El Semanario Arquidiocesano 390

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Del 1 al 7 de octubre de 2012 / No. 390 Año 09 / ISSN: 2027-9205

¿Para qué un “Año de la Fe”?

Desde el próximo 11 de octubre hasta el 24 de noviembre de 2013 viviremos el “Año de la fe”, para el cual ha convocado el Santo Padre Benedicto XVI a toda la Iglesia Católica. La justificación para este año podemos encontrarla en la constatación insistente que hace el Papa: la Iglesia sufre una crisis de fe. Por tanto, la fe tiene que ser nuevamente pensada y, sobre todo, vivida, para que se convierta en algo que nos pertenece y nos sostiene en el camino de la existencia. Este año se orienta, por consiguiente, a purificar, fortalecer y difundir nuestra fe. Debemos llegar a ser capaces de vivir de modo nuevo nuestra relación con Dios y de testimoniar juntos la presencia del Dios vivo, para dar al mundo el sentido y la esperanza que necesita. La urgente renovación de la Iglesia, a la que desde el comienzo de su pontificado está llamando también Benedicto XVI, debe partir de una seria experiencia de fe. El Papa lo ha dicho, si la fe no adquiere nueva vitalidad, con una convicción profunda y una fuerza real gracias al encuentro personal con Jesucristo, todas las demás reformas son ineficaces. Este inaplazable encuentro personal y comunitario con Cristo, que haga nuevas nuestra vida y nuestra Iglesia, exige exponer la fe en toda su pureza e integridad, celebrar la Liturgia con dignidad y con provecho, lograr la armonía gozosa que debe haber entre fe y razón, entre fe y vida. Por eso, el Año de la fe ha quedado encuadrado dentro de una invitación a comprometernos en los caminos de la nueva evangelización.

Datos Curiosos

Directorio Arquidiocesano

Aniversario

Banco de Alimentos

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Encuentro de

Maestros Arquidiocesanos

Gómez

Dado que el Año de la fe se ha convocado con motivo del quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y en la celebración de los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, el Papa nos ha señalado, como una tarea transversal y concreta para todo lo que se haga en este año, el estudio atento, la correcta interpretación y la aplicación eclesial de estos dos textos fundamentales. Es necesario que nos apliquemos seriamente a esta tarea, pues tanto los documentos del Concilio como el Catecismo, que son de una excepcional importancia para vivir nuestra fe, para renovar nuestra Iglesia y para salir a evangelizar la nueva sociedad que está emergiendo, son prácticamente desconocidos por la gran mayoría o, cuando más, han sido objeto sólo de una lectura superficial. Desde el primer párrafo de la Carta con la que el Santo Padre nos convoca para este año indica que la puerta de la fe está siempre abierta y que atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Luego, nos da unos elementos esenciales de la fe como vida en comunión con Dios, como respuesta del corazón que se deja plasmar por la gracia, como itinerario que va desde el bautismo hasta la entrada en la vida eterna, como incorporación al misterio de amor que es la Trinidad. Es muy importante subrayar que la fe es una vida durante la cual establecemos una relación personal con Dios y logramos un crecimiento que nos lleva hasta la vida eterna. Entremos, pues, personal y comunitariamente, con responsabilidad y con alegría, en este Año de la fe.

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