Manirigua Febrero - Marzo

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En esta edición

Año 1 / No.2 - Villavicencio Meta / Febrero - Marzo 2011 - Licencia en trámite - Publicación sin ánimo de lucro

Machu Picchu, Perú

pag. 2 Cartas de los lectores pag. 3 Editorial

Bitácora de una inmigrante

“Alambradas invisibles, fronteras de concreto”

pag. 4 La crisis Alimentaria y la orinoquia

Dar vía al sistema de producción agropecuario vigente en el mundo es asegurar la desertificación y pérdida del ecosistema de la sabana orinoquense.

pag. 5 La negación planetaria

La Tierra ha perdido en poco más de un cuarto de siglo casi la tercera parte de su riqueza biológica y de recursos.

pag. 6 Educación ¿calidad o pertinencia?

“El debate sobre la pertinencia vuelve a ponerse a la orden del día en educación”

pag. 7 Escritura contra oralidad:

Durante siglos se mantuvo la mentira de la inexistencia de formas superiores de codificación lingüística en las culturas indoamericanas.

pag. 8 Familia y poder

...la familia no es la suma de las partes sino la interacción dinámica e interactuante desde lo heterogéneo y jerárquico de sus integrantes...

pag. 9

La herencia despreciada

...la actitud generalizada de desprecio a los aborígenes, nuestros hermanos mayores, nos ha privado de la originalidad como cultura...

pag. 10 Ideal de progreso y evolución

“El seudoambientalismo de moda es un camino equivocado para la conservación de la mega diversidad”.

¿Qué va del tapón del Darién a la Orinoquia colombiana?

...La carretera Puerto Gaitán - Puerto Carreño: ¿para descrestar provincianos?...

pag. 11 Los científicos sociales en la Orinoquia

...invertir en el recurso humano de alto nivel en el campo de las ciencias sociales, es una necesidad que debe ser atendida a la mayor brevedad...

pag. 12 Y los bosques... ¿para qué?

La desaparición de los Bosques, reservorios del carbono, aumenta los niveles de dióxido de carbono afectando el cambio climático global de manera severa.


Febrero - Marzo 2011

Cartas de los lectores

Los mensajes transcritos a continuación fueron enviados por algunos de los lectores de la primera edición de MANIRIGUA. Expresamos nuestro agradecimiento a los elogios y buenas intenciones que nos comprometen aún más con las expectativas creadas.

Francisco Eduardo Mejía Lema Pereira Magnífico el “tabloide”, y lo llamo así porque no conozco su tamaño físico. Los temas son tocados muy profesionalmente y muy entendibles. El relato de XOME TO SOL me transportó, pero mucho más la explicación del nombre es un acierto incalculable!BUENA ESA! Me atrevo a enviarte una recopilación sobre la era de acuario, tema del que se habla de manera universal, acogiéndome a “LIBROS PROHIBIDOS”...”EL VIAJE A LA FELICIDAD”....y a los apuntes citados de “LAS AURORAS DE SANGRE”, notando un ambiente espiritual alrededor del periódico. Saludos José Rafael Carrillo Caballero Barranquilla Vi la primera edición de su revista en PDF y me pareció excelente. Es una buena oportunidad para divulgar conocimiento. Sus artículos son acertados y no son latosos. Les deseo éxitos y continuidad. Todo aquello que contribuya a elevar el espíritu y que el hombre sea algo mejor, siempre será bienvenido. Me gustaría ver un ejemplar impreso, pues pertenezco a esa clase especial de personas que tienen que disfrutar, en sentido estricto, del material en sí. Un saludo especial Nayib Camacho Villavicencio He recibido MANIRIGUA. Los felicito. Es una revista que utiliza los medios electrónicos que le permiten llegar a lectores de todas las latitudes. La reflexión sobre la Orinoquia y el cambio climático, es esclarecedora de la diversidad climática de nuestro país y de la necesidad de establecer diversas estrategias para hacer frente al cambio climático. Leí con gusto y atención, también lo

hizo Boris Esguerra,“El país de la canela”. Por ello, es justo el homenaje que hacen a Juan de Castellanos, nuestro cronista mayor y a William Ospina, quien prepara su tercera novela sobre la expedición de Aguirre en el Amazonas. El artículo acerca del problema de la dependencia de los psicoactivos es de los más serios que he leído, superando el moralismo y el prohibicionismo que gestan el narcotráfico que ha sido en los últimos 30 años el verdadero combustible de las guerras que nos asolan, pero al tiempo advierte sobre las negativas secuelas de la drogodependencia y su vinculación al consumismo y el hedonismo contemporáneos. MANIRIGUA es un esfuerzo de élites intelectuales y profesionales en una región cada vez más estratégica desde el plano económico, ambiental, cultural y geopolítico. Vayan pues mis sinceras felicitaciones y la expectativa por continuar recibiendo esta muy bien editada y sustanciosa publicación. Un caluroso saludo. Jaime Eduardo Jaramillo Pereira He disfrutado la lectura. Una disensión: considero que hay personas naturales y jurídicas que no privan a MANIRIGUA de su “independencia y compromiso con la libertad de expresión, como son las casas editoriales, empresa que fabrican productos no contaminantes, colegios, universidades. Cordial saludo Álvaro Correal Romero Villavicencio Con complacencia veo el nacimiento de este nuevo boletín cultural en la ciudad de Villavicencio. Cuando lo recogí de la mesa de lectura de la papelería y librería más grande con que cuenta la capital metense, pensé que era una publicación de esas que suelen hacer las editoriales para promover la lectura de sus publicaciones; pero gratamente me sorprendió que éste era un proyecto cultural de carácter regional. Es cierto que “existen más revistas y periódicos” en el Meta, pero ustedes definen claramente cuáles serán sus características como proyecto, lo que los hace diferente de esos y se suma a otro proyecto reciente promovido por el Filósofo Nayib Camacho. Jaime Díaz Usaquén Villavicencio

Muy buena iniciativa! A los que conocemos un poquito tu país y lo sentimos también un poco nuestro nos hace ilusión ver crecer iniciativas como ésta. Un fuerte abrazo desde Barcelona. Luís Carol Andrés Barcelona, España

manirigua

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Un saludo. No borraré el correo. El nombre además de acertado lleva un contenido para nivelar el nivel cultural por lo alto y no por lo bajo. Su artículo excelente. La definición de MANIRIGUA no lo conocía, me pareció muy bello, activador y seductor. Empezaron bien en todo. Quedan protegidos por cultura. Me llama también la atención el artículo del etnólogo: los orígenes y la función del sol en nuestras culturas. (Nota lo invito a visitar la página de la revista literaria del eje cafetero MEFISTO www.revistamefisto.com. De allí salieron cuatro páginas sobre la actividad literaria de mi tío Germán Lema, traductor de obras hasta ahora inéditas de Tolstoi, etcétera)

Fundadores

Diego Zabala Chitiva Carlos Alejandro Carrillo Daniel Omaña García Wilson Ladino Orjuela Rafael Hernando Salamanca Hugo Niño Sérvulo Erasmo Velásquez

ediTores

Diego Zabala Chitiva Carlos Alejandro Carrillo

Diseño y diagramación Alexei Prada Nagai

Página web:

http://paradigmaweb.com/alejoftp/

Correo elecTrónico: manirigua @gmail.com

Fundado el 17 de Enero de 2011 Villavicencio.

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Editorial

En la solución de los problemas del mundo, siempre ha sido necesaria una actitud paciente y reposada, pero inteligente y racionalista. Y el mundo que hoy vivimos enfrenta retos que nunca antes tuvo: Encarar las necesidades energéticas en un escenario de agotamiento de los combustibles fósiles en el que, sin considerar los altos riesgos que se corren, se extraen del fondo del mar, contaminándolo, como en el golfo de México, o como en Canadá, destruyendo preciosos bosques boreales para obtener petróleo de las arenas bituminosas. Considerar las consecuencias de un cambio climático severo sobre centros urbanos populosos en los que la falta de agua o de alimentos representaría una catástrofe predecible. Asumir que ese cambio climático lo estamos provocando por la saturación de la atmosfera con dióxido de carbono producido en la combustión diaria de millones de toneladas de combustibles fósiles (petróleo y carbón) Decidir si la energía nuclear y los combustibles fósiles deben continuar como fuente de energía sin reparar en sus consecuencias.

Los retos del mundo Entender el mensaje proveniente de la existencia en algunos países de bancos de semillas de millones de especies vegetales, esenciales para la supervivencia, que en buen porcentaje ya están en peligro de extinción. Considerar los riesgos de una posible agresión nuclear entre países beligerantes poseedores de arsenal atómico. Examinar los efectos destructivos del modelo consumista que domina el mundo sobre el medio ambiente y los valores culturales de las sociedades. Considerar la alerta de Stephen Hawkins sobre el riesgo de provocar, o facilitar, con el envío de sondas espaciales, una visita indeseable de seres extraterrestres competitivos que tendrían sobre nuestra civilización consecuencias devastadoras similares a las de la llegada de los europeos a las culturas amerindias. Informarnos a profundidad sobre la resistencia a los antibióticos que están desarrollando, bacterias y microorganismos que amenazan la salud mundial.

Esta es la temática que invadió todas las conferencias y libros de actualidad. Existe una confluencia e interés mundial sobre estos temas que habla de la gravedad del momento que vivimos. En en este escenario parecería lo más inteligente asumir una actitud que nos permitiera, como seres racionales, poner freno a la agresión al medio ambiente, a la cultura consumista, a las actitudes beligerantes, etc; pero no, por el contrario lo que impera es el consumismo desbordado y el armamentismo. Y en los centros educativos, donde supuestamente deberían reinar la razón, la ciencia y la inteligencia, por el contrario, con el apoyo delos estados, se consolidan la religiosidad y el fundamentalismo y no es la inteligencia ni la razón lo que se encuentra en la base de estas tendencias. Queda entonces en evidencia una afirmación que en las actuales condiciones del mundo es dramática: “Vivimos en un tiempo en el que los sentimientos y las emociones cuentan más que la verdad y hay una inmensa ignorancia de la ciencia.” (James Lovelock)

Bitácora de una inmigrante “Alambradas invisibles, fronteras de concreto”

“Cuando Karl Rossmann –el joven de diecisiete años a quien sus padres enviaban a América porque lo había seducido una sirvienta que tuvo de él un hijo– recalaba en el puerto de Nueva York a bordo del vapor que ya había aminorado su marcha, divisó de pronto la estatua de la diosa de la Libertad, que venía observando hacía rato, como iluminada ahora por un rayo de sol que se había vuelto más intenso. El brazo con la espada pareció alzarse con un movimiento renovado y alrededor de su figura soplaron aires de libertad” América Franz Kafka El pasado mes de octubre fue emprendida una operación en 22 países europeos contra la inmigración irregular en la que fueron capturadas 1.900 personas de diferentes nacionalidades con el objetivo de ser deportadas a sus lugares de origen. Aunque desde hace más de dos años vienen realizándose este tipo de acciones policiales en las que son detenidos hombres y mujeres cuyos rasgos físicos no corresponden a los europeos, para verificar sus permisos de residencia y trabajo, la macrooperación “Hermes” ha causado un gran revuelo entre asociaciones de inmigrantes y reavivado la polémica sobre las consecuencias de la inmigración en Europa. No deja de ser una ironía que las autoridades hayan elegido a “Hermes”, dios griego de las fronteras y guía de los viajeros por los caminos, 3

para nombrar a este gran dispositivo que confirma las denuncias de ONGs y asociaciones ligadas a la inmigración, sobre la realización de controles selectivos que continúan en populosas estaciones de metro y barrios obreros de ciudades como Madrid, Valencia y Barcelona (España). También llama la atención el aluvión de opiniones en foros virtuales, medios impresos y blogs españoles sobre el estricto cumplimiento de la ley de extranjería y la necesidad de cerrar las fronteras a la delincuencia, la pobreza y el desempleo, personificados en los inmigrantes que año tras año descienden de aviones, desembarcan de pateras o bajan de trenes y autobuses. Como el joven Karl Rossmann que llegaba a la tierra de la libertad resguardada por una enorme estatua que alzaba una espada (han leído correctamente, una espada, no una antorcha), miles de extranjeros provenientes de las periferias planetarias llaman a la puerta de esta orilla del mundo y se encuentran en una tierra de incertidumbres. Otro escenario de combate se configura para los foráneos, pero también para los nacionales, cada vez más intimidados por las “hordas” de desheredados que llegan de países africanos, latinoamericanos y asiáticos que traen como equipaje la escasez y la precariedad del empleo, el deterioro de la sanidad y la educación pública, y el desmoronamiento del Estado de bienestar.

Sin embargo, sería un error y una simpleza victimizar al inmigrante, cuando en realidad las víctimas somos todos, los de dentro y los de fuera, que en medio de informaciones parciales y discursos tendenciosos, somos incapaces de reflexionar, enfocar la mirada y reaccionar frente a quienes se lucran de la miseria y el drama. Somos víctimas de nuestros prejuicios y de la tiranía que las fronteras marcan no sólo entre las naciones, sino entre las mismas personas. Está claro que las sociedades europeas resultaron beneficiadas de la llegada de mano de obra de otros lugares del mundo, y está claro también que para llevar esta nave a buen puerto es necesario seguir contando con su trabajo, su experiencia de vida y sus conocimientos. El escritor colombiano William Ospina se mostraba contundente al señalar que una de las tareas más urgentes de la humanidad en general es reconocerse en el otro, asumir lo diferente no como una amenaza, sino como una opción y hacer de la diversidad un bastión para nuestra continuidad. Por eso es importante ahora más que nunca seguir reconociéndonos, creer en quimeras y no sólo en banderas. A driana M aría Carrillo Hernández H istoriadora


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La crisis alimentaria y la orinoquia Temores sobre unanueva crisis alimentaria han manifestado el presidente del Banco Mundial, el Ministro de Agricultura de Francia, país que ostenta este año la presidencia del G-8 y G-20, y el Director General de la FAO –Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación-. “El principal desafío que encaran la mayoría de los países en desarrollo es el riesgo de un gran aumento del precio de los alimentos”, opina el banquero Robert Zoellick. “Compartimos la opinión de que hoy existe el riesgo real de una crisis alimentaria global”, ha dicho el ministro Bruno Le Marie. Por su parte, Jacques Diouf, Director de la FAO, ha publicado un comunicado en el que alerta: “Estamos ante lo que podría ser otra gran crisis alimentaria. El índice de precios de los alimentos de la FAO volvió a su nivel más alto a fines del 2010”. El aumento de los precios y la volatilidad continuaran en los próximos años si no se abordan las causas estructurales del desequilibrio del sistema agrícola internacional. Según Diouf “Ante todo tenemos la cuestión de la inversión. La participación de la agricultura en la asistencia oficial para el desarrollo que ahora se sitúa en torno al 5% debería volver al 19% de 1980…”. Poner fin a la distorsión de los mercados y a las medidas comerciales restrictivas, pues el comercio internacional de productos agrícolas no es “ni libre ni justo”. Los países desarrollados proporcionan un subsidio “equivalente a 365 mil millones de dólares anuales a sus agricultores y las subvenciones y protecciones arancelarias a favor de los biocombustibles tienen el efecto de desviar unos 120 millones de toneladas de cereales del consumo humano al sector transporte”, afirma el director de la FAO. Además, “tenemos la especulación exacerbada” que ha transformado los mercados de futuros productos agrícolas “de instrumentos de arbitraje de riesgo en productos financieros especulativos que sustituyen otras inversiones menos rentables”. Entre tanto, “en un contexto climático marcado por inundaciones y sequías, es necesario poder financiar pequeñas obras de control de agua, medios de almacenamiento locales y carreteras rurales, así como puertos pesqueros y mataderos”. Solo de esta manera “será posible dar seguridad a la producción de alimentos y mejorar la productividad de los pequeños agricultores para disminuir los precios al consumo y aumentar los ingresos de las poblaciones rurales, que representan el 70% de los pobres del mundo”. Anota Diouf. Sin decisiones de naturaleza estructural a largo plazo, acompañadas por la voluntad política y los recursos financieros necesarios para su aplicación, la inseguridad alimentaria se mantendrá. “Eso dará lugar a inestabilidad política en los países y amenazará la paz del mundo. Las promesas de las grandes reuniones internacionales, si no van seguidas de hechos, no hacen sino aumentar la frustración y las rebeliones, en un planeta que pasará de los 6900 millones de habitantes actuales a 9100 millones en 2050”. Concluye el director general de la FAO.

Cultivo de caña para biocombustible, Altillanura Colombiana.

Efectivamente, hacia el año 2050 será necesario casi duplicar la producción actual de alimentos en el mundo. Sería recomendable tomar muy en serio las alertas, consideraciones y propuestas de la FAO, para encarar semejante reto. En alguna medida nuestra región, la Orinoquia, hoy vista como una de las últimas fronteras agrícolas del planeta, está directamente relacionada con un tremendo desafío que conlleva tanto grandes oportunidades como imponderables peligros. En líneas generales el sistema de producción agrícola internacional se basa en el uso de insumos petroquímicos y combustibles. En épocas pasadas la humanidad se alimentaba de productos de la tierra, se podría decir que ‘comía tierra’ transformada, hoy día ‘comemos petróleo’. Y esto es válido Incluido en el caso de las ‘limpias’ manzanas chilenas cultivadas muy ecológicamente, pero que son transportadas, quemando combustibles, diez o veinte mil kilómetros para llegar a los consumidores.Detrás de cada producto hay una huella mucho más significativa del petróleo y sus derivados que de la tierra misma. Este proceso se ha intensificado en el último medio siglo, en detrimento del suelo que pasó a ser manejado simplemente como un sustrato receptor de fertilizantes, plaguicidas y herbicidas, con fatales consecuencias para la fertilidad, el agua, la biodiversidad y la atmosfera. Pero se ha encontrado con dos grandes problemas que lo hacen insostenible. De un lado la fertilización de los suelos hace que se requieran cada vez mayores inversiones en insumos y de otro el agotamiento y el consecuente encarecimiento del petróleo en el mundo.Ya existe un relativo consenso sobre la finalización de la ‘era’ del petróleo barato en el planeta. Conocedores del tema auguran precios hacia la próxima década del orden de los US 200 el barril.

En tales circunstancias las oportunidades de la Orinoquia no son un camino de rosas. Son un desafío peligroso. Dar vía al sistema de producción agropecuaria vigente en el mundo es asegurar la desertificación y pérdida del ecosistema de la sabana orinoquense. Es urgente y necesario iniciar la transición hacia una producción agropecuaria agroecológica, que sea sostenible y equitativa incorporando las poblaciones rurales. En tal sentido es que debe orientarse la investigación y los recursos destinados a incentivos o subvenciones. Sólo tiene utilidad duradera, estratégica para la región, la nación y el mundo, la incorporación de la Orinoquia a la producción mundial de alimentos si se asegura la sostenibilidad del suelo, agua, bosques, sabanas y la biodiversidad. No empezar a actuar en tal sentido es esperar las catástrofes derivadas del cambio climático y acaso “las frustraciones y rebeliones” de que habla el director de la FAO. La adaptación al cambio climático no da espera. La urgencia de producir alimentos menos que menos. Así que, ‘ya es ayer’ como reza la más célebre y actual frase en el mundo. Pero esto depende de políticas de Estado con planes de desarrollo cada vez más precisos y concretos a todos los niveles –nacional, departamental, municipal, veredal- acompañados de voluntad política y recursos. Por lo cual, el tema en cuestión debería estar en el centro de las preocupaciones de la próxima campaña electoral para elección de gobernadores y alcaldes. Por ahí pasa en gran medida la suerte y la perspectiva de la Orinoquia. Daniel Omaña

Ingeniero Quimico Coordinador REDSEOC

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La negación planetaria

Al ritmo actual, necesitaremos dos planetas en 2030 para mantener nuestro estilo de vida, advirtió el Fondo Mundial de la Naturaleza. Un psiquiatra explica por qué no reaccionamos. La Tierra ha perdido en poco más de un cuarto de siglo casi la tercera parte de su riqueza biológica y de recursos.

En un mundo sobrepoblado, pocas alianzas le han causado tanto daño al planeta como la de Henry Ford y Nelson Rockefeller al imponer el automóvil personal como símbolo de estatus y progreso en occidente. Esta pretensión desatinada ha propiciado que los seres ya no exhalemos el CO2 de nuestros pulmones al respirar y movilizarnos, sino que en vehículos individuales, envenenamos el aire por exhostos que expulsan residuos fósiles quemados. Significó la perforación sistemática de la corteza terrestre para extraer los cúmulos de materiales fósiles no renovables. Significó la construcción de un mundo asfaltado cuyo ícono es el automóvil y no el ser humano, y de urbes pobladas no por peatones sino por carros. Ha significado, en suma, la destrucción de la naturaleza, sacrificada al mundo cultural de los objetos. Enajenada con un ritmo de vida que prometía estadios de bienestar apenas rebasados por la ficción, la humanidad alcanzó en el siglo XX la culminación de la confianza en la tecnociencia, en medio de una fiesta que parecía interminable. El primer mundo está dedicado hoy a manipular sofisticados juguetes electrónicos, mientras el tercer mundo asola la naturaleza para surtir el confort del primero y sobrevivir a la hambruna. Los llanos orientales colombianos recién celebran como “progreso” la exploración y exportación petrolera que contaminará y trasformará su paisaje y su cultura, impunemente para siempre.

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Científicos lúcidos advierten que la fiesta tecnológica terminó y que es hora de recoger a toda prisa la basura y los platos rotos, pues los estragos resultantes son de tal magnitud, que el daño es irreversible. La Tierra está herida. El planeta, enfermo de fiebre por nuestros excesos, quiere deshacerse de la plaga humana. La psiquiatría y la psicología saben, desde Freud y Nietzsche, que los humanos manejamos el impacto de las malas noticias mediante la negación. Cada vez que nos alcanza la muerte de un ser querido o se nos diagnostica un cáncer, la respuesta es un mecanismo protector de defensa: “No es cierto”. Así el organismo se da un respiro para asimilar algo que lo inundará de dolor. Igual sucede en la psicología colectiva. Esa negación generalizada permite que la fiesta continúe. ¿Cómo entender, de otra manera, que sucesivos mandatarios de la primera potencia mundial se refieran al tema energético alternativo como aplazable, e insistan en la exploración petrolera ahora en las costas? ¿Cómo entender que Copenhague y Cancún se hayan convertido apenas en foros de buena voluntad, frustración y retórica? La verdad se ha gritado a voces. Los científicos británicos James Lovelock y Martin Rees, químico y astrofísico, respectivamente, albergan pocas dudas sobre la catástrofe ecológica inminente. Los hechos son tozudos. El calentamiento planetario alteró el clima incubando tormentas, inundaciones, sequías y oleadas letales de calor, calcinando la tierra, secando los ríos. Sucede en

el presente. De continuar a este ritmo el expolio, y continúa, sólo un puñado de terrícolas, afirman ellos, sobrevivirá a la debacle refugiado en los polos, luego de migraciones, guerras, hambres y epidemias apocalípticas. Ante la imposibilidad de un desarrollo sostenible con “energías limpias”, sólo nos resta una retirada sostenible, una honrada minimización de los daños en plena derrota. Pero la gente no cree. Por penuria e ignorancia masivas y, en quienes están informados, por negación o irresponsabilidad. Hace veinte años en Raleigh (E.U.) tuve el privilegio de escuchar al cosmólogo Carl Sagan cuando disertaba sobre el tema, y con un chasquido de los dedos de su mano derecha, como un director de orquesta, iba marcando cada segundo en que se derribaba una hectárea de bosque. El hecho es que Sagan ya alertaba del fenómeno y lo explicaba: “Denial” “Denial”. Negación era la razón primordial por la cual el mundo seguía tan campante. La única manera de despertar es insistir, echando una y otra vez la verdad a la cara como un psicoterapéutico baldado de agua fría. Aun así, la humanidad permanecerá dormida en tanto la tierra arde. Tal vez ni los Ford ni los Rockefeller estén a salvo. R afael Hernando Salamanca Psiquiatra y escritor


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Educación: ¿Calidad O Pertinencia? “El debate sobre la pertinencia vuelve a ponerse a la orden del día en educación”. Marco Raúl Mejía J.” 1

Ilustración de Helman Salazar, Escuela Nacional de Caricatura

Durante los últimos 50 años la expresión “calidad de la educación” se ha utilizado a manera de comodín en el desarrollo de diversas reformas tendientes a adecuar funcionalmente el sistema educativo nacional a los intereses económicos e ideopolíticos de turno. En estos años la aspiración a más y mejor educación para todos se ha visto frustrada en nombre de la calidad educativa por reformas del Estado, adelantadas bajo los supuestos de modernización y racionalización, con algún énfasis según la moda del momento. Entre estos se pueden constatar al menos los siguientes: cobertura, currículo, evaluación y visión empresarial de la educación, asumidos según la retórica oficial, con el fin de ofrecer una educación de calidad; pero persiste sin embargo, el contraste entre “buena educación” para las élites y “mala educación” para el resto de la población. Reducida la calidad a la expansión de la matrícula, sin garantizar además del ingreso, la permanencia y continuidad de los estudiantes en el sistema, poniendo en juego otros factores relacionados con el desarrollo humano y la socialización; no solo se sacrifica la calidad a la cantidad, con el hacinamiento de niños y jóvenes en aulas insuficientes, el nefasto aumento de la proporción de estudiantes por maestro, y el contraste entre crecientes necesidades y recursos escasos; sino que

tampoco se resuelven las demandas por equidad, como lo demuestran estadísticas de analfabetismo, deserción y personas en edad escolar que no tienen acceso a la educación. Y caben aún las preguntas por la pertinencia: ¿reciben los colombianos la educación que necesitan no solo para ganarse la vida, sino también para vivir?, ¿basta con educar para el empleo, o es válido formar así mismo para la cultura?, ¿debe la escuela responder más a las exigencias del mercado que a las del conocimiento? Si se equipara calidad con transformación del currículo y evaluación, como sucedió en las últimas décadas, a través del énfasis en el diseño instruccional y el cambio en los modelos evaluativos (evaluación de la gestión de las instituciones, el desempeño de los maestros y el aprendizaje de los estudiantes), omitiendo variables como los ambientes escolares garantes de una “calidad de vida educativa” -según señaló Carlos Eduardo Vasco-, y la inversión nacional y local, tampoco se puede hablar de más y mejor educación para todos. Últimamente se han puesto de moda las competencias, los estándares, y su medición a través de pruebas nacionales e internacionales, también para mejorar la calidad de la educación, con lo que en aras de la homogenización globalizante se desconocen las particularidades de un país como Colombia, en detrimento otra vez de la pertinencia.

Esta última corriente, en boga hoy día, corresponde a una visión empresarial de la educación, en la que el concepto de calidad se equipara con la lógica insumo-proceso-producto, propia de la empresa transformadora de materia prima, pero insuficiente e inadecuada cuando se trata de dar cuenta de los cambios culturales, que es de lo que se trata en el complejo mundo de la educación. Desde una perspectiva pedagógica resulta aberrante además acostumbrarse a pensar en el rector como un gerente, el profesor como un funcionario y el estudiante como un cliente del “servicio educativo”, noción esta ultima que sustituyó la de la educación como “derecho social”, defendida por el Movimiento Pedagógico y otros movimientos sociales comprometidos con la educación popular. Así como también reemplazar en el discurso educativo y pedagógico las palabras “enseñanza”, “desarrollo” y “socialización” por “eficacia”, “eficiencia” y “competencias”; y resignarse al designio neoliberal de convertir el proceso pedagógico en entrenamiento para la resolución de pruebas estandarizadas nacionales e internacionales: competencias básicas, saber, Pisa, etc. La racionalidad que subyace a la mirada que antecede es eminentemente tecnocrática y se impone por vía autoritaria, a contracorriente del carácter en esencia político que revisten los temas educativos, y de su solución mediante la discusión y el debate democráticos. Si hasta hora, factores influyentes sobre una educación de calidad con pertinencia: cobertura, currículo, evaluación y gestión institucional han obrado de manera desarticulada, es tiempo de integrarlos críticamente, a partir del presupuesto de que “la educación es un asunto de todos”2 , de veras: de la sociedad civil, del Estado, de la escuela y de los padres de familia; no solo de los tecnócratas, los gobernantes y los políticos tradicionales. Solo así será posible lograr la justa aspiración a más y mejor educación para todos en un país cuyas clases dirigentes han hecho de ella un privilegio, desconociendo su importancia como motor del desarrollo individual y social “a escala humana” de acuerdo con Manfred Max Neef.

Sérvulo Erasmo Velásquez P edagogo Docente Universitario

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Marco Raúl Mejía J. Educación colombiana. Cobertura administrativa sin pertinencia. En Le Monde Diplomatique, octubre 2010, págs. 10-11 2

Eslogan oficial hace algunos años.

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Escritura Contra Oralidad:

el poder de la razón vs la razón del poder.

El presente texto está basado en la tesis desarrollada por Hugo Niño en: “El etnotexto: las voces del asombro”. La habana, Premio Casa de las Américas en ensayo histórico-social, 2008. La cuestión central: controlar la validez de las actuaciones. Probablemente el litigio cultural más prolongado dentro de los distintos colonialismos que han tenido lugar en América ha sido el del enfrentamiento entre escritura y oralidad, entre alfabeto e ideografía, entre la voz y la imagen, que nos ha arrastrado hacia otras oposiciones tales como historia contra literatura y verdad contra ficción. Espada con cruz Las culturas indoamericanas son, desde el punto de vista lingüístico, primordialmente para-alfabéticas, por lo que han sido comúnmente denominadas culturas orales: sociedades donde la palabra dada tiene un valor pleno, respaldado por la tradición. De ahí que los instrumentos de la subalternización en América se hayan basado en la homogenización cultural, con el salto a primer plano de la voz domesticada por el alfabeto. Por eso no se reconocen actuaciones válidas de comunicación permanente, de memoria y, por tanto, de credibilidad, por fuera de la instancia alfabética: sólo lo escrito es acreditable, incluso con abstracción de su rigor. Es muy conocido el ritual de conquista español que tenía como su primera acción de guerra la imposición del alfabeto y, por ende, de la escritura y de la lengua, protocolo que fue instaurado a partir de 1513, y que cuenta Diego López Cogolludo en su Historia de Yucatán: Por ende, como mejor puedo, vos ruego y requiero, que…reconozcáis a la Iglesia por Superiora del Universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado papa en su nombre y a su Majestad en su lugar, como superior y señor rey de las Islas y Tierrafirme… Si no lo hiciéreis …certificoos que con el ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros …, y vos sujetaré al yugo y obediencia de la Iglesia y de su Majestad.

Desde luego que en aquel acto, ni el consentimiento, ni siquiera la negativa, tenían la menor importancia. La fuerza del acto de conquista radicaba en la enunciación del requerimiento. El requerimiento fue el instrumento de

formalización del proceso de sometimiento, tal como lo había enunciado Elio Antonio de Nebrija cuando fue a sustentar ante los reyes católicos la utilidad de su Gramática de la lengua castellana en las acciones que se iniciaban en el Nuevo Mundo justamente en el año de publicación del libro, en 1492. Con la gramática se haría viable la imposición de “las leies que el vencedor pone al vencido”, según Nebrija. Hoy el requerimiento se sigue empleando de manera casi literal para someter a las sociedades ancestrales en todo el continente y particularmente en Colombia. Ahora se invocan “la Constitución y la Ley” y se alegan artificiosamente respaldos de títulos y otros documentos, algunos de ellos provenientes de la misma época colonial para despojar a los indios y campesinos de tierras y otras heredades en beneficio de los mismos descendientes de los señores coloniales de antaño. El obispo Diego de Landa, quien quemó públicamente, en 1562, en la ciudad de Mani -al sur de Mérida-, los manuscritos mayas, escribe que, citado por María Sten: “los sacerdotes sacaban los libros y tendíanlos sobre las frescuras que para ellos tenían... y untaban con ella las tablas de los libros... y el más docto de los sacerdotes abría un libro y miraba los pronósticos de aquel año y declarábalos a los presentes”. La conclusión para los delegados de Dios era que se trataba de rituales diabólicos, pues sin la ayuda del demonio aquellos irracionales habrían sido incapaces de elaborar tales manifestaciones de inteligencia. Y, sin embargo, existen. Lo que aún causa estupor es cómo se pudo mantener durante siglos la mentira de la inexistencia de formas superiores de codificación lingüística en las culturas indoamericanas y la de su propia capacidad para desarrollar un discurso complejo, consistente y altamente dotado de procedimientos de observación, ordenamiento y análisis. Vale la pena, entonces, hacer una mención a los procedimientos de inscripción en Mesoamérica y en Sudamérica. En Mesoamérica, de acuerdo con María Sten: Ideograma azteca.

Los códices están escritos en tres diferentes maneras. Una de ellas consiste en la escritura pictográfica, que representa los hechos por medio de imágenes. Un cazador es un cazador, un templo es un templo. El segundo modo de escribir de los antiguos mexicanos eran los signos ideográficos. Éstos representaban objetos que sugerían a su vez otros objetos y otras ideas. Así, para los antiguos pueblos de Mesoamérica el ojo representaba la estrella; un signo parecido a la letra A entrelazada con un anillo significaba para los mixtecos el año; el conejo: la luna; las huellas de los pies: el camino. El tercer género de escritura usada por los antiguos nahuas es fonético. En ella los caracteres empleados han perdido toda relación o asociación mental con los objetos que representan, y únicamente denotan sonidos. No representan imágenes ni ideas. Cuauhnahuac: “cerca de los árboles” se representaba algunas veces por un árbol cuauh, y náhuac. Lo que contaba era su valor fonético. Los mayas usaban la escritura ideográfica y los signos fonéticos en grado mayor que los nahuas. Los mixtecos y los hahuas -estos últimos llamados erróneamente aztecas- empleaban los tres métodos y llegaron a tener los principios de la escritura silábica. En lo que se refiere a Sudamérica, los kipu andinos constituyen la más conocida de las formas escripturales. Sin embargo, en el área andina se dieron otros sistemas de graficación textual. MatinLienhard anota: En la costa del Pacífico, unos pallares ideográficos servían para la transmisión de mensajes u órdenes; los signos inscritos en las túnicas incaicas presentaban una información de tipo cosmológico-religioso; un cuadro del templo cusqueño del Sol, reproducido por el cronista PachacutiYamqui, sintetizaba la imagen inca de la sociedad y del mundo. Es así, que lo que se presenta como un modelo de culturas superiores y primarias, cultura civilizada y cultura primitiva, alta cultura y baja cultura, lo que conduce al inexorable desenlace de lo que es válido y no válido, de lo que es científico y lo que es ingenuamente imaginario, debe ser reenfocado. A la tradición cultural occidental le ha resultado siempre más práctico manejar las cosas en términos de ruptura, exclusión y subordinación.

Hugo Niño Ph D en Ciencias filológicas

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Febrero - Marzo 2011

Familia y poder

Puede decirse que hablar de la familia es un tema familiar pero aburrido… Podemos también traer a la mente agradables recuerdos ancestrales desde los abuelos. Pocas veces reconocemos que la familia también ha sido considerada como el conjunto de personas bajo la misma potestad doméstica, o que incluso la familia en organización y estructura se remonta al origen mismo del hombre y su supervivencia biológica como especie y familia Hominidus… Podríamos pasear por la familia cognaticia en Roma ya por consanguinidad natural, es decir personas vinculadas por procreación y nacimiento; o también por otras formas de vinculación familiar como la de grados consanguíneos más lejanos pero involucrados por la condición de sentirse parientes. Sin embargo la evolución de la organización familiar desde el Medio Evo feudal, hasta la actualidad neoliberal está relacionada con la propiedad de la tierra, los medios de producción, el trabajo, el capital y la cultura, elementos recogidos por varios autores entre los que resaltan Engels y Minuchin. Desde estos últimos aportes ha venido evolucionando, como metodológicamente confiable, considerar a la organización familiar como un sistema cuyos miembros interactúan permanentemente. En este sentido resaltamos algunas características funcionales, como que la familia no es la suma de las partes sino la interacción dinámica e interactuante desde lo heterogéneo y jerárquico de sus integrantes con fuerzas resultantes que propugnan entre el permanente cambio y la permanente estabilidad. En esta incesante dinámica, cualquier nueva situación es fuente de conflicto y sufrimiento, resultado de la entropía propia de las fluctuaciones entre la madurez responsable y la desintegración inmadura…, allí nace el síntoma problema que establece ventajas y desventajas a un integrante con repercusiones para cada uno de los demás miembros restantes de la familia. El síntoma problema no permanece en el sistema familiar, se vierte al contexto socio-cultural y se aborda por el sistema asistencial terapéutico o jurídico que responde a la demanda y a la expectativa de los consultantes. En este contexto surge el Derecho de Familia, que es el conjunto de normas e instituciones jurídicas que regulan las relaciones de interacción de poder de los miembros que integran la familia, entre sí y respecto de terceros. Tales relaciones se originan a partir del matrimonio y del parentesco. Es de aclarar que no es pretensión de este escrito abordar el terreno de lo jurídico, sin embargo se hace necesario resaltar, que desde la antropología, la sociología y la psicología se rea-

Caricatura de Garzón de “Cartones de Garzón” para El Espectador.

lizan aproximaciones de comprensión evolutiva del ejercicio del poder en la familia; considerando variables como el modo de producción, y capacidad económica y social; cultura y variabilidad humana a través del tiempo y del espacio; así como el conjunto de prácticas educativas y mediáticas usadas por unas élites como medio de control social no explícito que incluye al grupo familiar. Con los anteriores elementos podemos resumir algunos tipos básicos de familia con relación al ejercicio del poder: Autoritaria por coacción. Es el tipo de familia donde el padre controla autoritariamente a la esposa y a los hijos, da o quita los permisos, no hay diálogo y no se toma en cuenta al otro, se ordena. Este tipo de autoridad no sólo la ejerce el padre, también mujeres creen que tener autoridad significa mandar sobre los otros, decirle a los demás que hacer. Son familias donde el poder está pervertido en su forma y ejercicio. De Transición. En el proceso de cambio, a veces se maneja el poder con pautas de conducta autoritaria, intercalada con pautas más tolerantes. Estas familias están en transición. Democrática. En éstas se ejerce el poder de una manera alternativa, el poder es una herramienta que ejerce una influencia positiva en sus integrantes, no se requiere usar la fuerza pues sus integrantes son respetados y tomados en cuenta. Desde estos tipos de familia se pueden resaltar dos formas de ejercicio de poder en el sistema familiar: El poder-capacidad que es la capacidad de un individuo para hacerse cargo de las funciones correspondientes al rol (de desarrollo creativo y amoroso) que le toca jugar en un determinado sistema. Otro tipo de poder al interior de la familia es de influencia negativa, (ignorancia, atraso y agresividad). Desde el dominio se intenta supe-

ditar a los otros al deseo, capricho, a la necesidad de control de un miembro sobre los demás, hijos, pareja, a través del juego víctima-victimario. Por las relaciones entre poder y familia, el individuo que vive en el seno de una familia puede ser considerado como parte de un sistema o sub-sistema del sistema social. Las modificaciones en la estructura familiar por acción externa desde un orden jurídico, por ejemplo mediante el divorcio, contribuyen a la producción de cambios en la conducta y los procesos psíquicos y emocionales de cada miembro, que a su vez desencadenan nuevas acciones legales, como el sistema de protección de menores, por ejemplo. Finalmente el Derecho y la Socio-antropología nos permiten descubrir íntimas relaciones del ejercicio del poder en la familia, y desde la Psicología profunda es posible propender al cambio de costumbres; ellas son modificables, los valores lo son menos y los mitos y tabúes, no son sujetos de modificación. Podemos influir en relaciones del podercapacidad al interior de la familia, generando cambios, manteniendo modelos sanos. En otros términos, se puede intervenir en conductas como fidelidad-infidelidad, ternura-agresividad, relaciones perversas de poder, y más difícilmente sobre valores como justicia y lealtad, moral ética y corruptibilidad, pero no sobre el tabú del incesto o sobre soberanía y libertad. Sobre estos temas no se puede conciliar ni negociar, ni desde la familia ni desde la historia. Omar de la Hoz M édico psiquiatra

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La Herencia Despreciada MANIRIGUA, nombre de esta publicación y nombre primitivo de las mujeres guerreras del rio amazonas, tiene entre sus objetivos el rescate de los valores y el conocimiento de las comunidades ancestrales. Empecemos por decir que la actitud generalizada de desprecio a los aborígenes, nuestros hermanos mayores, nos ha privado de la originalidad como cultura y de un conocimiento que sin duda hubiera marcado la diferencia en nuestro país. Antropólogos, etnólogos y botánicos nacionales y extranjeros, han dedicado la vida al estudio de las culturas aborígenes y han indagado sobre los conocimientos que tenían. En la contraportada del libro “El Rio” de Wade Davis, se lee: “ En 1941 el profesor Richard Evans Schultes, quien después sería hasta el día de su muerte, el director del Museo Botánico de Harvard, se internó en la selva amazónica donde pasó los siguientes doce años de su vida explorando ríos que no figuraban en los mapas, recolectando plantas desconocidas para la ciencia y estudiando la sabiduría y las costumbres de docenas de tribus indígenas de Ecuador, Perú, Brasil, Venezuela y, particularmente, Colombia.” Mientras el profesor Schultes desarrollaba su trabajo, por esa misma época, una niña llanera, en las sabanas araucanas, escuchando la conversación de sus mayores, presentía que se organizaban para salir a cazar (leáse matar) indios. Luego, en un libro que también se debe leer, plasmó la historia de las Guajibiadas. Hablo de Silvia Aponte, madre de los novelistas de los llanos colombianos, a quien cito como referencia para los interesados en conocer algo más sobre el asunto indígena en Colombia. Dice Davis, refiriéndose a su proyecto de biografía de Schultes: “El caso de Schultes era especialmente complejo. No era un hombre que

hubiera caracterizado a una época; era un individuo que había escapado de las restricciones de su propio tiempo para vivir de lleno la maravilla de una tierra exótica en un momento crucial de cambio. Su vida como explorador botánico, la selva que lo acogió, los pueblos indígenas y su extraordinario conocimiento de las plantas eran todos temas obligatorios.” Entre de los objetivos de Schultes en el Amazonas se contaban además, por encargo del gobierno americano, “la búsqueda de nuevas fuentes de caucho silvestre”, de gran importancia en los albores de la segunda guerra mundial. Las investigaciones de Schultes fueron continuadas por uno de sus más destacados alumnos, TimPlowman, pero,“ los mayores logros tanto de Plowman como de Schultes fueron negados e incluso traicionados por el mismo gobierno que había patrocinado su trabajo… Aunque muchos documentos se han perdido o han sido descartados, varios de sus informes de campo más importantes se conservan en los Archivos Nacionales de los Estados Unidos.” Cuánto conocemos los colombianos sobre los resultados de las investigaciones de esos personajes, no es fácil saberlo. Destaquemos el descubrimiento que hicieron sobre la planta de coca que los llevó a distinguir la Coca Boliviana de la Colombiana y su milenario arraigo en la cultura aborigen. Dice Davis: “No era solo la oportunidad de colocar estas notables especies dentro de un árbol evolucionista. Era la oportunidad de codificar el pasado, de brindarles a los antropólogos y a los historiadores un marco estructural para comprender la domesticación y difusión de la planta sagrada que inspiró a todas las culturas de los Andes”. Sin embargo, la planta cuyas hojas no eran “una droga, sino un alimento y un estimulante suave, esencial en la adaptación de los pueblos de los Andes”, pasó a ser la planta

satanizada que hoy en Colombia voces infantiles denuncian como “la mata que mata”. Como la coca y las plantas con que se hacía el curare (poderoso veneno utilizado por los aborígenes), han sido descubiertas muchas más, portadoras de maravillosas sustancias medicinales que han salvado vidas en todo el mundo. Las utilizaban, y aún siguen utilizándolas, algunos aborígenes, pero ya se transformaron en costosos medicamentos que venden laboratorios europeos y norte americanos con marca propia, al igual que infinidad de productos derivados del petróleo crudo que diariamente produce el país por cientos de miles de barriles. Que todo lo valioso de nuestros antepasados, sus logros como civilización, ha sido destruido, ignorado, y a veces también satanizado como la mata de coca, es historia conocida, y baste citar el descubrimiento del Sacsayhuamán (fortaleza ceremonial Inca) en el Perú. Dice Davis: “Los españoles que vieron el Sacsayhuamán en toda su gloria, cuando albergaba cinco mil soldados del emperador, cuando aún estaban en pie sus depósitos de agua y no habían sido saqueados los santuarios religiosos de los incas, no pudieron creer que fuera obra de los hombres. Nada construido en toda la historia del viejo mundo podía comparársele. La iglesia declaró que esa gigantesca construcción en piedra era obra del demonio, aserción no menos fantástica que muchas hipótesis actuales sobre el enigma de la ingeniería inca…Una legión de escritores ha sugerido que la construcción es obra de extraterrestres, sugerencia no solo tonta sino que degrada a los indios del altiplano al implicar que sus antepasados fueron incapaces de hacer lo que de hecho es su mayor hazaña tecnológica”. Esta negación de nuestros orígenes, que pareciera que nadie promueve, existe y se manifiesta cuando la palabra indio es sinónimo de despreciable, cuando ojos azules y piel blanca se consideran características superiores, cuando en la naturaleza no vemos plantas sino monte, cuando en países con gente subalimentada se permite que lo que fue un maravilloso alimento por milenios para todos, se convierta en fuente de corrupción y crimen como ha sucedido con la planta de coca. Pero construir un país pasa por respetar y validar el pasado, la procedencia, por no sentir vergüenza de lo que realmente somos. Entonces dejaremos de ser imitadores, podremos también respetar a quienes son diferentes a nosotros, desearemos compartir sus logros, su ciencia, su tecnología y apropiárnosla para poder participar en la construcción de nuevos conocimientos.

Diego Zabala Ingeniero Quimico

Fotografía usada en una de las postales de Richard Evans Schultes en los años 50 con los indígenas del Amazonas.

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Ideal de progreso y evolución

En el páramo es aún de madrugada, el frio lo sienten mis pies descalzos. Sin embargo, mucho más frio hace afuera en el rústico baño de tablas mientras una totumada de agua cae encima de mí. Termino de amarrar mis botas que, a propósito, se encuentran marcadas por el calor de la fogata, unas hermosas botas Merrel desgastadas luego de mucho caminar al ritmo de la lluvia sobre las capotas. Es el inicio de la última travesía por cañones, entre campesinos y mulas que de la ciudad suben cemento y esa falsa civilización que un día decidimos seguir. Nosotros, un grupo de guerreros caminantes, no nos alejamos de la ciudad sino que, al contario, vamos hacia ella. Mientras admiro las montañas, observo los campesinos. Escucho el canto de las aves, el sonido de las libélulas. Comprendo a Colombia, un país megadiverso que con raíces aprendió a cultivar la tierra. Entre tanto, mamá le canta a las flores y bendice la luz y la lluvia. Hoy les cantamos a los extranjeros y nuestros bosques los talamos, para que los campesinos aren la tierra y suplan el capricho del chico americano… Llego a la ciudad y, tal vez porque mis oídos se han acostumbrado a escuchar la más hermosa sinfonía, chocan con el ruido de buses, pitos y personas que me cansan con su hablar. Murmuran todos, siguen los medios y simplemente dicen: “es que el medio ambiente está de moda.” Bien dice Silvio Rodríguez: “Ojala que la tierra no te bese los pasos.” “Imagínate tú, que el calentamiento global, que el mundo se va acabar en el 2012, que, mira, el arrendajo vive ahora en Bogotá”. Pero mientras, muy orgulloso, muestra su anillo de oro y se tiene que bañar dos o tres veces al día, ¡porque hace calor! ¡Pero es ambientalista, e incluso, vegetariano! Así, la vida en sociedad es solamente toma de decisiones de manera colectiva pero no conduce a ninguna evolución. Industrialización e indicadores económicos son su razón, y no puede detenerse. No podemos seguir esperando resultados extraordinarios por el camino que llevamos. Colombia megadiversa, con tikunas, tayronas, campesinos, selva húmeda, selva amazónica, páramos, recursos naturales, incluyéndote a ti y a mí, tiene en sus manos la oportunidad de ser modelo de evolución y progreso. Hoy tenemos que ver el medio ambiente como un tema de oportunidad y de conservación, siendo el uno dependiente del otro. Todo es evolución, nada desaparece, todo se transforma. Solo le pido a la Luna que es mi madre, y al Sol, mi Padre, que no permitan que nuestras raíces y costumbres tradicionales desaparezcan, sino que se respeten. Es necesario apuntarle a lo que finalmente se logró en la Cumbre de Johannesburgo 2002: corresponsabilidad ambiental, social, eco-

nómica y desarrollo de modelos rentables pero ambientalmente sostenibles. Piedemonte llanero, según el Instituto de Investigaciones Alexander Von Humboldt: fuente de recursos naturales, bosques y regulación hídrica. Orinoquia, un solo corazón con varios destinos: fuente de alimentos, morichales que surten agua y regulan el ciclo biológico de muchas especies; aves, ganado, y música llanera. No solo una oportunidad de negocio, sino una obligación de conservación. Mis oídos no quieren escuchar más ecoturismo falso donde se altera el equilibrio ambiental y donde una piscina constituye la fuente hídrica. No quieren oír de fincas agro sostenibles cuando compran las gallinas, la leche y el queso. No quiero empresas que simplemente con reciclar ya sean ambientalistas. Quiero personas que escuchen a los ancianos, a los campesinos que conocen el territorio; que transmitan la historia de la región y mantengan una sola voz defensora de nuestras costumbres y nuestro hábitat. Es necesario entender desde cada una de nuestras posiciones cómo cada acción repercute en el sistema. Cómo, con sólo abrir los ojos, segenera una variación que puede ocasionar efectos considerables. Consiste en cambiar hábitos. De semillas y semilleros crear grandes bosques y selvas, donde mariposas y tangaras vuelen y sean un paraíso para monos y loros, para ardillas y humanos. Nathalia Otero Lopez Estudiante de A dministración y Gestión A mbiental

¿Qué va del tapón del darién a la orinoquia colombiana? Cada vez que un gobierno colombiano aborda el tema de la construcción del tramo de carretera interrumpido en la Región del Darién en la frontera entre Colombia y Panamá, se alborota el debate. Una vía de aproximadamente 200 kilómetros, que harían parte de los 48.000 de la Carretera Panamericana, es objeto de álgidas discusiones dados sus componentes políticos, sociales, económicos y ambientales. Región de confluencia de las biodiversidades de las tres Américas: del Norte, Centro y del Sur, se le reconoce a nivel mundial como uno de los pulmones ambientales para el mundo, convirtiéndola en una barrera fitosanitaria natural. Los EEUU consideran que una carretera a través de este tapón facilitaría la inmigración ilegal. Los países centroamericanos, con excepción de Panamá, aprueban la conexión terrestre para acceder a productos del sur con precios más baratos a la vez que podrían ampliar mercados para los propios. El anterior gobierno colombiano retomó el tema al considerar que la ausencia de la

carretera impide el control de los grupos ilegales que tienen como centro de operación la región del Darién. Los ecologistas por el contrario descalifican el proyecto por los riesgos de la conversión de la selva en pastizales necesarios para expandir las ganaderías del norte de Antioquia. Panamá ve que la rotura del tapón propiciaría la incursión de la guerrilla colombiana en su territorio, y la aparición de la aftosa en sus ganados. Así están las cosas. En cambio, mereció poco despliegue en el ámbito nacional el anuncio del gobierno de construir una carretera de 800 kilómetros que uniría el municipio de Puerto Gaitán en el Meta con Puerto Carreño, la capital del Vichada asentada en la margen izquierda del rio Orinoco en la frontera con Venezuela. Pareciera que la noticia es para “descrestar provincianos”, o que definitivamente la Orinoquia colombiana continúa siendo una región lejana y olvidada por el resto del país. Es evidente que esta vía no produciría efectos regionales inmediatos. Ni binacionales porque no se acercan mercados desarrollados. La Orinoquia venezolana aún no tiene que ofrecer, y el país vecino en este momento no ha considerado conectar sus centros de producción con la red vial colombiana. Esencialmente, y así lo manifiesta el gobierno colombiano, se trata de una inversión estatal en infraestructura que aproxime varios millones de hectáreas de tierras con alguna posibilidad de explotación agropecuaria. La inversión apuntaría al largo plazo y su concreción tomaría varios lustros, sin lugar a dudas. El gobierno debe, si su decisión va en serio, desde ya divulgar el diseño de la política base para intervenir el desarrollo agroindustrial de la subregión beneficiada con la apertura de la vía. Está demostrada la fragilidad ambiental de estas tierras. Planteamientos con reconocida autorización llaman la atención sobre iniciativas particulares en zonas de la altillanura donde cultivos permanentes - caucho, palma africana, maderables - desconocieron investigaciones científicas y tecnologías ya comprobadas. Se evidencian intentos fallidos unos, inversiones con baja productividad otras, ante las características geográficas, geológicas y ambientales existentes no apropiadas para las especies seleccionadas. Como en el caso del Tapón del Darién, hay que abrir y desarrollar el debate que conduzca a que se actúe bajo el criterio de sostenibilidad; y es pertinente preguntarnos si este nuevo proyecto es complementario a la recuperación de la navegabilidad del río Meta, o si por el contrario marchita la estrategia de conectividad regional a través de la arteria fluvial.

Carlos Alejandro Carrillo Ingeniero de petroleos

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Los científicos sociales en la orinoquia

Las sociedades están en permanente cambio. Lo que ayer fue imposible, hoy puede ser probable. El crecimiento económico y la transformación de los grupos humanos depende de muchos factores: libertad de pensamiento, iniciativa personal, nuevas inversiones, fortalecimiento de las organizaciones políticas, dotación de recursos naturales; entre otros, en ese orden. La Orinoquia tiene crecientes procesos de vida urbana en su territorio, mejores ofertas de servicios básicos para las comunidades, organizaciones más capaces para atender los procesos sociales, instituciones de educación con mayor número de programas y oferta de posgrados, esta última, un poco tardía. Somos más de 2 millones de personas. Invertir parte de las “regalías” petroleras en el recurso humano de alto nivel en diversos campos de las ciencias y, en especial, en el campo de las ciencias sociales, es una necesidad que debe ser atendida a la mayor brevedad. La historia, la filosofía, la geografía, la sociología, entre otras disciplinas, deben contar con mayores apoyos en las instituciones de la región. Debe buscarse la formación posgraduada de varias decenas de profesionales en diversos centros académicos de importancia mundial. Ellas son fundamentales para “pensar” y comprender lo que está sucediendo en todos los rincones de la geografía regional y del país, al comienzo del siglo XXI. Sin ellos la sociedad local se encuentra acéfala. Cada vez que se quiere analizar una situación social en la Orinoquia se debe acudir a instituciones de investigación ubicadas en Bogotá, Cali o Medellín o fuera del país. En el tiempo presente esta es una debilidad frente a otros centros de poder que se han conformado en Colombia desde hace varias décadas. Esas regiones (que tienen como departamentos sobresalientes a Antioquia, Valle, Atlántico, Santander, Bogotá) dieron este salto institucional y de pensamiento y ello les permitió orientar mejor sus procesos de transformación desde el comienzo del siglo XX. Las investigaciones que han reconstruido la historia de estas zonas muestran el significativo papel jugado por la Escuela de Minas de Medellín, la universidad de Antioquia y otras universidades y centros de Investigación en Medellín; la Universidad del Valle y la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad del Atlántico y del Norte; la Universidad Industrial de Santander, el Instituto Colombiano del Petróleo y la Universidad de Bucaramanga; la Universidad Nacional, la Universidad del Rosario, la Universidad de los Andes, la Universidad Javeriana, la Distrital y otro decena de universidades y centros de investigación en Bogotá.

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Las relaciones de poder entre estos escenarios regionales fueron resueltas, entre otras razones, según el número de Másteres y Doctorados que existían en sus universidades y centros de investigación. En el presente se escuchan muchas voces que manifiestan la necesidad de contar con mejores análisis sobre los fenómenos urbanos y rurales que nos ocurren y ello sólo lo pueden hacer mentes entrenadas en el estudio detenido y cuidadoso de estos asuntos. La Orinoquia dejó de ser un espacio geográfico vacío. En su interior se han conformado espacios económicos de significado creciente en el contexto local y nacional. Antes que acciones apresuradas, que ya empezamos a ver cuando viajamos por sus carreteras y sobre su geografía, se requieren estudios de diversa índole pero, especialmente, de carácter social. Las respuestas a los múltiples problemas sociales, económicos, culturales, ambientales que se viven en los 30 centros urbanos que se han configurado y en sus veredas y zonas de producción agrícola o petrolera, no pueden buscarse en las “charlas de cafetería” que se hacen de manera informal alrededor de los centros administrativos locales. En los últimos 20 años se produjo la llegada de varios centros universitarios que han realizado la tarea general de elevar el nivel de alfabetismo de los bachilleres de la región, pero esto ya no es suficiente. Hoy tenemos tres instituciones públicas, una de carácter cooperativo y varias universidades privadas en los siete departamentos, con más de 500 profesores y 10 mil estudiantes. Las universidades locales ya cuentan con un número de profesionales que deben dar paso al fortalecimiento de las ciencias sociales en sus res-

pectivas facultades. Aplazar esta decisión es impedir que se esclarezcan los caminos a seguir en los próximos años. Los recursos asignados por las mismas instituciones no son suficientes para adelantar este proceso de formación al número mínimo para consolidar la llamada “masa crítica”, la cual es un número de investigadores debidamente formados y entrenados en procesos de investigación, con criterios rigurosos. El crecimiento económico orinoquense (pasamos del 1% al 4% del PIB nacional en 20 años), aunque no significa un salto importante para el conjunto de la economía del país, si es capaz de sostener procesos necesarios como la formación amplia de profesionales especializados en las diversas ciencias sociales. Las mismas universidades, centros de investigación, empresas y el Estado Sub nacional o las entidades públicas como los organismos de control, requieren cada vez más, personal más calificado. Podemos decir que parte de nuestra crisis está en la falta de reflexiones profundas y certeras sobre nuestra historia y realidad presente. Al parecer, según los datos existentes, vamos teniendo la condición social, cultural y mental, suficientes para considerar que la mayoría de edad o el pensar independiente nos permitirá asumir decisiones que ofrezcan nuevas opciones de desarrollo a una región que se quedó rezagada de los procesos de integración económica y social, durante el siglo XX.

Wilson L adino Orjuela Sociólogo ESAP


Febrero - Marzo 2011

Y los bosques… ¿para qué?

2011 fue designado por la Organización de Naciones Unidas, ONU, como el Año Internacional de los Bosques. Este evento es un reconocimiento muy importante de la institución, que expresa el pensamiento y la opinión de la comunidad internacional a nivel mundial. Actualmente, la superficie de tierra firme en nuestro planeta es de 14800 millones de hectáreas (ha.). Hace unos 8000 años, se contaba con una superficie de 6000 millones de ha de bosques. En el 2001 nos restaba algo más de 3500 millones de ha, siendo que desaparecen entre 14 y 15 millones de hectáreas de bosques cada año (FAO, 1997; 2001). Los Bosques han sido de sumo interés para todas las civilizaciones, por suministrarnos desde recursos de primera necesidad, como productos alimenticios y medicinales, hasta materia prima para la fabricación de artículos suntuarios como maderas exóticas para ebanistería, esencias para perfumes y artículos de cuidado personal, y especies de plantas como orquídeas y otras flores silvestres. Todos estos productos abastecen aún desde puestos en mercados populares hasta los catálogos de tiendas especializadas. Sin embargo, los Bosques son mucho más que aquellos bienes y servicios que vemos transformados en la comodidad de nuestros hogares. Los Bosques son áreas caracterizadas por una alta densidad de árboles, cubriendo grandes áreas de extensión, y funcionan como hábitat de diversas especies animales, microorganismos y hongos. Su función es la modulación de los ciclos hidrológicos y protección del suelo, constituyendo uno de los elementos más importantes de la biósfera de la Tierra. En la actualidad, su importancia se ha extendido al ser reconocidos como reguladores del ciclo del carbono y actuar como reservo-

rios de este elemento, siendo que su desaparición resulta en un aumento de niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, lo que ha afectado el cambio climático global de manera severa. Los antiguos habitantes de la Tierra desarrollaron un culto y respeto por todos los recursos que en ella encontramos. Muchos pueblos antiguos desparecieron por su incapacidad de establecer límites de extracción de sus recursos al desconsiderar eventos como contingencias climáticas. Los Mayas, a pesar de haber dominado por 1200 años el territorio correspondiente a América Central y de ser reconocidos como una comunidad que vivía en armonía con su medio ambiente, terminaron deforestando su entorno. En el apogeo de su civilización, como resultado de desarrollar actividades para satisfacer la demanda por alimento para su población y por la necesidad de carbón para la producción de cal y yeso para construir sus templos y monumentos, la destrucción del medio ambiente circundante coincidió con un periodo de sequía, lo que los condujo a tener problemas de reservas de agua, alimento y a su vez, crisis sociales, que resultaron en la disminución de la población de una manera drástica. En la actualidad, las comunidades ancestrales en uso de su experiencia milenaria y por la ahora limitada extensión de sus territorios, han desarrollado estrategias de extracción de recursos para subsistencia, mas no para comercialización masiva. Su conocimiento tradicional de las bondades de la naturaleza ha sido compartido con las culturas denominadas equivocadamente civilizadas. A pesar de que esta sabiduría es invaluable, mucha de ella ya ha resultado patentada por multinacionales. Este es un ejemplo de cómo el bienestar colectivo es monetizado para beneficio individual.

Quina, caucho, tabaco antes. Ahora biocombustibles, agua, aire: nuestra idea de El Dorado se transforma con el tiempo. Países del llamado primer mundo han sacrificado sus ecosistemas naturales, por el desarrollo. Los países en vías de desarrollo, poseen grandes extensiones de regiones naturales, cuyo tesoro está en sí mismos: poseer la riqueza ambiental, en dónde la naturaleza se desarrolla armónica y coherentemente. Este escenario es la atracción principal que buscan personas y visitantes, admirados por paisajes que les son ajenos. Sin embargo, en nuestros países, la visión corta y de lucro inmediato está poniendo en peligro el futuro de nuestros ecosistemas. Estamos cambiando las manadas de venados y chigüiros por extensas plantaciones de caña de azúcar. Estamos cambiando bosques de cedro que han crecido durante centurias por plantaciones de palma de aceite, ante el espejismo de un nuevo El Dorado. Nuestra participación en todos estos hechos es activa, una nueva enfermedad denominada consumismo es responsable por mantener este ciclo sin fin. Hábitos simples como mantener una llave de agua abierta innecesariamente, o comprar productos importados que han navegado miles de kilómetros desde el otro extremo del mundo son la demencia colectiva que mantiene un ciclo desarrollista y consumista, cuyo fin inexorable será la destrucción de los ecosistemas, los hábitats y por ende, las fuentes y los nichos de vida para la especie humana.

A driana Yepes Bióloga MSc en Ingeniería A mbiental Dr. Sc. en Botánica.

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