Volver a las raĂces
Tanto mi familia paterna como materna son inmigrantes, unos andaluces y otros extremeños, respectivamente. En 2017 mi familia materna cumple 50 años que emigró a Barcelona desde un pueblecito de Extremadura. La historia es como cualquier otra de aquella época: década de los 60 y auge de la inmigración: el éxodo rural. La gente se iba del campo a la ciudad en busca de progreso y mejora para su familia. Unos a Barcelona, otros a Madrid o Bilbao. Motores económicos de una españa donde las diferencias sociales, pese a la gran recuperación promovida por los diferentes Planes Nacionales Económicos de la dictadura, aún era muy grande. Mi familia vivía acorde a lo que obtenían del campo, como medieros. No pasaban penurias, pero aún así, mis abuelos tomaron la decisión de dejar los campos de algodón, plantaciones de grano y los animales, por la industria, la manufactura y los grandes edificios. Todo para que ellos y sus hijos, pudieran encontrar algo mejor que el duro trabajo del campo y prosperar en la vida. En Enero de 1967, dos de mis tíos decidieron venir a Barcelona, donde vivía un familiar, ingeniero en la empresa Seat, con la esperanza de encontrar trabajo con cierta facilidad. Llegaron y estuvieron viviendo en una pensión, mientras trabajaban de peones en la construcción. Cuando tenían tiempo libre, se dedicaban a buscar un lugar donde pudiera vivir toda la familia: un total de 10 personas, contando padres y hermanos, menos una hermana, ya casada.
Les hablaron de un barrio donde muchos paisanos estaban viniendo a vivir: Ciudad Meridiana. En otros sitios de la capital catalana la gente vivía como podía en barracas y chabolas. Las grandes oleadas de inmigrantes hacían que la ciudad condal no tuviera la capacidad de respuesta lo suficientemente rápida. Muchas construcciones de la época, fruto de la especulación, fueron defectuosas con el tiempo. No fue el caso de mi familia. Al cabo de unas semanas, dejaron atrás el pueblo. Mil Doscientos kilómetros les separaban de su destino. Contrataron a un chófer y una camioneta DKW, la cargaron con varios muebles y comida para el viaje y vivieron un periplo no exento de anécdotas. El sólo hecho de imaginarse cómo iban 8 personas y un conductor, con varios muebles y una olla enorme llena de comida, ya es una anécdota en sí. Para el chófer era la primera vez que hacía este viaje y estaba tan nervioso que apenas comió en los dos días que duró el trayecto. Los nervios le traicionaron en alguna ocasión, porque se equivocó de combustible en un repostaje y tuvieron que ir a un taller. Llegaron a Barcelona una noche de Febrero, o finales de Enero, aquí hay cierto debate, pero en lo que todos están de acuerdo es en que llegar y ver tantísimas luces y edificios, les llamó muchísimo la atención. Fueron pasando las semanas y cada uno fue encontrando su sitio. Al principio mis tías, las más mayores, trabajaron en un taller de confección. Algo muy diferente a la vida en el campo: tenían menos libertad, atadas a un horario, pero tenían un sueldo seguro a final de mes. Los más jóvenes, iban al colegio a unos tranvías antiguos reconvertidos a barracones. Y el más pequeño, jugaba sin parar. Dos de mis tíos y una tía, con el tiempo entraron a trabajar en la Seat, uno de ellos se jubiló allí. Los demás han ido teniendo diferente suerte en la vida, pero en ningún caso mala. La familia fue creciendo, se casaron, tuvieron hijos y estos hijos, les dieron nietos. Todos recuerdan aquel viaje y la llegada a Barcelona como una historia entrañable que siempre que nos reunimos recordamos, transmitiendolo a hijos y nietos, con alegría y risas. Todos han progresado, tal y como querían mis abuelos. Se lo jugaron todo, como muchas familias en aquella época y, gracias al trabajo duro y la perseverancia, están donde están, o mejor dicho, estamos donde estamos. Como todo inmigrante, mantienen vivas sus raíces, no porque no sientan apego por Catalunya, si no porque al fin y al cabo, somos de donde vivimos, pero sobretodo de donde nacemos.
Valentín
María
Julia
Milagros
Isaac
Martina
Maricarmen
Isabel
Máximo
Os dedico este libro a todos vosotros. Gracias! Sergio
Aunque mi familia es originaria de un pueblecito de Cรกceres, llamado Garganta la Olla, emigrรณ a Barcelona desde otro: Villafranco del Guadiana, en Badajoz. Esta primera migracion fue devida, en parte, por el Plan Badajoz, donde se promoviรณ la colonizaciรณn de zonas rurales, construyendo pueblos de la nada, como el caso de Villafranco del Guadiana, fundado en 1958.