La fábrica de sueños

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Alexandra Navarro Blasco


Me contaron una historia que os voy a narrar. En una noche de lluvia y truenos, un niño pudo entrar en el mundo de los sueños. Y un gran error pudo reparar. Este niño estaba muy preocupado por su papá. Ya que no tenía sueños, así que decidió ayudar. Esa misma noche, al señor de los sueños iría a visitar. —¡Me iré pronto a dormir! —le dijo a su mamá.


Ya dormido, comenzó a soñar. Estaba en un bonito jardín. Con árboles que empezaban a otoñar. Se subió a un balancín, y en la brisa pudo notar un agradable aroma a jazmín. Se lo pasaba tan bien que de su misión se olvidó. Jugaba, reía y gritaba. Qué bien se lo pasaba. Pero al aparecer en el sueño su papá, de su misión se acordó. Entonces, una salida buscó.


De repente llovía, tronaba y relampagueaba, llamaba a su padre, pero en el sueño ya no estaba. En una pesadilla se tornó. Miró a su alrededor a ver si un camino hallaba, pensó que el señor de los sueños se había dado cuenta de que un plan tramaba. De golpe cayó un tremendo trueno. El niño en una esquina lloraba, porque el suelo temblaba, y eso no podía ser bueno. —¡Señor de los sueños, no me atraparás y los sueños a papá le devolverás! Corrió a refugiarse y una mano por detrás lo agarró. —No tengas miedo, se sale por allí —alguien le dijo. ¡Era un monstruo! Que un gran susto le dio. —Te ayudaré si tú me ayudas a mí. El monstruo cogió al crío y lo subió a su lomo de color rojo rubí.


Cruzaron el parque por una neblina espesa. Cabalgando el viento cortaban hasta que de bruces se dieron con una puerta turquesa. En un gran plató se encontraban, había otros monstruos que las escenas supervisaban. Corrieron a la puerta de la carpa. Pues el plató estaba dentro de un circo. El monstruo la abrió con un golpe de zarpa. Tan fuerte le pegó que la dejó hecho cisco. Todos se giraron, pero ellos ya se habían ido. Al salir tan rápido, casi cayeron, pues estaban en un risco. ¡El circo era una isla muy alta! El monstruo tenía miedo a nadar. Y el niño le dijo: —¡Salta! A las rocas se tuvo que agarrar, porque valor le hacía falta, por eso ayuda tenía que reclamar. El niño su zarpa fuerte cogió. Fue al borde del abismo y se dispuso a saltar. El monstruo al verlo pensaba que estaba loco de atar.



Pero al fin, a lanzarse con él le persuadió. Pronto aprendió a nadar. Unas aletas doradas y una cola le nacieron. El monstruo en Valiente se convirtió, miedo ya no volvió a pasar. El niño a su espalda se subió. Con la cola lo sostenía, nadando hasta tierra lo llevó. Desde la orilla la ciudad se veía. El niño un abrazo le dio, y Valiente estar a su lado le prometía. La travesía juntos continuaron. Decidieron preguntar el camino, pues Valiente en la isla había nacido. Al monstruo Avaricioso se encontraron, por el señor de los sueños le preguntaron. Y pese a ser rico, pidió dinero al chico y pagarle a final del camino acordaron. También se toparon con una gran serpiente. En una zarza estaba enredada. ¡E iba a caer por la pendiente!


ISBN 978-84-18942-32-7

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788418

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El protagonista es un niño que viaja al mundo onírico con la misión de recuperar los sueños que su padre ya no tiene. Por el camino conoce a varios monstruos, con los que supera una serie de dificultades que se les plantean durante el viaje, y juntos consiguen resolverlas. Este cuento es una herramienta perfecta para crear un ambiente motivador para los más pequeños, por medio del uso de la ilustración y la poesía. Estimular capacidades del niño; la sensibilidad, la percepción, la imaginación, la fantasía, el lenguaje y transmitir valores y experiencias que puedan aplicar a la vida real.

Si no lo leo no lo creo


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