CAMINO A CASA PASCUAL ROSALES
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Cuando era pequeño me encantaba tocar los lunares que mi madre tenía por todo su cuerpo, me transmitían mucha calma y me ayudaban a dormirme entre sus brazos. Me imaginaba trayectos que me llevaban a su cuello, a su brazo, a su rodilla. Eran lugares sin una ubicación fija, cambiantes y muy diversos. Podría decir que han sido pequeños itinerarios con los que imaginaba diferentes caminos, diferentes lugares, diferentes destinos. Ellos me han marcado el paso del tiempo, son una unidad de medida personal. Ahora que soy mayor sus lunares son la arena, el mar, el verano, las lentejas y los guisantes. Ellos siempre me indican el camino a casa.
El punto de partida
Pequeños itinerarios
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El juego de contar lunares De pequeño me imaginaba que los restos de chicles pegados en el suelo o las diferentes manchas que me encontraba en mi trayecto eran lunares que me indicaban el camino a casa.
3, Casa de mi madre
,2 Km
Mi casa
Primer lunar de la calle Puerta de mi casa
Último lunar de la calle Casa de mi madre
mi madre Mi casa
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“Si algún día olvido como regresar a casa se que tus lunares me llevarán de vuelta” Tony E.A.