LA GITANA...
HISTORIAS DE LA CALLE... LA GITANA..
UN DOLOR IMPRESO. LA PROMESA.
Tiempo hace que veo una gitana,
deambulando por la ciudad, y para ganarse la vida, y mantener a su familia. Vende:
Cupones. Lotería.
Y boletos de la PRIMITIVA rellenos.
Y un día en el MERCADO
CENTRAL, me paré a tomar un
café y coincidimos, codo con codo, asiento con asiento.
Y a pesar de verla siempre vestida
de negro enteramente, y la cabeza también cubierta, no me hacía la
cuenta de una mujer joven vestida de luto riguroso.
Y como soy dado a la conversación pronta, intentando sacar alguna
historia, si la hubiera.
Le miro, me mira, y le pregunto, ¿que por que lleva ese habito ? Con el que siempre la veo enfundada.
Y me mira nuevamente, y de forma educada me contesta..
ya yo me temía una mala respuesta. Se entristece su cara, y sus ojos se humedecen..
Y al momento me arrepiento de haber destapado un sufrimiento. Del bolsillo del delantal saca un
pañuelo negro, y se seca la gota que resbala por su cara.
UN SILENCIO...UNA MIRADA PERDIDA.
Pues mire..me dice...separando las palabras.
No soy dada , a darle cuentas a nadie de mis penas, pero hace
tanto tiempo que no lo cuento, que quizás me haga bien.
Alguna vez lo cuento, y siento
alivio en mi corazón roto... lleno
de dolor... tan largo tiempo ...y como si fuera ayer.
Un profundo suspiro...
Puse toda mi atención, sin
perder detalle y esto fue lo que me dijo:
HACE ALGUNOS AÑOS, PERDÍ EN UN ACCIDENTE, A MI
ESPOSO, Y MIS DOS HIJOS
PEQUEÑOS, QUE ME DEJARON
COMO PUEDE SUPONER, SUMIDA EN UN INMENSO DOLOR , Y UN NEGRO LLANTO.
Y desde ese momento ante su tumba hice promesa, solemne de mantener vivo su recuerdo, como sabe usted,
en nuestro pueblo, es normal el luto eterno.
Y enseñar al mundo, mi pena mi desconsuelo.
Cubrí mi cuerpo joven con estas prendas, y escondí de la vista, las formas que a mi esposo di en el matrimonio.
Cubriéndolos con habito negro, lo mas negro que en la tela hubiera, que con
los visos, con sus reflejos en azules se convirtieran sus destellos.
Y este habito arrastrare siempre hasta la muerte, como ala de cuervo.
Todavía tengo dos hijas, que les he hecho prometer, jurando sobre los
restos de su padre, y sus hermanos. Que no obliguen a quitarme este
habito que llevo, y cuando la muerte me reclame...
Me envuelvan en el como sudario, con
una foto de mi esposo y los pequeños.
Dicho esto. Toma el café que ya estaba
frío.. y como si despertara de un sueño me mira, y se pone en pie y me dice: ¿Quiere un cupón.?. ¿una lotería?
Tire del monedero, y le compre, un cupón y una PRIMITIVA.
A cambio de la historia, que bien lo valía.
Pague también la consumición.
Y le dije unas palabras de consuelo.
Aunque en realidad no le hacían falta estaba serena.
Y dando la vuelta se ajusto el
pañuelo en la cabeza, escondiendo los rizos de su negro pelo.
Y camino hacía el pasillo donde
las gentes hacían las compras en los puestos, a pesar de que ella decía que el habito era para
esconder las formas, las mismas se marcaban poderosamente.
Sin poder esconderlas totalmente. Y siguió con su tarea de vender cupones, sin ponerme mas
atención en mi persona, como si allí nunca estuviera.
Ella se perdió en la distancia.
Yo me marche en dirección contraria. Y alguna vez más la veo. Siempre diciendo:
¿Quiere un cupón.?
¿Quiere una lotería...? ¿Una primitiva?
Arnoldo Rodriguez Cabrera.- Derechos Reservados.-