Del 4 al 10 de agosto 2014 / No. 476 “FALSOS SACERDOTES”
Ha venido creciendo, aunque con frecuencia pasa desapercibido, el fenómeno que la gente denomina bajo el nombre genérico y no siempre preciso de “falsos sacerdotes”. Se trata, en síntesis, de personas que se dedican a ofrecer servicios sociales y religiosos en nombre de la Iglesia Católica, sin tener la debida autorización o aun sin una auténtica vinculación con ella, con el fin de obtener beneficios económicos. Este hecho puede ser considerado como una usurpación de identidad de personas y de funciones y, cuando se comprueban el engaño y la extorsión, se debe denunciar penalmente.
En este grupo la gente incluye seminaristas que no han sido admitidos a las órdenes sagradas o laicos que han estado muy cercanos a las parroquias y luego quieren aprovechar los conocimientos y prácticas de que disponen para hacer dinero. También se incluyen sacerdotes de Iglesias cismáticas que se dicen católicas pero que no están en comunión con el Papa y con el Obispo diocesano. Igualmente, sacerdotes católicos que por diversos motivos carecen de las licencias para ejercer el ministerio y proceden de modo irregular y engañoso. Ordinariamente, como todos los estafadores, se presentan como personas simpáticas y convincentes, tienen la suficiente habilidad para aprovecharse de la buena fe de la gente y llegan en un momento en que hay una determinada necesidad. Ofrecen sus “servicios” con todas las facilidades, mediante tarjetas de presentación que ellos mismos distribuyen en gran cantidad. Aparecen cuando en las parroquias se niega algún servicio, cuando hay una situación difícil en las familias, o cuando la gente quiere la celebración de los sacramentos sin seguir las normas establecidas por la Iglesia como, por ejemplo, matrimonios en capillas privadas, clubes y salones de fiesta. Igualmente, acostumbran visitar algunas casas o empresas donde solicitan ayudas económicas para obras sociales, muchas veces inexistentes. Algunos tienen consultorios o
Mar Adentro Esuelas Vocacionales Pág.7
capillas personales. En ciertos casos, llegan también a ofrecer sus servicios a los propios sacerdotes católicos y no han faltado ocasiones en que los han engañado. Estas personas celebran con fidelidad a las prescripciones litúrgicas de la Iglesia Católica y hasta mencionan al Papa y al Obispo del lugar para no despertar sospechas. Se acomodan a todas las necesidades y condiciones de los “clientes”, lo cual resulta muy atractivo para algunos “fieles”. Estas personas inescrupulosas que estafan con lo sagrado han encontrado una mina en las personas que desean casarse por segunda vez o hacer su matrimonio en un lugar extraño, también en los que sufren la pérdida de un ser querido y desean tener una celebración en su casa y en aquellos que quieren evadir algún requisito para la celebración de los sacramentos. Esto está generando, además del engaño y el robo, la multiplicación de sacramentos inválidos, el descrédito de la Iglesia Católica y la confusión en materia de disciplina eclesiástica. Esta situación nos exige a nosotros, ante todo, promover una permanente catequesis a fin de formar bien a los católicos. Es preciso acrecentar en ellos el sentido de comunión y de pertenencia a la Iglesia. Hay que enseñarles a tener una verdadera vinculación con la propia parroquia y poner en marcha todos los medios para acogerlos y atenderlos bien. Conviene indicarles cómo se piden los documentos oficiales a quienes ofrecen servicios a nombre de la Iglesia Católica y hacerles saber que los sacerdotes católicos no tienen autorización para celebrar los sacramentos fuera de las parroquias o para recibir donativos por la celebración de la Eucaristía en casas particulares. En síntesis, este fenómeno se tiene que volver una ocasión para fomentar una sólida evangelización de los fieles, para renovar profundamente las parroquias y sus servicios, para impulsar un espíritu de comunión y de amor por la Iglesia.
Día Clásico del Catequista
Dona Nobis Pág.2
Pág.8