La lucha por el reconocimiento de nuestros derechos como personas, para no ser consideradas enfermas, pecadoras, transgresoras de leyes, transmisoras de VIH y otras contaminaciones que ponían en riesgo a nuestra sociedad heteronormativa, fue iniciada por compañeros y compañeras, cuyo nombre la historia oficial se ha esforzado en borrar, y que nosotres no hemos podido, o no hemos querido, identificar. Tene- mos una deuda con elles para la construcción de nuestra historia.