Evolución
En su más amplio sentido, el término «evolución» es equivalente a la voz «cambio». Según esta sinonimia, la tesis de un evolucionismo universal consiste en la afirmación de que todos los seres cambian. ¿Pero acaso el ser y el cambiar son equivalentes entre sí? No cabe duda de que el cambiar implica el ser. Mas de aquí no se sigue que el ser implique el cambiar. El máximo ser real —Dios, el Ser Absoluto— es inmutable (véase «Atributos divinos entitativos»). Por tanto, en Dios no puede haber evolución. El evolucionismo universal es, en resolución, un ateísmo. ¿Cabría, no obstante, un evolucionismo relativo que, en vez de relativizar la idea de Dios, relativice la idea de la evolución? Para ello, no bastaría negar la evolución en el Ser Absoluto, limitándola a los seres limitados, sino que también habría que negarla como el origen último de estos seres. Sólo de una manera relativa puede lo relativo proceder de lo que también es relativo en su propia entidad. De una manera absoluta, lo relativo proviene de lo Absoluto. Y el modo en que Dios da el ser es el que lleva el nombre de creación, no el que se denomina evolución. Todo cambio es un tránsito desde un modo de ser a otro, y el no-ser no es realmente una manera de ser. Por consiguiente, no cabe que la creación equivalga a un proceso evolutivo. Por importante que pudiera ser, este proceso —como todo cambio— implica ya la creación en tanto que actividad propia del Ser que no evoluciona o cambia al realizarla (véase «Creación»). * * * En su más propio sentido, el término «evolución» no es equivalente a la voz «cambio», sino tan sólo a la de «cambio gradual». Evolutio, de donde viene el homófono término español, es el sustantivo abstracto correspondiente al infinitivo evolvere, cuyo principal significado consiste en desarrollar o desplegar. Así, pues, en este sentido, lo que evoluciona es algo que va cambiando gradualmente, algo que despliega o desarrolla una cierta capacidad que ya posee y que no se actualiza en un instante o de un golpe, sino en una forma paulatina, por sus pasos contados. No es que éstos se hayan de dar con lentitud; pueden ser rapidísimos, todo lo rápidos que se les 267