LA CULTURA Y LAS LETRAS COLONIALES EN SANTO DOMINGO

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LA CULTURA Y LAS LETRAS COLONIALES EN SANTO DOMINGO

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A Américo Lugo

I. INTRODUCCIÓN En toda la América española, el movimiento de independencia y las preocupaciones de la vida nueva hicieron olvidar y desdeñar, durante cien años la existencia colonial, proclamándose una ruptura que sólo tuvo realidad en la intención. En el hecho persistían las tradiciones y los hábitos de la colonia, aunque se olvidasen a personas, obras, acontecimientos. Hubo empeño en romper con la cultura de tres siglos: para entrar en el mundo moderno, urgía deshacer el marco medieval que nos cohibía —nuestra época colonial es nuestra Edad Media—; pero acabamos destruyendo hasta la porción útil de nuestra herencia. Hasta en las letras olvidamos el pasado, con ser inofensivo, y ahora sólo el esfuerzo penoso lo reconstruye a medias, recogiendo notas dipersas del que fue concierto vivo. Así en Santo Domingo, la Haití de los aborígenes, la Española de Colón, la Hispaniola de Pedro Mártir. No es mucho cuanto sabemos ahora de su cultura colonial, en otro tiempo famosa en el Mar Caribe. La leyenda local dice que la ciudad de Santo Domingo, capital de la isla, mereció el nombre de Atenas del Nuevo Mundo. Frase muy del gusto español del Renacimiento; pero ¡qué extraña concepción del ideal ateniense: una Atenas militar, en parte, en parte conventual! ¿En qué se fundaba el pomposo título? En la enseñanza universitaria, desde luego; en el saber de los conventos, del Palacio Arzobispal, de la Real Audiencia, después2. Santo Domingo, “cuna de América”, único país del Nuevo Mundo habitado por españoles durante los quince años inmediatos al Descubrimiento, es el primero en la implantación de la cultura europea. Fue el primero que tuvo conventos y escuelas (¿1502?); el primero que tuvo 1

El presente trabajo, cuyo tema es la historia de la cultura literaria en el país de América donde primero se implantó la civilización europea, se enlaza con el que estudia el español que allí se habla. Quienes lean el estudio sobre El idioma español en Santo Domingo, que constituye el tomo V de la Biblioteca de la Dialectología Hispanoamericana, encontraran en el presente trabajo sobre la cultura y las letras coloniales muchos datos que ayudan a explicar los caracteres del habla local: el matiz culto y la tendencia conservadora, en la clase dirigente, deben mucho a la actividad de las universidades y a la vida literaria de los siglos XVI, XVII y XVIII. Parte de los datos contenidos en ese trabajo figuraban ya en mi ensayo Literatura dominicana, publicado en la Revue Hispanique, de París, 1917, tomo XL; se hizo tirada aparte en folleto y lo reprodujo el Boletín de la Unión Panamericana, de Washington, en abril de 1918. Aprovecho ahora, junto con los datos que proceden de extensas investigaciones propias, los que consignó el acucioso historiador Apolinar Tejera (1855-1922) en su obra inconclusa Literatura dominicana: “comentarios crítico-históricos” —que se refieren principalmente a los arzobispos de la Sede Primada de las Indias-, Santo Domingo, 1922, y lo que el sabio investigador Emiliano Tejera (1841-1923), ciego ya, dictó al Dr. D. Federico Henríquez y Carvajal para que me los remitiera. 2

No creo necesario tratar aquí de la cultura artística de los indígenas, tema que he tocado en mi trabajo Música popular de America, págs. 177-236 del tomo I de Conferencias del colegio Nacional de la Universidad de La Plata, 1930. como estudio extenso, y. el de Sven Lovén, Uber die Wur-zelm’ der tainischen Kultur, tomo 1, Gotemburgo, 1924: la versión inglesa, corregida y aumentada, ha aparecido en Gotemburgo, 1935 (consúltese el cap. IX ). En aquel trabajo mío, y en los artículos Romances en América (en la revista Cuba Contempordnea, de La Habana, noviembre de 1913) y Poesía popular (en la revista Bahoruco, de Santo Domingo, 14 y 21 de abril de 1934), hablo de las reliquias de poesía popular española que se conservan en la tradición de Santo Domingo. Hago breves referencias a ellas en La versificación irregular en la poesía castellana, Madrid, 1920, nueva edición en 1933 (v. págs. 38, 63-64, 310 y 312 de la nueva edición).


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