Estosdias 676

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Pinceladas

amaba. Él simplemente no pudo hacer nada”, dice a solas Bermet, de 19 años. Majabat, de 18 años, también forcejeó y trató de zafarse de sus captores pero no tuvo tanta suerte y en uno de esos tiras y afloja fue estrangulada. El joven que la raptó se suicidó unas semanas más tarde. La tía de Majabat narra cómo ambas familias, la de la víctima y la del secuestrador, han acordado que con la muerte del muchacho la familia ya tiene suficiente castigo. Por tanto, no irán a los tribunales. A pesar de que hace años que la legislación de esta república castiga y persigue las bodas por secuestro, apenas ha habido condenas contra los raptores. De hecho, tan solo se ha sentenciado a dos en los últimos 20 años. La legislación del país condena más severamente a los ladrones de ovejas que a los de mujeres La condena más reciente en el país se produjo hacia finales de octubre de 2013. Un hombre de 30 años que había violado dos veces y había intentado secuestrar hasta en tres ocasiones a la misma chica, una joven de 17 años, en la región de Bakai-Ata. La primera vez que intentó llevársela fue el 27 de agosto de 2012, los parientes de ella lograron rescatarla. Esa misma tarde él volvió a intentar secuestrarla sin éxito. Durante semanas, él la amenazó mediante mensajes de móvil para que no delatase la agresión sexual, que por vergüenza ella tampoco contó a sus padres. Esperó hasta el 9 de septiembre de 2012 para volver a raptar a la joven. Esta vez sí, la retuvo en una cabaña durante varios días, gracias a la colaboración de su familia, y volvió a violarla. Esta suele ser una forma de justificar el matrimonio argumentando que ya ha sido consumado, a la fuerza. Los padres de ella lograron que el 11 de septiembre de 2012, a medianoche, un operativo de la policía local atrapara al agresor y dejase libre a la chica. Munara Beknazarova, directora de la fundación Open Line, que ha estado siguiendo el caso afirma que el largo proceso judicial y su rocambolesco desarrollo da cuenta de la tremenda aceptación social que tiene esta práctica. Durante el proceso, la juez –“sí, una mujer”, aclara– llegó a preguntar al acusado: “¿Estaría dispuesto a reconciliarse con la víctima y casarse?”. O peor, a la víctima se le preguntó durante el juicio: “Te ofrecen una buena familia, una buena suegra, un marido guapo, ¿por qué haces esto? ¿Por qué necesitas seguir este proceso?”. Finalmente el agresor fue condenado a cinco años de cárcel. Solo se cargó contra él el delito de secuestro. Los médicos forenses nunca pudieron probar la agresión sexual. El primer hombre encarcelado por secuestrar a una chica en la historia del país fue Shaimbek Imanakunov, de 34 años. Ocurrió en octubre de 2012. Fue condenado a seis años de cárcel por el secuestro de la joven Kisimbai Yris, de 20. Ella, una vez secuestrada y casada, logró ser rescatada por sus padres, volvió a su hogar materno y allí se suicidó. “Deseo elegir libremente a mi compañero y si me quedo al lado de este hombre, mi vida nunca tendrá sentido”, dejó escrito. En los últimos 20 años, tan solo dos hombres han sido condenados por raptar a una mujer y convertirla en esposa Aunque estas dos condenas dan un poco de aire a las activistas, los suicidios entre jóvenes cada vez son más habituales en el país. Un lugar en el que aunque se estima que entre 8,000 y 15,000 mujeres contraen matrimonio a la fuerza cada año, tan solo 10 casos fueron denunciados y llegaron a los tribunales el año pasado, en 2013. Un país, en el que sin embargo, se celebraron en las cortes más de 600 juicios por robo de ganado. Un código penal que castiga más severamente a los ladrones de ovejas que a los de mujeres: el artículo 165 impone hasta 11 años de cárcel

a aquellos que hurten ganado, pero que tan sólo condena con tres o seis años de prisión los que hayan secuestrado o intentado secuestrar a una mujer con el fin de contraer matrimonio. Aparentemente, la república de Kirguizistán es la vanguardia de la modernidad y la democracia parlamentaria en Asia Central. Tanto, que en 2010, una mujer, Rosa Otunbáeva, se convirtió en la primera presidenta de una exrepública soviética islámica como esta. Sin embargo, desde que cayó la URSS, los raptos de novias han aumentado considerablemente. “Al parecer, tras la independencia de la Unión Soviética en 1991, aumentaron los secuestros en el país como una forma de reafirmación cultural, como símbolo de identidad nacional”, explica Russell Kleinbach, profesor emérito de la Universidad de Filadelfia. Kleinbach ha dedicado los últimos 15 años de su vida a recorrer todas las aldeas del país, puerta por puerta, y conducir suficientes encuestas y trabajos de campo hasta convertirse en uno de los mayores expertos del mundo sobre este asunto. De hecho, gracias al esfuerzo investigador de este sociólogo norteamericano existen hoy algunas de esas cifras y estadísticas que dan cuenta sobre la incidencia real de estas bodas forzosas. “Aún más de 10 años después sigo conociendo casos terribles y sufriendo por mis propias alumnas”, cuenta Kleinbach, que también da clases en la Universidad Norteamericana de Bishkek, donde algunas de sus doctorandas e investigadoras han sido secuestradas. Un viejo refrán kirguiso dice que todo buen matrimonio debe comenzar con lágrimas La doctora Turganbubu Orunbaeva, que colabora con Kleinbach , fundó en el año 2000 la organización Bakubat -que significa “confort”, en lengua kirguís-. Desde una pequeña oficina aneja a su consulta ginecológica trata de dar apoyo a mujeres y sobre todo combatir la aceptación social que tiene el secuestro. También imparte talleres a adolescentes sobre relaciones de pareja, salud sexual y donde explican desde la menstruación hasta el orgasmo. La doctora Orunbaeva trabaja estrechamente con el clero islámico y con policías y militares. Los primeros condenan fervientemente esta práctica que se aleja de la bondad coránica y colaboran mucho y bien con ella. El segundo colectivo, el de los de uniforme, es bastante más díscolo: A pesar de los esfuerzos de activistas, ONG y el propio gobierno, la mayoría de los secuestros cuentan con el habitual beneplácito o la vista gorda de la policía local. Y los militares son un colectivo bastante prolijo en practicarlo ellos estosdías I

29/06/2020

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