Boletín C+D n° 3

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FESTIVAL DE CINE AFRICANO DE TARIFA El cine, como ámbito de la cooperación, adquiere protagonismo en nuestro número de abril. El Festival Panafricano del Cine y Audiovisual (FESPACO) y el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián precedieron al próximo Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT), que tendrá lugar entre los días 27 de abril y 6 mayo. Mesas redondas, exposiciones o conciertos completan una extensa programación cuyo objetivo es ofrecer una visión más integral del continente africano. En esta IV edición, el Festival de Cine Africano de Tarifa incluirá una mesa redonda bajo el título ¿Una nueva “oportunidad” para África? Nuevos programas e iniciativas del FMI y del Banco Mundial. Este encuentro servirá de prólogo a la proyección de la última película del cineasta mauritano Abderramane Sissako, Bamako, en la que se interroga sobre el papel de estas dos instituciones financieras en su relación con África. Especialistas en el tema y representantes de reconocidos organismos internacionales, como Thandika Mkandawire –Director del Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social en Ginebra–, o Harry Broadman –Consejero económico para la región de África del Banco Mundial–, entre otros, abordarán el peso de la deuda sobre el continente africano y analizarán los programas más recientes de estas dos entidades que inician un acercamiento a África, así como una tendencia a incluirla en el debate de las agendas políticas de la comunidad internacional.

Nº 3 Abril 2007

EDITORIAL por el multilateralismo constituye, en un mundo L acadaapuesta vez más globalizado, un instrumento indispensable de

la acción exterior de los Estados. Los nuevos retos a los que se enfrenta la humanidad trascienden las fronteras, ya que el bienestar de las personas es transnacional, como ocurre en el caso del cambio climático, los conflictos bélicos o la persistencia de la pobreza. Todos ellos exigen una respuesta coordinada por parte de la comunidad internacional, que debe ser capaz de encontrar instrumentos comunes para obtener los objetivos que todos compartimos. La erradicación de la pobreza se ha convertido en uno de los campos en los que la comunidad internacional ha hecho mayores esfuerzos por aunar sus políticas, al entender que la permanencia de situaciones de extrema precariedad constituye una agresión a la dignidad humana. Por todo ello, la agenda internacional de la cooperación se erige como un vehículo de actuación insoslayable al que España se ha incorporado con fuerza en los últimos años. La cooperación española para el desarrollo asume la defensa de un multilateralismo activo, selectivo y estratégico como garantía para la eficacia y la responsabilidad de la ayuda. En efecto, la cultura ha sido tradicionalmente uno de los ámbitos que en mayor medida ha alcanzado a diluir las fronteras políticas, creciendo y alimentándose gracias a influencias recíprocas y a una voluntad de acercamiento a la diferencia.

Por ello, el multilateralismo encaja con especial facilidad con los objetivos de la cooperación cultural para el desarrollo, tanto desde una perspectiva teórica como desde el punto de vista de la acción. Entre la pluralidad de textos consensuados internacionalmente, debemos destacar por su novedad y su valor, la Convención para la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales de 2005, nacida en el marco de la UNESCO. Del mismo modo, nuestra cooperación cultural se incorpora a numerosas iniciativas multilaterales en las que España ha estado ausente en los últimos años. Dotados de fondos cada vez más importantes, los acuerdos firmados en el ámbito iberoamericano con la OEI o el Convenio Andrés Bello, o la labor a través de la UNESCO en el continente africano así lo reflejan. Recientemente, desde una perspectiva universal, el Fondo España-PNUD para la consecución de los Objetivos del Milenio incorpora la cultura y desarrollo como una de sus cinco prioridades temáticas. El multilateralismo permite actuar de forma eficaz, rigurosa e independiente, pero, fundamentalmente, es una manera de concebir las relaciones en el seno de la comunidad internacional, basado en el acuerdo y la solidaridad entre sus miembros. Por estas razones, la Cooperación Española y, en especial, la Cooperación Cultural, no podía sino adoptar este marco con satisfacción y entusiasmo.


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