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STEVE CAMINO GÁNDARA

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EL DELOREAN

EL DELOREAN

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MEZCLANDO COLORES A ESCALA COLOSAL

DETRÁS DE CADA GRAFFITI CON SU SELLO EMERGE UNA IMPACTANTE TARJETA POSTAL. TRAZOS DE GULLIVER CON PRECISIÓN LILIPUTIENSE QUE RENUEVAN CON ACIERTO LA APARIENCIA DE LIENZOS COTIDIANOS. ESTAMPAS A GOLPE DE SPRAY CON LAS QUE STEVE CAMINO GÁNDARA (LAREDO, 1983) CONVIERTE PAREDES Y MUROS URBANOS EN COLORISTAS GALERÍAS DE ARTE AL AIRE LIBRE.

Fotos: Álvaro Bolívar

Está acostumbrado a enfrentarse a las paredes sin atisbo de vértigo al afrontar el gran formato. Lejos de naufragar por pérdida de perspectiva, Steve tiene un refinado sentido de la proporción que le permite transitar del boceto a la obra final con una precisión que roza la brujería. La cuadrícula es uno de sus aliados cuando la superficie a pintar lo permite. Si no es así, tampoco pasa nada. La última de sus diabluras consiste en valerse del móvil para superponer el borrador sobre una fotografía del espacio a decorar. Luego pintarrajea en una transparencia garabatos al azar. Y a partir de ese código indescifrable y caótico para el común de los mortales, él encuentra los nodos de referencia que le sirven para clavar el resultado final.

Sus trabajos inundan las redes sociales y se convierten en un eficaz reclamo para atraer visitantes a sitios que cobran una nueva dimensión. En junio de 2017 decoró el paño lateral del patio de la Casa de Cultura Doctor Velasco con un sello conmemorativo del Año Jubilar Lebaniego. Fue su primera creación a lo grande, tras resultar seleccionado por la Consejería de Turismo de Cantabria como artista novel dentro del programa Way Art. A partir de ahí llegó una catarata de encargos, a cual más estimulante. Como la antigua cofradía de Colindres, magistralmente ilustrada con fotografías antiguas de inequívoco sabor marinero.

PROFETA EN SU TIERRA

Habituado a romper moldes, su calidad le ha convertido en profeta en su tierra. Basta apostarse junto a alguna de sus obras y aguzar el oído para percatarse de la práctica unanimidad en el elogio a sus trazos. Es el caso del túnel de la Soledad, excavado bajo La Atalaya, transformado

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CAFETERÍA

Si algo caracteriza sus performances es la búsqueda de una integración armónica con el entorno.

ORGULLO A Steve le encanta escuchar elogios de quienes se paran a contemplar sus trabajos

en un espectacular acuario donde el caminante parece explorar las profundidades marinas cual buceador a pulmón libre. Una intervención que respeta al máximo la piedra natural, limitándose a adecentar las partes de hormigón y tela asfáltica, otorgando al conjunto una dimensión sorprendente.

Si algo caracteriza sus performances es la búsqueda de una integración armónica con el entorno. Lo logra con creces en el mencionado túnel. O en su peculiar interpretación del cuadro de Dalí “Muchacha asomada a la ventana”, con la bahía en primer plano, mientras tiñe de explosivo azul marino el muro lateral de las casas amarillas. Riza el rizo en el colegio Pablo Picasso, al plasmar una reproducción del Guernica, escala 1 ‘5:1, que llenaría de orgullo al genial pintor malagueño. Sin olvidar el homenaje a la centenaria Batalla de Flores, en el muro trasero de los Juzgados, donde las alegorías quedan expuestas tras el desfi le. Las casetas diseminadas en el Paseo Marítimo de la playa Salvé reproducen escenas típicas del disfrute playero de ayer y de

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Mecánica general Chapa y pintura

hoy. Y así en un suma y sigue imparable que despierta la curiosidad sobre los antecedentes artísticos de Steve.

Rastrear su huella requiere seguir un hilo invisible que enlaza el barrio de San Lorenzo, el instituto Fuente Fresnedo y el Taller Moowan. El primero fue escenario de algunos de sus recuerdos más felices y de su querencia por lo callejero. Las actuales pistas verdes eran huertas, y las calles, sin asfaltar, ejercían de punto de encuentro para cuadrillas de chavales. Allí creció el más pequeño de una saga que completan David (conocido en el mundillo del fútbol como Camino) y Vanesa. Su padre Esteban se dedicaba a la hostelería (primero como empleado y más tarde al frente del Támesis y del Cartago); y su madre Maricé destacaba como fileteadora de las anchoas especiales, gracias a una excepcional habilidad con las manos en la que Steve encuentra la explicación a su destreza con las manualidades.

IMAGINACIÓN Y CREATIVIDAD

Aquellos finales de los ochenta y comienzos de los noventa fueron un paraíso irrecuperable en el que muchos niños y niñas comenzaron a salvar el planeta antes de que se pusiera de moda el reciclaje. El punto de recogida de basuras se convertía en arsenal para una industria de la imaginación que lo mismo hacía casetes con puertas desahuciadas que usaba el embalaje de una lavadora para construir tanques incapaces de conquistar más territorio que el de las sonrisas. Con aquellas motoretas y behaches, las incursiones se extendían hacia Inducasti, en La Pesquera, donde acaparaban troqueles de círculos dentados para convertirlos en estrellas ninjas. Tiempos agradecidos hasta por la vestimenta, donde los agujeros no bajaban de un siete, las rodilleras y los parches daban una segunda oportunidad a las prendas y donde heredar de tu hermana mayor unos Bonaventure gastados daba para fardar durante semanas ante los colegas.

En cuanto al Instituto Fuente Fresnedo, o de FP en la jerga de entonces, se coló de forma precoz en la vida de Steve. Su tío Toñi era el conserje, residía allí con su familia, y el sobrino acudía con asiduidad atraído por un reto: resolver los puzzles de más de 5.000 piezas que se armaban en las enormes mesas de un aula habilitada en lo que en tiempos fue un bar. Allí adiestró un peculiar sentido de la disposición espacial. Combatió el pánico al vacío. Y afianzó una paciencia y perseverancia que, con los años, se han traducido en agilidad de ejecución sin que ello desmerezca el resultado final.

Cuando recaló en el instituto, ya como estudiante de electricidad, las mesas decoradas a lápiz servían a sus

Es el caso del Túnel de la Soledad, excavado bajo La Atalaya, transformado en un espectacular acuario donde el caminante parece explorar las profundidades marinas cual buceador a pulmón libre.

CERTAMEN. Steve participa en la Liga Nacional del Graffiti, un certamen al que presenta cada nueva creación

El tercer polo de influencia, sin duda el más significativo, se sitúa junto al río Obín, en el camino de la Reina. Se trata del taller Moowan

GUERNICA. Una de sus obras más aplaudidas ha sido la de la fachada del colegio Pablo Picasso. También el homenaje a la Batalla de Flores en la trasera de los Juzgados.

tías, encargadas de la limpieza, para adivinar por qué clases se había movido el inquieto sobrino. Un Steve que para entonces afianzaba su habilidad con el dibujo a base de personalizar las hojas de las carpetas en las que sus compañeras de estudios acababan pegando las fotografías de sus ídolos de adolescencia recortadas del Vale o del Superpop. Cabe resaltar el alarde tipográfico empleado hasta convertirse en un autodidacta aventajado en cuestiones de lettering.

EL TALLER MOOWAN

El tercer polo de influencia, sin duda el más significativo, se sitúa junto al río Obín, en el camino de la Reina. Se trata del taller Moowan, un templo al que empezó a peregrinar con 15 años. Allí oficiaba Blas, primo de su padre, que supo ver y estimular el talento que Steve ya traía de serie. La primera vez que atravesó sus puertas fue para hacer un casco de rugby destinado a rematar el disfraz de carnaval. Tanto disfrutó de la experiencia que, al año siguiente, llegó acompañado de otros catorce amigos para ultimar los complementos del traje de vikingos. A medida que su confianza con Blas ganaba enteros, también lo hacía la intensidad de la exigencia con la que le animaba a afrontar nuevos trabajos. No sólo de pintura, sino de soportes (barro, corcho, madera…), técnicas y herramientas que afianzaron sus cualidades artísticas. Sardinas, artefactos para carnaval, máscaras, cabezudos, figuras del belén municipal... Sin duda, aquella etapa le marcó. Y le aportó una capacidad de “ver por anticipado” que roza lo desconcertante. A este respecto refiere la anécdota de su etapa como alumno en un curso de diseño industrial en Santander. El profesor de maquetas alucinaba con la resolución que mostraba Steve para clavar los prototipos sin seguir el método cartesiano de su instructor. Lo suyo era intuición elevada al cubo.

Durante un tiempo hizo sus pinitos como escayolista, en la época del boom de la construcción. Aprendió el oficio y ganó bien como destajista, ya que, una vez dominada la técnica, todo se resume en habilidad de manos y velocidad, asignaturas en las que siempre fue un discípulo aventajado. Pero la cabra tira al monte, y Steve pronto regresó a la vertiente más creativa. Asumir riesgos ha sido otra de las constantes en su andadura artística. Aún perduran sus primeros decorados en bares o peluquerías, que acudían a él buscando dar una personalidad a sus negocios. Trabajos en los que las dudas inevitables de los comienzos fueron dejando paso a una madurez profesional en la que hoy sigue abriéndose camino.

CALDERA EN EBULLICIÓN

En su auxilio han ido llegando las nuevas tecnologías, como el diseño gráfico por ordenador, que le permiten ofrecer al cliente un avance de la propuesta final controlando hasta el mínimo detalle y, lo que es mejor, con una posibilidad casi infinita de introducir variaciones, Algo que, a mano alzada, resultaría inviable. También le sirven para afianzar su tendencia hacia el dibujo más realista, ya que puede obtener recortes de distintas fuentes para proceder a fusionarlos en la composición final.

Asegura disfrutar a partes iguales del dibujo y la pintura. Aunque reconoce que le estresa más el primero, porque condiciona de manera decisiva el resultado. Respecto al segundo, sigue aprendiendo nuevas técnicas, como eliminar el negro y el blanco y trabajar con las gamas de cada color, que redundan en un mayor realismo a sus obras. Una evolución que le aproxima aún más a dos de sus sus referentes. De un lado, Okuda, con quien mantiene un estrecho contacto desde que colaboró con él en la decoración de la Oficina de Turismo; y por otro, Belin (Miguel

Su mente es una caldera de ideas. Y ya sueña con la cesión de una fachada que le permita perpetuar la icónica estampa de la panchonera con una montaña de carpanchos a la cabeza

COLOR La pintura es el punto de apoyo que necesita Steve para agitar el mundo y hacerlo más acogedor

Ángel Belinchón), un jienense maestro del hiperrealismo, que ahora ha evolucionado hacia el cubismo, y al que Steve sigue de cerca porque le encantan sus trabajos.

Su mente es una caldera de ideas. Y ya sueña con la cesión de una fachada que le permita perpetuar la icónica estampa de la panchonera con una montaña de carpanchos a la cabeza; o incluso con representar la imagen de La Soledad en algún muro significativo. También espera la ocasión de hacer una creación conjunta con Iñigo Ansola y Alfonso Paradelo. Y no deja de relamerse al contemplar los metros de paño que asoman en el muro norte del puerto pejino. Aunque, para rompedora, la idea que baraja para la torre del Alto de Laredo. Su ilusión sería hacerla desaparecer pintándola conforme al paisaje en el que se integra. Una propuesta en la que demuestra que la osadía y el ingenio maridan sensacionalmente bien.

OTROS DESTINOS

La ambición le lleva a apuntar hacia otros destinos. Sabe que ahora, sin ataduras familiares, es el momento de viajar y dejar huella en otras latitudes. Ya estuvo hace una década en tierras gaditanas decorando enormes depósitos de una petrolera. Más cerca de casa, acaba de intervenir en El Corte Inglés de la Gran Vía de Bilbao así como en el Centro Bahía de Santander, de la mano de la Liga Nacional del Graffiti. También ha puesto su arte al servicio de marcas como Aire Retro. E incluso se ha atrevido con cabinas de camiones. A futuro, tampoco descarta lanzar su propia línea de moda, siempre que logre resolver las incertidumbres que rodean este tipo de proyectos.

Mientras el taller de tatuaje le sirve como estabilizador de sus ingresos, tampoco hace ascos a otros planteamientos creativos en otros formatos pictóricos. Poco a poco sigue acumulando obra, tras la abrupta interrupción de una intensa y gratificante colaboración con David Arranz, a quien extraña con el desgarro de quien ha perdido una parte de sí mismo. En el tintero quedaron ilusionantes proyectos, aparcados hasta que la eternidad pueda volver a unirles de nuevo. Mientras tanto, seguirá tirando de botes y mezclandocolores (su nombre de guerra en redes sociales) para insuflar nueva vida a rincones que nunca lucieron con tanto encanto.

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