El Semanario Arquidiocesano 395

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Del 6 al 12 de noviembre de 2012 / No. 395 Año 09 / ISSN: 2027-9205

El Año de la Fe: “Los Creyentes Se Fortalecen Creyendo” Para continuar la profundización de las líneas o claves que el Santo Padre Benedicto XVI ha entregado a la Iglesia para la celebración del Año de la Fe, conviene que nos detengamos ahora en la invitación a dar testimonio de la fe que profesamos: “Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza” (PF, 9). En efecto, el Papa ha señalado que uno de los propósitos centrales de este tiempo de gracia es que todos los cristianos nos sintamos impulsados a comunicar nuestra fe. Inclusive, en las catequesis posteriores al mismo respecto, ha enfatizado que, justamente, nuestro tiempo necesita cristianos que hayan sido aferrados por Cristo…, que sean un libro abierto que narra la experiencia de vida en el Espíritu, la experiencia de ese Dios que nos sostiene en el camino y nos abre a la vida que jamás tendrá fin (cf. Catequesis en la Audiencia General del 24 de octubre de 2012). Para que sea así, el Santo Padre nos propone, casi a modo de lema, una frase de San Agustín que recoge la invitación al testimonio: “los creyentes se fortalecen creyendo”. Con ella nos quiere decir, ante todo, que comunicar la fe no puede nacer de otra fuente ni fundamentarse en otra base que la del “descubrimiento cotidiano del amor de Dios”. En la misma línea, para que el testimonio sea fecundo no podemos considerar la fe como un don estático, pasivo o inerte. Se trata de una realidad que compromete la persona entera y todas las dimensiones de la existencia, desde el bautismo hasta el encuentro definitivo con el Señor. Por ello insiste el Papa: “la fe sólo crece y se fortalece creyendo; no hay otra posibilidad para poseer la certeza sobre la

propia vida que abandonarse, en un in crescendo continuo, en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios” (PF, 7) El verdadero testimonio de la fe siempre será algo más que la transmisión fría de una idea o de unos contenidos. Se trata más bien de la manifestación natural y gozosa –con renovada convicción dice el Santo Padre- de haber descubierto el amor de Dios y de querer seguirlo. Por esto mismo los auténticos testigos de la fe atraen, llaman la atención poderosamente, invitan con su sola presencia, “provocan”, esto es, su vida se convierte en una invitación fascinante para que otros conozcan a Jesús y lo sigan. Finalmente, “los creyentes se fortalecen creyendo” porque la Iglesia misma es como una cadena ininterrumpida de testimonios de fe, que se va entrelazando y propagando con el concurso de todos. Así lo expresa San Pablo a la comunidad de Tesalónica: “Damos gracias a Dios por ustedes, hermanos, porque su fe está progresando mucho y se acrecienta la mutua caridad de todos y cada uno”. Por esto mismo, uno de los medios para aprovechar el Año de la Fe es el acercamiento a la vida y a la experiencia de quienes reconocemos como modelos o testigos de la fe. No nos cansemos, pues, de invitar a nuestras comunidades a mantener viva la confesión de nuestra fe, pero recordemos que nosotros mismos hemos de ser los primeros en ofrecer el testimonio “franco y valeroso” (PF, 10) de nuestra adhesión al Señor.

+ Elkin Fernando Álvarez Botero

Obispo Auxiliar de Medellín

Publicaciones

Día Clásico del Seminario Conciliar

Pág. 3

Paso a paso Año de la Fe

Pág. 8

Pág. 5


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