Pequeña memoria en la Red - 2 ARTE POPULAR DE VENEZUELA
- ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ – “El hombre del anillo” - JOSEFA SULBARÁN - JOSÉ “PEPE” GARCÍA - SANTIAGO MANASÉS RODRÍGUEZ
La presente publicación digital no pretende ser un estudio profundo y exhaustivo de la vida y obra de estos cuatro creadores populares de Venezuela. Es en esencia la recopilación de algunos textos dispersos, ya publicados en la internet, de diferentes autores y que se encuentran también reunidos en el Blog de Arte Popular y Artesanía de Venezuela : www.artesanosdevenezuela.blogspot.com Tanto en esta publicación digital como en el Blog se señalan las fuentes, los autores de los textos y, en lo posible, de las imágenes que los acompañan. Vaya a esos autores diversos la mayor gratitud por hacer presente a estos creadores venezolanos en el universo digital y de ese modo difundir el conocimiento sobre sus vidas y sus obras a nivel global. Hoy más que nunca, mediante la utilización de las nuevas tecnologías de la información, se abren múltiples medios y maneras para la divulgación sin fronteras del conocimiento, el arte y la cultura. Sirva esta publicación para mantener viva una “Pequeña memoria en la Red” sobre nuestros artistas populares. L.A.
ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ – “El hombre del anillo”
A. J. Fernández, "El hombre del anillo": la magnífica y atroz bizarría del imaginario trujillano Josefa Zambrano Espinosa Para Carlos Yusti y Rafael Rattia, por el dominio del arte de "tender un extraño puente entre el mundo de las imágenes y el de los conceptos". "Ah, qué difícil es separarnos de aquello que hemos hecho, sea cosa o sueño, incluso cuando lo hemos destruido con nuestras propias manos". José Saramago, La Caverna
Entre polvo y herrumbre la calle busca el infinito en medio de las arboledas, el calor y la luz del sol de los araguatos. La casa de paredes desconchadas, puerta de aldaba grande y tranca de algarrobo, pinta de sepia mi memoria. Un "Ritorna vincitor" —a todo volumen— castigado por una aguja sucia que se arrastra sobre el acetato, impide al único habitante de la casa escuchar mi llamado; cuando por fin lo hace, tengo ante mí a "El Hombre del Anillo". Desnudo de la cintura para arriba, cara de rasgos faunescos y con el enorme anillo de piedra en el anular de la mano derecha, Antonio José Fernández (1), "El Hombre del Anillo", me preguntó con recelo: —¿Quién es y qué es lo que desea?
—Buenas tardes, señor Fernández. Soy Josefa Zambrano, he visto su obra y quise venir a conocerlo—, le respondí sin demostrar el temor que me inspiraba. Respuesta que a lo mejor le gustó porque, mientras limpiaba una silla para ofrecerme asiento, comenzó a contarme: "No me gustan los intrusos ni los averiguadores, ¿sabe? En días pasados vino una periodista de Caracas y tuvo la falta de respeto de preguntarme en qué gastaba los cobres. No le respondí sino que agarré aquel machete, lo rastrillé en el suelo y le dije que no teníamos más nada de qué hablar. Se fue enseguida. Igualmente, todos aquí me tiran piedras en el techo porque me gusta escuchar la opera, Verdi. Usted lo conoce, ¿no? ¡Ah!, pero yo sí tengo que escuchar a juro sus radios y vulgaridades". Los cuadros terminados están sobre la mesa, mientras los recién pintados se secan alineados en el piso. En el patio enormes formas de cemento esperan por las palabras, las manos y la pintura del demiurgo para transformarse en policromos seres. Bajo un árbol de mamón los gatos reposan, se lamen, juegan, mueven sus colas y lanzan zarpazos; además, son tantos como las gallinas que se ven al fondo tras la malla de alambre. Mis ojos recorren con avidez todo lo que me va mostrando: "Esas dos esculturas tamaño natural me las encargó doña Anita (2), la dueña de la "Sala Ocre" de Caracas, y a estos cuadros los mandará a buscar doña Sofía (3), la del museo. "¿Usted las conoce? No me gustan las culebras, por eso tengo los gaticos y las gallinas. Ese que ve allá es muy bonito, pero nació sin cola". Trato de seguirlo, mas sin querer mis ojos se detienen sobre las hojas y cartulinas escritas que tapizan las paredes de la sala. —Perdone, señor Fernández. ¿Podría leer algunos de los escritos pegados en la pared? Fue esta pregunta la que en una tarde de 1977 me permitió descubrir los poemas, reflexiones, cuentos y fábulas originales de Antonio José Fernández. Constatar que él, como ya lo había dicho Juan Calzadilla, "es un caso excepcional no sólo por ser el primer escultor ingenuo, sino
también por el dominio con que sabe expresarse en diferentes medios: la madera, el cemento, los colores, la piedra"; materiales a los cuales, a partir de ese momento, podían añadirse el lápiz y el papel. "En efecto —escribe el crítico Francisco Da Antonio en el prólogo A. J. Fernández,El Hombre del Anillo. Poesía, Reflexiones, Cuentos (4)—, cubriendo los muros de su casa en Carvajal, allá en Valera, ‘los papeles’ de Fernández permanecieron semiolvidados en la penumbra de las viejas paredes, sin que ninguna mano se atreviera a develar el secreto de aquellos signos milagrosamente preservados a lo largo del tiempo que media entre 1970 y nuestros días. Serían la devoción y la persistencia de Josefa Zambrano Espinosa, joven abogada trujillana, quien no sólo se dedicó a transcribir amorosamente el testimonio del pensamiento escrito del artista, sino quien con idéntica pasión, diseñó y puso en marcha el proyecto que ahora culmina con la edición de este trabajo". "No hubiese sido completo —continúa Da Antonio—, empero, si en mérito de tan importante hallazgo, hubiésemos pasado por alto la significación plástica de Fernández en el ámbito de la expresión ingenua de nuestro país y, en particular, las secuencias que enmarcan su incorporación definitiva a esa historia en cuyo punto de arranque situamos la entrevista que realizara en 1965, entre el bullicio del mercado valerano, el Dr. Carlos Contramaestre a quien debemos no sólo la presencia actuante del Hombre del Anillo, sino también la promoción y consolidación de su firma". Efectivamente, en 1964 Carlos Contramaestre, su descubridor, lo encuentra en aquel puesto de vendedor de frutas y verduras, y, en medio del alboroto del mercado de Valera y la atención que le dispensaba a los clientes, realiza la famosa entrevista a que se refiere Da Antonio, la cual infelizmente no pudo ser reproducida en elvernissage de su primera exposición en la galería "El Techo de la Ballena" de Caracas, el 14 de noviembre de 1965. En ella Fernández, aunque manifiesta no recordar en ese momento ninguna de sus obras en prosa, reafirma su inclinación por la poesía: "No soy lo que llaman un declamador. Sí, he escrito
unos versos que llevan por título ‘El pensamiento humano’, o sea, el pensamiento que me viene a la memoria, muchas veces en la noche y en el día. No tengo hora para la inspiración". Y a la pregunta de Contramaestre: "¿Tienes impedimento en recitarme uno de tus versos, aunque sean tres cositas para el público que hoy llena esta galería, este gran mercado que podría ser "El Techo de la Ballena?". Respondió: "Voy a recitar unos cortos versos que doy por título (no sé si estoy equivocado) ‘Llanto y lamento’: Los llantos y lamentos no despiertan a los muertos/ de su eterno y profundo sueño, / porque todo en este mundo/ no es más que la fantasía y el engaño/ en que vivimos los seres humanos". Mucho antes, el 25 de julio de 1958, el diario "El Nacional" de Caracas, publicó: "Un escultor ingenuo, autodidacta e intuitivo descubren en Valera. Es vendedor ambulante, aplica inyecciones, escribe poesías y ahora se le ocurrió modelar estatuas en cemento". En esa crónica se decía que, según Antonio José Fernández, sus esculturas y poemas eran "obras del capricho" porque se había inspirado "en una ocurrencia que vino a su mente una tarde crepuscular". Ha pasado mucho tiempo desde que se editó parte del "importante hallazgo" de que habla Da Antonio. Sin embargo, aún en 1998 Juan Calzadilla en su ensayoBiografía en breve de un artista verdadero (5), hace referencia a los "extensos poemas que mantiene inéditos" en su casa de Carvajal, estado Trujillo, este artista galardonado en 1997 con el Premio Nacional de Arte Popular "Aquiles Nazoa", y cuya obra, además de haber sido expuesta en las más importantes galerías y museos de Caracas, ha sido objeto de puja en la "Sala Mendoza" —la pionera de las subastas venezolanas— y de gancho en la de la galería de arte "Odalys". Pero mayor cantidad de años ha transcurrido desde el aciago día en que estuvo a punto de ser entregado a la policía por haber realizado su primera escultura: "Mi primera escultura —cuenta El Hombre del Anillo— fue un muñeco de barro que hice a los quince años. El muñeco tenía una cara larguirucha como la mía. Un señor que era hacendado en Juan Díaz, llamado don Salomón, me quiso llevar a la policía porque, según la gente, había quedado
muy parecido a él. Quizá no lo hizo por consideración a mi padre que trabajaba en su hacienda como albañil". Del infausto momento cuando, acorralado y enloquecido por las rechiflas de sus vecinos vendedores del mercado valerano, destruyó a martillazos toda su obra plástica para no continuar viéndola convertida en el hazmerreír de sus paisanos. Del humillante rechazo que recibió de los profesores del liceo de Valera, quienes, por ignorancia y falta de sensibilidad, no sólo se negaron a aceptar la bondadosa donación de una de sus esculturas sino que se burlaron de él y su obra, diciéndole: "¿Cómo se le ocurrió hacer una cosa así tan fea? Usted, está loco si cree que vamos a exponer en el liceo ese adefesio". Palabras y risas que le obligaron a tomar las decisiones de destruir nuevamente su obra, de no volver a esculpir y de retomar su puesto de vendedor de frutas y verduras en el mercado. Afortunadamente para el arte, Fernández contó con el apoyo y el estímulo que siempre le brindó Salvador Valero, el otro gran pintor trujillano. Valero, el "Último Imaginero" según Contramaestre, le aconsejó que nunca debía hacerle caso a los que despreciaban su obra; por el contrario, debía dejar "que la bestia ruja" y, desde luego, esperar por su descubridor. De ahí que le escribiera (6): " (...) Paso a decirle que me mueve hacerle esta carta con el fin de recordarle lo que hace tiempo le dije sobre sus trabajos de pintura y escultura que ud. en mala hora ha destruido y aun intenta destruir guiado unicamente por el desaliento que ha cundido en su animo por causa del desprecio que unos pocos espiritus ciegos han hecho de sus obras (...) Le aseguro que esos con todo su barbarismo no pueden penetrar en lo hondo de nuestros espíritus para arrancar lo poco que ellos contengan de eso que para nosotros es algo de divino encantamiento que sale a la luz física como un mensaje de formas y colores venido del más allá y de lo sutil". "De modo que mi apreciado amigo Fernández la digo a ud. y le repito esta misma sugerencia aprovechando la agradable noticia
que he tenido o que me ha llegado de que nuestro buen amigo el doctor Contramaestre en buena hora lo ha descubierto a ud. al tener esta tan grata noticia he supuesto que su animo en su apocamiento y desastroso decaimiento en que lo dejo postrado el desprecio que hizo de sus obras un minúsculo numero de espiritu velado hoy debe estar reaccionando. alentado y fortalecido ante la presencia de ese arqueologo espiritual para su bien a desenterrado sus obras". "En tiempos pasados le aconsejé yo para que no se dejara guiar por el desanimo y desaliento que el dia llegaria en que sus obras serian apreciadas por personas poseidas de sensibles y claros espíritus, de modo que mi amigo Fernández hoy que piso ud ese primer escalón procure subir otro y otro. suba con sus piedras. con sus tablas. con sus cartones y con sus lienzos y desde lo alto no volverá a ver a quienes lo despreciaron en su obra".
Ascenso que, como un reto, comenzó a partir de 1968, según lo testimonia Contramaestre: "Inmediatamente de su exposición caraqueña aparecieron tres letras rojas en su casa: AJF. Iniciales que significaban un reto abierto a la mediocridad, una toma de conciencia en un medio hostil, la viva respiración de un hombre que estaba medio muerto. Ahora A. J. F. era el Hombre del Anillo. No era más el verdulero. Con la venta de frutas en el mercado de Valera se había echado muchas cuentas encima, prefirió abandonar su antiguo oficio. Porque ya la escultura era su camino definitivo, no era una forma más de emplear los ratos de ocio, tampoco era una forma de provocar o incitar un diálogo inútil con el público local; como cuando ensayó llevando al mercado local un trabajo suyo ‘un trabajo fúnebre, un ángel’, para que lo vieran. Ahora se sentía valorado plenamente, poco importaban las burlas, los desaires. Sabía que una batalla había comenzado, le animaba un solo deseo: avanzar. Una nueva energía se había apoderado de él".
Energía creadora, infatigable, que le ha permitido develar los arcanos de la palabra, la madera, el cemento, el óleo industrial, la cabilla, al tiempo que continúa, como también dijo Contramaestre, "cultivando las virtudes curativas de la Flor de Paraíso, protegido por su descomunal talismán". Dos años después, en 1970, comienza a escribir esos "pensamientos que le vienen a la memoria" y a empapelar metódicamente con ellos las paredes de su casa. Puede hacerlo gracias al éxito de sus dos primeras exposiciones, las cuales le permitieron abandonar su puesto de vendedor en el mercado de Valera y dedicarse exclusivamente a la escultura y la pintura; por lo tanto, ya no tiene necesidad de usar "los papeles, aunque estuvieran escritos," para envolver las verduras que llevarían los clientes a las cocinas de sus hogares. Son estos mismos "papeles" los que transcribí —guardando la ortografía y sintaxis originales— y ordené, de acuerdo a su tema y forma de expresión literaria, en poemas, reflexiones, fábulas y cuentos, de los cuales seleccioné e incluyo aquí a título ilustrativo in extenso o en fragmentos.
POESÍA La poesía está presente en todos y cada uno de sus actos, pues en Fernández la soledad cotidiana compartida con sus gatos y gallinas se trasforma en la soledad generadora de una obra, tanto plástica como literaria, que no es otra cosa sino, como dice García Montero, "dos soledades juntas y una manera noble de contarnos la vida". Vida de la cual, con espontaneidad y belleza, trata de develar sus más entrañables misterios; de aprehender todo el vigor que le es posible, para así, imprimir al universo creado por él el soplo mágico, onírico, delirante de su hacer y decir.
Signada por un estilo absolutamente ajeno a las academias, la creación de Fernández es un pensar y un sentir que se imponen a las circunstancias y al medio, pues, "forzosamente autodidacta — como lo expresa Calzadilla— crea por impulso, y su gran memoria visual le permite suplir sus carencias técnicas con una gran dosis de encanto y fantasía". De ahí que su fuerza esté en su absoluta libertad de creación, en su visión interior colmada de imágenes y colores, en la posibilidad de expresar sus sentimientos y puntos de vista; pero sobre todo, en ese "no ponerse a salvo de sufrir la inacabable persecución" de que habla María Zambrano. Así, en un texto escrito el 5 de marzo de 1978 dice: "No temo a la Hoscuridád porque de ella vengo y para ella buelbo; y nuestras ydeás probienen de la Hoscuridád (...) Y el Motor de la vida está dentro de esa Hoscuridád por eso Llo no la desprecio porque seria temer de si mismo". ¿Acaso no se está en presencia de t o a p e i r o n de que habla Anaximandro? ¿Es que acaso no todo proviene y retorna al innombrable ilimitado, origen y fin de todas las cosas? Fondo tenebroso que todo lo contiene e iguala en lo más recóndito de su infinitud. Oscuridad que evoca a las sombras abisales del caos, de la nada, pero que, gracias a su aliento de hacedor, trasforma en luz e imagen, en verbo que nombra y crea, pues, en definitiva, el apeiron de Anaximandro no es otra cosa que lo "sagrado a revelar", como bien lo expresa, una vez más, María Zambrano. En otro texto de fecha desconocida, íntimamente relacionado y titulado "La Fuente Seca", escribe: "O de aquella fuente que un tiempo existió pero hoy de esa fuente sólo queda tristeza y nostalgias al verla con esos profundos y misteriosos pozos secos; como pareciendo más bien sepulturas, que al ser humano causa amarguras(...) y ya esa fuente no puede dar agua al viajero ardiente, ya no oimos su sonido; porque sólo olvidada ha quedado y asi la vemos seca misteriosa como una fosa de un camposanto y hoy nos dá espanto de ver sus profundos vacios".
Fernández logra asociar nuevamente a los contrarios: vida y muerte, alegría y tristeza, ardor y frescura, humedad y sequía. Para un hombre que "cultiva las propiedades curativas de la Flor de Paraíso" y que ha hecho suyos los poderes apotropaicos de una piedra de río transformada en anillo, no pueden ser extrañas las virtudes de la fuente que, junto al Díctamo Real, nace y se esconde en las montañas, esperando por aquellos que anhelan saciar en ella su humana y ardiente sed de juventud y sapiencia. Mas para nuestro infortunio, la fuente de la vida, al igual que la planta, ha perdido su mágico poder y se ha transformado en pozo Airón de donde nada fluye, salvo silencio, vacío y muerte. Igualmente, en un largo poema también de fecha desconocida y titulado "Noche De Tormento", Fernández se pregunta: ¿Es acaso esta noche tan tormentosa y angustiosa, como acaso es la fosa hoscura? Angustia existencial que recurrentemente le induce a asociar la oscuridad con la muerte, pues la Noche, como él lo ha intuido, es hija del Caos y madre del Cielo y la Tierra, y por lo tanto viene a ser la generadora y recipiente no solo de sus incertidumbres sino también de sus delirios y dolores: "¡Oh ruidos extraños, / no atormentes más mis vidas. / Oh, noche de tormento y lamento/ no me perturbes más aunque esté despierto,/ dejadme ya mi cuerpo quieto/ no me atormentes más mi herida/ dejad quieta ya mi vida,/ cesad ya tu cruel tempestad, / tened de mi piedad (...)" ; de sus ensoñaciones: "Ay, noche tempestuosa,/ no seáis tan odiosa/ no agites tanto las olas del mar,/ déjame mirar del jardín/ las bellas flores/ y contemplar de ellas sus colores. Dejad que las lindas mariposas/ -tan hermosas- / se acerquen a mi lado, / aunque yo solo sea un árbol talado (...)"; de sus temores: "Dejad que mis ojos sean de la tarde sus despojos, / ya no causes en mi tanta amargura/ no seas tan hoscura. / Quitad de mí tu manto/ lleno de espanto, / y tan hoscuro, /Pareces el muro fuerte del cataclismo/ que quiere convertir todo en lodo (...)"
y, desde luego, de las traiciones de que ha sido víctima: "y luego despertar y recordar con mi ilusión, /a aquella infiel/ que para mí fue la hiel por su traición". Este poema es fundamental para descifrar la atormentada temática de su obra plástica, vinculada reiteradamente con la figura de la mujer, los celajes y sombras, el fuego, las mariposas y el bullicio. La mujer, uno de sus temas favoritos, no siempre ha sido la imagen de alegre colorido que aparece en el retablo "Luz en el camino" (1980) o en las humildes campesinas vendedoras de flores, frutas y gallinas de sus esculturas de esa misma época, sino que por el contrario, "el tema de la mujer, como expresa Da Antonio, aparece como una constante, como el centro de gravedad de su creativa. En Fernández deviene frecuentemente en obsesión prohibida (...)". Otro tema estrechamente relacionado con el anterior es el de las mariposas. Aunque objeto de sus ensoñaciones, para él las mariposas son el símbolo de la veleidad; de la belleza y alegría fugaces que se consumen en la llama. Así, "en el desarrollo del ‘Tríptico de las Mariposas’ (1969) —expresa Da Antonio—, el proceso parece conducir de lo referencial en el ‘Jardín de las Mariposas’ y aún, si se quiere, en ‘Mariposas de un Recuerdo’, a las tensiones de lo expresivo en "Sombras de Tormenta". Este último panel podría insertarse en el ámbito de una obra que Fernández ni tan siquiera conoce, la pintura de Willem de Kooning".
REFLEXIONES Dentro de sus Reflexiones existe un texto titulado "Sombras del olvido", en el cual expone y analiza la condición indeseable en que se encuentran muchos ciudadanos tanto dentro de su comunidad como fuera de ella. Situación inaceptable por ser Venezuela un país con una altísima renta petrolera, pero agobiado por la ignorancia y la pobreza que, gracias a la incapacidad, negligencia y corrupción de los gobernantes, padecen sus pobladores. Fernández, el artista que ha soportado el desprecio y la incomprensión de la comunidad donde le ha tocado vivir y crear, es el mismo hombre que observa, analiza y con sensibilidad social, en fecha 15 de diciembre de 1975 escribe: "Deambulan por las calles de nuestra patria muchos seres humanos que andan a la voluntad del Señor, esperando que una mano generosa les dé un mendrugo de pan o una limosna para saciar su necesidad. Muchos de éstos seres están olvidados de sus familias, los cuales a veces son pudientes pero por pretensiones se olvidan de ellos, que nacieron con defectos físicos ó mentales.Otros es porque son gente de pocos recursos económicos y no pueden ver de ese ser que deambula por la calle solicitando una limosna.Otros porque no tienen trabajo, no consiguen dónde ganarse el sustento del día y por último, los que por ciertas circunstancias o por sinvergüenzas se tiran al abandono por decepciones recibidas y se entregan al vicio, y hoy en día ya están alcohólicos.Muchos seres que deambulan por las calles de nuestra patria, presentan malos espectáculos ante el público, sus carnes, sus úlceras, su miseria física y moral, así los vi yo en los alrededores del Mercado Municipal de la Roma Trujillana, ya. que dicen que Valera es la Ciudad de las 7 Colinas, así dicho Mercado parece más un Manicomio que un Mercado.Estos seres no tienen la culpa y como ellos hay miles que andan por las calles de nuestra Patria, esperando la ayuda asistencial, pero para que esto suceda habrá que ofrecerle una promesa a la Virgen de los Milagros, y eso que
nuestro país es uno de esos en los cuales se habla a cada rato a través de los medios de comunicación (por Radio, los periódicos), de los millones de millones para asistencia social, miles de millones para educación. Yo pregunto ¿qué se harán esos millones? pues muchas personas van al Hospital a buscar asistencia y no los atienden y sí es nuestros niños, muchos no estudian porque en las escuelas no hay cupo, porque sus padres están sin trabajo y no tienen para saciarles el hambre, mucho menos para comprar los útiles escolares. Pero en nuestro país se gastan miles de millones en hacer conferencias y en hacer agasajos y en paseos dizque a ir a estudiar las tecnificaciones de otros países, pero todo parece más bien que sirve para llenar las arcas de los Bancos Internacionales, por tanto mientras esto se hace, se debería mejor ayudar a la nueva juventud, los niños de hoy, los hombres del mañana, la nueva generación, creando bastantes centros de estudios, agricultura y ganadería, enseñándoles de acuerdo a lo que cada niño aprender. También los miles de alcohólicos y pordioseros debieran ser atendidos en centros asistenciales bien equipados porque para eso nuestro petroleo produce muchos millones de barriles y ahora, que cada venezolano tiene derecho a unos cuantos barriles de petróleo porque para eso fue nacionalizado, mayor razón tendré yo y ojalá que todo lo dicho se cumpla y hay que ir a ese te vez, ofrecerle una promesa a la Virgen de los Milagros". Texto palpitante —explicativo por sí mismo— que en su lúcida vigencia expone descarnadamente los infortunios de un pueblo cuyas esperanzas siempre fueron y son victimadas por la violencia de la demagogia oficial.
MORALEJAS En sus Moralejas se nota la influencia que ha sembrado en él la lectura de las Sagradas Escrituras, en especial la del Libro de los Proverbios: "Dejad que la tempestad venga y agite los árboles,/ porque así morirán los malos gorgojos./ No eches leña al fuego,/ no critiques la vida ajena, no combatas la injusticia con la injusticia, no combatas la violencia con la violencia. Usa siempre la fuerza intelectual y no uses es la fuerza bruta, porque es la fuerza de los cobardes". Fernández no se ha contentado con los consejos de Salvador Valero sino que también ha hecho suyas las sentencias de Salomón. Ya no es el hombre desesperado y humillado que destruye lo que él mismo ha creado; por el contrario, ahora sabe que la intemperancia no es la mejor arma para combatir la tempestuosa y "torpe crítica de los que nada saben de arte". Sabe que un demiurgo —y él lo es— es el fundamento del universo que crea, por eso primero pone orden en sí mismo y luego organiza el mundo circundante. Ha aprendido que "Después del bullicio viene el hastío/ y después de las alegrías/ Vendrán las tristezas/ Y el arrepentimiento", de ahí que deba "ajar su vanidad", situarse más allá de los contrarios y crear esa unidad que trasciende el tiempo: la obra de arte. FÁBULAS Así como los imagineros del siglo XIII se inspiraban en las fabliaux para esculpir los medallones y los relieves satíricos de
las sillerías del coro de las grandes catedrales europeas, sus fábulas recuerdan las antiguas fabliellas que forman parte de la tradición oral del campesinado trujillano. En las zonas rurales trujillanas donde el analfabetismo alcanza cifras alarmantes, la mayor parte de las consejas, leyendas, oraciones, ritos agrícolas, costumbres familiares y locales se hacen a través de la tradición oral. De ello se encargan los de mayor edad, con gracia para contar y memoria para recordar, y como cultura e instrucción no son términos idénticos, estos depositarios del saber oral, según dice Juan Goytisolo, pueden ser y a veces son más cultos que algunos de sus paisanos que han tenido acceso a la educación formal. Fernández elabora sus fábulas con lo que ha visto, leído u oído. Como es tradicional, sus personajes son animales, y basándose en hechos que han acontecido en su medio o que ha conocido a través de la radio, los periódicos u otras personas, desarrolla una historia de la cual se deduce una moraleja que sirve de enseñanza. Así Fernández, como Florián, narra con mucha gracia la historia del Gato y los Ratones: "Una vez dos ratones hambrientos encontraron un pedazo de queso, uno de los dos que era un poco "agalludo" y quería todo el queso le tocara para el solo. Así entre ambos se formó una acalorada discusión y estando liados en la misma, se apareció un gato, el cual también lleno de hambre se les abalanzó encima con sus garras y los devoró. Cuando el gato estaba terminando de Comerse los dos ratones, apareció un ratoncito muy chiquito, quién lleno de orgullo y alegre porque se encontró el queso que los otros habían dejado, piensa para sí: — Que felicidad es la "Papa limpia", nadie sabe para quién trabaja, ojalá sigan dejando queso. En fin los quesos no se acaban y el que diga que no deja quesos es un tonto.
Ahora el gato que ya había terminado de Comerse los dos ratones se dice también a si mismo: — He debido comerme el queso, pero no hay que ser tan avariento, además, si no hubiese dejado ese pedacito de queso, ese ratoncito no hubiese llegado y, esa es una presa que tengo para más tarde y hay que dejar algo para el mañana y así se colabora con todos los que le gusta dejar sus quesos. El ratoncito al oír esas palabras, dice: — Ey gato tonto. No me comiste. A lo que respondió el gato, estas palabras: — Ratón tonto, no te alegres mucho porque lo que no te pasó hoy te puede pasar mañana y no te alegres por lo que les pasa a los demás. No hay que echarle basura a la fuente seca, ni el que se encuentra en las alturas se debe burlar de los demás, porque a veces las tempestades llegan de un lado y a veces de otro". Es decir, que nunca se debe menospreciar, subestimar al otro... ¿ Y quién mejor para saberlo que El Hombre del Anillo? CUENTOS Como es bien conocido, Fernández durante el tiempo que prestó el servicio militar trabajó como enfermero y ayudante de obstetras, de ahí sus "Cuentos de Médicos" y la serie de obras que denominó "Los paritorios" acogida en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, y sobre la cual Juan Calzadilla expresa: "Pensaba en los colores brillantes, el amarillo y el rojo gritaban en la tabla el sufrimiento de las parturientas. Tanto como el pánico en el grito de Munch". Aunque estos cuentos gozan de mucha popularidad entre los habitantes de la zona montañosa trujillana, a tal punto que Oscar Sambrano Urdaneta en su libroEl Arcángel ha escrito magistralmente uno titulado "La dieta" (7), los de Fernández recrean y satirizan con mucho humor la actividad de estos profesionales que ha conocido muy cercanamente.
Con agudeza y mordacidad, Fernández narra la inhumana, mecánica y despreciativa manera como los médicos tratan a sus humildes, pero ingeniosos y vengativos pacientes. Así, entre otros, el 26 de diciembre de 1976, cuenta: "Una vez un Señor que sufría de puntadas reumáticas . y a la vez había sufrido un accidente en el cual había perdido la pierna izquierda, teniendo la necesidad de adaptarse una de caucho, llega a una Clínica y en el consultorio sorprende al encontrar al Médico colocándose en medio de las pestañas una enorme bola de cristal, pues este Señor también había sufrido un accidente en el cual había perdido un ojo. — Buenos días, Doctor. — Buenos dias. ¿En qué puedo servirle? — Yo vengo aquí para que usted me recete un remedio para el reumatismo. — Bien, usted lo que tiene que hacer es tomarse un depurativo y darse unas unciones de "coneciervo" y ponerse paños de gasolina caliente en la pierna izquierda. — No sabe usted, Doctor, que ésta pierna es de caucho y si me pongo gasolina caliente se me quema. Esto me lo recetó usted porque no me había examinado bien ¿Verdad? Bueno así lo haré, pero usted, Señor Doctor, se busca una mandarria y se dá unos golpes en el ojo de vidrio. Como ha podido apreciarse, la ingenua escritura de Fernández capta y recrea el imaginario e idiosincrasia de un pueblo que ha sabido levantar de sus miserias la grandeza; de ahí que su creación —tanto plástica como literaria— trascienda el oficial etiquetamiento de arte popular, pues, como dice George Sand, "encierra una bizarría que parece atroz, y que, por el contrario, es magnífica".
NOTAS: (1) Artista ingenuo natural del estado Trujillo, Venezuela, donde ha vivido desde su nacimiento en fecha 08 de septiembre de 1922, según se desprende de su partida de nacimiento que reza así: PARTIDA DE NACIMIENTO DE ANTONIO JOSE FERNANDEZ N° 203. -Francisco Ygnacio Viloria, Jefe Civil del Municipio Capital del Distrito Escuque. hago constar que hoy once de agosto de mil novecientos veintitrés, me ha sido presentado un niño por el ciudadano ROMAN FERNANDEZ, vecino. casado, de treinta y seis años de edad. agricultor: y manifestó: que el niño cuya presentación hace nació en esta ciudad el OCHO DE SEPTEMBRE DEL AÑO PROXIMO PASADO a la una a.m. y que lleva por nombre ANTONIO JOSE. -Que es hijo legitimo suyo y de ANA FRANCO. vecina. casada de veintitrés años de edad y de oficios de su sexo. -Fueron testigos del presente acto los ciudadanos: Luis Baptista y Trino Moreno, vecinos de este domicilio y mayores de edad. -Se les leyó esta acta fueron conformes y no firman por no saber. FRANCISCO Y. VILORIA A. SANCHEZ ENRRIQUEZ Secretario Texto documental que incluyo para aclarar la confusión que sobre su fecha de nacimiento leí en El invierno revuelto en las costillas de Fracismar Ramírez Barreto, entrevista publicada el 26 de agosto de 2000 en el suplemento “Papel Literario” del diario “El Nacional” de Caracas. (2) Ana Avalos de Rángel, exgalerista e importante coleccionista de obras de arte. (3) Sofía Imber, fundadora y exdirectora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. (4) Fernández, A. J. El Hombre del Anillo. Poesía, Reflexiones, Cuentos. Imprenta Oficial del Estado Trujillo. Valera, Edo. Trujillo, Venezuela, 1977. (5) Calzadilla, Juan. Biografía en breve de un artista verdadero. “Papel Literario” del diario “El Nacional”, Caracas, 09 de agosto de 1998. (6) Carta sin fecha escrita por Salvador Valero a Antonio José Fernández, la cual guarda íntima relación con otra que escribe Valero al doctor Carlos Contramaeste el 19 de abril de 1965, donde le dice: “...Yo he lamentado mucho la destrucción que hizo de sus obras el joven de Escuque (Antonio José Fernández). pues él fue sordo ante mis súplicas y advertencias. Créame Doctor que a mi me preocupado eso; fue que él no tuvo valor para sobreponerse ante la torpe crítica de los que nada saben de arte (...)”. Ambas transcritas guardando la ortografía y sintaxis originales. (7) Sambrano Urdaneta, Oscar. El Arcángel. Editorial Planeta Venezolana, S. A. Caracas, 1998. Pág. 115.
TEXTO E IMÁGENES EN:
http://www.analitica.com/va/arte/dossier/9380711.asp
En el libro “Fabuladores del color” – Mariano Díaz 1988
JOSEFA SULBARÁN
La ensoñación y el verde esplendor del universo estético de Josefa Sulbarán Josefa Zambrano Espinosa A Carmen Araujo, Sheyla Rosario y Carol Cañizares O’Callaghan, quienes con su quehacer iluminan a los Museos de Arte Popular “Salvador Valero” y “Bárbaro Rivas”. Vos que sabés cantar, que estás en las hojas del cerezo, – Ponéte de niebla, ponéte de espuma y riíto, decí: "Vení de lejos, velo de lluvia, llegá sol, y con la cola sobá esas pendientes, tocá las piedras moradas". RAMÓN PALOMARES, Paisano
Uno obedece siempre a los imperativos de su corazón, de ahí que hoy escriba sobre la pintora trujillana Josefa Sulbarán en homenaje a su octogesimoquinto aniversario. Josefa Sulbarán ya no es aquella mujer que, al entrar en confianza, gustaba conversar dejando a un lado su característica timidez mientras le acariciaba la cabeza a alguno de sus perros, sino esta anciana cuya mirada triste interroga al horizonte en busca de los paisajes, las vivencias y leyendas que desde niña plasmó en sus cuadros. “¡Ah rigor paisana! Paisana, paisanita, el destino nos juntó y la vida nos separó con eso de lo que pudo ser y no fue. Dejemos la conversa quieta pa’ más luego, ¿no le parece mejor?”. Conversación que nunca pudimos sostener, aunque en el recuerdo las palabras de Josefa Sulbarán persisten envueltas en un aroma de mastuerzo niño, musgo y café; sólo tangible en los
verdes, rojos, amarillos, blancos y azules omnipresentes en su singular universo plástico: Los Cerrillos. Los Cerrillos, comarca vecina a Mendoza Fría en el Estado Trujillo, Venezuela, es el lugar donde Josefa Sulbarán ha vivido la mayor parte del tiempo desde que nació un día de diciembre del año 1923, hecho del cual da fe el poeta Antonio Pérez Carmona en La bella niña de ese lugar: “Su madre, María Virginia Sulbarán, le contaría en esos coloquios crepusculares, a la que ya era señorita primaveral y que sus amigas llamaban cariñosamente Josefita, que el parto de la fría madrugada navideña, fue harto difícil, doloroso, pleno de angustia en una terrible soledad, pues ella, o sea, la entonces moza campesina, con un coraje y valor extraordinarios, recurriendo a su fe en Dios y la Virgen, colocó la estera en el piso, para, sin ayuda de la partera, dar a luz la hermosa chiquilla de ojos azabache, cabellos de ébano y piel canela. Y no se habían dormido aún las estrellas con la aurora, cuando María del Rosario Sulbarán (la abuela), abría aquella puerta rústica, a objeto de buscar el vecino fuego, encontrando a la joven en el suelo, en la escena semejante al pesebre de Belén”. Relato que sin duda influyó en la pintora para llevarla a hacer del nacimiento, y en especial el del Niño Dios, un tema recurrente en su obra; sólo que sus nacimientos no acontecen en un pesebre de Belén sino en medio del verdor esplendente de Los Cerrillos, tal como puede apreciarse en sus cuadros “Paseo del Niño”, “Celebración de Noche Buena” “Paradura Nocturna del Niño”, entre otros. Además, las circunstancias que rodearon el parto en que Virginia Sulbarán alumbró a Josefa no sólo han marcado su obra, sino también la devoción que con gran entusiasmo siempre ha manifestado sentir por la mujer que la trajo al mundo: “¿Cómo no haber adorado tan inmensamente a mi madre Virginia, si ella por poco no entregó su vida al darme la mía, en esa temerosa soledad, donde ocurriera el milagro bajo el poder de Dios y de la Virgen?”.
Y no es para menos, ya que en aquél difícil medio rural, Virginia, la madre, quiso brindar a su pequeña lo que la vida le había negado a ella: la educación; así que al alcanzar Josefita la edad necesaria, de la mano Virginia la lleva diariamente a la improvisada escuelita del señor Raimundo Montilla, para que éste se la enseñe a leer y escribir. Con el general Eleazar López Contreras, luego de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, comienza en Venezuela una nueva era --sobre todo en las áreas sanitaria y educativa-- al decretarse en el año 1937 la creación de las escuelas rurales y, entre ellas, con sede en Los Cerrillos la Escuela Rural N° 3217, en donde Virginia Sulbarán se apresura a inscribir a Josefita, convirtiéndola en una de las primeras y pocas alumnas de la maestra normalista María Marbelina Castellanos.
De esta época Josefa Sulbarán recuerda, y así lo refiere en casi todas sus entrevistas, que Virginia, su madre, a pesar de la pobreza
en que vivían, prefería que ella asistiera a la escuela y participara tanto en los juegos infantiles propios de las niñas como en los actos culturales programados en el calendario escolar, de modo que no la llevaba consigo --como hacían con sus hijos la mayoría de las madres campesinas-- para que la acompañara en las faenas del campo; por el contrario, le fomentaba el deseo de instruirse, la devoción y amor a Dios y la Virgen, y a San José, su santo patrono. Asimismo, le enseñó lo que con el transcurrir del tiempo se ha convertido en el lema de su vida: “Nunca hay que ser envidioso ni rencoroso, siempre hay que vivir sin amargura y con alegría, pues no hay nada más bonito que una persona amorosa y humilde”. Este modo de pensar y sentir transformado en su filosofía de vida le ha permitido a Josefa Sulbarán creer en que el amor, sea éste filial, fraternal o erótico, es un sentimiento único, intemporal, al cual recrea en las imágenes y colores que dan vida a las escenas de “Retrato de Familia” y “Boda Campesina”. En aquel tiempo el silencio y los colores serían sus mejores amigos. Josefa recuerda que su mayor satisfacción en la escuela la obtenía en el momento cuando se quedaba sola, dibujando calladita en su pupitre. "Desde muy pequeña --le cuenta a Vanessa Andara en la entrevista que le concedió para el diario El Tiempo en febrero de 2002--, sin saberlo desarrollé una gran aptitud para la pintura; a pesar de que nunca había visto a nadie pintando. Mientras mis amigas jugaban con muñecas, yo dibujaba sobre la hoja de un árbol que se llama Cariaco, que al finalizar destruía para que nadie viera lo que hacía. Yo deseaba pintar pero me daba vergüenza con las personas". A Josefa Sulbarán --al igual que a Antonio José Fernández “El Hombre del Anillo”-- la timidez y el temor a la burla y el rechazo del entorno les lleva a destruir sus primeras obras. Aunque en el caso de Josefa no es su mano armada de un martillo la que destroza la creación tal como lo hizo “El Hombre del Anillo” con sus esculturas
de argamaza y cabilla, sino que es la naturaleza del material vegetal empleado por ella para dibujar la que se encarga de dar fin a su efímera obra. Igual destino sufren sus primeros frescos pintados en las paredes de las casas donde habitaba. En ellas, usando los carbones del fogón y los creyones de cera que traía de la escuela, Josefita pintaba sobre las paredes todo cuanto veía: animales, plantas, casas, personas, pero tal como le ocurría con las hojas, cada vez que dichas paredes se descascarillaban y eran de nuevo encaladas, su obra desaparecía. Josefa, ya adulta, en silencio, siempre en silencio, y en la penumbra de su habitación pinta como lo hacía cuando niña, hasta el día en que usando los creyones de a medio pertenecientes a Auxiliadora, su única hija, dibujó su primer “Los Cerrillos” sobre la tapa de una caja de zapatos, obra que, sin quererlo ella, fue descubierta por el párroco de Mendoza Fría. Al respecto, en las entrevistas concedidas tanto a Daniel Acosta Montes como a Vanessa Andara, Josefa expresa que el sacerdote la llamó y le dijo: “Mirá esta niña, ¿si es verdad que esto lo pintates vos?”. A lo que ella, muy asustada, le respondió afirmativamente. “El sacerdote --cuenta Josefa-- me pidió que le pintara uno igual para él, pero yo nunca se lo llegué a hacer, aunque ese ha sido uno de los momentos más felices de mi vida, ya que ese día supe que lo que hacía no sólo le daba alegría y satisfacción a mi corazón sino que también podía gustarle al de los demás”. A partir de ese momento comenzó a concebir la idea de pintar de nuevo “Los Cerrillos” en un cartón más grande y así, siempre en silencio y en la penumbra de su habitación, usando los creyones de a medio y sobre un cartón piedra, comienza a pintar Los Cerrillos, dando forma y color no sólo a las imágenes que ven sus ojos sino a aquellas que pueblan sus sueños. Trazos y ensueños van coloreándose hasta transformarse en un paisaje fácilmente
identificado como “Los Cerrillos” por sus paisanos, quienes alabaron la obra el día que ella la colgó sobre la pared del comedor de su casa el 24 de diciembre de 1967. En Josefa Sulbarán hay que resaltar que jamás padeció el rechazo del entorno social sufrido por sus coterráneos Antonio José Fernández “El Hombre del Anillo” y Salvador Valero; por el contrario, en ese diciembre de 1967 su comunidad y grupo familiar se disputaron por el privilegio de exhibir en las paredes de sus hogares el dibujo en cartón piedra, pues todos creían verse retratados en el medio de ese otro paisaje tan parecido al natural y circundante donde transcurría la rutina sus vidas; paisaje que ante el general asombro, Josefita, una de ellos, ha sabido recrear e iluminar. Como en los pueblos las novedades vuelan en el aliento de las voces, llegó a oídos del ingeniero José Domingo González que una muchacha del campo había hecho un cuadro donde todo lo que se veía era igualito a Los Cerrillos. Intrigado visita la humilde casa de Josefa y queda impresionado ante la belleza del paisaje, y le promete regresar. Promesa que cumple en compañía del poeta Carlos Contramaestre, a quien se debe el descubrimiento de los más grandes artistas plásticos trujillanos (sin ahondar en este trabajo sobre la clasificación que de ellos hace Raúl Díaz Castañeda, para quien los dos primeros son ingenuos y populares las dos últimas, situando en entrambas vertientes, por participar de una y otra, a Rafaela Baroni, tampoco descubierta por Contramaestre): Salvador Valero, Antonio José Fernández “El Hombre del Anillo”, Eloisa Torres y Josefa Sulbarán. “Contramaestre, con la personalidad que le caracterizaba --le cuenta Josefita a Daniel Acosta Montes-- me dijo: ‘Josefa, quiero un cuadro como ése’. Se refería al cuadro que sobre Los Cerrillos yo había pintado con creyones sobre cartón piedra para exhibirlo en el comedor el día del Niño Dios. Yo me asusté mucho cuando
llegó este señor a mi casa, y me preguntó por el cuadro. Él pasó al comedor por la pieza y de inmediato me ofreció comprármela, pero yo le dije que no podía vendérsela porque yo la había hecho para adornar mi hogar. Entonces él me dijo que en unos días pasaría a buscar uno que yo le hiciera. Yo, por supuesto, no pensaba hacerlo; sin embargo, a los pocos días me envió unos óleos y pinceles, y entonces yo me alegré tanto de ver aquello que nunca antes había visto. Así que de inmediato comencé a realizarle el cuadro en agradecimiento”. Y fue de este modo como nació “Los Cerrillos”, la obra donde Josefa Sulbarán aprehende con sus pínceles el imaginario, el verdor y la luz de la montaña trujillana, plasmando así sobre el lienzo el paisaje que, entre penumbras y duermevelas, ha venido soñando desde niña. Hierofanía polícroma que inicia en Sulbarán ese “existir en entero” de que habla Guillermo Meneses, quien en El falso cuaderno de Narciso Espejo afirma: “Tengo la convicción de que el individuo no existe en entero si no llena la parte que le corresponde a su pueblo, si no sabe extenderse hasta su territorio comunal, hasta su ejido”. Josefa Sulbarán no sólo ha sabido extenderse hasta ese territorio comunal que le es propio, sino que ha convertido su ejido en un singular cosmos, en un estético y particular universo iluminado por el sol de su mirar. Mirada que reflecta la luz haciendo más rojiza la tierra de los cerros, al tiempo que oscurece el verde de los árboles que se yerguen en busca del azul que, esa misma luz, hace más brillante en los cielos de los paisajes creados por Sulbarán. En ellos, al recrear su comarca, Josefa da la vida tanto al diario quehacer del campesino trujillano como a los acontecimientos del pueblo, sean estos de orden religioso, familiar, histórico o cultural. En sus paisajes el verde se transforma en esplendor de esperanza, de naturaleza en perpetua renovación, de ahí que la pintora exprese: “A mí el verde me hace muy feliz y por eso lo utilizo
bastante; además, amo los estados completamente naturales y lo que en ellos se encuentra… Me gusta proteger a todos los animales y seres indefensos que habitan en esta tierra”. Tierra de humo y neblina, de suqueses que parpadean sus intermitencias amarillas en la negrura de las noches cuando Josefa Sulbarán sueña con el verde de los sembradíos siempre en flor y con el turquí de esos cielos en los que la mirada se pierde en busca de lo anhelado y eterno, y que ella, gracias a su talento y sensibilidad, ha sabido hacer suyos en cada una de las obras que ha pintado a lo largo de sus recién cumplidos 85 años de edad. Obras galardonadas con importantes premios que le han permitido convertirse en una de las más reconocidas y originales exponentes del arte popular venezolano, sin que por ello su bondad de alma, candorosa timidez y humildad hayan mermado en absoluto, permitiéndole así, a pesar de su delicado estado de salud, continuar siendo por siempre La bella niña de ese lugar: Los Cerrillos, su centro del mundo, su universo del ensueño, el color y la luz.
TOMADO DE : http://www.analitica.com/va/arte/oya/8100254.asp
“La llegada de Bolívar al valle de Momboy”
“Paseo del Niño”
Imágenes y texto de Mariano Díaz – “Fabuladores del color” 1988
Ver también:
http://www.nurr.ula.ve/museosalvadorvalero/referencial_coleccio n/S/sulbaran_imgs/sulbaran_fotos1.htm
JOSÉ “PEPE” GARCÍA
Pepe García, es canario de nacimiento y margariteño de corazón. De otro continente llegó para quedarse hace más de 4 décadas.
Aquí ha vivido la mayor parte de su vida, recorriendo caminos, recogiendo vivencias, conociendo la historia, la tradición y el sentir venezolano, más aún el sentir margariteño, moldeándolo, en el barro, enmarcándolo en maderas centenarias.
Aquí creció como artista haciendo esta tierra suya, así como su historia, cultura y tradiciones. Recorrió el país recogiendo piezas de arte durante 30 años y fundó el Museo de Taguantar, conocido hoy como Pueblos de Margarita. Trabajó sin descanso y levantó con barro, agua y fuego 7 casas representativas de las regiones de venezolanas, con todo tipo de objetos propios de su artesanía y cultura, para preservar en el tiempo y en el espacio nuestra diversidad cultural.
La obra de Pepe García refleja el gentilicio venezolano, cada una de sus piezas tiene vida propia, es historia, misticismo, tradición, un personaje o muchos, Pepe García vacía su alma cuando moldea
el barro. A Pesar de tener ciertas limitaciones debido a una lesi贸n en la columna todos los d铆as se afana en crear nuevas obras.
“Cuando comienzo a moldear, no tengo idea de lo que voy a hacer, luego todo viene solo, lo religioso me inspira, el arte de las iglesias, las tradiciones, los personajes y sobre todo lo histórico. Antes leía mucha historia. Siempre he admirado mucho a Bolívar, es un personaje importantísimo”.
Ahora en El Salado, en la avenida 31 de Julio, Pepe tiene el Museo de Arte Popular, “Los Makiritares”, donde alberga una invalorable colección de arte popular, que abre sus puertas a todos los amantes del arte para apreciar piezas únicas de este trabajo tan especial que realiza José Pepe García, un canario, con alma margariteña.
TEXTO TOMADO DE "ARTE EN LA RED" - WWW.ARTEENLARED.COM - Desirée Depablos FOTOS DE José Voglar y Ana María Zoghbi
"La tierra consagrada" Parece imposible que esta tierra rojiza y seca, castigada por el salitre y el sol, tuviera un destino diferente al de ser costra inamigable. Pero por obra y gracia de unos dedos con alma, surge transformada en una vigorosa imaginería, creada por un hombre que logró un pacto virtuoso con el barro. Se llama Pepe García y pertenece a la estirpe de los hacedores naturales. Muchacho veinteañero de El Paso de La Palma de allá del otro lado del mar, se encontraría en la Margarita con diversos derroteros que lo llevaron a oficiar de mesonero, criador de aves y encargado de hotel, para luego inclinar su vocación hacia el arte, con pinturas, decoraciones y piezas de madera, Vibró también en él la vena del compilador curioso, y por lugares y rincones fue colectando tallas y lienzos, herramientas y cacharros, vestimentas y utensilios, así como cuanto objeto tuviera, perfil de tradición, antigüedad, fábula o peque historia.
Por años irá consolidando una invalorable colección, destinada a un museo que bautismara en honor a la sabia lección de un maestro artesano: “Mi oficio es fácil; yo voy haciendo esto así, con las manos”… y así, con las manos suyas, Pepe García se va comprometiendo hacia un nuevo destino: figureador del barro. Descubre el terrón con ojo certero, lo prueba de boca, la tacta entre índice y pulgar y lo amasa hasta sentir su condescendencia para recibir la virtud de llegar a ser forma. Pepe tiene ante el barro la actitud limpia y serena de quien se sabe respetuoso oficiante de un ritual, donde la consagración se hace de acuerdo al legado de los olleros guaqueríes; quema en hoguera a cielo abierto con fuego de cardón, yaque o espino y guiando al primer viento con el susurro de un silbido, que no es otra cosa que una natural oración el bien. Esta imaginería de Pepe García, nacida a la orilla del barro alfarero, y única en su especie, tiene digno enmarcado en curtidas maderas de viejas casas, donde siendo puertas, postigos o tablones, simplemente se aquerenciaron al tiempo de la familia. Uno siente la fuerza de los particulares personajes de Pepe García, profundos tanto en su hieratismo, como siendo cabezas anónimas en una multitud. En sus trabajos hemos visto cobrar vida a semejanzas de una María Macanao equilibrando en la cabeza una pimpina de agua moldeada por Chagüita, o cargando pescados en una cesta que bien pudo tejer Cleto Calderín; mujeres, niños y hombres originarios, arquetipos, que anclados a su tierra, perviven y sostienen la otra Margarita, y que conforman sus historias de la cruz, los héroes de Matasiete, los vencedores de Carabobo, Luisa Cáceres de Arismendi, Sucre, los firmantes de la Independencia y entre ellos, un heroico y ubicuo Libertador, tal vigoroso terrón, que contrasta con una colorida y como armoniosa protección de la Virgen del Valle a los hombres de mar.
Y uno no deja de admirar a este Pepe García, hacedor de una muy particular mitología, con la que estampa su nombre entre los singulares de la plástica venezolana. Mariano Díaz El Junko, marzo de 2007 texto en : http://galeria.uc.edu.ve/gubs.php?id=71&actual=1
SANTIAGO MANASÉS RODRÍGUEZ
MANASES, PINTOR DE ROSTROS Y FLORES Napoleón Pisani Pardi Fotos: Mariano Díaz
“Yo te digo, yo no quisiera vender mis cosas, yo las vendo por necesidad. No hay remedio, las vendo para poder comprar materiales”. Manasés Rodríguez Serrano, caraqueño, artista plástico y amenísimo conversador sobre la época del “Pasapoga”, el “Monumental”, el Estadio “San Agustín” Cocaína García, orquesta “Casino de La Playa” Rafael Guinand, cigarrillos “Sport”, Tito Coral, de la comedia “Así es la Vida”, el dúo Espín-Guanipa, el Hipódromo del Paraíso y de la carrera Buenos Aires-Caracas: empezó a pintar hace 18 años gracias a una inspiración poco común: “Resulta que yo
estaba en el “Bar Venezuela” de Catia, entonces se derramó sobre el mostrador una botella de refresco que formó una mancha muy llamativa. Entonces, motivado por esa mancha, pedí un lápiz y un papel al mesonero y realice un dibujo. Desde ese momento no he dejado de dibujar”. Manasés, quien fuera “descubierto” por Erasmo Villalobos y Víctor Valera, dibuja y pinta, más que otra cosa rostros y flores. Estos temas él los trabaja mezclando técnicas diferentes “a manera de experimentación”, según el propio artista, que le dan una textura muy particular a sus realizaciones. En algunas oportunidades consigue esas calidades, que recuerdan al grabado, rayando y frotando la superficie de la pintura, y o utilizando soportes que previamente contengan relieves. “A veces pego sobre papel o la cartulina algunas cosas para conseguir mayor riqueza en mis trabajos. Y no tengo miedo de experimentar con todos estos materiales que uso en mis cuadros, pues eso me da mayor oportunidad de conseguir lo que quiero. Yo uso óleo, acrílico, gouache, creyón, lápiz, tinta china y acuarela en mis trabajos, y en muchas ocasiones mezclo el óleo con creyón, acrílico con tinta china, o acuarela y tinta china, y eso es lo que me da lo que tú vez aquí, éstas texturas tan buenas”. Sin duda alguna que son buenas, como lo afirma el propio
Manasés, esas texturas que a veces nos recuerdan ciertos detalles de una vieja pared, o la sabrosa conformación de la corteza de un árbol centenario, o las huellas que van dejando el tiempo y la intemperie sobre algunos objetos de metal. Esta rica y poética manera de trabajar la materia, le confiere a sus elaboraciones un sello sumamente personal, a pesar, cosa que no compartimos por inexacto y chocante, de la insistencia de ciertos coleccionistas de llamar a Manasés “el Dubuffet venezolano”.
Oye Manasés, ¿Cómo fue que se te ocurrió mezclar todas esas técnicas para hacer tu obra? Bueno, eso fue una prueba para ver qué pasaba. Muchos artistas, los cuales no quiero nombrar, me decían que eso no se podía hacer,
pues esas mezclas al poco tiempo se resquebrajarían. Sin embargo, a pesar de los años, esos cuadros siguen intactos, sin sufrir ningún cambio. -
¿Cuándo realizaste tu primera exposición?
El 12 de julio de 1966, en la “Galería 22”. Por cierto que fue el crítico Rafael Pineda quien me hizo la presentación, y el montaje de la exposición la llevó a cabo el escultor Víctor Valera. -
¿Y cómo te trató la crítica en esa oportunidad?
Bueno, bien. Me trató bien a pesar de que nunca antes había expuesto. En esa muestra estuvieron mucha gente importante. Te voy a dar algunos nombres: Antonio Esteves, José Vicente Torres, Jorge Dupuy, Freddy Boulton, Oswaldo Vigas, Juan Calzadilla, Rafael Ramón González… Y te digo, sin ninguna pedantería, que a toda esa gente le agradó mi exposición. Manasés, sé que no realizas ninguna muestra individual desde mayo de 1972. Sin embargo, aclaro antes de que me lo menciones, estoy enterado de lo gran trabajador que eres y de tu constante participación en los Salones más importantes del país. ¿Por qué esa insistencia de no mostrar tu obra en una exposición individual? Donde
indudablemente se apreciaría mejor tu gran calidad de artista plástico. Por muchas cosas. Una de esas cosas es que estoy un poco retirado de Caracas. Y como no tengo carro, se me dificulta la movilización. Además el organizar una muestra individual cuesta bastante dinero, pues hay que pagar los marcos, el catálogo, transporte de las obras, el cóctel, los avisos de prensa… bueno, tú sabes, tú estás en el medio y estás enterado de todo eso. Sin embargo, dentro de pocos días, inauguro una exposición individual en el “Módulo Venezuela” que queda en el Parque Los Caobos. Manasés, ¿Qué piensas tú acerca de nuestro medio, tú crees que sea favorable para que el artista pueda producir y proyectar su obra con facilidad? Yo te digo, yo no quisiera vender mis cosas, yo las vendo por necesidad. No hay remedio, las vendo para poder comprar materiales. ¿El artista pasa o no pasa mucho trabajo en el país? Te pregunto eso porque muchos artistas se quejan de muestro medio, de las instituciones culturales… de muchas cosas, pues. A mí nadie me ha apoyado, yo no sirvo para eso. Uno va a buscar una ayuda y le dicen a uno: no,
que él no está aquí; él está en una conferencia; está de viaje; está de vacaciones; está en una reunión muy importante; está almorzando con el Presidente… ¿Instituciones? ¡Qué va muchacho, cogiste el autobús que no era!.
¿Qué opinas de la comparación que algunos coleccionistas hacen entre la obra de Dubuffet y la tuya?
Si me parezco es por casualidad. Allá ellos con sus comparaciones zoquetas. Mi obra, como tú bien lo dices, es muy personal. Yo no pienso en ningún artista antes de comenzar a pintar mis cuadros. Yo soy Santiago Manasés Rodríguez Serrano. Sí. Manasés no se parece más que a Manasés. El es Santiago Manasés Rodríguez Serrano, por la gracia de Dios, dibujante, pintor escultor a ratos, incipiente vitralista y admirador impenitente de la música tropical de los años cincuenta. El, mirándolo bien, hasta se parece a los personajes de sus cuadros. ¿Y entonces por qué tanta comparación con Dubuffet? ¿Acaso no se dan cuenta que Manasés se inspiró en sí mismo para llevar a cabo su pintura?. Tú, “hijo de la ciudad, hechura de la ciudad trasunto de la ciudad”, como te dijo en una oportunidad el poeta Otero Silva, no eres más que un artista con talento que se expresa con el mismo estremecimiento de un niño cuando retrata el Sol. Ese eres tú.
Entrevista publicada en la revista KENA en 1982. Manasés murió en Caracas el 20 de junio de 1993.
Tomado de http://escritosdeunsalvaje.blogspot.com/2011/09/manases-pintor-de-rostros-y-flores.html
Santiago Manasés Rodríguez nació en Catia, Caracas, el 24 de julio de 1921. De formación autodidacta y profesión taxista, prestaba servicios al personal del diario El Nacional de Caracas cuando, empleando servilletas y materiales desechables, realizó los primeros dibujos que llamaron la atención de críticos y pintores. Por esta vía autodidáctica, en 1966, a instancias de Víctor Valera y Rafael Pineda, su obra fue revelada al público en una exposición
individual celebrada en la Galería 22, en Caracas. En principio incluido en el movimiento ingenuista, desde 1967 Manasés comenzó a intervenir en el Salón Oficial de Arte Venezolano, en donde obtuvo en 1969 el Premio Emil Friedman para Dibujo; figuró también en numerosas muestras de arte ingenuo en Venezuela. Falleció en Las Tunitas, Catia La Mar, en 1992. Además de la mencionada exposición, obras suyas se reunieron en muestras individuales realizadas en la Galería 40 Grados a la Sombra, Maracaibo; Galería la Pinacoteca, 1967; Taller Troll, Petare, 1968; Galería Track, 1972; Galería del BANAP, 1972; Galería Arte de Venezuela, 1984. Fue incluido en la retrospectiva "Fabuladores de la imaginación", llevada a cabo en el MACC, 1977 y en "Confluencias", Museo de Arte Popular de Petare, 1993, llevada a cabo bajo la curaduría de Perán Erminy. Este mismo museo presentó una retrospectiva de la obra de Manasés Rodríguez, Petare, estado Miranda, en 1993. texto tomado de : http://www.bcv.org.ve/blanksite/c3/colecarte/rodri guezsm_index.htm
en "FABULADORES DEL COLOR" - Mariano D铆az, Fundaci贸n Bigott 1988
Visita tambiĂŠn estos enlaces en Internet: www.artesanosdevenezuela.blospot.com www.coleccionoswaldomora.com.ve Museo de Arte Popular Salvador Valero Museo De Petare Barbaro Rivas en FACEBOOK http://escritosdeunsalvaje.blogspot.com/ BIBLIOTECA DIGITAL DE ARTE POPULAR VENEZOLANO
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Luis Acosta Luis16mar@gmail.com Junio de 2012