COVID-19: HISTORIA DE OPORTUNIDADES PERDIDAS Alfredo Corell Catedrático de Inmunología y vicerrector de Innovación Docente y Transformación Digital de la UVa
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ualquier crisis brinda un momento único para reflexionar, repensar y crecer. Hay muchos pensadores que han dicho que de las crisis tendríamos que hacer oportunidades. Y esto es aplicable tanto en el ámbito personal, como en el ámbito comunitario. Y una crisis sanitaria y económica de la magnitud de la pandemia ocasionada por el SARS-CoV2, nos ha brindado un modelo de magnitudes monumentales para aprender y avanzar, con paso firme y decidido hacia una sociedad… inevitablemente mejor. ¿Mejor? ¿realmente? Dejo estas interrogantes para la reflexión del lector. Durante los primeros meses de pandemia se nos llenó la boca a todos y todas con lo de «de aquí solo podemos salir más fuertes como sociedad». Todo esto convenientemente acompañado de los aplausos de las 20:00 horas a los sanitarios, esos mismos que hoy se han convertido en exigencias, en denuncias y en maltrato. Por parte de los ciudadanos y por parte de las administraciones, que exprimen a una plantilla desgastada, agotada y a todas luces insuficiente. Ahora, retrocedamos por un momento a marzo de 2020. Yo recuerdo aquellos días como si se tratase de una película de ciencia ficción. La más distópica de todas; la peor de las posibles. Peor incluso que otra tan terrorífica como fue Alien, porque al menos en esta veíamos al monstruo a simple vista. Pero cuando el monstruo es microscópico y no sabemos quien nos lo puede contagiar, y comenzamos a sospechar de nuestra amiga, nuestro familiar o el tendero de la esquina… esto da mucho más pavor. Lo invisible provoca peores sensaciones; terrores más profundos. Así que un bichito microscópico nos puso en jaque, a todo el planeta, de un día para otro. Se paró la economía de golpe, se murieron personas, a millares, y nos vimos encerrados en casa con nuestros hijos y compartiendo unos pocos metros cuadrados,
televisiones y ordenadores con mucha gente en casa. Cada día y a todas las horas, sin posibilidades de escape. Fuimos felices por un perro. De hecho llegábamos a alquilar paseos de perro para salir del encierro forzoso. Aprendimos a hacer dulces mediante recetas exprés, y agotamos las harinas de los supermercados. Las harinas y el papel higiénico; este último detalle no sabemos del todo porqué. Y yo pienso ¿cómo vería un ET cualquiera un planeta con su gente encerrada en casa, haciendo pasteles, y la despensa llena de papel higiénico? La vista de pájaro de un extraterrestre sería una valiosa información. Los acontecimientos que me vienen a la mente de aquellos primeros días son como ráfagas breves en la memoria; recuerdo ver aviones secuestrados cargados de los equipos de protección de los sanitarios y de los test diagnósticos que eran tan escasos. Aviones por los
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