El cuento final

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FRANCISCO CASTILLA TORRES


Introducción

Muchos son los que se han acercado a la lectura de la famosa

obra, también considerada cumbre de las letras españolas, que fue escrita por don Miguel de Cervantes, y cuyo título es El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha.*1De entre todos ellos, debiéramos hacer saber que otro tanto, no tan considerable, bien es cierto, ha optado por adentrarse en sus mismas entrañas para hacer un estudio o análisis sobre ella. Algunos han sido ilustres personajes de renombre y reconocido prestigio. No deja de ser curioso el hecho de que ninguna de estas personas haya advertido algo que me parece de extrema importancia, y es que, en el cómputo de las numerosas historias que viene a narrarnos Cervantes en el transcurso de su afamada *

Así consta la Primera Parte. 19


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novela, no hacen referencia tanto a las semejanzas que pudieran presentar los diversos sucesos que tienen lugar, como tampoco aluden a las muchas coincidencias que tendremos oportunidad de apreciar en todos los acontecimientos que aparecen a lo largo de sus interminables páginas. En este inicio nos encontramos ya, por tanto, con dos cuestiones de vital trascendencia para el estudio que vamos a encarar en lo sucesivo: uno, sacar a la luz ciertas semejanzas que van a aparecer en sus diversos relatos; y dos, establecer un nexo entre multitud de pasajes de ella en donde, de manera sorprendente, podremos apreciar no pocas coincidencias de diversa índole. Voy a ponerles en antecedentes para que vean por dónde vamos a navegar. ¿Recuerdan el capítulo XXXIII? Les sitúo la escena. Es el que lleva por título Donde se cuenta la novela del curioso impertinente. Para ayudarles les diré esto: se nos refiere al principio que hay dos amigos, Anselmo y Lotario, y los tildará de este modo singular: «tan amigos»12que, en virtud de ello, no dudará en añadir esto otro, en clara referencia a esas otras personas que les conocían: «los dos amigos eran llamados».23Si se dan cuenta, advertirán –desde el mismo inicio–, la estrecha relación que existe y mantienen estos dos personajes o amigos. Hay algo que es bastante significativo, se trata del hecho de que ambos: «Eran solteros, mozos de la misma edad».34El concepto de «mozos» me imagino que se Capítulo XXXIII, página 587. Capítulo XXXIII, página 587. 43 Capítulo XXXIII, página 587. 21 32

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entenderá en relación con la edad.**5Estamos hablando de dos jóvenes «amigos», a los que les une –como bien se desprende–, una muy buena y estrecha amistad. Ahora, si me permiten, me gustaría hacer con ustedes un viaje de regreso al pasado, pues hemos de situarnos en el capítulo XII de la obra. ¿Qué tenemos en esta ocasión? Como en la anterior vez, les brindaré una pequeña ayuda para refrescarles la memoria. Podrán comprobar que en dicho capítulo nos relatará la conocida historia de Grisóstomo y Marcela. Pero, si leemos despacio y ponemos nuestros cinco sentidos en ello, es fácil encontrar algún detalle curioso que nos llama la atención. Veámoslo. En la narración se nos dará la noticia de la trágica muerte de este personaje, de Grisóstomo. A continuación, si lo observan, se va dando cuenta del suceso luctuoso de forma progresiva, y la primera noticia que nos llega es de esta manera: «murió esta mañana aquel famoso pastor estudiante llamado…».46Donde, además, se advierte cómo se detalla esto: «y se murmura que ha muerto de amores».57Sí, pero ¿de quién?, cabe preguntarse. Pues nada menos que «de aquella endiablada moza de Marcela…; aquella que se anda en hábito de pastora por esos andurriales».68Sin embargo, comprobamos que no tarda en aparecer alguien muy especial, y será nada menos que: La RAE dice sobre este término lo siguiente: «Joven, por su poca edad o por las pocas características de joven que conserva». 64 Capítulo XII, página 300. 75 Capítulo XII, página 300. 86 Capítulo XII, página 300. **

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«aquel gran su amigo Ambrosio».79Ya nos encontramos de nuevo ante otros «dos amigos», jóvenes también, y donde, además de ello, observamos que entre ambos hay, ¡qué coincidencia!, algo más que una simple amistad. La connotación de mozo –al margen de que ya nos lo ha dibujado, en parte, al referirse a ella como la «moza de Marcela»–, la apreciamos al indicarnos esto: «de todo lo cual quedó el mozo señor desoluto»,810es decir, heredó los bienes de su padre, lo pertinente a «mucha cantidad de hacienda», como se recoge de manera expresa. Si hacen un poco de recuento y enlazan unas cosas y otras, se darán cuenta de estos tres aspectos que calificaremos de primer orden: primero, la presencia de dos amigos; segundo, el hecho de que sean jóvenes; y tercero, además de esto, se advierte que entre ellos reina una profunda relación que va más allá de la pura amistad. A este trío habría que sumarle un cuarto. ¿Lo adivinan? Es fácil: la condición económica que nos presenta de ellos. Observen y comprobarán que esta siempre es buena o muy aceptable. Las dos historias tienen el mismo andamiaje, lo demás son ropajes, adornos, con los que reviste la narración. Recuerden el dicho: que las ramas del árbol no te impidan ver el bosque. Pues aquí sucede otro tanto, que los «complementos» no le impidan a nadie ver el armazón o la estructura de la obra. Esta vez advertimos que se maneja con los mismos elementos. En este caso, para mí, lo realmente difícil no es encontrarlos, lo 97 8

Capítulo XII, página 300. Capítulo XII, página 304.

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verdaderamente complicado es… que todo esto sea después aceptado por quien tenga a bien leer este ensayo. Son estas cuestiones sobre las que quisiera contarles algunas cosas relacionadas, por supuesto, con el Quijote, y también, cómo no, con el padre de la obra, Cervantes. La vinculación la estableceremos, en esta ocasión, entre dos capítulos, en los que tienen cabida dos historias o cuentos, y buscaremos todos aquellos matices que confluyen en ambos. Esta circunstancia tiene una doble connotación, literaria, pero también psicológica.

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Análisis comparativo de dos cuentos El cuento del cabrero CAPÍTULO LI

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Que trata de lo que contó el Cabrero a todos los que llevaban a Don Quijote

Comenzaremos por decir que nos encontramos en el capí-

tulo L de la tan laureada obra, y sabemos que va todo el grupo de regreso a la «aldea»911donde vive Don Quijote, pero, si me lo permiten, situaremos la escena un poco antes. La comitiva ha hecho, como ya es bien sabido, una parada en el lugar que se tenía previsto: «A este punto de su coloquio llegaba el Canónigo y el Cura, cuando adelantándose el Barbero llegó * a ellos y dijo al Cura: 12

Capítulo XLVI, página 779. Obsérvese el uso tan próximo que hace Cervantes de estas dos formas verbales: «llegaba» y «llegó». No queda bien. Esto chirría en nuestro oído, pero es de su completo agrado. 9 *

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–Aquí, señor licenciado, es el lugar que yo dije que era bueno para que, sesteando nosotros, tuviesen los bueyes fresco y abundoso pasto».1013 Acto seguido se procede a darnos cumplida información de lo que se piensa hacer: «Y así **14por gozar dél como de la conversación del Cura, de quien ya iba aficionado, y por saber más por menudo las hazañas de Don Quijote, mandó a algunos de sus criados que se fuesen a la venta que no lejos de allí estaba y trujesen della lo que hubiese de comer para todos».1115 Capítulo XLVIII, página 800. Es obvio que se ha olvidado de poner una coma después de esta palabra. Decir que es un hecho que sucede con cierta frecuencia puede resultar chocante y hasta, en cierto sentido, ofensivo, tanto para los cervantinos, como para los más entusiastas de esta obra, pero es la realidad. El hecho de escribir –como sostengo–, de una manera tan rápida y precipitada, del mismo modo que no procede a corregir lo que ha escrito, trae, como es fácil deducir, estas fatales consecuencias. Recordemos que este «Y así...», no es la primera ni tampoco será la única vez que lo escriba «así», es decir, sin la coma correspondiente. En el primer capítulo, párrafo cuarto, ya lo encontramos, pero esta vez como debe ser: «y así, del poco dormir y del mucho leer…», cuestión que aprovecho para que vean y analicen la «oposición de términos» que hace de las dos palabras, adverbios, de poco y mucho. Recordemos que, en esta misma página, el Canónigo nos espetará otro de esta manera: «Pues así es». Abusa, y mucho, de esta palabra. 11 Capítulo XLVIII, página 803. Observen la alusión constante que se hace en la obra a la «comida», que será un tema recurrente. Lo podemos detectar en el capítulo segundo, cuando llega a la venta, y en multitud de capítulos más. 1013 **

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Hasta el momento en que tiene lugar lo siguiente: «Ya, en esto, volvían los criados del Canónigo, que a la venta habían ido por la acémila del repuesto, y haciendo mesa de una alhombra y de la verde yerba del prado, a la sombra de unos árboles se sentaron, y comieron allí»,1216 se han avanzado bastantes páginas en las que han transcurrido algunas cuestiones y, al mismo tiempo, hemos tenido ocasión de asistir a lo que es muy típico en Cervantes y, por tanto, viene siendo del todo habitual, que no es otra cosa sino lograr evadirse de la línea argumental tratando cuantos asuntos se le vienen en ese momento a la mente. Se convierte en una auténtica manía que proyecta sobre la obra, y esa es, y no otra –que nadie se engañe–, la razón por la que su Quijote alcanza el número de páginas y capítulos que logra. Lo hace, además, extendiéndose en ellos en toda su amplitud y profusión; se detendrá en comentar nimiedades de diversa índole que no afectan en absoluto al eje de la obra, en donde vemos que se recreará en abarcar multitud de aspectos que son innecesarios. Hay que decir a su favor que, tal vez, lo que intenta es dar tiempo a los criados para que vayan a la referida venta, sin embargo, otras veces –no podemos olvidarlo–, resuelve situaciones de mucho más tiempo en unos pocos renglones. ¿El motivo o razón de ello? Podríamos simplemente elucubrar al respecto largo y tendido, pero estoy convencido de que no nos llevaría a ninguna parte, como tampoco aportaría nada sobre lo que podamos fundamentarnos, salvo pensar que le aparece el lógi12

Capítulo L, página 823. 29


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co cansancio mental o psicológico, que prefiere abandonar en ese momento lo que está tratando, que se le vengan otras ideas que quiera abordar de manera inmediata, etc. (Antes de seguir me gustaría volver a la última cita para que observen un hecho que después analizaremos: me refiero a emplear tres veces la conjunción copulativa «y». Igualmente, de las citas anteriores, convendría resaltar dos aspectos muy livianos, pero de gran importancia. Vean que nos dirá esto: «fresco y abundoso pasto»; y en la siguiente cita esto otro: «la verde yerba del prado». Explicaré este detalle más adelante). Digamos que el tiempo de la acción no lo maneja nada bien. Poco después dirá: «Y estando comiendo…, vieron salir de entre aquellas malezas una hermosa cabra… Tras ella venía un cabrero dándole voces»,1317es decir, entra en escena, como bien podemos apreciar, un nuevo personaje, pero no muy distinto del que nos tiene ya algo acostumbrado nuestro escritor: se trata de un cabrero.*18(Adviertan este hecho: «dándole voces». Esta cuestión, precisamente la de las voces, va a ser un tema recurrente en Capítulo L, página 823. No perdamos en ningún momento de vista que en el cuento que tiene lugar en el capítulo XII, en el que se narra la historia entre Grisóstomo y Marcela, se debe también (¡bendita creatividad!), a que llega un «mozo» justo al principio, cabrero, para más señas, como el resto de quienes están en esos momentos con Don Quijote y Sancho, y dirá lo siguiente: «¿Sabéis lo que pasa en el lugar, compañeros?», y añadirá, a la respuesta negativa de «uno dellos», estas palabras: «Pues sabed que murió esta mañana aquel famoso pastor estudiante llamado…». En ambas ocasiones, ¡dichosas coincidencias!, asistimos a la llegada de un cabrero que será quien nos narre la historia o cuento. 13 *

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Cervantes, y, además de ello, algo que le ligará con el lenguaje vulgar, como ya tengo estudiado en otro trabajo: Cervantes, el Quijote y el lenguaje vulgar). Tras las debidas «razones» dadas –por utilizar un término muy común de don Miguel–, de esa aparición tan inesperada como precipitada, las «voces» que profiere a la cabra que corre, etc., y sin que tampoco falte la habitual comida**:19«Tomad este bocado, y bebed una vez, con que templaréis la cólera»,1420asistiremos un tanto atónitos a algo que ni sospechan: a la narración de un Adviértase al respecto este comentario, como después el que hace el mismo Cabrero al final de su cuento: «… cerca de aquí tengo mi majada, y en ella tengo fresca leche y muy sabrosísimo queso, con otras varias y sazonadas frutas, no menos a la vista que al gusto agradables». Es decir, que se insiste de nuevo en el aspecto de la comida, cuestión no menor en toda la obra y que no podemos dejar de puntualizar. (Observen las dos referencias que hace a «tengo», y de ese modo tan próximas. Esto –téngase muy presente–, es una costumbre, «manía», de nuestro don Miguel. Esta forma de escribir la bendicen muchos, demasiados. Pues, ¡amén!). No olviden que en el capítulo II ya nos encontramos este tema de la comida por segunda vez, (la primera la tenemos en el primer párrafo del primer capítulo), al indicarnos esto: «… mirando a todas partes por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse y adonde pudiese remediar su mucha hambre y necesidad». Más adelante, en su parte final, asistiremos al momento en que procede a comer y todo lo que le rodea a dicho acto. La comida –y espero que se tenga en consideración–, constituirá un tema recurrente en la obra de nuestro Cervantes. ¿La razón de ello? Habría que ponerse a estudiar, averiguar y tratar de hallarla, aunque no creo que haya que elucubrar mucho y de manera extensa sobre dicho asunto para adivinarlo. Las palabras en negrita de la cita última pueden servirle de ayuda. (No me olvido de la referencia que, de manera pasajera, se hace en el primer párrafo del primer capítulo). 14 Capítulo L, página 824. **

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nuevo cuento. Se trata, esta vez, del último de Cervantes en el Quijote. Con él da término a la obra. El motivo que le inclina a ello, el darnos noticia del nuevo relato, no puede ser más artificial como ingenuo y poco creíble. No hay motivo que lo justifique, solo que, don Miguel, en su particular estilo y modo de entender las cosas, (su mundo), va poco a poco arrimando el ascua a su sardina, como recoge el dicho, o, lo que es lo mismo, dirigirá la conversación y el diálogo hacia el fin que persigue, que no es otro que pretender justificar una nueva exposición o narración. En esta ocasión no se dilatará tanto. Estamos al final de un largo recorrido –demasiado me atrevería a calificarlo–, lo cual es fácil de adivinar después de cincuenta capítulos, donde apreciamos que el cansancio de diverso tipo hace mella en nuestro escritor y se deja notar en varios aspectos, este será, sin duda alguna, uno de ellos. También lo notamos porque las «luces» tienen muy poca intensidad. Las formas con las que el mencionado cabrero aparece ante ellos le harán tener que decir lo siguiente: «Rústico soy; pero no tanto que no entienda cómo se ha de tratar con los hombres y con las bestias».1521 A dicho comentario se le responderá de este modo: «Eso creo yo muy bien –dijo el Cura»,1622lo que provocará en él, para desmentir esa imagen que ha dado, la necesidad de que: «…sin ser rogado me convido, si no os enfadáis dello y queréis, señores, un breve espacio prestarme oído atento, os contaré una verdad que acredite lo que ese señor –señalando 15 16

Capítulo L, página 824. Capítulo L, página 824.

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Nos hemos acostumbrado a escuchar y leer las grandezas que la obra el Quijote encierra en cada una de sus páginas, pero nunca se nos habla –cuestión algo curiosa y no menos llamativa –, de las que pudiéramos llamar “goteras”, como tampoco de las “lagunas” que afloran a cada instante. En este libro, entre otras cosas, mostraremos algo de todo eso que se omite, se silencia y se calla, de manera intencionada o no. Uno de estos aspectos viene dado por la casual semejanza que se puede apreciar en dos cuentos de la universal obra. Muchos han visto –tal y como indicaba –, ciertas grandezas, pero han estado faltos de visión para

339065 788419 9

ISBN 978-84-19339-06-5

sus muchas miserias.

mirahadas.com


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