de la independencia, por lo tanto, no faltaron las fiestas, las llegadas tarde a casa y el no preocuparse por mantener la casa como una tacita de té. Después de esto, les entró un guayabo emocional, pues veían que la casa que sus padres habían construido con tanto esfuerzo se estaba desmoronando, todos entendieron que así no era, libertad no era sinónimo de desorden, ni con la casa ni con sus vidas. Inmediatamente a ese sacudón que se pegan a sí mismos, empezaron a echar para arriba y organizarse como hermanos para volver a mejorar sus estilos de vida. Cuando estuvieron mejor, comenzaron a hacer viajes cortos para poder visitar a sus padres en Cucaita, para mirar que estuvieran bien, para llevarles uno que otro regalito, ayudar en la finca y por supuesto compartir un tiempo de calidad con ellos. En 1984 llegó uno de los tiempos más gloriosos de mi abuelo, pues fue elegido como alcalde de su pueblo. En ese entonces no se elegían por elección popular sino que proponían una terna, miraban que los candidatos no tuviesen impedimentos y también miraban quien era el mejor para tener el cargo, después de esto se elegía al alcalde por decreto. Mi abuelo a pesar de su interés por la política nunca se le cruzó por la cabeza estar en algún cargo público, porque no le llamaba mucho la atención y para ese momento de su vida lo que quería era dedicarse a trabajar la tierrita de la mano de su esposa Isabelita. Latif que para ese año estaba viviendo con ellos en la finca recuerda cómo fue que le propusieron a su padre que fuera el próximo alcalde del municipio. Una mañana, tocaron a la puerta varios hombres, enviados del partido conservador. Doña Isabelita los recibe y los hace seguir, se saludan entre todos y sin ningún preámbulo le dicen a mi abuelo que vinieron hacerle una propuesta que esperaban no fuese rechazada. Intrigados, Latif y mis abuelos escuchan atentamente las palabras de este hombre, finalmente él dice que lo buscaban porque querían que fuera el próximo alcalde de Cucaita, también dijo que los otros candidatos aunque tienen más experiencia en cargos públicos, tienen inhabilidades, así que el mejor para asumir la alcaldía era él. Esto dejó sin palabras a mi abuelo, él miro a su hijo y su esposa y dijo: “mire, la verdad yo ya he hecho todo lo que he tenido que hacer y me quiero dedicar a mi finca, no puedo dejar sola a mi esposa ni a mi hijo… además es una responsabilidad muy grande”. Y como dicen, detrás de un buen hombre hay una gran mujer, mi abuelita Isabel interviene diciendo: “mijo, por nosotros quédese tranquilo y haga lo que tiene que hacer, nosotros estaremos ahí para apoyarlo, acepte… no pierda esta oportunidad”. Mi abuelo a pesar de estas palabras seguía pensándolo, dudaba mucho, pero decide aceptar. Prácticamente al día siguiente, después de esta improvisada reunión, el rumor se hace muy fuerte en las calles del pueblo, incluso dentro de la escuela donde Latif estudiaba, compañeros se le acercan a la hora del

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descanso para preguntarle que si era verdad lo que decían todos, que su papá era el nuevo alcalde, él no responde y decide con uno de sus amigos, que después de clases iban a salir corriendo a confirmar la noticia. Cuando Latif llega a casa, efectivamente ya era un hecho, tenía al frente a su padre… el nuevo alcalde de Cucaita. Esto lo llenó de alegría y orgullo, porque por los conocimientos políticos que él ya tenía, sabía que su padre iba hacer una gran labor. Cuando llegó el día de la posesión, Latif no se cambiaba por nadie, pero corrió con la mala suerte que ese día tenía clase; con el paso de las horas, su ansiedad aumentaba, porque gracias a su padre iba poder presenciar una ceremonia solemne, como esas que vio alguna vez por televisión. Para su sorpresa no fue igual a como la que hacen para una presidencia o la alcaldía de Bogotá, no… al contrario fue bastante sencilla. Fue en uno de los salones de la alcaldía del pueblo, mi abuelo hizo un juramento con notario, firmo unos papeles y listo; la hermana de mi abuelo, Guillermina Páez, ofreció un almuerzo en su casa, allá en la cuesta, para celebrar ese momento histórico para la familia. Ese día fue lleno de euforia, la gente celebraba en las calles, felicitaban a mi viejo, hasta hubo pólvora, pero como de eso tan bueno no dan tanto, al día siguiente empezaron los problemas. Los conservadores, quienes lo habían llamado para el cargo le empezaron a dar la espalda, el consejo no le ayudaba con los proyectos, los bloqueaba, y la razón era más bien sencilla. Mi abuelo era conservador… pero solo de título, porque como una vez le conté, tocaba estar matriculado en alguno de los partidos tradicionales, conservador o liberal… una de dos, y ese título les duraba por el resto de sus vidas. Entonces mi abuelo realmente no compartía muchos de los pensamientos ni actuares de los godos y durante su tiempo en la alcaldía, trato que su mandato fuera libre de compromisos políticos, de intervenciones de terceros en sus decisiones, lo importante era el bienestar de su gente. Así que quedó solo durante un tiempo, nadando contra la corriente, pero por esas cosas de la vida, quienes terminaron trabajando hombro a hombro con él, fueron esos enemigos liberales del pasado, incluso con quienes lo habían hecho salir corriendo del pueblo durante la época de la violencia. Muchos de ellos creyeron que Don José Antonio iba a cobrar venganza por lo que había pasado años atrás, estaban prevenidos y pensaron que él iba a tirar a joderlos pero no fue así, porque ya eso había quedado en el pasado y lo importante ahora era trabajar por el pueblo, por mejorar la calidad de vida de la gente. Con muy poco dinero y recaudando ayudas, donaciones, logró sacar adelante la reforestación del pueblo, ampliar la escuela comprando los terrenos aledaños, la pavimentación de la plaza central de Cucaita y su proyecto más importante, el acueducto para la mayor parte del pueblo. Aunque con este último, tuvo grandes problemas, demandas y persecución por parte de los terratenientes que controlaban el curso del agua para poder regar sus cultivos. Después de un juicio y un casi intento de detención, logró que estos señores liberaran una parte del agua para que pudiera ser dirigida para suplir las necesidades de la pequeña población de Cucaita.

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Terminado su mandato, la gente y un sector del partido conservador, lo llamaron para que asumiera el mando nuevamente, esta vez por medio de elección popular. Lalo en este momento vivía en Cucaita, recuerda como fue ese tiempo de campaña. Él creía que ir de pueblo en pueblo iba a ser una maravilla, que lo iban a tratar como un príncipe porque obvio, el siendo el hijo del candidato iba a tener trato preferencial, pero cuando lo empieza a acompañar se da cuenta que es una vaina totalmente diferente, llena de discursos… solo política. Esto fue una bajada del bus terrible para él porque se imaginaba que donde llegaran iba a haber fiesta, comilona y una que otra cervecita, pero no, ellos pasaban por lugares muy humildes, con personas amables pero frías y cortantes como lo son los boyacenses. A medida que visitan más lugares y más lugares se da cuenta de la hipocresía que se mueve en ese campo, que las sonrisas son fingidas y los apretones de manos son falsos; efectivamente todos los que lo alentaron a ser parte de eso nuevamente, buscaban su alguito detrás de la alcaldía de mi abuelo, querían que él solo fuera la cara y ellos pudieran gobernar detrás de bambalinas. Mi abuelo José Antonio siguió con su campaña, ignorando un poco el chanchullo que se estaban craneando sus supuestos aliados, él continuó… firme a sus principios y por ejemplo cuando le decían que dijera más de lo que debía, él los paraba en seco diciendo que la palabra era sagrada, que uno no debe, por ninguna circunstancia hacer promesas que no se pueden cumplir. Entonces este tipo de palabras y acciones de mi abuelo frente a una audiencia, hizo que los que estaban detrás de su candidatura, le terminaran de dar la espalda y mi abuelo perdió las elecciones para un segundo periodo en la alcaldía de Cucaita. Así terminaría su corta pero muy buena carrera política y pocos años después vendería su finca y se regresaría a vivir a la ciudad.

Quise compartir con usted la historia de la alcaldía de mi abuelo por dos razones. La primera, porque después de casi 30 años, mis abuelos regresan a su pueblo natal y es como si el tiempo se hubiera detenido, a su regreso, se enfrentan nuevamente con la misma discriminación que sufrieron antes de su partida. Las etiquetas políticas seguían importando y cuando mi abuelo llegó a ser alcalde, quienes le habían declarado la guerra años atrás, creyeron que él les iba a dar palo, más ahora que tenía el poder para hacerlo. La polarización política en este pequeño pueblo seguía existiendo, no se había logrado romper con la tradición de los odios políticos aprendidos. Segundo, por chicanear… la verdad, porque cada uno de los miembros de la familia nos sentimos muy orgullosos de lo que logró mi abuelo durante esos años, trabajo por su pueblo y en ningún momento descuido a su esposa, ni a sus hijos a pesar de la distancia. Mientras tanto en Bogotá, la violencia empezaba a tomar cada día más fuerza, la cultura del miedo estaba haciendo de las suyas en la población, porque como la misma gente decía: “uno sale de la casa pero no se sabe si se va a volver”, y esto era una realidad durante los años 80, no paraban las malas noticias, bombas aquí y allá, muertos, desparecidos, amenazas, etc., y no solo en la ciudad de Bogotá sino también en el resto del país. Como le había comentado al comienzo de este capítulo, durante la presidencia de Belisario Betancur se firmaría un acuerdo con las FARC y meses después se buscaría la forma de hacer lo mismo con el resto de las guerrillas, entre esas el M-19. Pero permítame amable lector, rebobinar un poco. Durante la presidencia Turbay se iniciaron diálogos de paz pero no salieron nada bien, al contrario las guerrillas perdieron la “fe” en este tipo de tratados. Por su parte, la cabeza del M-19 Jaime Bateman, siguió con sus misiones, aprovecho estos años para hacer exposición mediática del grupo guerrillero, busco alianzas estratégicas no solo en el país sino por ejemplo con grupos de izquierda en Ecuador, al mismo tiempo hacia comentarios fuertes y denunciaba al gobierno por su falta de palabra, de no tener un real interés en que se acabara la guerra. En el gobierno Betancur se trató de recuperar y hacer reformas a los intentos de tratados que se habían heredado del gobierno anterior; hubo varios encuentros entre el gobierno y la guerrilla, pero ninguna de las partes quedó satisfecha, ni tampoco querían arriesgar mucho, porque por la misma inestabilidad de los diálogos eso se podía desbaratar en cualquier momento y quien sabe cuáles hubieran sido las consecuencias.

14 José Antonio, mi abuelo, en la alcaldía de Cucaita.

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Bateman, conocido también como comandante Pablo, siguió moviéndose, porque a pesar de que habían intentos de negociaciones los ataques no paraban, la persecución a la izquierda y a los líderes guerrilleros se intensifico, así que él propuso desde el M-19 que se unieran las guerrillas colombianas para poder acabar con esto de una vez, para que se dejaran las armas a un lado y se lograran hacer los cambios políticos que querían siendo parte de la sociedad civil y no desde la montaña (Villamizar, 1995). Esta posición era bastante diferente al resto de los grupos armados, porque para una guerrilla es primordial que sus ideales, sus obje-

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tivos políticos se cumplan por medio de las armas, ese es el motor de su lucha, pero el M-19 no era tan radical, era más bien social demócrata, por eso es que integrantes que estaban en las filas de las FARC, que no estaban de acuerdo con la posición política e ideológica del grupo, pasaron a ser miembros del Movimiento 19 de Abril. Para este momento, lamentablemente en uno de los viajes de Bateman al exterior, muere en un accidente aéreo cerca a Panamá en el mes de abril de 1983. Nueve meses después, es que se logra encontrar los restos de la aeronave y lo que queda de los cuerpos de los ocupantes. Nunca se logró esclarecer cómo fue que cayó la avioneta en la que viajaba el comandante Pablo y sus compañeros Marín y Vivas. Algunos dicen que fue por problemas climáticos, otros dicen que la aeronave presento fallas y por supuesto también se dijo que había sido un atentado, y pues raro… no sería, debido a esa persecución con la que venían lidiando, además que Bateman estaba logrando que la gente del común entendiera y de pronto compartiera el porqué de la lucha guerrillera; por ejemplo, él fue conocido por decir en sus declaraciones que lo que buscaba el movimiento era soluciones nacionales a problemas nacionales, pensamiento que considero bastante centrado y no tan radical como el que tenían las guerrillas marxistas-leninistas, como las FARC y el ELN. El pueblo llora la muerte de Bateman, se le hacen diferentes homenajes en el país en especial en Santa Marta, su ciudad natal. Mientras tanto, el gobierno continúa con la búsqueda de llegar a un acuerdo de cese al fuego con las guerrillas. Las FARC que tenían un acuerdo con el M-19, lo “rompen” cuando ellos negocian y firman por aparte el cese al fuego. Álvaro Fayad, ahora cabeza del M-19 después del fallecimiento del comandante Pablo, hace referencia al tema y hace saber su inconformismo, porque ellos creían que se podían llegar a mejores acuerdos siendo un grupo compacto; como consecuencia de la fragmentación de fuerzas, se debilitó la idea de un dialogo con la presidencia de turno. Cabe aclarar que este fue el primer paso de las FARC para negociar la paz, todavía nada estaba dicho, estaban como en tablas con el gobierno. Antes de seguir, hay que decir que de este movimiento estratégico que hace las FARC, nacería la UP, que convocaba no solamente a miembros de esta guerrilla, sino también a otros líderes, pensadores, militantes de la izquierda y a integrantes de la JUCO ( Juventud Comunista Colombiana). De inmediato este partido político fuerte y estructurado, con líneas de pensamiento de izquierda, empieza a ganarle terreno político a los partidos tradicionales, comienzan a ganar elecciones y hacen denuncias gravísimas, que muy pocos se habían atrevido a decir en voz alta, y era la relación entre militares con el narcotráfico. Hacer esto público fue como una declaración de guerra, los narcotraficantes se armaron hasta los dientes, financiarían y apoyarían en un comienzo al MAS, que de alguna forma sería el primer grupo paramilitar patrocinado también por algunos miembros activos de las Fuerzas Armadas.

cional en dos lugares diferentes del país, en Corinto - Cauca y en el Hobo - Huila. Todos los comandantes del M-19 fueron llegando, pero tuvieron que esperar por Pizarro quien fue el último en llegar, porque la caravana en la que se movilizaba, fue atacada por la policía, pero a pesar del combate y salir herido, la firma al cese al fuego se mantuvo. Después de la firma, el presidente Betancur ordena a las fuerzas militares que detengan todas las acciones en contra de cualquiera de estas dos organizaciones. Las negociaciones que debieron haber empezado inmediatamente al cese al fuego nada que empezaban, pero para el mes de noviembre, parecía que el gobierno había perdido el impulso y el descontento de las guerrillas no se hizo esperar. Por otro lado, hubo una serie de eventos que hacían que la paciencia se les fuera acabando, así que el M-19 insistió que no caería en tentaciones, ellos habían aceptado el cese al fuego para buscar la paz, pero exigían que se cumplieran los acuerdos que ambas partes habían aceptado. Y siguió la tensión, las guerrillas no aceptaban la entrega de armas, continuaba la persecución, el gobierno parecía dividido, porque a pesar que había nombrado comisionados de paz que tratan de salvar las negociaciones de un inminente naufragio, los ataques militares no paraban a pesar de la tregua entre las partes. Una a una las guerrillas se fueron retirando, dieron por terminado el cese al fuego y las negociaciones para retomar su objetivo de tomarse el poder por medio de la lucha armada. El último en dar un paso al costado fue el M-19 que para mitad de año, en 1985, Carlos Pizarro como vocero, le dice al pueblo que no más, que se habían cansado de las violaciones a los acuerdos, de solo protegerse de los continuos ataques, que a partir de ese momento, las acciones del grupo guerrillero iban hablar por si solas, esta vez ellos iban a dar los golpes primero (Villamizar, 1995). Disculpara usted este carretazo tan largo que le eché, pero tenía que hacerlo, porque me parece necesario que ambos entendamos el contexto y los antecedentes de la toma al Palacio de Justicia por el M-19, el 6 de noviembre 1985. Le contaré ahora cómo se dieron las cosas y cómo mi familia recibió la noticia de la toma y cómo la vivieron. Era un miércoles, parecía un día normal bogotano, algo gris pero con uno que otro rayito de sol, la gente que caminaba por los alrededores del Palacio de Justicia, no sabía lo que se les venía encima. Cuando el reloj marco las 11:30 de la mañana, empezó la operación Antonio Nariño por los derechos del hombre, de la guerrilla del M-19, a cargo de la compañía Iván Marino Ospina. 28 Guerrilleros ingresaron en tres carros por el sótano que daba a la carrera 8 entre las calles 12 y 13, otros 7 ya estaban adentro para el momento del ingreso de los vehículos, pero faltaba un tercer grupo de 7 personas, estaban retrasados, lo que trajo consecuencias gravísimas para el plan del M-19, pues ellos debían contener los posibles ataques desde la puerta principal del edificio.

En el mes de agosto de este mismo año y después de tanto insistir se firma un cese al fuego entre el M-19, el EPL y el gobierno na-

Ese mismo día, líderes del M-19 como Andrés Almarales y Alfonso Jacquin, hicieron llegar a la Corte Suprema un texto y una grabación donde exponían las motivaciones y objetivos de la toma, aunque la idea era que esos documentos se hicieran públicos,

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nunca llegaron a los medios de comunicación. Este texto decía que el M-19 convocaba a un juicio público contra la cabeza del gobierno, Belisario Betancur por irrespetar los acuerdos de cese al fuego y traicionar las intenciones de paz. También aclaran que dado los actos por parte del gobierno no tuvieron más opción que recurrir al derecho a la rebelión, además explicaban por qué solicitaban a los magistrados, como responsables de imponer la justica y velar por verdad, que hicieran parte de este proceso, por eso en el comunicado exponían cuales eran los cargos y las peticiones que hacían. Una hora después de iniciada la operación Antonio Nariño, llegaron a la plaza de Bolívar cinco tanques de guerra que se alinearon frente a las puertas del Palacio, otros dos frente al sótano, faltando 5 para las 2 de la tarde, se autoriza el ingreso de un tanque Cascabel por las escaleras principales y un auto blindado por el sótano, desde este momento el ejército hace uso de sus mejores recursos para tomar el control dentro del lugar, ¡se echó bala como nunca! Hubo disparos de proyectiles dentro del edifico… esa vaina empezó, literalmente a arder. Mientras seguían los combates dentro del recinto e iban acorralando al M-19, el Sr. Alfonso Reyes Echandía, magistrado de la Corte Suprema pidió el cese al fuego, exigió que el gobierno se detuviera y se sentaran a negociar, que o sino todos iban a salir muertos de ahí; esas palabras de miedo, de impotencia las escucho todo el país, a pesar de esto, las acciones no se detuvieron ni por un minuto (Villamizar, 1995). A las 2:20 de la tarde del día jueves, las fuerzas armadas declaran que el objetivo había sido recuperado. Hasta ese momento el poder militar había triunfado, ¡les habían ganado la batalla a unos cuantos guerrilleros! eso sí, por la cabeza “nunca” se les pasó los alcances que sus decisiones de guerra podían traer, lo asumieron como: el fin justifica los medios. Triste, por varias razones: primero el M-19, dos días después de terminada la toma y la retoma, presentan un balance, en el dicen que el objetivo era atraer las miradas, pero no tenían intención de atentar contra las vidas de quien estaban allí, apelaron por la salida negociada de la toma pero no fue aceptada. Por último se refieren a que el ejército eliminó pruebas dentro del palacio para ocultar los crímenes que allí se cometieron, asesinatos, torturas y desapariciones no solo de guerrilleros, también de civiles. Segundo, porque aun después de casi 30 años, este caso sigue abierto, salen nuevas pruebas cada tanto que confirman el uso exagerado de la fuerza por parte del ejército; familiares de los desaparecidos aun no conocen la verdad, ni les han podido dar cristina sepultura a sus seres queridos. Después de haberle narrado más o menos como se vivieron las 48 horas más duras de los años 80, le quiero contar apreciado lector, cómo vivieron mis familiares este día. Quiero comenzar por la versión de Latif…

ver bien que era lo que estaba pasando. Era tal su compromiso, su lealtad con el M-19 que no le importó perder clase al otro día para poder seguir haciéndole seguimiento a lo que sucedía en el Palacio de Justicia. Latif recuerda que en la toma estaba uno de sus ídolos, era casi un héroe para él, Andrés Almarales, antiguo anapista y sindicalista, un hombre comprometido con la causa. A medida que el ejército avanzaba con rapidez en la retoma, mi tío se preocupaba más y más por la seguridad de Almarales, pero a pesar de su nerviosismo, él creía que algo bueno iba salir de todo esto, pues ya les había funcionado con la toma a la embajada de República Dominicana. Las horas pasaban y de un momento a otro, empieza a circular el rumor en los medios que antes que se hiciera la toma, narcotraficantes que están penando por la posible aprobación de la extradición, habían negociado con el M-19 para que se perdieran durante la toma, los documentos que los incriminaban de narcotráfico. Esto desestabilizó políticamente a Latif, se le hacía increíble lo que decían los medios, así que trato de asumir lo que veía y escuchaba de una forma crítica, porque él pensaba que lo que menos necesitaban para una misión como esta, era que sus seguidores los abandonaran, que se empezaran a dividir. A modo de anécdota… Un compañero de colegio de mi mamá, Ricardo, iba a ser parte de esta operación, pero por culpa de los malditos trancones, llegó tarde. Cuando iba en el bus, ya ahí cerquita al palacio, empezó a escuchar lo disparos, ¡uy! Que embarrada, iba tarde para la misión que significaba el regreso del M-19, eso era estar muy de malas. Cuando finalmente llega, no puede entrar porque todo ya estaba cerrado… él había fallado y eso fue gravísimo, porque de haber llegado a tiempo, el bloque en el que él estaba, hubiera logrado contener, por lo menos durante un tiempo, los ataques del ejército. Mi tío me cuenta que el plan prácticamente era el mismo que se hizo en la embajada: bloquear las entradas, calmar a la gente y pedir al gobierno que negociara, pero bueno, las condiciones esta vez eran distintas, era difícil que todo resultara como la toma anterior. Latif me contaba el otro día, que a Belisario durante la toma le intentaron hacer un golpe de estado por parte de las fuerzas militares, porque él cede y dice que sí, que negocien pero la cúpula militar inmediatamente dice que no. De un momento a otro, el presidente se desaparece, ya no le hacen entrevistas, no hay comunicados… nada, pero manejan a la prensa con la excusa de que él está en consejo permanente de ministros; se dice que en este momento es cuando se empieza a planear la retoma.

Como fue en horas de la mañana, él se enteró cuando estaba en el colegio, escuchó por la radio en la hora del descanso lo que estaba sucediendo. Cuando sonó el timbre anunciando el fin de la jornada, tomó sus cosas y sin cruzar palabra con ninguno de sus amigos, salió corriendo para la casa para ahora si escuchar y

Finalmente se daría a conocer la triste noticia que Andrés Almarales había fallecido, cuando Latif escucha estas palabras, sintió como si le cayera un baldado de agua fría, pues Almarales era un anapista, un man bien, de ideas… ¡bien! Le da duro también la pérdida de Alfonso Jacquin, un pensador ni el verraco. Allí quedaría el M-19… no había nada más que hacer, incluso pensaron que el camino ya no era el de las armas, tocaba volver a la vida civil para que la lucha, que había durado tantos años no fueran en vano.

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Ahora, volvamos a rebobinar este episodio, para que le pueda narrar cómo vivió la toma mi tío Lalo. En ese entonces trabajaba en la empresa de Ruby, estaba haciendo una vuelta, iba en el bus mirando por la ventana, cuando dijeron en la radio: ¡Atención, atención! El M-19 se acaba de tomar el Palacio de Justicia. Lalo en sus adentros celebró el nuevo golpe del movimiento, sabía que si lo hacían era porque estaban buscando algo bueno para el país. Ese día terminó labores más temprano de lo normal y se fue directo para la casa, porque sabía que allí todos estaban pendientes de los movimientos del M-19. Cuando él llegó, Toño y Latif estaban en la sala, con el radio y la televisión prendida, ver la toma del Palacio era como ver un partido de futbol, se sufría y se celebraba al mismo tiempo. Cuando todo termina, la sensación de tristeza y desolación era algo muy fuerte, era algo que él nunca había experimentado. Cuando me contó esto, su expresión le cambio y me hizo la siguiente comparación: Los medios informan que el ejército tenía el control del lugar, que los guerrilleros que habían iniciado el ataque habían sido dados de baja. A medida que escuchaba esto, él se imaginó en una ciudad destruida por la guerra, donde no había nada que rescatar, solo había silencio y pérdida de fe en el futuro… no quedaba nada. Entendió que los más violentos, los más poderosos son los que siempre ganan. Como le he contado, la sensación en mi familia era de desesperanza, como si ya no hubiera nada más que hacer, ahora sí, el fin, a pesar de lo desolador que lucía el panorama, ninguno de ellos dejo en ningún momento de apoyar al M-19, porque después de tanto y tanto, ellos como seguidores, no podían dar un paso al costado y mucho menos ahora cuando tocaba reconstruir el movimiento. En medio de ese desconcierto pasa una segunda tragedia, que haría llorar nuevamente al país, pero al mismo tiempo sacaría de foco lo que había pasado en el Palacio, esto fue algo muy oportuno para que el pueblo no hiciera preguntas sobre lo que pasó allí y no empezaran a buscar responsables de las malas decisiones que se tomaron. La erupción del volcán Nevado del Ruiz. De este evento también le tengo una corta historia que quiero compartir con usted. Cuando la explosión empezó, mi abuelo estaba en la finca de Cucaita, ya recostado en la cama, preparándose para dormir, escuchó un sonido fuerte y seco, como si hubieran golpeado la puerta, él después de semejante susto, dice: “dejen de joder”… hubo un momento de silencio y el golpe se escucha una segunda vez, entonces él dice nuevamente: “¡que dejen de joder!”, después de esta última advertencia no escuchó más ruidos, así que se dio vuelta, se arropó bien y dormir se dijo. A la mañana siguiente, se levantó temprano como de costumbre, tipo seis de la mañana, hizo su rutina diaria, común y corriente, cuando ya estaba listo para empezar labores, abrió la puerta y vio que todo estaba gris, había una nube espesa que cubría toda la zona, no podía distinguir dónde empezaba ni dónde terminaba. Al ver esto no entendía lo que pa-

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saba, era muy extraño y nunca había visto algo así, entonces entró nuevamente a la casa y prendió la radio por si decían el porqué de este fenómeno tan extraño. Al poco tiempo informaron lo que había pasado en Armero, que prácticamente el pueblo había desaparecido, también explicaron que era posible que las cenizas viajaran kilómetros y kilómetros, lo que podía causar daños en viviendas y cultivos, además dieron unas recomendaciones para saber cómo retirar las cenizas pero la verdad ya era muy tarde para salvar la cosecha. Esto les trajo enormes pérdidas a mi abuelo y a otros campesinos de la zona, algunos incluso quedaron en la quiebra. Mi mamá Esperancita, me contaba que todos estaban muy afectados por lo que pasó en el Palacio, en el caso de ella, su visión del suceso era libre de política. Le afectó ver la cantidad de muertos, las pérdidas humanas, pero ella me decía que, con la tragedia de Armero, la atención y el sentimiento de solidaridad pasó hacia las víctimas del desastre natural. Por otro lado, estaban preocupados por lo que le había pasado a los cultivos de mi abuelo, porque ese era su sustento mientras vivía allá. Mi madre me decía que cuando se calmaron las cosas, fue como cuando la gente se cae, se limpia las rodillas y sigue, así fueron esos días. Así terminaría 1985, un año difícil para todos, por un lado seguían con sus vidas, lidiando con los problemas que surgen a diario: deudas, inestabilidad laboral, el rebusque, en fin, y paralelamente a su vida personal, sufrían por ver lo que pasaba en el país: muertes, desaparecidos y lo más duro, ver la transmisión en vivo del casi fin del M-19, movimiento que les había renovado la esperanza de ver cambios políticos y sociales en el país. Peguemos ahora un salto hasta el año 1987, al momento que es asesinado Jaime Pardo Leal. Venga le cuento primero quién era él. Durante su juventud, mientras estudiaba derecho en la Universidad Nacional, fue líder del movimiento estudiantil y de la JUCO, años después llegaría ser juez, magistrado del Tribunal Superior de Cundinamarca y candidato a la Corte Suprema de Justicia. Fue de los que promovió la creación de la UP mientras el hacía parte del Partido Comunista Colombiano ( Jaime Pardo Leal, s.f.). Para 1986, el partido político UP estaba ganando popularidad y empezaba a cortar distancias con los partidos tradicionales, a pesar que era un partido de izquierda, lo cual era algo increíble, porque en el pasado, estos partidos realmente no tenían muchos seguidores y era difícil que la gente votara por ellos, pero para las elecciones presidenciales del 86, Pardo Leal es candidato y logra un cantidad de votos récord para un partido de izquierda. Como ya he dicho, los miembros de la UP fueron perseguidos y asesinados uno a uno, y Pardo Leal, siendo la cabeza visible del partido fue blanco de ataques y amenazas por parte de los narcos del país. El 11 de octubre de 1987 pasa lo inimaginable según mi tío Latif… matan a Jaime Pardo Leal y eso fue para él algo muy doloroso, porque a pesar de sus inclinaciones políti-

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cas radicales, el hombre era muy humano, le importaba realmente su gente. También lloró su muerte porque en una ocasión tuvo la oportunidad de conocerlo, este encuentro como mi tío lo narra fue más o menos así: Rafael Deluis, profesor de filosofía y amigo de Latif, lo invitó para que lo acompañara a una serie de visitas que iban hacer con Pardo Leal, cuando iban en la caravana hacia la próxima reunión en el barrio Palermo, se encontraron con un niño habitante de calle, que estaba sin camisa deambulando por ahí y tiritando de frío, apenas Pardo lo ve hace detener el vehículo, se baja, se quita la chaqueta para ponérsela en los hombros y arropar a este pequeño, mientras lo hace, le dice al peladito: “voy a seguir luchando por usted… téngame en cuenta”, le da una palmadita en la espalda y se van… la imagen de este momento permanecerá siempre en la memoria de mi tío, porque es un reflejo de quien era Jaime Pardo Leal. Cuando Latif se entera que Pardo ha sido asesinado, se le vienen todos estos recuerdos a la cabeza. Él estaba en Cucaita alistándose para el regreso a Bogotá, cuando le dieron la noticia. Mientras llegaba la hora de abordar la flota, se estaba tomando un alguito con Toño y su padre, cuando llegó la tía Guillermina y les dijo que había muerto Jaime Pardo. Toño lo confunde con un exministro del gobierno de Belisario Betancur, el Sr. Enrique Parejo y dijo: “es bueno que de vez en cuando sientan el dolor que nosotros sentimos”. Durante el camino a Bogotá, Latif muy acongojado lloraba la muerte de Pardo, mientras tanto Toño se burlaba de verlo así, seguía confundido, creyendo que había sido Parejo, un conservador, discutieron y no se hablaron más. Cuando llegan a Bogotá, les toca caminar hasta donde encontraran transporte para la casa, en medio del recorrido, pasan por el frente de un restaurante donde había un televisor en plena transmisión de lo que había pasado, Toño al ver las imágenes sale de su confusión y empieza hacer preguntas, ¿cómo fue?, ¿cómo así?, ¿fue Pardo? después de esto le ofrece disculpas a su hermano por el mal rato que le hizo pasar y compartieron la tristeza de haber perdido nuevamente a un miembro de la izquierda. Al otro día, Toño habla con su hermana Ruby y deciden que no van a mandar a Latif al colegio y que si era necesario, le iban a echar llave a la puerta de la casa para que no fuera al funeral de Pardo Leal, porque sus hermanos sabían que él querría ir y darle el último adiós, pero el riesgo era inmenso, porque el ambiente estaba caliente y como él ya estaba metido con la JUCO, yendo a reuniones del movimiento de izquierda lo podían pistear y podían terminar llorando a dos en vez de uno. Así que todos, desde la seguridad que da el hogar, pusieron en manos de Dios al buen hombre… Jaime Pardo Leal.

Después de firmada la paz, hubo una ceremonia simbólica de dejación de armas por parte del M-19, este momento histórico lo transmiten en tiempo real por televisión y radio. El júbilo en las calles no se hizo esperar, la gente simpatizante del movimiento veían este momento como un renacer del M-19 y de sus ideales políticos. Obviamente los Páez, mi familia vieron la transmisión, la vivieron como una fiesta, hubo comida, cerveza, risas y abrazos. Pero es deber mío ponerlo en contexto, porque el tratado de paz y la dejación de armas no fue así no más… no crea, tuvieron que pasar por varios altibajos, mejor no dejo alargar mucho la vaina y le cuento cómo pasó. Virgilio Barco, en una alocución presidencial, el 1 de septiembre de 1988, dijo que iba a dar comienzo a una estrategia de paz que se llamaría Iniciativa para la paz. Esta iniciativa tenía tres fases: • Fase de distención. Era que ambas partes, gobierno y grupos alzados en armas demostraran con acciones sus intenciones de búsqueda de la paz, esta vez las palabras no iban a ser suficientes. Como segundo paso de esta primera parte, dependiendo de los resultados del primer contacto, el gobierno presentaría al Congreso un proyecto de ley de indulto y paralelamente, se iniciaría el dialogo directo con los voceros de los grupos interesados en la búsqueda de la paz. • Transición. Entraría en vigencia dependiendo de los resultados de la fase anterior, en esta etapa del proceso, se fijarían las condiciones sociales y económicas para la reintegración a la sociedad de los grupos alzados en armas. También se acordaría un cese al fuego y por parte de las Fuerzas Armadas, se suspendería operaciones en lugares acordados. • Incorporación. Reintegración a la sociedad y el cumplimiento de los acuerdos de las dos fases anteriores. El gobierno se encargaría de dar indulto a los que se acogieron al proceso, también a garantizar que puedan tener una actividad política real y por último dar protección a los nuevos hijos de la vida civil. Las guerrillas reciben esta propuesta con agrado, pero obviamente tenían sus reservas por los fallidos procesos de paz en los que habían estado metidos en el pasado, así que deciden unir fuerzas y unificar intereses políticos, de esta forma, se formaría la CGSB (Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar).

Para 1989 el M-19 firma finalmente la paz con el gobierno de Virgilio Barco Vargas, con su regreso a la vida civil, se presentan en sociedad como un nuevo movimiento político. A partir de este momento empiezan a trabajar para las próximas elecciones presidenciales y escogen como candidato al ahora excomandante Carlos Pizarro Leóngomez.

El senador conservador Álvaro Leyva, hace su propia propuesta de paz, en la que a grandes rasgos propone una comisión de cinco personas que se encargarían de tantear terreno y dependiendo del buen resultado de esa parte, ahí si buscar dónde y en qué condiciones se iban hacer los diálogos de paz. A las guerrillas de las FARC y el M-19, les suena bastante esa nueva propuesta y hacen saber que esta es una muy buena fórmula para alcanzar la paz, en este mensaje que hacen público, dicen

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también que van hacer un cese unilateral al fuego, como muestra de su disposición a que se inicie la búsqueda de la paz. Después de varios encuentros de la CGSB y por las diferencias de intereses el M-19 se retiraría de la Coordinadora, para poder negociar directamente con el gobierno un tratado de paz. Para el mes de abril de 1989 Carlos Pizarro, enviado del M-19 y Rafael Pardo, vocero del gobierno para el proceso de paz, informan que se instaló en Bogotá, la Mesa de Trabajo por la Paz y la Reconciliación Nacional. Pizarro aprovecha para decirle al pueblo colombiano cuáles iban a ser los temas para tratar en la mesa: • Hechos de convivencia, justicia y orden público. • Hechos socioeconómicos. • Hechos de orden constitucional y en materia electoral. Para dar a conocer el proceso de paz y lo que viene después de su firma, se permite que se abran sedes en diferentes ciudades del país, que funcionarían bajo el nombre de Casas de la Paz. Desde estas casas es que el M-19 empieza a trabajar para estabilizarse como un nuevo movimiento político. Como se había acordado en la fase de distención, el 15 de noviembre de 1989, el gobierno pasa al Congreso la ley de indulto. El proyecto fue aprobado un mes después, pero no falto el mico, imagínese que querían ampliar los beneficios de perdón judicial a narcotraficantes y terroristas, ¿qué tal la joya? El 29 de noviembre, el M-19 se presenta oficialmente como la nueva alternativa política y su lema sería más que un partido. Con esto se confirmaba que a pesar de los tropiezos y las bajas que sufrieron durante el proceso, la firma de la paz estaba más y más cerca. El 9 de marzo de 1990, en Caloto - Cauca, se realiza el acto oficial de dejación de armas. Días antes se hace la quema de armamento, municiones, se desactivaron los explosivos en manos del M-19. A la ceremonia de dejación de armas asistieron medios nacionales e internacionales para registrar el momento histórico, porque no se había podido concretar antes un tratado de paz. Ni mucho menos que un grupo político-militar, dejara la lucha armada para que se convirtiera en un movimiento político legal. Como última parte del proceso, Navarro y Pizarro se regresan a Bogotá para firmar en la Casa de Nariño el acuerdo político entre el gobierno y el M-19 (Villamizar, 1995).

hermanos en la década del 70, él lo estaba viviendo en los 80, a destiempo por la marcada diferencia de edad, pues Latif para los años 80 todavía estaba sardino, no tenía más de 20 años, entonces ese momento los sentimientos de lucha y ser un agente de cambio estaban a flor de piel. Después que se firma la paz, al barrio empiezan a llegar los amigos de infancia, compañeros de colegio que no había vuelto a ver ni a saber de ellos. Para sorpresa de todos en casa, ellos habían cruzado la delgada línea entre la simpatía política y el tomar las armas e irse al monte para luchar por esas ideologías. Entre ese grupo de conocidos que regresó al barrio estaba Estela… el amor de infancia de mi tíos y ¡oh sorpresa! A pesar de los años conservaba esa belleza y ese encanto que los hacía suspirar cada vez que la veían. Pero antes de contarle como fue el reencuentro con ella, déjeme contarle quién era Estelita. Ella era hija del peluquero del barrio y dueño de una papelería, que por cierto aún existe. Estelita venía de una familia de clase media alta, honesta y trabajadora, el padre de la casa era un hombre culto, que le podía hablar tanto de política como de fútbol. Me toca recurrir a las memorias de Lalito para contarle mejor quien era esta muchacha. Como le acabo de decir, Estelita era la bonita del barrio, la niña que todos querían como novia, pero ella era algo inalcanzable, no porque fuera picada, sino porque era un mujer muy preparada, había estudiado en buenos colegios y para el momento anterior a que se uniera al M-19, estaba estudiando en la Universidad Nacional. Lalo recuerda que él estaba enamorado de ella y cada vez que tenía la oportunidad de verla la aprovechaba, el solo hecho de saludarla le alegraba el día. El tiempo fue pasando, llegó la adolescencia y no se dio cuenta cuando Estelita había dejado de ser su número uno, le perdió el rastro y no volvió a saber de ella. Un día timbran en la casa, Lalo se asoma por la ventana del segundo piso para ver quién era y ¡oh sorpresa! allí estaba, en la puerta de su casa… Estelita. La casa se paralizó, la abrazaron y la hicieron seguir a la sala, alrededor de ella se reunieron todos los que estaban para saber que había sido de su vida. En medio de una avalancha de preguntas ella les dice que era desmovilizada del M-19, ¡¿Qué?! Ninguno lo podía creer, porque ella venía de un hogar estable, de plata… cómo era que había terminado echando bala. El motivo de su visita, además de saludar a viejos amigos, era pedir apoyo para la candidatura de Carlos Pizarro y como dijo mi tío: “llegó a donde era, a tierra abonada”, todos inmediatamente dieron el sí, ¡p’ las que sea!

Como le había dicho, el M-19 crea las Casas de la Paz, una de esas casualmente quedó a pocas cuadras de la casa, al poco tiempo de su creación, Latif se entera de esto y lleva a sus hermanxs a que conozcan el lugar y empiecen a ser miembros activos del nuevo movimiento político. Como ya todos eran legales, mi tío ni corto ni perezoso se presentó en este lugar y ofreció su ayuda para cualquiera de los proyectos que tenía el ahora partido político y una vez inscrito, hizo parte de la campaña de Carlos Pizarro. Tal vez usted se preguntará porque recurro tanto a las historias de mi tío Latif y la razón es bastante simple, ese mismo fervor político, algo revolucionario que habían vivido sus

Toñito también compartió conmigo cómo fue ese reencuentro con Estela. Él también estaba en casa cuando sonó el timbre, bajó a ver quién era y ahí estaba, la niña linda del barrio, Estelita. Qué bonito fue volverla a ver, saber que había sido de su vida, escuchar sus historias con el M-19. Después ellos se encontraron un par de veces solo para charlar, para adelantar cuaderno. Después del asesinato de Pizarro, ella fue una de las personas que dijeron no vamos a esperar a que nos maten, así que se desapareció nuevamente y años después, por unos familiares de ella, se supo que se había unido a las FARC, pero

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este es el momento en que no se sabe si está viva o murió… no se sabe, pero siempre perdurará el recuerdo de quién fue ella, de lo que significó para mis tíos, un amor platónico… típico de la juventud, y de una mujer valiente, que combatió por los ideales de la lucha guerrillera del M-19. Este sería el inicio de una de un momento muy bonito, lleno de esperanza, de júbilo, porque volverían a las andanzas de la juventud, esta vez no echando piedra, su modus operandi cambia, están más metidos, me explico, irían a reuniones, a escuchar discursos, incluso acompañados de mis abuelos, era una actividad familiar ir a escuchar los discursos de los excomandantes del M-19; recurrirían al voz a voz para convencer a sus círculos cercanos que en el M-19 podían encontrar un verdadero cambio, que en ellos podrían ver eso que planteaba Bateman años atrás, soluciones nacionales a problemas nacionales, el M-19 tenía un discurso diferente al resto de los partidos de izquierda. A pasar de ese nuevo “renacer”, hubo un pero… no podía faltar. Como el M-19 ya se había reintegrado a la sociedad civil, mucha gente dejó de apoyarlos desde el anonimato y pasaron a ser unos abanderados del movimiento, entre esos Latif. Así que la persecución no se limitó a los líderes y desmovilizados, también era contra los nuevos integrantes. Mi tío me contaba que en una de las muchas reuniones a la que asistió, le dijeron que la vaina estaba caliente, que se cuidaran, que no dieran papaya. Y eso que le dijeron era una realidad, que ya lo estaba rozando, porque empezaron a desaparecer, a encontrar los cuerpos sin vida de sus compañeros, de amigos, no solo de lucha sino de infancia, así de cruda era la situación. Quiero compartir una anécdota que Latif me contó de estos momentos, que describe como él vivió la persecución por sus andanzas políticas. Un día, tocan a la puerta, mi tía Ruby abre, un señor que nunca habían visto antes preguntó si Latif estaba en casa, ella inocente respondió que sí y lo llamó para que bajara. Latif lo ve y le dice: Si Sr., qué necesita”. El hombre lo saludo y le dijo que si lo acompañaba, mi tío no le vio ningún problema, fue por su chaqueta y salieron, caminaron hasta los lados de la iglesia Santa Rita, que esta como a cinco cuadras de distancia de la casa. Con cada paso que daban, mi tío nervioso, sudando, recordaba todas las advertencias que le habían dado, sobre cómo cuidarse, de estar mosca, siempre alerta, pero ¡mierda! ya era tarde, ya había salido de la casa con un extraño; y es que él ya había conocido un caso similar, el de un amigo que apareció muerto muy cerca a la casa, lo habían sacado así, alguien lo busco en su lugar de residencia, salieron y ya, hasta ahí fue. Llegaron a una panadería, el hombre le dijo que si quería tomar algo, mi tío dijo que bueno, que una gaseosa estaba bien. Él vuelve a la mesa con dos gaseosas y se presenta: “yo soy del grupo de inteligencia del M-19. Compañero, me sorprende que haya salido tan fácil y me sorprende que en su casa lo hayan llamado tan fácil. Nosotros les habíamos advertido a ustedes que hay una campaña sistemática para acabar con nosotros y si usted no se cuida compañero… no hay quién lo cuide, porque el estado no lo va a hacer, téngalo por seguro”.

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Después de semejante susto, la paranoia empezó. Mientras caminaba por la calle siempre estaba pendiente quién pasaba al lado, quién venía atrás, si alguien se le acercaba en la calle, así fuera solo para preguntarle una dirección se alejaba rápido, o si escuchaba que pasa por su lado una moto se asustaba mucho, era terrible, imagínese vivir con miedo, andar con miedo dentro y fuera de su casa, pensar que en cualquier momento le iban hacer cacería, no… muy maluco. Así fue como Latif vivió la parte final de los años 80, activa, corriendo riesgos y llorando muertos. Para diciembre de 1989, sucede uno de los mayores atentados en Bogotá a manos del jefe del cartel de Medellín, el Sr. Pablo Escobar. El miércoles 6 de diciembre, a las 7:33 de la mañana explota un vehículo cargado con 500 kilos de dinamita frente a la sede del DAS, en el centro de Bogotá. La onda explosiva hizo que se cayera una de las caras del edificio, causo daños a 3 kilómetros a la redonda, pero por encima de los daños materiales, mueren muchas personas, funcionarios de DAS y transeúntes, todos los que pasaban por ahí salieron de algún modo afectados, hubo muchos heridos, el pánico se apodero del sector. El objetivo del atentado terrorista era acabar con la vida del entonces director de la institución Miguel Maza Márquez (Cardona, 2009). Toño iba camino a su trabajo cuando explotó la bomba y se vio afectado por la onda explosiva. Esta fue su experiencia: Él iba en el bus, venía por la avenida las Américas y ya había dado vuelta en el semáforo para coger la calle 19, siguió subiendo y ya a pocas cuadras del DAS la bomba explotó. Él iba de pie, mirando por la ventana, echando un vistazo a ver si se encontraba con alguno de sus compañeros del trabajo, porque en ese entonces, había un club de empleados del Banco de Colombia por ese sector; mientras tanto el vehículo seguía andando, cuando sintió la onda explosiva, escuchó un estruendo tremendo, el bus se movió de un lado a otro y varios vidrios se rompieron, él no entendía que era lo que estaba pasando, qué había sido. De inmediato, la gente empezó a gritar, otros se bajaron del bus como pudieron y otros quedaron en shock, estáticos, por otro lado el conductor estaba luchando por no perder el control del bus y buscar la forma de salir de ahí, porque no se sabía si de pronto iban a explotar más bombas. Toño, cuando volvió en sí, empezó a ver la cantidad de daños que había dejado la explosión, veía la gente herida, cubiertos de tierra, vio los rastros de sangre, a personas que estaban en el suelo tratando de levantarse como pudieran y a otros que ni siquiera se movían. Levanto su mirada y alcanzó a ver el edificio del DAS, vio la parte del frente totalmente destruida, también alcanzo a ver la gente que aún permanecía en las oficinas, haciendo señas para que fueran rescatados de entre los escombros. Mi tío me contaba que el héroe de la jornada fue el conductor del bus, porque él no se explica cómo hizo, pero volvieron a salir a las Américas, subió por la 34 hasta la carrera 7. Una hora casi después del suceso, llega su oficina, trato de recomponerse para empezar su jornada laboral pero fue imposible, seguía en un estado de aturdimiento y miedo, sentimientos que aún, después de tantos años, le cuesta explicar. Lo mandaron de regreso a su casa,

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cuando estaba de camino, se le venían las imágenes a su mente de lo que había presenciado, la gente del bus que también había salido herida, todo. Bendito Dios que a él no le pasó nada, ni un rasguño.

ro a mi tío Lalo, pero espero hacer honor a todos los relatos que mi familia me ha entregado y espero lograr transmitir el sentimiento de tristeza y vacío que yo misma sentí cuando los escuche.

Así estaban las cosas, es más, una semana antes del atentado al DAS, los mismos responsables de esa bomba, habían dado de baja a un avión y murió toda la tripulación y los pasajeros. O sea, el objetivo de crear terror en las calles lo lograron rapidito y como no, si atacaban por todo lado, pero la misma gente trataba seguir con sus vidas común y corriente, por ejemplo mi tía Ruby me decía que ella tenía el siguiente razonamiento. Como la guerra era del narcotráfico con el estado y contra los poderosos, pues ella pensó, sencillo, evitemos multitudes y los barrios de los ricos y si toca ir por esas zonas, tratar de no demorarse; esta era su estrategia que funcionaba en medio de la incertidumbre, porque nadie sabía ni cómo ni cuándo iba a ocurrir una catástrofe.

26 de abril de 1990…

Toño asumió su realidad del momento de otra forma, así como mi tía pensaba como esquivar los objetivos de la violencia, Toñito seguía con su vida, no se detuvo a pensar el trasfondo de esas olas violencia. La bomba del DAS no fue su único encuentro cercano con atentados, una vez estando en su trabajo, en el Banco de Colombia, en el centro de Bogotá, exploto un petardo de bajo alcance dentro del edificio en el piso octavo a la hora del almuerzo. Fue muy curioso cómo me contó esta anécdota, porque a medida que él iba narrando yo me imaginaba todo, el susto, el sonido de la explosión, ¡todo! Y cuando termina me dice que durante unos días después de la explosión, trabajaron con un hueco ahí en el techo; y que cuando hicieron la evacuación del edificio, la prensa ya había llegado, estaban tomando fotos de lo que había pasado y en una de esas quedó en cámara, esa imagen después saldría en la revista Cromos, tuvo su cuartico de hora. Todo esto me lo contaba con un tono muy jocoso, muy relajado y se me hizo muy extraño porque no cualquiera “sobrevive” a algo así, ¡dos veces! y sigue como si nada, es más, me tocó preguntarle, no me podía quedar con la duda del porqué me contó su experiencia de esa forma y me dijo: “yo estaba en plena juventud, conociendo nuevas personas, estaba enamorado…tenía novia, estaba teniendo otras experiencias, no podía dejar que esas cosas me detuvieran”. Me mató con esa respuesta, no supe que más decir porque es una posición válida que muchos han asumido, porque sí, la vida sigue, pero lo que uno se debe preguntar, es bueno… ¿hasta qué punto?, ¿acaso eso no es indiferencia? Ahí le dejo ese trompo en la uña. Voy a terminar la narración de los años 80, con el magnicidio de Carlos Pizarro Leóngomez. Después de todo lo que le he contado a usted, sobre el M-19, sobre lo que significó para mi familia, con sus ideales políticos y el aprecio que sentían por los hombres que hicieron el movimiento, la muerte de Pizarro se sintió como la estocada final, lo lloraron como si hubiera muerto un hijo de la casa. Era la muerte que faltaba para acabar con la izquierda y más allá de la inclinación política, era acabar con el nuevo aire en la política, le dieron piso a la renovación política del país.

Él estaba en el trabajo, haciendo el trasteo del supermercado que tenía, pero que no le dio resultado y tuvo que vender. Mientras terminada de empacar lo que faltaba escuchaba por Caracol Radio la entrevista que le hacían a Carlos Pizarro antes de ir al Aeropuerto el Dorado de Bogotá, para subirse a un avión que lo llevaría a Barranquilla, una de las últimas paradas antes de cerrar la campaña para la presidencia. Después de que Pizarro pronunciara lo que serían sus últimas palabras, en esa emisora siguieron con la programación habitual, así que la música, los hits del momento hicieron que el despedirse de su negocito no fuera tan difícil. Concentrado en lo que hacía, escucho que el radio dijeron: “¡Atención, atención! boletín de última hora, Carlos Pizarro acaba de sufrir un atentado. Estaremos informando”… empieza la preocupación, la incertidumbre de no saber si está bien, si está vivo. Lalo a pesar de todo lo que escuchaba, aún conservaba la esperanza de que estuviera bien o que por lo menos se pudiera recuperar pronto. Él con la cabeza dándole vueltas, sigue con su trasteo, hace las cosas en modo automático, su atención estaba puesta en la radio, por si decían algo, lo que fuera. De pronto… hay un nuevo boletín y se confirma que por la gravedad de las heridas, Carlos Pizarro Leóngomez, candidato presidencial por el M-19, ha muerto. En la radio siguen informando, describen cómo había sido el atentado, qué había pasado cuando lo logran llevar al hospital más cercano, en fin… cuentan todo lo que la gente quería que saber, Lalo escucha esas palabras se imagina todo, el arma, el sicario, cómo lo asesinan en el avión, fue muy verraco, fue un golpe terrible para él, pues era su ídolo… prácticamente de toda la vida. Después de darse a conocer la noticia del fallecimiento de Pizarro, suena el teléfono, es Latif, con la voz entre cortada le pregunta qué si ya supo lo que pasó, él responde que sí y fue inevitable que las lágrimas empezaran a rodar. Cuando logran calmarse un poco, Lalo le dice: “apenas termine con el trasteo, salgo para la casa, Latif le responde: “listo hermano, así quedamos. Acá lo espero”. Terminó como pudo, bajo las rejas y echo candado, se fue caminando hasta la avenida donde pasaba el bus para la casa, en el camino escucho varias veces comentarios de la gente celebrando la muerte de Pizarro, algunos decían: “bien hecho que se muriera ese hijueputa guerrillero”. Mi tío trato que esas palabras no lo afectaran, porque si respondía a alguno de esos comentarios, quién sabe… de pronto la cosa se podía irse a mayores. El país estaba dividido, muchos apoyando el reintegro a la sociedad del M-19 y otros que los seguían viendo como criminales.

Para contarle como fue este momento, voy a recurrir prime-

Lalo llega tarde a casa, después que todo había pasado, ve a sus

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hermanos que están en la sala con la radio y el televisor prendido, se saludan, se abrazan y se dan consuelo. Latif que estuvo todo el tiempo en casa, presenció el boroló que se armó después que los desmovilizados del M-19, que estaban en la sede que quedaba cerca a la casa, se enteraran de la noticia. Ellos salieron a la calle, invadidos por la ira y con arma en mano, empezaron hacer disparos al aire, gritaban y maldecían contra el estado.

al frente cajón, hace una pequeña pausa y le hace un cariñito Pizarro, así como el que nos hace a nosotrxs sus nietxs o sus hijxs… le da dos palmaditas en la cara, rápidamente, los militares que custodian el féretro, se le mandaron encima para quitarla de ahí, Ruby al ver esto se enoja muchísimo y les dice: “ahora que está muerto ahí sí lo cuidan… cómo qué podemos hacer con él, si ya está muerto”.

Los ánimos se estaban calentando y no solo en Kennedy, en varios sectores de la ciudad y en varias ciudades del país. Entonces los líderes del M-19, los poquitos que quedaban, hicieron un llamado a la calma, entre ellos, Antonio Navarro Wolf, que decía que no había otra opción, tocaba seguir porque ese era el camino que habían elegido, luchar desde la democracia, además que Pizarro había dejado un legado de paz y que parar honrarlo, las ciudades tenían que permanecer en paz, pidió que no se lanzara ni una piedra, porque no se podía dar un segundo Bogotazo. Eso hubiera sido terrible, la historia hubiera sido otra.

Cuando llegan a la casa, mi abuela sube a su habitación, a descansar después de semejante jornada tan agotadora física y emocionalmente. Mientras tanto, mi tía saluda a sus hijos y a su esposo que ya estaba en casa. Él no se aguata y le dice que lo que había hecho hoy era un acto irresponsable, porque con tanta gente que había allá, estaba dando papaya, en cualquier momento se podía armar la de Troya y qué, si le pasaba algo, qué iba a pasar con sus hijos. Ella entendió lo que él quería decir, pero no se arrepintió porque sentía que era un compromiso que tenía que cumplir, era como despedir un hermano que se lo habían arrebatado de sus brazos.

Mi tío Latif me contaba, que un sector del M-19, personajes como El Flaco y José Cuesta, empezaron a armar comandos, la idea era dar un golpe duro en Bogotá y después devolverse al monte y dar por terminado todos los acuerdos con el gobierno. Desde ese día su respeto hacia Navarro aumentó, porque como dice mi tío, tuvo los pantalones de calmar y controlar a su propia gente, no era una opción volver a la ilegalidad, ni dejarse intimidar por este tipo de cosas. Algunos no aguantaron, no querían terminar muertos también, así que optaron por unirse a las FARC y volver a luchar por un cambio político, otra vez por medio de la vía armada, entre esas personas, estaba la comandante Cony, mejor conocida como Estelita.

Lalo fue acompañado de su hermano Ricardo, estuvieron en la caminata y al ver la cantidad de gente, Lalo estaba más que convencido de que Pizarro iba a ser el próximo presidente. A lo largo del recorrido, vieron a personas manifestarse desde los edificios por los que pasaba la marcha, se veía por las ventanas ondear con orgullo la bandera del M-19, era imposible no dejarse emocionar por todo lo que estaban viviendo. Llegaron hasta la Quinta de Bolívar donde Antonio Navarro, diría unas palabras, el hombre también estaba devastado, le escurrían lágrimas mientas hablaba, Lalo, trataba de mantener la compostura, ser fuerte, pero cuando baja la mirada y empieza a ver a quienes estaban a su alrededor, rompe en llanto.

Después vendría el momento del funeral de Pizarro. Lalo y Ruby asistieron pero por separado, estas son sus historias:

Con este último relato, acabo de contarle mi reconstrucción de los años 70 y 80. Estos años estuvieron marcados por la sangre derramada de los líderes de izquierda y de inocentes, por los brotes de violencia y la cultura del terror. Con cada golpe, las cosas no parecían mejorar, pero no quedaba más opción que seguir adelante.

Para Ruby en ese entonces, la política era importante pero no tan trascendental como lo había sido cuando estaba más joven, tenía su cabeza y sus esfuerzos enfocados en su hogar, en sus hijos que estaban chiquitos. Pero con la muerte de Pizarro, esto cambio, por lo menos durante los días que fue noticia su partida, le pudo más el dolor de perder a un ser muy querido, que acompañada de su madre, va al funeral. Ese día, busca con quien dejar a sus hijos y se van a la marcha que despediría al Comandante Papito, como lo llamaban las mujeres por su gran atractivo físico. Caminan por la carrera séptima hasta la Plaza de Bolívar, la gente gritaba en las calles su nombre, pedían justicia y maldecían al gobierno. La cantidad de personas ese día era impresionante, era difícil transitar, pero valía la pena, porque podía ver por última vez al comandante Pizarro.

Tal vez usted creerá que mi narración está muy inclinada hacía la lucha guerrillera, en especial hacia el M-19, pero verá… yo hablo desde mi casa, desde lo que conozco y lo que somos, tal vez cuando usted hizo el mismo ejercicio de recordar con los suyos, tuvo otra visión de las décadas del 70 y el 80 y eso es lo bonito, hacer que todos, que hablamos desde lugares y posiciones diferentes, reconstruyamos la historia social y política de Colombia.

Después de muchas horas de espera, cansadas, logran irse acercando al féretro donde reposaba el cuerpo sin vida de Carlos Pizarro, mientras tanto, la gente lloraba, gritaba, otros se secaban solo las lágrimas y caminaban en silencio. Cuando ya logran estar frente al ataúd, mi abuela pasa primero, se para

Espero que después de haberme acompañado en este recorrido por la historia, usted haya hecho conmigo el ejercicio de recordar, que no me haya hecho el feo con mis constantes invitaciones a que se preguntara cómo está usted asumiendo el pasado. La memoria tiene un valor primordial para lo que estamos haciendo aquí, resignifica el pasado y ayuda a que unx se reconozca en el presente, además que afirma nuestra identidad (Castillejo, 2010). Pasando por este proceso nos evitamos, usted y yo, que terceros narren nuestra historia y al reconstruir-

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la nosotros mismos, dejamos de tener una actitud pasiva y de indiferencia, porque como dicen: quien no conoce su historia está condenado a repetirla, ¡nosotrxs la estamos conociendo! estamos entendiendo el porqué de nuestro contexto, cómo se originó todo, eso ya es un gran paso. Quiero también hacer la salvedad, que estos cambios de actitud, de visión, no se van a dar de la noche a la mañana, es todo un proceso, difícil y largo; lx invitx a que sigamos en la búsqueda de la historia verdadera, no la de quienes tienen el control de la información y del conocimiento, para que no nos sigan viendo la cara. Bueno, quiero compartir con usted, así ya como para terminar, qué sigue después de esto, porque como le dije yo estoy actuando desde el arte, ese es mi escenario. Primero escogí apropiarme del libro como uno de los dispositivos, porque allí es donde se registra la historia oficial, así que aprovechándome del estatus que tiene un artículo como este, yo propongo mi versión sensible de la historia. Esa es la razón por la cual, me siento a escribir y a compartir con usted mi lector las experiencias de vida que ya le di a conocer. Como ve, estoy haciendo arte, a partir de la práctica artística, me apoyo en otras disciplinas y medios que no necesariamente persiguen un objetivo estético, porque si quiero lograr con mi propuesta un cambio, debo pensar cuál es el mejor medio para hacerlo, no puedo limitarme a usar un solo lenguaje. El segundo dispositivo que uso para compartir de la mejor forma la información recopilada, que también es obra, es la línea de tiempo; este es un recurso, con el que se enseña la historia oficial, que por su estructura es fácil digerir la información que allí aparece. Usando este medio, yo hago una presentación visual de la reconstrucción histórica que propongo con este libro, entonces, muestro los elementos en los que me apoyé: citas, fotografías, datos, nombres y también lo que fue la base de todo: las entrevistas de audio y video, las fotografías del álbum familiar, fotografías de la casa y mapas.

político que hay detrás de esto, de rebeldía, porque pocos se atreven a contar sus historias en voz alta, porque claro, pueden ser juzgados, a nadie le gusta eso, pero el tomarse la palabra y ubicarse como miembro activo de la sociedad, que exige su reconocimiento en la historia hace un acto de desobediencia, que considero necesitamos ahora más que nunca. Pero no debo dejar suelto el asunto del porqué esto es una obra de arte y es que verá, una obra de arte puede no tener fin en sí misma, no funciona si vive dentro de su propio mundo y más en trabajos como este; lo que le da vida, por llamarlo de alguna forma, es cómo se relaciona con el entorno, con la gente que hace parte de ella e interactúa con ella, aquí no es solo el artista quien y que propone, la obra es el resultado de interacciones y aportes que ayudan a su construcción, por lo mismo, se aleja de perseguir un interés estético (Mesquita, s.f.). Y por ahora me despido… mi más sincero agradecimiento a usted, por medírsele a ser parte de esta vacaloca de proponer una historia alternativa de Colombia, no me puedo ir sin antes insistir en que debemos continuar haciendo lo mismo, recuperando la memoria, primero de nosotros y de nuestros círculos cercanos, segundo, no las guardemos y difundámoslas, como le acabo de decir… seamos desobedientes.

Rowena Neme Páez, Bogotá - 2015.

Así que ahí voy, sería irresponsable decirle que después de presentar mi proyecto ahí acaba, al contrario, es apenas el comienzo y quién sabe esto en qué termine. Pero por ahora puedo decir con seguridad varias cosas: que quería sembrar una semilla en usted, mi querido lector, que lograra motivar su sensibilidad e invitarlo a tener una postura crítica frente a la información que recibimos y a la historia que conocemos. Busqué narrarle la historia de la forma más amable posible, haciendo uso de un lenguaje muy familiar y coloquial, lo cual es bien importante porque es un lenguaje muy nuestro, fácil de entender, es opuesto al que encontramos en la historia oficial, que está llena de tecnicismos y cifras que confunden, que de alguna forma discrimina, porque si uno no entiende… ¡de malas! Por otro lado me metí con lo cotidiano, que es ahí donde convivimos y nacen estas historias de vida que me ayudaron a proponer una historia alternativa, que no busca remplazar la historia oficial, sino que es una opción diferente a la hegemónica. Quiero que este proyecto siga funcionando “inocentemente” y que a medida que vayan saliendo más y más propuestas visuales, anécdotas, visiones, vayamos potenciando el elemento

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Bibliografía

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