Del 25 de febrero al 3 de marzo / No. 407 Año 10 / ISSN: 2027-9205
UNA DECISIÓN QUE NO TODOS QUIEREN ENTENDER
El pasado 11 de febrero, el Papa Benedicto XVI renunció a su ministerio como Obispo de Roma y Pastor universal de la Iglesia. Desde entonces se desató un vendaval mediático con las más disímiles posiciones. Aun instituciones y personas que no tienen nada que ver con la Iglesia se han sentido autorizadas para lanzar toda clase de tesis sobre esta decisión consciente y libre del Papa y para hacer todo tipo de juicios sobre el Pontífice y su servicio a la Iglesia. Esto, evidentemente, ha creado confusión y aun angustia en muchas personas. Me propongo, acogiendo la petición que varios me han hecho, abordar de nuevo este tema, respondiendo algunas preguntas concretas. - ¿La renuncia del Papa es una novedad? Ciertamente. Hacía varios siglos que no se daba la dimisión de un Papa y, a diferencia de lo que pudo suceder en otras ocasiones, ahora el Papa lo hace sin la coacción de personas. Es también una novedad porque puede generar nuevas formas de ver y de actuar en la Iglesia. - ¿Cuál es la verdadera causa de la renuncia del Santo Padre? Es el agotamiento de sus fuerzas físicas. Han querido inventar las más extrañas motivaciones para la renuncia, como si no fuera explicable que lo hace por la fatiga de la edad y por el desgaste de una larga y ardua vida de trabajo. Es preciso respetar y valorar una decisión que el Papa ha hecho en conciencia delante de Dios y que ha presentado a la Iglesia con toda naturalidad. - ¿Renunció el Papa por divisiones en la Iglesia? La duda en este sentido surgió de una mala interpretación de las palabras de Benedicto XVI cuando, hablando de la necesidad de responder a la conversión que nos pide la Cuaresma, pidió no caer en “atentados contra la unidad” y en las “divisiones en el cuerpo eclesial". Si ésta fuera la causa, no hubiera podido asumir el pontificado porque estos pecados tristemente han existido siempre.
prueba es que la posibilidad de la renuncia del Papa y el modo de proceder después de ella están claramente previstos y regulados en el Código de Derecho Canónico.
- ¿El Papa ha renunciado a su vocación? El Papa no ha renunciado a la fe, ni al sacerdocio, ni al servicio de la Iglesia. Ha renunciado a un ministerio para el que no siente ya la fortaleza física necesaria. El Papa, que es el Obispo de Roma, ha renunciado, un poco, como lo hacen todos los obispos del mundo al llegar a cierta edad. Lo que un Papa anciano y enfermo puede hacer, él lo seguirá haciendo desde un monasterio en el que estará en oración y, como ha dicho, “escondido para el mundo”. - ¡Quién ha obrado bien Juan Pablo II que no renunció a pesar de su enfermedad o Benedicto XVI que ha renunciado? Ambos. No tiene sentido contraponer la actitud de los dos Papas. Son dos personas distintas en circunstancias diversas. Cada uno ha obrado a conciencia. Tan meritorio es sufrir en público dando un testimonio de fe, como retirarse porque se ve que el bien de la Iglesia requiere el gobierno de una persona más fuerte. Es bueno recordar que muchos que criticaban a Juan Pablo II porque no renunciaba, critican ahora a Benedicto XVI porque renuncia. Hoy quien hable mal de una “minoría” o de un “colectivo” es juzgado por los medios de comunicación y por los tribunales. Pero del Papa y de la Iglesia cualquiera se cree con derecho a decir lo que quiera. No nos desconcertemos por afirmaciones fantasiosas de la prensa amarillista o por críticas desconsideradas y ofensivas a la Iglesia. Esto significa que estamos sobre el candelero y que tenemos la responsabilidad de alumbrar por la santidad de nuestra vida. De otra parte, esto ha sucedido así desde el principio. Ante el Crucificado unos se burlaban y otros reconocían que era el Hijo de Dios. Y, con ese “escándalo de la Cruz”, Dios ha salvado al mundo.
- ¿La renuncia del Papa cambia la naturaleza de la Iglesia o la naturaleza del Papado? De ninguna manera. Tampoco crea confusiones o vacíos en el gobierno de la Iglesia. La mejor
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