ANA MARA BENEDETTI I SINTONIA ABSTRACTA

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ANA MARÍA BENEDETTI

Galería Animal se complace en presentar Sintonía Abstracta, una exposición de un conjunto de obras recientes de Ana María Benedetti (Santiago de Chile, 1965). En estas composiciones, la artista emplea un proceso meticuloso de superposición de capas de color y texturas para revelar planos que evocan vastos espacios urbanos o mapas imaginarios.

Las estructuras están representadas en un formato apaisado utilizando una variedad de medios, que incluyen pastel seco, tiza, carboncillo, folía, acrílico y pigmentos naturales sobre superficies de lino, algodón o seda. Mediante la superposición de capas de estos materiales, la artista construye una singular “arquitectura blanda”, donde cada zona destaca con su propia textura y color.

El despliegue de estos segmentos sobre el soporte, de algún modo calculado, va acompañado de decisiones estéticas más libres que, en conjunto, arman un recorrido visual y táctil cargado de experiencias sensoriales. Entre prueba y error, se manifiesta en la pintura de Ana María una “geometría afectiva” que evidencia su interés por provocar una respuesta emocional en el espectador.

En algunas obras emerge una silueta humana, posiblemente femenina. Su presencia se introduce suavemente en el espacio, dejando una impresión sin necesariamente escabullirse del todo. Se sitúa en esa zona liminal entre la enunciación y la dilución con el resto de los componentes que articulan la composición.

Es gracias a las transparencias que se producen estos sutiles juegos ópticos y de ubicación de las formas en el entramado compositivo. En este contexto, el color cobra una relevancia fundamental. La artista se vale de aguadas y veladuras, así como una variedad de tonos y matices, que van desde los más brillantes y saturados hasta los monocromáticos y opacos, para crear las atmósferas envolventes de sus cuadros.

Para acercarnos a la obra de Benedetti habría que considerar su formación como diseñadora gráfica, evidente en sus composiciones armónicas, pero también mirar un poco más atrás, hacia su historia personal. “En mi familia siempre estuvo presente el arte, así como el respeto a la naturaleza, la observación, la fotografía y la música”, cuenta la artista.

Esta herencia configura lo que podríamos llamar una suerte de "geografía humana" en sus trabajos, aquella que convoca la interrelación entre las personas y su entorno físico. Un espacio virtual que la artista trama para esa cabeza humana que se fusiona fluidamente con el medio circundante, interactuando y afectándose mutuamente. Sintonía Abstracta, compuesta por doce obras en gran formato y seis de tamaño mediano, realizadas entre 2023 y 2024, es representativa de estas búsquedas. Con esta exposición, Benedetti nos invita a ser testigos de un proceso de creación de largo aliento y laborioso, pero también intuitivo, en el que persigue la anhelada búsqueda de belleza y energía que encierran las formas.

SINTONÍA ABSTRACTA

Las pinturas de Ana María Benedetti se construyen con una dosis variable de cálculo y azar. Planos de color, líneas, superficies moduladas suavemente o rascadas una y otra vez como un muro erosionado. Las formas se suman, y mutan también, a medida que avanza en la obra. No hay bocetos previos y si existen, solo son una guía inicial. Proceso intuitivo en que la artista parece depositar tanto su experiencia emocional frente a la imagen, como una casi inevitable evocación personal. Una trama de proyecciones psicológicas, espirituales, cuya traducción visual y para qué decir verbal, es parte de esa zona inaccesible que rodea la creación de casi todos los artistas y que la artista solo puede sugerir señalando puntos de la obra cuyo significado es casi indescifrable. No así su poder evocador.

Diseñadora de formación, en sus piezas se vuelve notoria la presencia de una retícula bajo la que organiza colores y formas. Diseño interno como el de una ciudad, un edificio o un jardín de grandes proporciones, que la artista acentúa a veces con notas de colores específicos o esconde desplazando elementos respecto a los ejes que dividen la superficie pictórica. Benedetti elabora un sutil sistema de reglas, que no tarda en contravenir apenas lo enuncia. Igual rebeldía le merece el propio lenguaje abstracto en el que se desenvuelve con naturalidad y elegancia. No rehúye incluir figuras humanas, empleando coordenadas similares a las del resto de su trabajo y presenta, en esta exposición, un grupo de siluetas que parecen encadenadas al espacio que las rodea, atenuando las relaciones figura y fondo, de un modo que recuerda al cubismo.

Aquellas figuras, que podrían parecer ajenas al sistema de la artista, intrusas en su universo de delicadas formas abstractas, confirman la presencia latente del ser humano en su obra. Lejos de un formalismo riguroso y ascético, como el que practicó el Mondrian más canónico y luego sus herederos ortodoxos, la artista propone composiciones, donde se adivina a veces, alguna traza figurativa o se señala la presencia humana a través de la arquitectura. Con esas presencias parece señalar que lo humano habita en sus estructuras, por más geométricas y rigurosas que nos parezcan.

En aquellos casos las líneas dibujan la planimetría de una estructura imaginaria, en la que sin embargo, parecen evidentes las huellas del movimiento moderno. No se trata, sin embargo, de un gesto forzoso e impositivo. La artista sugiere, pero nunca cierra la forma final a un referente fijo. Las comparaciones posibles -las obras ofrecen muchas- son un asunto que entrega al ojo del espectador. No ilustra proyectos arquitectónicos específicos, ni siquiera intenta evocarlos, pero el hecho es que en varias obras podemos intuir una estructura cuya definición es ampliada o definida por el trazo lineal, que parece señalar recintos o instalaciones. Es solo una interpretación posible, finalmente el plano dibujado, antes de su concreción es una sugerencia gráfica de unos espacios virtuales. Comparados con los edificios o las ciudades, los planos y los mapas son meras abstracciones.

Cada tramo de las pinturas de Ana María Benedetti, merece una prolija atención, como si además de perseguir el efecto total de la obra, la artista buscara dotar -con apariencia propia- cada uno de los fragmentos que las conforman. Aparece así, la superficie, lo táctil, como interés recurrente. En las obras podemos percibir tanto la atención que la artista presta al lino crudo, como las posibilidades que le brindan las aguadas y los impastos. Un recurso singular, es la aplicación de folia, el plano adquiere una superficie ilusoria, como si se tratara de un mineral precioso engastado sobre la superficie de la tela. Otras veces, en cambio, Benedetti reduce casi al mínimo el color, y la obra adquiere una apariencia discreta, meditativa, aquí se hace evidente uno de los polos hacia los que se mueve con su creación, la austeridad.

Porque frente a un cuerpo de obra cuya arquitectura formal parece exuberante, la propia artista opone obras en que las formas parecen fundirse discretamente con el soporte. Una dialéctica que se resuelve sin víctimas, ni síntesis aparentes. La artista nos enfrenta ambas posibilidades, sin tomar partido por ninguna. A veces le interesa la síntesis, en otras la complejidad. Reducidos los planos y simplificado el diseño compositivo, el lino o la seda aparecen ,como vehículos sensibles cuya apariencia se vuelve más evidente cuanto mayor es la economía de los medios.

Pinturas abstractas, desde luego, pero ante todo, terreno de sugerencias visuales, abiertas a la intelectualización (con sus coordenadas ancladas en la arquitectura, el diseño y la pintura geométrica) pero sobre todo dispuestas como una sutil provocación a nuestros sentidos.

Texto por César Gabler

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