Teoría y acción en la década de los prodigios

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Como toda crónica donde los hechos se narran según el orden temporal en el que ocurrieron, y por parte de testigos presenciales o contemporáneos, como fue mi caso, lo que haré a continuación será trazar la línea temporal en la que fueron ocurriendo los acontecimientos. En primer lugar, se determinará el detonante de esta generación de arquitectos mentores de una teoría y una acción nuevas. Todo comenzó con un cambio generacional ocurrido a inicios de la década de 1990 en los puestos de dirección y redacción de las revistas de los colegios de arquitectos de Madrid y Cataluña, que pasaron a estar dirigidas y elaboradas por una generación de arquitectos con apenas treinta años cumplidos. Así, tenemos a Manuel Gausa al frente de Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme del Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña (COAC) —quien de 1991 a 1999 llevó a cabo 34 números (del 190 al 224)—, con un comité de redacción formado primeramente por Albert Ferré, Jaime Salazar, Ignasi Pérez y Jordi Bernadó, y diseñada por Ramon Prat. Con el paso de los años se fue incorporando al equipo un grupo de redactores aún más jóvenes.1 En Madrid, en cambio, fue un equipo más homogéneo en cuanto a la edad. Así, los arqui-

tectos que estuvieron al frente de la revista Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM) —de agosto de 1991 a noviembre de 1992, quienes realizaron seis números (del 288 al 293)— estuvieron bajo la dirección de Federico Soriano —quien también se encargó de la maquetación— y Fernando de Porras-Ysla, junto con un comité de redacción formado por Iñaki Ábalos, Juan Herreros, Luis Burillo, Luis Moreno Mansilla, Emilio Tuñón, Gabriel Ruiz Cabrero, Stan Allen, Luis Feduchi y Ricardo Sánchez Lampreave. El cambio producido en ambas publicaciones consistió en que los propios directores y redactores afrontaron los contenidos de la revista a través de un posicionamiento frente a la situación existente, más que mostrando de forma aséptica la producción de obras de sus respectivos colegiados —y, cuando se hacía, siempre se enmarcaba dentro de un debate más internacional e intencionado—. Todos participaron activamente en la elaboración de artículos, investigaciones, reportajes y revisiones de arquitectos, tanto contemporáneos como de figuras del pasado. Es decir, apostaron por establecer un marco teórico propio, acomodado a sus nuevos intereses y dirigido a establecer un terreno propicio a su simultánea práctica profesional. Como ha declarado Federico Soriano acerca del papel de las revistas en aquellos años, éstas “fueron el material de experimentación fuera de la escuela […]. Sirvieron para reunirse, empezar a discutir de arquitectura […], generando unas ilusiones, unos intereses, una manera de trabajar, unos instrumentales, etc., que compartimos una serie de arquitectos que empezamos a presentarnos a concursos […]; fueron revistas que servían para pensar la arquitectura […], el medio donde se gestan las ideas […]. Las revistas son la universidad fuera de la universidad, un lugar de intercambio”.2 El nuevo modo de enfocar una publicación colegial tiene un claro precedente en la etapa de Josep Lluís Mateo al frente de Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme —quien llegó a elaborar 46 números (del 144 al 190) de enero de 1981 a septiembre de 1991—.3 Con Mateo, la revista trascendió el ámbito local y pasó a tener un papel determinante en el contexto internacional, al hacerse eco del trabajo de los arquitectos emergentes como Rem Koolhaas, Herzog & de Meuron, Diener & Diener, Coop Himmelb(l)au, etc. En dicha etapa, Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme amplificaría la tradicional figura del arquitecto, asociada a mero constructor de objetos, hasta la del pensador, teórico e interesado en la difusión de nuevas ideas. Hubo otros precedentes, tales como Ignasi de Solà-Morales y Rafael Moneo, quienes también trabajaron simultáneamente en el ámbito de la enseñanza, la crítica, la práctica profesional y la difusión de la arquitectura. Ignasi de Solà-Morales lo hizo desde la Escuela de Arquitectura de Barcelona (ETSAB) y mediante sus vínculos internacionales que estableció como cofundador; junto a Peter Eisenman y Arata Isozaki, de los encuentros Any.4 Rafael Moneo, como profesor en las escuelas de Barcelona, Madrid y, más tarde, Harvard University, y junto con los demás miembros de la redacción de la revista Arquitecturas bis.5 Sin embargo, podríamos ir todavía

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Crónica de una hazaña colectiva Ricardo Devesa

Crónica de las posiciones contra crónicas Defender y argumentar posiciones, en lugar de narrar y documentar crónicas: ésta fue, al mismo tiempo, la ruptura creada y la irrupción de un nuevo proceder que tuvo lugar en los presupuestos teóricos de la arquitectura española a finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Sin embargo, mi situación y la experiencia vivida en la década de 1990 en Barcelona, como joven aprendiz y como testigo presencial e implicado, me sitúa más como cronista de los acontecimientos que como promulgador de las posiciones defendidas por aquella generación de arquitectos nacidos en torno a 1960.

Del congreso de la UIA en Barcelona (1996), a la exposición On-site en el MoMA de Nueva York (2006)

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más atrás en el tiempo y recordar la actividad del colectivo catalán Grup R.6 Incluso, podríamos remontarnos más lejos, hasta la revista AC. Documentos de Actividad Contemporánea,7 como medio de difusión de las ideas del GATEPAC. Por tanto, la generación de arquitectos que empezó a trabajar a partir de 1990 es también fruto de una larga tradición arraigada en España. Todos coinciden en entender la figura del arquitecto como un personaje activo —reactivo, que diría Manuel Gausa— no sólo en la práctica profesional, sino también en la teorización y la difusión de nuevas ideas para la arquitectura de su tiempo. Volviendo al acontecer de los hechos, veamos ahora qué sucedió después de que estos jóvenes arquitectos dejaran las respectivas revistas. Tras Arquitectura del COAM, Federico Soriano funda y dirige junto con José Alfonso Ballesteros Fisuras de la cultura contemporánea, la primera revista de bolsillo sobre arquitectura, que inspiró tantas publicaciones de pequeño formato como Metalocus, Oeste, O monografías, Sin marca, Postboks, UHF, Belleza, etc. Ballesteros, por su parte, funda y dirige las revistas Astrágalo, Pasajes de arquitectura y crítica y Pasajes construcción. Iñaki Ábalos y Juan Herreros hacen otro tanto y fundan la Liga Multimedia Internacional (LMI) que recoge sus reflexiones en la publicación Exit. Emilio Tuñón, Luis Moreno Mansilla y Luis Rojo crean Circo, pequeña revista postal que aún sigue en activo. También Fernando de Porras-Ysla, quien entró a dirigir la revista Bau de los colegios de arquitectos de León y de Castilla-La Mancha, a cuya dirección se unieron Ginés Garrido y Ricardo Sánchez Lampreave tras haber formado parte del comité de redacción junto con César Ávila. Por su parte, Ricardo Sánchez Lampreave también inició su particular proyecto editorial como fundador y editor de la revista Transfer y, más tarde, como director de Formas, revista del Colegio de Arquitectos de Ciudad Real; en la actualidad, Lampreave dirige su propia editorial. En 1995 algunos miembros de Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, antes incluso de que finalizara el contrato con el COAC, fundaron el equipo multidisciplinar Actar, a modo de cooperativa, del que son miembros fundadores Manuel Gausa y Ramón Prat, junto con Jordi Bernadó, Oleguer Gelpí, Ignasi Pérez y Aureli Santos.8 Al finalizar la etapa de Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, Manuel Gausa y su equipo pusieron en marcha el proyecto de la publicación Verb Boogazine, entendida como una evolución y afirmación de Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme, aunque sin “peajes” colegiales.9 La publicación “nació con la voluntad de participar en la redefinición de la práctica de la arquitectura como resultado de la implementación de las tecnologías de la información”.10 Por tanto, a finales de la década de 1990 se produjo gracias a estos arquitectos una eclosión de nuevas publicaciones no comerciales11 que propició una renovación de los discursos teóricos, más allá incluso de la escala nacional. Todo empezó a derivar en una aventura común durante el XIX Congreso Interna-

cional de la UIA Barcelona en 1996, concretamente, en el Encuentro Internacional de Revistas y Medios de Difusión de Arquitectura que tuvo lugar bajo el título de Arquitectura y Comunicación. Fue organizado por la revista Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme y en él se dieron cita ya algunos futuros miembros que, más tarde, formarían parte de la plataforma Metápolis. Otro cambio relevante producido en la década de 1990 fue que las escuelas de arquitectura abrieron sus aulas a esta nueva generación de arquitectos como profesores, algo que sucedió más en Madrid que en Barcelona. No obstante, fue la creación de nuevas escuelas privadas lo que posibilitó que esta generación entrase en la docencia. Así sucedió en Barcelona con la apertura de la escuela de arquitectura (ESARQ) de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC). Fundada en 1996, a ella se incorporaron Manuel Gausa, Vicente Guallart, Willy Müller y Federico Soriano, entre otros arquitectos de la misma generación y otros aún más jóvenes. De hecho, fue en esta escuela de la UIC donde tuvo lugar el seminario objeto de este libro. Titulado Otra Mirada. La Acción Crítica como Reactivo: Posiciones contra Crónicas, se celebró entre el 9 y el 12 de diciembre de 1997 bajo la dirección de Manuel Gausa. Sus intenciones se recogieron en el texto del cartel que promocionaba el seminario, donde se definía perfectamente el papel deseado para esta nueva manera de entender la labor crítica:

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“Hoy podemos hablar de una nueva voluntad arquitectónica decidida a encarar positivamente, con optimismo, la realidad contemporánea. No pretende imponer códigos mecánicos, ni ‘aleccionar’ con modelos prefigurados. Tampoco gusta de refugiarse en la coartada erudita, en el distanciamiento escéptico o en el diseño embellecedor […]. Quiere infiltrarse en la realidad. Entender procesos. Involucrarse con los agentes que los provocan. Entender las nuevas condiciones del proyecto […]. Quiere propiciar, desde una interpretación activa del propio marco de referencia, sistemas operativos capaces de generar formas y espacialidades más directas, rotundas, y eficaces ante la progresiva complejidad de los nuevos escenarios contemporáneos. Nuevas acciones para nuevas situaciones. Es ésta una nueva arquitectura que también precisa nuevos mecanismos de reflexión: otra mirada crítica que podríamos también calificar de reactiva […]. Siempre desde la ambición teórica imbricada con la vocación práctica […]. Entendiendo, en último término, la labor de la crítica no sólo desde la descripción y el reconocimiento de las cosas, sino también desde la comunicación y el intercambio de las inquietudes”.12

Estos dos encuentros —el congreso de Arquitectura y Comunicación en la UIA y el seminario La Otra Mirada celebrado en la ESARQ— propiciaron la creación de Metápolis por parte de los miembros asociados de Actar quienes, separados en dos

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ámbitos independientes (Actar Proyectos Editoriales y Actar Arquitectura), fundaron en 1998 la plataforma civil Metápolis junto con Vicente Guallart, Willy Müller, Enric Ruiz-Geli y Xavier Costa.13 Sin embargo, ya en 1997 celebraron el primero de los tres festivales de arquitectura Metápolis: el primero fue de ámbito local, el segundo nacional (1999) y el tercero internacional (2000), que produjo como resultado editorial el Diccionario Metápolis de arquitectura avanzada publicado en 2001. En 2003 se editó la versión inglesa revisada y ampliada con más de 50 nuevas contribuciones —que se extiende a otras generaciones posteriores y de ámbito internacional—, lo cual le dio un eco mundial relevante. 14 A través de los festivales Metápolis y de su diccionario, dicha generación fue capaz de crear un frente común, al definir su propio vocabulario, establecer su lenguaje y su gramática. Con Metápolis lograron construir un marco teórico propio vinculado a nuevas formas de abordar el proyecto arquitectónico. Junto con un glosario de términos y conceptos, también dispusieron un muestrario de proyectos y obras hechos por ellos mismos. Conceptos y proyectos, pues, se retroalimentaban y apoyaban el mensaje que se pretendía transmitir. Quien quiera comprender las nuevas claves de la arquitectura en el cambio de siglo deberá consultar inevitablemente estas dos ediciones del diccionario. En 2003 se producen otros dos acontecimientos relevantes, y que son consecuencia directa de los festivales Metápolis. Por una parte, se crea el Instituto de Arquitectura Avanzada Metápolis, que pasaría en breve a llamarse Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya (IAAC), auspiciado por los tres miembros dinamizadores de la plataforma: Manuel Gausa, Vicente Guallart y Willy Müller. El otro evento fue la exposición HiperCatalunya: territorios de investigación en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA),15 celebrada en octubre de 2003 y comisariada por los mismos tres miembros de Metápolis arriba mencionados. Su objetivo fue proponer —nada más y nada menos— cómo podría ser Cataluña a treinta años vista, considerada en su geografía, redes, hábitats y culturas.16 En realidad, esta exposición fue el principio del fin de unos años de efervescencia y trabajo en común para esta generación pues, a partir de este punto, cada uno de estos activistas iría tomando su propio camino en solitario. La plataforma Metápolis se disolvió en 2006, paradójicamente, el mismo año en el que tuvo lugar la exposición que celebraría el triunfo y el reconocimiento internacional de la arquitectura contemporánea española en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York. La exposición titulada On-site, new architecture in Spain fue el cenit de todo un largo proceso de difusión y atención excepcional a nuestra producción arquitectónica.17 Sin embargo, la producción teórica que sustentó toda la práctica de aquellos años quedó obviada e ignorada en favor de la producción de obras cons-

truidas o en fase de construcción. Terence Riley, su comisario, no tuvo en consideración los presupuestos teóricos enunciados por la generación objeto de este libro, ni por las anteriores. On-site dio, pues, una imagen incompleta de una generación de arquitectos cuya revolución y cambio se habían producido desde unas renovadas estructuras teoréticas hacia la construcción concreta de sus proyectos. Esta ha sido, pues, la crónica de los diez años que distan desde el citado congreso de Arquitectura y Comunicación de la UIA en Barcelona en 1996 —hito fundacional de dicha generación de arquitectos que inauguraron una nueva labor teórica— hasta su “parcial” representación y vitoreo internacional en la exposición de Nueva York en 2006.

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Otra teoría sí, pero ¿cuál, para quién y cómo? Hasta ahora hemos visto el contexto en el que surgió y operó esta nueva teoría, pero ¿cómo funciona una teoría cuyo cometido es defender y promulgar nuevas ideas? ¿Cuál es el perfil de sus autores?, ¿y el de su público?, ¿a quién va dirigida? ¿Cuál puede ser su misión o qué papel estratégico quiere desempeñar en el debate general? ¿Qué papel tendrán las ilustraciones, el diseño gráfico, la tipografía, los estilos narrativos, los formatos? ¿Cuál será el lenguaje empleado?, ¿y el tono general? ¿Cuáles serán sus fuentes bibliográficas?, ¿sus referentes?, ¿sus archivos de consulta? ¿Qué da por sentado la teoría?, ¿y qué no da por sabido y, por tanto, se trata como algo problemático que necesita decidirse, discutirse o resolverse? Finalmente, cabe preguntarnos, ¿cumplió sus cometidos?, ¿fueron útiles sus argumentaciones a los propósitos iniciales?18 El perfil común de los autores es el de arquitectos en activo, es decir, arquitectos que proyectan y construyen. Cuando la teorización, pues, se aborda por un arquitecto en ejercicio —que no crítico ni historiador—, ésta se basa en argumentar su posición frente a la arquitectura que piensa, produce y construye (si tiene la oportunidad, claro). Por tanto, los escritos de estos autores no se dedican al análisis de obras concretas de un pasado lejano, ni incluso de un presente y, de hacerlo, es para servirse de ellos y no para comprenderlos como objetos. Se aprovechan de las teorías implícitas de otras arquitecturas para, interesadamente, extraer de ellas aquello que les ayude a conformar sus especulaciones conceptuales. Son irreverentes con los “maestros” y sus predecesores, y se apartan de todo lo que tenga que ver con la ortodoxia desde una actitud incluso provocativa y beligerante. En palabras de Manuel Gausa, son críticos con “una implicación lúcida y subjetiva. Personal y activista. Ni ecléctica, ni distante. Ni escéptica ni dogmática. Involucrada, apasionada, precisa y astuta a un tiempo…”.19 El público al que se dirigen estos autores no es más que ellos mismos y quienes

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quieran apoyar y enrolarse a su causa. Otras veces se dirigen a los políticos usando sus propias armas; es decir, con eslóganes publicitarios creados a modo de consignas. Sin embargo, sus contenidos raras veces son políticos, aunque presenten soluciones a algunos problemas sociales como la vivienda o el espacio público. Se trata de textos que pretenden convencer al lector más desde el tono general que desde sus argumentaciones. Apuestan por lo novedoso sirviéndose de un tono provocador y altamente ideológico. De ahí que definan posiciones más que crónicas, pues su verdadera finalidad es producir una agitación en los debates del momento. A quienes les impresionará más el discurso es, por tanto, a los estudiantes y jóvenes arquitectos, por su poder de seducción, tanto desde el contenido como desde el modo de ofrecerlo y disponerlo en imágenes y diseños llamativos, novedosos y atractivos (a pesar de la merma en su legibilidad). En efecto, las imágenes forman parte indispensable del discurso teórico; los contenidos entran por los ojos. Cada ilustración está escogida premeditadamente para que, en sí misma, forme parte principal del mensaje. El espacio que se dedica a las ilustraciones es tanto como el que se reserva al texto. Los discursos han sido pensados desde las imágenes y, por tanto, se presentan a partir de ellas. La exagerada puesta en escena de su diseño gráfico, las nuevas tipografías y maquetaciones sobrecargadas forman en sí mismas parte del contenido. En consecuencia, el mensaje se ofrece envuelto en un todo compacto cuyo objetivo es provocar y reclamar la atención del lector. Los estilos literarios son variados y heterogéneos; en algunos casos, incluso se llegan a crear estilos propios como, por ejemplo, el invento de Federico Soriano de los “Artículos hipermínimos”, ensayos reducidos a doscientas palabras, pero que mantienen la misma estructura.20 Aparte de hacer uso también de los ya clásicos manifiestos de las vanguardias, se sirven de los cuentos y fábulas como aquellos que se recogen en el último apartado del libro. Incluso las memorias de los proyectos adoptan el estilo de un relato breve con una trama narrativa que consigue dar vida al proyecto. Sin embargo, lo más novedoso consistió en el empleo de cartografías, mapas, árboles genealógicos, collages, así como el uso de modelizaciones de datascapes.21 Esta generación de arquitectos ha acuñado gran cantidad de neologismos, a veces a partir de juegos de palabras (“natuficio”, “digitonatura”, “proneísta”, etc.), otras veces al fusionar términos (espacio esgrima, no caja, etc.). También al añadir raíces griegas y latinas (hiperlugar, antitipo, etc.), o al convertir en verbos algunos sustantivos e incluso nombres (“muarear”, “topolear”, “deleuzable”, etc.). Asimismo, han empleado sin prejuicios vocablos anglosajones (loops, chunking, etc.) o han dotado a antiguos términos de nuevas acepciones arquitectónicas (estenosis, injertos, brotes, etc.). Han confeccionado, pues, sus propios vocablos con el fin de instaurar un len-

guaje en el que reconocerse como colectivo y como generación. La primera iniciativa se recogió en la sección de la revista Fisuras titulada “Diccionario por fascículos”. Más tarde, llegaron a confeccionar un glosario de voces propias, como ya apuntamos, en el Diccionario Metápolis de arquitectura avanzada, ilustrado con sus proyectos, obras e imágenes publicadas con anterioridad en sus escritos. La producción arquitectónica, teórica y editorial más influyente de la década de 1990 provenía más de los Países Bajos que de Estados Unidos. Su influencia causó un gran impacto, tanto en aquella generación de arquitectos como en los editores y diseñadores emergentes. Sus referentes fueron las publicaciones ideadas por OMA/Rem Koolhaas, MVRDV o UN Studio y revistas como Archis, Arch+, AD, DB, Bauwelt, etc. Lo mismo sucedió respecto a las influencias llegadas desde los foros académicos, cuyo debate allí generado se difundía a través de las revistas de las escuelas e institutos de arquitectura europeos como AA Files, Hunch y Oase. Estas revistas fueron más decisivas que las publicadas por las escuelas de posgrado estadounidenses, como Assemblage, Perspecta o Harvard Design Magazine, pues en Estados Unidos los enfoques y contenidos se dedicaban a revisiones del movimiento moderno y a su historiografía, elaborados por parte de autores profesores e historiadores con dedicación exclusiva a la investigación. En cambio, desde Europa, fueron los arquitectos en activo quienes promovieron nuevas aproximaciones al proyecto desde una teorización basada en lecturas más cínicas e instrumentalizadas de la contemporaneidad. Por ello, estos arquitectos se sentían más identificados con los discursos elaborados desde los Países Bajos y el Reino Unido. Sin embargo, sus referentes no sólo fueron arquitectónicos, sino que también procedían de otras disciplinas; entre ellas, tuvieron gran influencia tanto los ensayos científicos de autores, tales como Douglas R. Hofstadter, James Gleick, Benoît Mandelbrot, Ilya Prigogine, Michel Serres, Jorge Wagensberg, etc., como los estudios sociológicos y antropológicos realizados por Marc Augé, Manuel Castells, Manuel Delgado, François Ascher, Jean Baudrillard y David Harvey, entre otros. Igualmente, estudiaron las obras de filósofos como Manuel DeLanda, François Lyotard, Richard Rorty, Edgar Morin, Gilles Deleuze, Félix Guattari, Michel Foucault, Francisco Jarauta, Javier Echeverría, José Luis Pardo, etc. E incluso se nutrieron de influencias literarias de autores como Italo Calvino, Paul Valéry, Georges Perec, Paul Auster, Boris Vian, Lewis Carroll, Raymond Carver, Joseph Conrad, Michel Houellebecq, etc. Fue ésta una generación que introdujo en su imaginería particular escenas de películas de Carol Reed, Dziga Vértov, los hermanos Marx, Buster Keaton, Ridley Scott, o fotografías de Gabriele Basilico, Manolo Laguillo, Jordi Bernadó, Luis Asín o Ramon Prat. También acompañaron sus escritos con ejemplos de obras artísticas de Joseph Beuys, Rebecca Horn, Joel Shapiro, Sol LeWitt, Gordon Matta-Clark, etc., e incluso

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representaciones de partituras de compositores contemporáneos como György Ligetti, Sylvano Bussotti o John Cage. Sin embargo, supieron mirar igualmente hacia las obras de arquitectos del pasado cuya vigencia les interesaba rescatar, tales como las de Frederick Kiesler, Josep Maria Jujol, Konstantín Mélnikov, Claude Parent, Mario Ridolfi o Sigurd Lewerentz, entre otros. Estas influencias reflejan, en definitiva, la apertura de miras y el sesgo multidisciplinar de las aportaciones que recibió la teoría de la arquitectura con dicha generación. Los contenidos de los textos tuvieron diversas temáticas y propósitos. Unos desarrollaban una manera nueva de mirar la realidad, de escarbar en los cambios estructurales del momento. Otros trataban de argumentar y explicitar las nuevas herramientas del proyecto arquitectónico. Otros más hacían apología de sus posicionamientos teóricos para lograr una empatía con sus lectores. Sin duda, la ciudad fue el tema más persistente en sus escritos e insistieron en una nueva comprensión y aproximación al hecho urbano con relación al territorio, las redes informacionales, las infraestructuras y los cambios sociales. También el espacio doméstico fue revisado a partir de las nuevas formas de habitar, de la incorporación de las tecnologías de la información y las implicaciones de vivir en un mundo cada vez más nómada. El otro tema recurrente fue el entendimiento del proyecto arquitectónico desde claves topográficas y paisajísticas más que volumétricas y objetuales. Desarrollaron nuevas herramientas proyectuales capaces de interaccionar con otras lógicas planteadas desde las teorías del caos, la indeterminación, las matemáticas de los fractales o la irrupción de lo digital en lo cotidiano. Por tanto, las cartografías, los mapeos y la modelización de los datos fueron la nueva base para que arrancara el proyecto, más que las metáforas y las referencias eruditas al pasado. Plantearon, pues, varios interrogantes a la disciplina y al papel del arquitecto como simple constructor de espacios. Finalmente, cabe preguntarnos por la utilidad de esta teoría y saber si cumplió sus cometidos. Por una parte, sí que fue capaz de articular un discurso teórico renovado —como vimos anteriormente— alrededor de nuevas temáticas, autores, modos de presentación, estilos narrativos, diseño gráfico, fotografía, etc. Además, este marco teórico consiguió hacerse bajo una conciencia de grupo a modo de “manifiesto colectivo”, como afirma Manuel Gausa. Por otro lado, introdujo otras maneras de difundir la arquitectura desde revistas y publicaciones, las cuales resultaron imprescindibles para generar renovados debates, exponer nuevas ideas y aleccionar con otras prácticas. De hecho, muchos de los aprendices que estuvimos cerca de ellos en ese momento fuimos incentivados para continuar la labor editorial en otras publicaciones posteriores.22 De igual manera, ha sido relevante que los miembros de esa generación terminaran sus tesis doctorales. Así han podido acceder a puestos académicos estables y, consecuentemente, ahora están desarrollando nuevas temáticas en sus cursos

de proyectos. Y también están logrando que los cursos de doctorado se basen en temáticas más contemporáneas y no tanto en revisiones de antiguos maestros de la modernidad o en figuras por redescubrir de las vanguardias. A través también de su docencia en escuelas internacionales, se ha abierto, más aún si cabe, la afluencia de jóvenes arquitectos a centros de posgrado estadounidenses y europeos, en los que la dedicación teórica está más instaurada como labor intrínseca al arquitecto.23 Pero, sobre todo, la teorización fue útil en cuanto al consecuente cambio en el ejercicio de la arquitectura. Muchos de los edificios de aquel momento son prueba de ello. Nombremos sólo algunas obras construidas por esta generación para comprender la interacción que se dio entre teoría y práctica: el palacio de congresos y de la música Euskalduna Jauregia, en Bilbao (1992-1999) de S&Aa, no puede desligarse de los ensayos teóricos de Federico Soriano recogidos a lo largo de los años en artículos como “Sin escala”, “Sin forma”, “Sin límites” y “Sin bordes”. El bloque de viviendas Llull/Taulat, en Barcelona (2002-2005), de Actar Arquitectura, es fruto de las investigaciones de Manuel Gausa sobre la vivienda durante su etapa en Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme y recogidas en su libro Housing: nuevas alternativas, nuevos sistemas. El pabellón marítimo y las distintas intervenciones en la costa de Vinarós (2007-2009) de Vicente Guallart son consecuencia de sus reflexiones en torno a lo digital y la construcción de geografías artificiales. También el nuevo mercado de las flores de Mercabarna, en Barcelona (2005-2008), de Willy Müller, recoge varios de los intereses sobre las nuevas operaciones formales del proyecto, tales como los pliegues, los relieves, etc. O Enric Ruiz-Geli quien, al frente de su estudio Cloud9, ha aplicado en el edificio Media-Tic (2005-2009), en el distrito 22@ de Barcelona, los procesos de diseño CADCAM digitales y la teoría de redes. También la torre Woermann, en Las Palmas de Gran Canaria (2001-2005), de Ábalos, Herreros y Sentkiewicz es la consecuencia lógica de varios años de investigación recogidos en sus libros sobre los rascacielos y las técnicas contemporáneas del proyecto. Y, por último, no hubiera existido la terminal internacional del puerto de Yokohama, de Foreign Office Architects (1996-2002), sin el trabajo desplegado por Alejandro Zaera-Polo y Frashid Moussavi en la Architectural Association, precisamente por solicitud de la revista AA Files.24 Y, viceversa, a partir de este proyecto fueron capaces de teorizar sobre “la reformulación del suelo” y aplicarla a su práctica posterior. El papel de la teoría, por tanto, no consiste en conformar un a priori para la práctica de la arquitectura, ni tampoco surge a partir de las obras construidas para desarrollar posteriormente un pensamiento teórico. Ambas se producen a la vez, pues, como sostienen Ábalos y Herreros, la “reflexión debiera incorporar tanto la teoría como la práctica, de forma que ambas se alimentaran mutuamente, y así negarse a entender estos aspectos de la disciplina como momentos separados y/o especializados”.25 En

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efecto, estos arquitectos elaboraron unas prospecciones teóricas que les permitieron proyectar sus obras, pero, al mismo tiempo, las reflexiones fueron hechas desde la práctica, en donde instigaron y testaron las nuevas conjeturas teóricas enunciadas, para impulsarlas más allá en sus planteamientos iniciales.

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Oleguer Gelpí, Florence Raveau, Brigitte Hübner, Susanna Cros, Eugeni Bach, Amadeu Santacana y Ricardo Devesa se incorporaron al equipo de redacción de Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme en años sucesivos, en diferentes tiempos y con responsabilidades dispares. 1

Véase la entrevista a Federico Soriano en 0300TV, en la que habla de la importancia de las revistas de la década de 1990, en las que estuvieron involucrados algunos compañeros de generación y que fueron cruciales para establecer otra mirada hacia la arquitectura: www.0300tv.com/2009/09/federico-soriano-interview-federico-soriano-asociados. 2

Como consejo de redacción inicial, Mateo contó con Eduard Bru y Ricard Pie, y más tarde se fueron incorporando Marta Thorne, Marta Cervelló, Montserrat Periel, Manuel Gausa y Albert Ferré. El diseño corrió a cargo de Quim Nolla, quien fue asistido por Ramon Prat desde el número 181-182. 3

Opop! Optimismo Operativo en arquitectura es el título de un libro ideado y prologado por Manuel Gausa que recoge algunas muestras de la arquitectura europea de principios de siglo asociada a una nueva voluntad y lógica proyectual concebida colectivamente.26 Analicemos los dos términos de este título: por un lado, ser optimista significa ser propenso a ver y a juzgar las cosas en su aspecto más favorable, más positivo; por otro, tener una actitud operativa equivale a ser crítico y creativo a la vez. Se trata de una actitud que se caracteriza por plantear alternativas a los problemas suscitados por una situación. Por tanto, tener una actitud opop! conlleva simultáneamente tener una posición crítica y desarrollar una acción creativa, ambas desde una disposición eufórica, entusiasta e incluso esperanzadora. “Optimismo” y “operativo” son dos términos, pues, que resumen la actitud común entre los arquitectos a partir de la década de 1990 —ya no sólo en el ámbito estatal, sino también europeo— frente a una nueva realidad emergente. Un momento de verdadero relevo generacional, de una efervescencia extraordinaria, donde el papel de la especulación teórica fue determinante para que se produjeran dichos cambios. Se trató de una teoría elaborada y presentada desde las revistas y publicaciones y auspiciada por un trabajo en común desde plataformas colectivas. También contribuyó a ello la creación de nuevos programas académicos en las escuelas privadas y en los institutos de posgrado recientemente creados. Todo este florecer teórico dio lugar a una eclosión en la práctica profesional que no puede desligarse de todo el esfuerzo y pasión por teorizar y difundir las nuevas ideas y ofrecer nuevas formas de reflexión en torno a la disciplina y el quehacer de los arquitectos. En definitiva, se trató de un cúmulo de prodigios que se dieron cita en aquellos años y que lograron conformar un proyecto colectivo que tuvo un impacto sin precedentes en el panorama arquitectónico internacional. Ahora nos tocaría, desde los proyectos y las obras construidas, revisar y retroalimentar las líneas teóricas inauguradas por aquella generación sin olvidar la consigna que nos legaron: teoría y acción.

Véase la reciente valoración que ha hecho Iñaki Ábalos de la labor de Ignasi de Solà-Morales como crítico e historiador en el prólogo titulado “El puente Ignasi”, publicado en Solà-Morales, Ignasi de, Los artículos de Any, Fundación Caja de Arquitectos, Barcelona, 2009, págs. 7-18. 4

La revista Arquitecturas bis (números 1-52, publicados desde 1974 a 1985) estuvo dirigida y editada por Rosa Regás, y su comité de redacción lo formaron: Oriol Bohigas, Federico Correa, Lluís Domènech, Tomás Llorens, Rafael Moneo, Helio Piñón, Manuel de Solà-Morales y Enric Satué. 5

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Véase Rodríguez, Carme y Torres, Jorge, Grup R, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1994.

La revista AC. Documentos de Actividad Contemporánea fue editada por el GATEPAC entre 1931 y 1935. En 1975 la Editorial Gustavo Gili (Barcelona) publicó una edición facsímil y en 2005 lo hizo nuevamente la Fundación Caja de Arquitectos (Barcelona). 7

Y como miembros asociados Albert Ferré, Jaime Salazar y Florence Raveau, así como Cristina Lladó (historiadora) y Anna Tetas (filóloga). 8

El equipo estaba formado por Jaime Salazar, Albert Ferré, Ramon Prat, Anna Tetas y Ricardo Devesa; finalmente fue editada por Albert Ferré, Ramon Prat, Jaime Salazar y Anna Tetas y con los años se fueron incorporando Tomoko Sakamoto, Michel Kubo, Inene Hwang y Mario Ballesteros. 9

Ferré, Albert y Salazar, Jaime, “Uso y prestaciones. Sobre la producción y difusión de arquitectura (Actar)”, en Alday, Iñaki (ed.), ARQCAT, COAC, Barcelona, 2008, págs. 206-211. 10

Por publicaciones comerciales me refiero aquí a otras revistas dedicadas a la difusión monográfica de obras y arquitectos, así como temáticas tales como 2G, El Croquis, Arquitectura viva, A&V, a+t, etc., cuya función es más informativa y divulgativa de lo último que se ha construido y no tanto propositiva en la definición de nuevas miradas. 11

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Versión corregida del texto que se incluía en el reverso del cartel del seminario La Otra Mirada.

Metápolis mantuvo su composición inicial desde 1998 hasta 2003, año de la fundación del IAAC (Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya) y se disolvió en 2006. 13

Diccionario Metápolis de arquitectura avanzada, Actar, Barcelona, 2001. Autores: Manuel Gausa, Vicente Guallart, Willy Müller, Federico Soriano, Fernando de Porras-Ysla y José Morales. En la primera edición del diccionario aparecieron además contribuciones de Iñaki Ábalos, Juan Herreros, José Ballesteros, Xavier Costa, Enric Ruiz-Geli y Alejandro Zaera-Polo. Además de estos, en la segunda versión del diccionario contribuyeron: Stan Allen, Eduardo Arroyo, Tom Avernaete, Larraitz de Azumendi, Cecil Balmond, Ben van Berkel, Aaron Betsky, Ole Bouman, Marie-Ange Brayer, Eduard Bru, Karl S. Chu, Manuel Delgado, Neil Denari, María Luisa González, Alain Guiheux, José Miguel Iribas, Francisco Jarauta, Alexander Levi, Duncan Lewis, Greg Lynn, Winy Maas, Josep Lluís Mateo, Frédéric Migayrou, Macos Novak, Ignacio Ontiveros, Ignasi Pérez, Salvador Pérez Arroyo, José Pérez de Lama, François Roche, José Miguel Roldán, Dominique Rouillard, Andreas Ruby, Antonio Saggio, Juan Carlos Sánchez Tappan, Saskia Sassen, Artur Serra, Amanda Schachter, Kelly Shanon, Yorgos Simeoforidis, José Antonio Sosa, Lars Spuybroek, Lars Teichmann, Francisco Tolchinsky, Roemer van Toorn, Laura Vescina, Jorge Wagensberg, Kris van Weert, Mark Wigley y Farshid Moussavi. 14

Gausa, Manuel (ed.), HiperCatalunya: territorios de investigación (catálogo de la exposición homónima), IAAC Metápolis, Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya/Actar, 2003 15

Hay que destacar el papel de Xavier Costa al frente del Museu d’Art Contemporani de Barcelona como responsable de la sección de arquitectura, por haber dado oportunidades a esta generación, tales como las exposiciones Fabricaciones o Nuevos territorios, nuevos paisajes o publicaciones editadas por el propio Costa como Usted está aquí: arquitectura y flujos de información. 16

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Ricardo Devesa

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Véase la cronología de cómo se ha ido conformando la arquitectura española contemporánea en Costa, Xavier, “Hábitats, tectónicas, paisajes”, en Hábitats, tectónicas, paisajes. Arquitectura española contemporánea, Ministerio de Fomento, Madrid, 2001, págs. 8-15.

ver > miradas

Estas preguntas son algunas de las que Mark Wigley marca como ejercicio en su asignatura Historia de la Teoría Arquitectónica en Columbia University para analizar no tanto el contenido, sino cómo opera un escrito teórico. Mi intención, pues, ha sido analizar los escritos del libro desde estas premisas, dejando a un lado los contenidos en sí mismos.

reconocimientos/recorridos

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Véase el artículo de Manuel Gausa incluido en este volumen titulado “El mundo es un pañuelo”, págs. 281-282.

Definición de artículo hipermínimo: escrito de no más de doscientas palabras, constituido por pensamientos del autor sobre un tema, sin el aparato ni la extensión que requiere un ensayo sobre la misma materia, aunque con su misma estructura. Soriano, Federico, “Artículos hipermínimos”, en Fisuras de la cultura contemporánea, 4/3, mayo de 1997, págs. 122-127. Todos los artículos hipermínimos han sido recogidos en 100 hipermínimos, Ediciones Lampreave, Madrid, 2009. 20

Datascapes: modelizaciones gráficas de datos de una realidad. Inventados por OMA/Rem Koolhaas, fue AMO la que empezó a utilizarlos activamente como prospecciones teóricas e incluso proyectuales. No obstante, fueron MVRDV quienes hicieron de ellos un uso más instrumentalizado práctico y teórico. Véase su definición en la entrada “datascape” del Diccionario Metápolis de arquitectura avanzada, op. cit., pág. 146. 21

En un foro celebrado en invierno de 2006 en la ESARQ bajo el título Crossed Buzzes, nos dimos cita algunos responsables de las revistas colegiales del momento: Juan Elvira, Clara Murado y Enrique Krahe por Oeste (Colegio de Arquitectos de Extremadura) y Marina Romero y Ricardo Devesa por Basa (Colegio de Arquitectos de Canarias). Igualmente, a partir de 2000, otros compañeros lograron la dirección de revistas colegiales tales como Lluís Ortega en Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme (Cataluña), Paula Álvarez, Vincent Morales y Juan Antonio Sánchez en Neutra (Sevilla); Juan Creus, Pablo Gallego-Picard y Fernando Quesada en O Monografías y Fernando Agrasar y Jesús Irisarri en Obradoiro (Galicia); Eva Luque en ARV (Almería) y Mercedes Planelles y Alberto Mengual en ViA (Comunidad Valenciana). Otros, en cambio, pasaron a fundar y dirigir sus propias publicaciones —en Madrid casi todos— como Belleza por Jacobo García-Germán, Postboks de Patricia Hernández, Miguel Ángel Sánchez y Fernando Muñoz; El libro más barato del mundo es esta revista, editado por Acinco; UHF liderada por Uriel Fogué; y CuartoMenguante de Francisco Leiva y el grupo Aranea. Todos, de una u otra forma, habíamos heredado la manera de hacer, pensar y difundir la arquitectura de la generación objeto de este libro. Nos diferencia en cambio que no hemos sido capaces de convertir esta aventura en algo colectivo. 22

En Estados Unidos destacan los de las universidades de Columbia, Harvard, Princeton y Cornell, y en Europa el Berlage Institute de Róterdam, la Architectural Association de Londres o la ETH de Zúrich, entre otros. 23

Véase Zaera-Polo, Alejandro y Moussavi, Farshid, “Design evolution”, en The Yokohama project. Foreign Office Architects, Actar, Barcelona, 2002, pág. 9. 24

Véase el ensayo de Iñaki Ábalos y Juan Herreros “Si queremos cambiar nuestra forma de pensar y proyectar viviendas”, recogido en este volumen, págs. 165-168. 25

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Gausa, Manuel y Cross, Susanna (eds.), Opop! Optimismo Operativo en arquitectura, Actar, Barcelona, 2005.

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