Carta pública a la Señora Fiscal General de la Nación, Dra. Viviane Morales Señora Fiscal, nosotras, mujeres feministas, que hemos apostado a la inclusión política y a una ciudadanía plena para las mujeres, consideramos que mujeres como usted, que han desarrollado una trayectoria política y pública, y que han tenido roles de decisión política, son un logro en el sendero de la igualdad y el reconocimiento. Sin embargo, la desigualdad que aún existe se ve reflejada en el tratamiento del cual usted ha sido objeto en función al vínculo que la une a un hombre. Columnistas hombres y mujeres han cuestionado sus capacidades y puesto en juicio su ética, señalando motivos de su vida sentimental para desprestigiarla, sin que medien argumentos reales que cuestionen su función pública. Algunas periodistas, con una trayectoria brillante en su ejercicio profesional, pero atrapadas en lógicas patriarcales que aún a todas y todos nos permean, sacaron a relucir sus prejuicios sexistas, legitimando el machismo que aún pervive en nuestra sociedad. La desconfianza en la capacidad de decisión y autonomía de las mujeres y de usted en particular, se han manifestado en frases prejuiciosas que alimentan el imaginario colectivo de que “por amor, las mujeres perdemos la cabeza. "¿Qué tanto puede el amor influir en su buen juicio?", pregunta María Isabel Rueda. Y Cecilia Orozco añade: "Ojalá el amor de pareja, al que todos tenemos derecho, no contamine su función de rectora del ente que investiga el comportamiento penal de los colombianos”. Otros columnistas llegaron más lejos en su sexismo recalcitrante al incapacitar a la Fiscal con expresiones como estas: “En este escenario cabe preguntarse si es Carlos Alonso Lucio el Fiscal General de la Nación, esto es, por quien pasen las más importantes decisiones sobre la justicia en Colombia...” (Pablo Bustos). Este tipo de debates no se les formulan a los hombres públicos, a ellos no se les investiga y juzga por quien les habla o con quien hablan en la almohada. La cultura patriarcal, que aquí se pone de manifiesto, desconoce la autoridad femenina al argumentar que las mujeres son incapaces de ser depositarias del poder, por lo cual la idea de autoridad y autonomía es atribuible sólo a los hombres. Se considera a las mujeres sumisas y carentes de pensamiento propio: las mujeres lo entregamos todo, hasta la dignidad. ¡Qué poco hemos avanzado en considerar que las mujeres podemos ser autónomas y que no dependemos de la opinión de los hombres para tomar decisiones! Parte de la reflexión que nuestra sociedad debe hacer y sobre la cual los medios de comunicación deben aportar, es tener en cuenta el proceso que realizan los estereotipos de género al mostrar a las mujeres como las parejas pasivas en las relaciones con el mundo, despojándolas de identidad de poder y responsabilidad.