LA CARTA DE CERVANTES AL CARDENAL SANDOVAL Y ROJAS

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NOTAS LA CARTA DE CERVANTES AL CARDENAL SANDOVAL Y ROJAS

1) Aparición y divulgación de la carta. El 23 de abril de 1861 celebró la Real Academia Española en la Iglesia de las Trinitarias unas solemnísimas honras fúnebres en memoria de Miguel de Cervantes1. Por primera vez la corporación en pleno acudía a rendir póstumo tributo al autor del Quijote y cifraba en su glorioso nombre el de cuantos ilustres cultivadores de las letras habían fallecido en el año anterior. Se iniciaba así una costumbre que permanece2. La esplendidez y suntuosidad de la ceremonia dio mucho que hablar a los madrileños y mucho que escribir a los periodistas: unos y otros quedaron vivamente impresionados, hasta el punto de convertirse la figura de Cervantes en tema de apasionadas discusiones; su nombre y su obra fueron abundantemente exaltados por comentaristas y turiferarios. En las tertulias y salones no se habló durante semanas de otra cosa, y cada cual procuraba arrimar su poquito de incienso al copiosamente quemado en honor del insigne escritor. Pero la verdadera noticia sensacional la dio La Iberia, el periódico más leído de entonces, al publicar cuatro días después el último escrito de Cervantes, totalmente desconocido. En efecto, en su número 2074, correspondiente al sábado 27 de abril, imprimía un suelto bajo el título “Carta de Miguel de Cervantes Saavedra, encabezado con estas líneas: Como estos días se habla tanto del príncipe de los ingenios españoles, con mo-

___________________ (1) A ello le obligaba el artículo 104 de su Reglamento. Don ARMANDO COTARELO VALLEDOR en su Bosquejo histórico de la Real Academia Española, publicación oficial del Instituto de España (Madrid, 1946, p. 19), asegura que esas honras anuales tienen lugar desde 1862, y señala como primer predicador al Cardenal Monescillo, lo cual no es cierto. Predicó en 1861 el famosísimo orador sagrado don Tristán Medina. También asegura que las misas por el alma de cada académico difunto comienzan a partir de 1714, robando así esta iniciativa al P. José de Canasi, que fue el que lo propuso y logró que se aceptase en junta de 14 de febrero de 1736. La historia de la Academia está por escribir, y lo de Cotarelo sirve para muy poco porque está lleno de errores en los datos y de floripondios en el estilo: no es cosa seria. (2) Para todo lo relativo a las fiestas del 1861 véase la “Primera epístola droapiana” del DOCTOR THEBUSSEM, incluida en su Segunda ración de artículos, pp. 11-49.

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