Primera Expedicion Fotografica

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Expedici贸n De Agostini Cr贸nica del primer viaje, diciembre 2009

Seno Otway-Estrecho de Magallanes-Seno Agostini-Seno Almirantazgo



Patagonia Photosafaris, empresa dedicada a realizar expediciones fotograficas en la Patagonia junto a Expedición FitzRoy, naviera que cuenta con la M/N Forrest embarcación de turismo especialmente habilitada para navegar esta zona, hemos hecho una alianza para realizar un crucero de expedición para fotografos, para ir en busca de los más fascinantes destinos naturales de esta región. Inspirados en el sacerdote salesiano Alberto María De Agostini, considerado el último gran explorador y el primer gran promotor de la Patagonia, recorreremos el mítico Estrecho de Magallanes, llegaremos a los pies de la Cordillera Darwin y del Monte Sarmiento, navegaremos por fiordos y canales visitados por ilustres navegantes como Magallanes o Fitz Roy, donde podremos admirar imponentes glaciares que descienden desde las altas cumbres, rodeados por caídas de agua y selvas templadas vírgenes. Te invitamos a explorar la Patagonia desconocida, donde reinan los vientos.


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Expedición De Agostini Texto: Christian Navarrete Edición: Alejandra Zúñiga S.

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uando se habla de Patagonia, automáticamente se evocan las imponentes montañas del macizo Paine, conocido por sus famosas torres. Esto ocurre porque históricamente ese lugar ha sido la carta de presentación de la Región de Magallanes. Sin embargo, Patagonia es mucho más que eso: es una región diversa que comprende áreas montañosas, ríos y lagos de control tectónico, ventisqueros, fiordos, islas e islotes. En suma, un crisol de imágenes monumentales de un lugar remoto que aún conserva el velo de una belleza virginal. Esta asombrosa diversidad de ambientes ha convertido la zona austral de nuestro país en un recurso turístico de gran importancia.


Si bien diversas empresas explotan los atractivos naturales de la zona a través de cruceros que navegan por los canales australes, existe una clase de turista de intereses especiales de incipiente desarrollo en el país: el fotógrafo de naturaleza. A fines de noviembre pasado, fuimos protagonistas de un viaje exploratorio para buscar nuevas rutas para fotógrafos. Organizado por la empresa Patagonia Photosafaris creada por Luis Bertea y Daniel Bruhin - ambos editores y fotógrafos con amplia experiencia en Patagonia-, en alianza estratégica con Fitz Roy Expediciones, han logrado un producto de alta calidad. El viaje tuvo dos objetivos fundamentales: trazar una ruta que despierte gran interés en el fotógrafo de naturaleza y determinar cuáles son las necesidades de este tipo de turista.

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Esta es la historia de ese viaje...


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Isla de Tierra del Fuego

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e sido partícipe de una experiencia sin igual, que siento como deber recomendar. Las vivencias de este viaje las atesoraré

por siempre. La embarcación que nos acogerá durante los ocho días que durará esta aventura es el M/N Forrest. Es un buque de 26 metros de eslora y 6 de manga, de poco calado, muy estable y marinero, dotado de todas las comodidades necesarias para la navegación y el confort. En su cubierta principal hay 39 asientos tipo Pullman en torno a siete mesas que sirven de escritorio de trabajo, pues disponen de enchufes para la conexión de nuestros computadores y la carga de baterías de las cámaras fotográficas. Aquí disfrutaremos de la comida a bordo. 10

Para el entretenimiento contamos con dos televisores de 27 pulgadas y un excelente sistema de sonido. Además, contamos con calefacción central, cuatro baños y seis habitaciones (4 cuádruples que se usaron como dobles y 2 dobles). La tripulación está compuesta por diez personas: un cocinero, un ayudante de cocina, un camarero, un guía, dos tripulantes, un jefe de máquinas y un motorista, un piloto y el capitán. La expedición la lidera el equipo de Patagonia Photosafaris, en esta ocasión integrado por Luis Bertea, junto a Daniel Bruhin y el biólogo Jorge Acevedo. Para los desembarcos tenemos a nuestra disposición dos botes zodiac para 12 pasajeros cada uno. Las medidas de seguridad adoptadas son las que exige la norma marítima. Cabe señalar que contamos también con medicamentos especiales para impedir o mitigar las molestias causadas por el mareo


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El inicio de la aventura El zarpe se registró el 27 de noviembre a las 17:00 horas desde el muelle Asmar, en Bahía Catalina (sólo por esta ocasión, ya que normalmente se zarpa desde Isla Riesco). Ya acomodados en nuestras posiciones y después de una charla introductoria nos dispusimos a conocer al resto de los participantes: diez personas, entre aficionados y profesionales de la fotografía. La navegación comenzó con proa al sureste por el estrecho de Magallanes. Cielo nublado y vientos de 20 a 25 nudos fueron el escenario de la primera jornada. A tres horas del zarpe pasamos frente a Puerto del Hambre y unos minutos más tarde pudimos divisar el Fuerte Bulnes. Este punto es de importancia histórica, ya que se trata del primer asentamiento chileno en la Patagonia; su fundación data del 30 de octubre de 1843. Tras cinco horas de navegación fondeamos en bahía El Águila. Desde esta posición nos vigilaba el imponente monte Tarn, de poco más de 800 metros de altura. Las condiciones al momento del fondeo eran de cielos parciales. En lo alto, la luna creciente iluminaba la noche.

Caminando entre glaciares El segundo día comenzó temprano, con la esperanza de contemplar el fascinante amanecer patagónico, que por su encanto es una obligación fotografiar. Aunque nos levantamos a las 4:30 horas, la fortuna no estuvo de nuestro lado pues los cielos nublados no nos permitieron admirar aquella postal. A esta misma hora partimos hacia el sur, siempre por el estrecho de Magallanes, en dirección al seno Magdalena, que separa las islas Dawson por el este y Diego Aracena por el oeste.

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Al salir del estrecho para enfilar por el seno Magdalena hacia el sur, se produce una exposición a los vientos patagónicos sur y sureste, lo que hizo que la navegación fuera un poco más agitada de lo que había sido hasta entonces. A estas alturas, el paisaje ante nuestros ojos era de una belleza singular: bosque magallánico impenetrable, saltos de agua de significativa altura y la compañía alada de petreles gigante y albatros de ceja negra. Avanzamos por el canal Magdalena y viramos hacia el este, para dirigirnos al seno Keats, ubicado al suroeste de la isla Tierra del Fuego. A las 10:30 horas nos internamos por el seno De Agostini, cuyo principal atractivo son los más de doce glaciares que cobija en su interior. Aproximadamente a las 11:15 horas desembarcamos por primera vez, en la morrena frontal del glaciar El Águila, para realizar una caminata de dificultad leve, bordeando la laguna del glaciar hasta alcanzar su pared frontal, donde tomamos fotografías del paisaje. Tras unas tres horas de excursión, retornamos al barco para el merecido almuerzo.

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Conforme avanzamos por el seno De Agostini, pudimos observar a través de las ventanas del Forrest los más de cinco glaciares que descienden desde el cordón Navarro, en la banda suroeste del trayecto. Siempre navegando por el De Agostini, llegamos al tramo final donde éste se ramifica en dos pequeños fiordos, el Hyatt hacia el este y el Serrano hacia el oeste. Elegimos navegar por el fiordo Hyatt, en dirección al glaciar De Agostini, para lo cual abordamos los botes para desembarcar en una morrena lateral a los pies del glaciar. De cuando en cuando, intimidantes estruendos provenientes de la mole de hielo nos hacían voltear hacia su dirección. Ya de regreso, pudimos identificar a la distancia -a través de binoculares- a dos focas leopardo descansando en fragmentos de hielo, desprendidos del glaciar. Con la esperanza de lograr una fotografía de la especie, nos aproximamos en los botes para explorar la posibilidad de acercarnos a ellas. La primera foca se encontraba al interior


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de un grupo de hielos flotantes, a una distancia cercana a los 25 metros. Dado que no tuvimos un paso franco para acercarnos más, intentamos acceder al otro ejemplar, distante unos 300 metros. Apresuramos los botes hacia la segunda foca leopardo, y 20 metros antes de arribar a este punto apagamos los motores. En esta ocasión no había dificultad para intentar un acercamiento, por lo que llegamos a escasos dos metros del ejemplar. Se trataba de una hembra. Tras unos minutos detrás de ella, se volteó y nos miró, momentos en los que nuestras cámaras aprovecharon su perfil. Luego de un breve instante decidió abandonar su lugar de descanso y sumergirse en las gélidas aguas. Tras esa sesión nos devolvimos por la misma ruta por la que arribamos. Ya de vuelta en la embarcación, nos dirigimos rumbo al seno Keats, donde con algo de sol, pudimos ver en todo su esplendor las montañas Giordano, Sella, Buckland y Aosta. Todos estos colosos nos flanqueaban por el este y nos revelaban sus imponentes glaciares. Al llegar al seno Keats nos internamos por el fiordo Contramaestre Martínez, ubicado al oeste del fiordo De Agostini. Aproximadamente a las 20:40 horas fondeamos en una hermosa bahía llamada Escandallo. Desde aquí mirando al oeste se encuentra el monte Sarmiento (2.404 metro), oculto celosamente a nuestra vista.

© 2010 Christian Navarrete

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Rumbo al seno Almirantazgo A las 6:00 de la mañana una nueva jornada comenzaba con el leve de anclas. Dejamos bahía Escandallo para continuar nuestro derrotero hacia el canal Gabriel, el próximo paradero. En el camino volvimos a navegar por los senos Keats y Magdalena. Alrededor de las 8:30 horas, el cielo comenzó a despejarse. La aparición del sol nos regaló una de las más espectaculares vistas del paisaje magallánico, el famoso monte Sarmiento, sin duda la cumbre más sublime de Tierra del Fuego. Una hora más tarde navegábamos por el angosto canal Gabriel, cuyas aguas en un tramo de 30 millas de extensión separan la isla Dawson por el norte, de Tierra del Fuego por el sur. A medida que avanzábamos el paisaje nos regalaba verdaderas postales: bosques impenetrables, acantilados que desde su altura revelan elevadas caídas de agua, prístinos glaciares. Como en casi toda nuestra travesía, continuamos flanqueados por el vuelo de 22

los fieles albatros de ceja negra y petreles gigantes, las aves marinas más abundantes de la zona. El resto de la avifauna se componía de gaviotines sudamericanos, gaviotas dominicanas, pingüinos magallánicos, cormoranes imperiales y gaviotas australes. En ambos costados, el bosque magallánico siempreverde dominado por el Coigüe de Magallanes y el Canelo, fue testigo de nuestro paso. De vez en cuando era posible observar laderas desnudas por efectos de los aludes que se producen cuando las lluvias arrastran la frágil capa de suelo vegetal. Siendo las 12:30 horas, salimos del canal Gabriel para entrar en el extenso seno Almirantazgo, donde las condiciones climáticas fueron variando a medida que progresábamos. Pasamos abruptamente de un soleado día a un cielo cubierto, que originaba chubascos débiles en forma de agua nieve. En este momento el capitán debió tomar una decisión sobre el itinerario, que originalmente contemplaba la visita al islote


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de los Albatros, donde pensábamos descender para fotografiar la colonia. Como el mal tiempo no cesaba, abortamos aquella excursión para dirigirnos al interior del fiordo Parry. Siguiendo el nuevo trayecto de la jornada, por el flanco derecho comenzamos a divisar los fiordos Brookes y Ainsworth, para finalmente arribar a nuestro destino, donde iniciamos una navegación interior, descubriendo los atractivos naturales del lugar. A las 18:50 horas descendimos hacia una pequeña playa al costado este del fiordo, aprovechando su actual exposición a los rayos solares. Desembarcados, realizamos una breve caminata fotografiando la belleza del entorno: gran cantidad de témpanos desprendidos del glaciar nos servían como modelos para fotografiar. Bosques de coigüe y algunos canelos circundaban la playa. Desde su interior oíamos el insistente llamado del churrín; rayaditos, fiofíos y cometocinos se sumaban al concierto. En lo alto, un jote de cabeza colorada y dos tiuques adornaban el cielo austral. Ya de vuelta en el buque fondeamos en el mismo lugar aprovechando el resguardo y protección que éste nos ofrecía. Cenamos y, como en noches anteriores, procesamos las fotos que habíamos tomado durante el día.

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La isla de los Albatros A las 6:30 horas, como de costumbre, zarpamos hacia un nuevo destino fotográfico. En esta oportunidad visitaremos uno de los grandes atractivos de la expedición: un islote en el cual fue descubierta una colonia nidificante de albatros de ceja negra, en 2003. Saliendo del fiordo Parry, torcemos hacia el sureste por el seno Almirantazgo. En unos minutos pasamos frente a la isla Tres Mogotes. Ya casi en la sección más oriental del seno Almirantazgo, y antes de subir a los botes, Jorge (nuestro biólogo a bordo) nos instruye respecto de las normas para visitar la colonia de albatros, tomando en consideración que están anidando.

© 2010 M. Ignacia Jutronic

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El islote denominado de Los Albatros está situado en la bahía Azopardo, en el extremo oriental del seno Almirantazgo, entre la isla Tres Mogotes y la caleta Benavente. De unos 80 metros de alto, se encuentra cubierto de una densa vegetación de coirón y matorral de mediana altura. El desembarco lo efectuamos en una pequeña playa de piedras, situada en la sección suroeste. Apenas comenzado el ascenso por la empinada pendiente, nos damos cuenta que para llegar a nuestro objetivo se requerirá bastante esfuerzo. Una vez en lo alto, pudimos apreciar el vuelo de las magníficas aves despegando o aterrizando en la cara opuesta y más vertical del islote. Ya elegidas nuestras posiciones, nos dispusimos a la sesión fotográfica. Las aves ni se inmutaron con nuestra presencia, permitiendo retratarlas relajadas y efectuando comportamiento de cortejo. Nuestro acercamiento a ellas fue increíble: logramos una


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© 2010 Daniel Bruhin W.

proximidad de escasos centímetros incluso para hacerles un retrato. Tras dos horas de diversión emprendimos la retirada, satisfechos por la cosecha fotográfica. En nuestro descenso debimos sortear un par de nidos de skúas, aves que nos vigilaban desde lo alto, observando las caídas de algunos fotógrafos, que por su inexistente riesgo se 36

convirtieron en parte del anecdotario de la jornada. De vuelta en el Forrest comenzamos la navegación rumbo al fiordo Ainsworth, al que llegamos a las 13:30 horas. Poco después nos dirigimos a una punta de la bahía Ainstworth, en las inmediaciones del glaciar Marinelli. Con nevazón y viento en contra nos subimos a los botes para efectuar el desembarco. Luego de una caminata de reconocimiento, el biólogo de la expedición encontró al costado de un riachuelo cuatro cachorros de elefantes marinos, de alrededor de un mes y medio de edad. Permanecimos una hora realizando fotografías a los pequeños desde todos los ángulos imaginables. Las criaturas fueron muy buenos modelos, aunque en medio de la sesión la nevazón incrementó su fuerza, lo que originó fotografías de espectacular dramatismo. Retornamos a los botes para cruzar hacia un islote ubicado justo al frente de la bahía Ainsworth. Nuevamente Jorge nos explica la forma de recorrerlo sin causar problemas a las aves que nidifican ni molestar a la fauna existente.


Š 2010 Daniel Bruhin W.


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Antes del arribo era patente la presencia de ejemplares adultos de elefantes marinos, pues sus vocalizaciones rompían el silencio reinante. Observamos una docena de ellos, 38

separados en grupos de tres, más un individuo solitario; todos juveniles. Los grandes animales tendidos en el pasto descansaban plácidamente. De cuando en cuando un bostezo o vocalización nos regalaba un buen retrato. Aparte de los grandes mamíferos en el lugar existe una colonia nidificante de gaviota dominicana y de gaviota austral. Los nidos sobre el suelo se componían de tres huevos en su mayoría y en menor medida de dos. Además de las aves mencionadas avistamos y fotografiamos pilpilenes negro y austral, además de las habituales carancas, patos juarjuales y canquenes comunes. A las 16:30 horas ya estábamos de regreso en la embarcación. En el exterior la nieve seguía cayendo, ahora con mayor intensidad. Mientras revisábamos la cosecha fotográfica, el Forrest navegaba en dirección al fiordo Brookes, al oeste del fiordo Ainsworth, donde fondeamos alrededor de las 20 horas.


De regreso al Estrecho de Magallanes El quinto día de navegación nos sorprendió con un paisaje de un blanco puro en las colinas a nuestros flancos. Las cumbres níveas más altas destacaban contra el azul del cielo. Comenzamos la jornada a las 6:30 horas con proa hacia al islote Tucker, situado al oeste del seno Almirantazgo. Una hora antes del arribo abortamos la visita a aquel lugar donde pensábamos fotografiar la pequeña colonia de pingüinos de Magallanes. Las rachas de viento de más de 70 kilómetros por hora y las fuertes marejadas fueron los argumentos que respaldaron nuestra resolución. En vista de las adversas condiciones meteorológicas, el capitán tomó la decisión de avanzar por el canal Gabriel. A las 13:30 horas salimos de él y entramos al seno Magdalena. Durante toda la navegación tuvimos viento, marejadas y agua nieve. Los albatros de ceja negra fueron nuestros fieles acompañantes, junto a las fardelas, petreles plateados y moteados y gaviotines sudamericanos.

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Cerca de las 15:00 horas, ya en el estrecho de Magallanes, avistamos una ballena unos dos kilómetros al frente. Los chorros expulsados al aire eran visibles por breves instantes. Lamentablemente no tuvimos la suerte de poder contemplar al cetáceo a una distancia adecuada como

para

intentar

fotografiarlo

(la

ballena jorobada recién llega a la zona a mediados de diciembre). Seguimos avanzando en dirección al oeste, para arribar a las 18:00 horas al islote Rupert. Toda esta área se encuentra inserta en el Parque Marino Francisco Coloane, la primera área marina costera protegida del estado y la más extensa del país. Su importancia radica en que se trata de una zona de alimentación de la ballena jorobada, que llega a estas aguas subpolares entre diciembre y junio. La abundancia de alimento para esta ballena y demás especies proviene del afloramiento de aguas profundas debido a la orografía y corrientes reinantes (Cabo de Hornos, Circupolar y del Atlántico). Al llegar al islote Rupert se abrió una ventana de clima más benigno, deteniéndose la caída de agua nieve, lo que posibilitó que descendiéramos en un bote a la costa del islote. Sin embargo las condiciones lumínicas no fueron las mejores para conseguir buenas fotografías. Sí tuvimos una buena oportunidad para observar diversas especies de aves y mamíferos, principalmente pingüino de magallanes, caranca, skúa, pilpilén austral, dormilona, jote de cabeza colorada y cormorán imperial. Entre los mamíferos, lobo de dos pelos sudamericano además de una cola de ballena sei.

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El Parque Marino Francisco Coloane A las 6:30 horas amaneció la sexta jornada, navegando desde el sector sur de la isla Carlos III con dirección al seno Ballena, gran fiordo ubicado al oeste de nuestro punto de origen e inserto en la gran isla Santa Inés. A las 8:00 horas arribamos a un sector donde la expedición realiza faenas de agua. Cuatro de los expedicionarios aprovecharon de dar un paseo por el lugar. A las 9:30 nos dirigimos hacia el glaciar Santa Inés, uno de los más de 15 que posee la isla. Todos estos colosos de hielo milenario tienen su nacimiento en un gran casquete de más de 150 kilómetros cuadrados. Salimos en dos botes llevando box lunch para la aventura, puesto que no retornaremos a almorzar: poco importa, estamos felices de

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nutrirnos con fotos.



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En el trayecto advertimos gran cantidad de aves, muchas de ellas fueron fotografiadas a corta distancia. Vimos carancas con pichones, cormoranes imperiales, canquenes, yecos empollando, gaviotín sudamericano efectuando comportamiento social -incluyendo disputas por una sardina-, petrel gigante y una skúa que nos permitió acercarnos hasta hacerle un retrato. Al llegar a una distancia prudente del frente del glaciar, pudimos observar todo su poder con varios desprendimientos espectaculares. Desembarcamos y el grupo se dividió entre quienes deseaban fotografiar fauna y aquellos que buscaban retratar paisajes. Estos últimos se internaron hacia un misterioso valle virgen a las pisadas del ser humano. La caminata duró tres horas disfrutando el avistamiento de parejas de canquenes, carancas y algunos cóndores que, desde lo alto les salieron al encuentro. Mientras tanto los fotógrafos de fauna tuvieron una visita inesperada y casual en estas latitudes: tres pingüinos rey, dos adultos y un juvenil; como si fueran modelos publicitarias nos entregaron una sesión inolvidable. 48

A las 17:00 horas nos dirigimos al sector sur de la isla Carlos III, donde llegamos con la esperanza de ver alguna ballena jorobada, lo que lamentablemente no ocurrió: Jorge nos había comentado que era difícil verlas en esta fecha, pues normalmente llegan a fin de diciembre.


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Una ruta coronada de sorpresas Aunque nuestro séptimo día de expedición comenzó nublado, a ratos la luminosidad se hacía presente. Después del desayuno salimos en dos botes, separados en según el interés fotográfico. El primero se puso en marcha hacia una roca afloramiento, al sureste de la isla Carlos III. En este lugar vimos alrededor de siete lobos de dos pelos o lobo fino y constatamos la presencia de golondrinas de mar común, así como de un pequeño y escurridizo petrel que aparecía y desaparecía a nuestro alrededor, al que fue imposible hacerle siquiera una foto decente. Dejamos la roca para ir al islote Rupert, costeando todo el sur buscando oportunidades. El desembarco en este lugar no está permitido, ya que la isla está catalogada como área marina y costera protegida, además de ser parte del Parque Marino 56

Francisco

Debimos

Coloane.

conformarnos

con

permanecer en los botes varados en un sector con presencia de pingüinos de Magallanes. A un costado de la pequeña playa permanecía

cuerpo

en

tierra

un quetro no volador inmóvil. Al hacerle una foto de prueba y magnificar la imagen en la pantalla de la cámara, nos dimos cuenta que tenía su cabeza apenas ladeada en nuestra dirección vigilándonos con uno de sus ojos. Para intentar hacerle una mejor fotografía, cambiamos de posición y nos acercamos un poco. Fue en ese momento que el ave dejó su yerta actitud para incorporarse y caminar tranquilamente, para luego correr velozmente a nuestro lado, alcanzando el agua, y perderse chapoteando con sus alas.


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Tras lo anterior seguimos costeando la isla en busca de otras especies. En una pequeña roca costera divisamos una pareja de pilpilenes australes con un polluelo. En otros sectores del islote vimos más pingüinos de Magallanes, carancas, jote de cabeza colorada y skúas. El segundo grupo flanqueó la costa sur de la isla Carlos III, hasta llegar a los domos del campamento científico del lugar. Aquí visitaron el mirador, desde donde se domina el Parque Marino Francisco Coloane. Una vez retornados los expedicionarios en el Forrest, el capitán informó que las condiciones climáticas son favorables para dar inicio a la navegación. Enfilamos al noreste hacia el canal Jerónimo, que comunica las aguas del estrecho de Magallanes y el estrecho Otway, además de separar la isla Riesco de la península de Brunswick.

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A las 16:00 horas navegamos al estero Cóndor, fiordo secundario del canal Jerónimo que se encuentra rodeado por montañas de la isla Riesco. Este sector de la isla está protegido, pues es parte de la Reserva Nacional Alacalufes. Fondeamos al final de dicho fiordo a las 16:30 horas, para luego dar curso a la última excursión del día hacia el lago de la Botella, en un sector de la isla Riesco. La excursión se inició con 5 personas. Una vez en la orilla del estero Cóndor, desembarcamos e iniciamos una agradable caminata bajo la lluvia, rodeados de una flora endémica y exuberante. Luego de 15 minutos llegamos al mirador del lago de la Botella. Entre la flora del trayecto destacan coigüe de Magallanes, canelos, leña dura, ciprés de las guaitecas (la única conífera capaz de crecer en estas latitudes); arbustos como el michay, chaura y romerillo o mata verde son los más abundantes. Entre las plantas, la margarita de los pantanos, grandes helechos como la costilla de vaca y la lengua de gato. También bosques en miniatura compuestos por líquenes, briófitos y trepadoras. 64

De vuelta en la embarcación disfrutamos de la tarde revisando las imágenes registradas. Con los últimos destellos del esquivo astro rey vimos en el agua, a través de las ventanas a unos 100 metros, unas siluetas que en un comienzo no supimos identificar, y que tras una detenida observación llegamos a la conclusión que eran delfines. Rápidamente se preparó un bote con el cual salimos a investigar. Luego de una breve búsqueda, los amistosos delfines -de la especie austral-, salieron a nuestro encuentro. Eran al menos cuatro ejemplares que por algún tiempo se cruzaron y jugaron con nosotros.


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La despedida de los delfines La jornada final a bordo siguió la ruta de regreso. A las 6:30 horas navegamos hacia el canal Jerónimo. En el trayecto, el monte Muela, el más alto de la península de Brunswick, nos salió al encuentro. La navegación rumbo al noreste nos dirigió hacia al seno Otway. El día se presentaba parcialmente despejado. Con el paso de las horas comenzaron a verse las estancias ganaderas típicas del paisaje patagónico. Navegamos por el seno Otway y en los próximos instantes el capitán realizaró una maniobra de viraje hacia la izquierda, lo que nos dejó expuestos por algunos momentos al embate de las olas que nos golpearon por el costado. Luego de instantes de tensión, el Forrest quedó con su proa en dirección al Canal Fitz Roy, último tramo de la travesía. Cuando ya pensábamos que estaba todo dicho, una visita inesperada nos hizo sacar de los bolsos nuestras cámaras fotográficas. Tuvimos en los instantes postreros de esta aventura la compañía de siete ejemplares de tonina overa. El entusiasmo se apoderó de nosotros nuevamente, buscando obtener alguna buena toma de estos juguetones delfines que nos escoltarían por un largo trecho. Fue así como sin darnos cuenta nos acercamos al punto de llegada, en Río Verde. Por última vez se prepararon los botes para llevarnos a tierra firme. A diferencia de los desembarcos anteriores, éste tenía un dejo de nostalgia. Cada uno de nosotros dio un último vistazo a la noble embarcación y se despidió de ella y de la tripulación, con la esperanza de volver en un futuro próximo a revivir los maravillosos momentos de camaradería y pasión por la fotografía que vivimos en un rostro menos conocido de la Patagonia Chilena.

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Ficha técnica M/N Forrest Eslora : 26,21 metros Manga : 6,7 metros Punta : 3,27 metros TRG : 144 ton Motor : Kelvin TS8 320 HP Astillero : J. Cook (Inglaterra) 1967 Tripulantes : 11 Pasajeros alojando: 20 Pasajeros asiento pullman: 40 Acomodaciones : 4 Cabinas Cuádruples 2 Cabinas Dobles 4 Baños Calefacción : Central agua caliente Autonomía : 20 días Balsas salvavidas : 4 x 25 pax c/u Embarcaciones auxiliares : 2 Botes Pumar 12 pasajeros 1 Bote zodiac 6 pasajeros

www.expedicionfitzroy.com info@expedicionfitzroy.com


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www.PatagoniaPhotoSafaris.com info@PatagoniaPhotoSafaris.com


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